[R-P] EL OBJETIVO ES FIDEL CASTRO

Alberto J. Franzoia albertofranzoia en yahoo.com.ar
Mie Jun 27 18:57:02 MDT 2007


Cuando alguien dice que un país tan democrático como
EE.UU. entre sus actividades habituales incluye
asesinar políticos rivales, cuando se dice que sus
gobernantes y servicios de inteligencia tienen
vínculos con sicarios, mafiosos y otras yerbas, la
respuesta de cuaquier demócrata liberal que ande
suelto por el mundo es: ahhh...esos lo dicen porque
son zurdos. Pues bien dejemos que hable directamente
la CIA a través de sus archivos desclasificados.
Alberto Franzoia


“El objetivo de la misión es Fidel Castro.” Así
comienza el informe de la CIA que relata, casi sin
censuras, el primer intento de asesinato del gobierno
estadounidense contra el entonces joven revolucionario
y que ayer fue desclasificado junto con otros cientos
de documentos secretos. Las llamadas joyas de la
familia, publicadas en internet
(http://www.gwu.edu/nsarchiv), describen las
operaciones ilegales que realizó la agencia de
inteligencia estadounidense entre 1950 y los primeros
años de la década del setenta. La confesiones van
desde la vigilancia de periodistas, activistas negros
y estudiantes norteamericanos, hasta la detención
ilegal y la tortura –“interrogatorio hostil”, según
los agentes de la CIA– de un desertor de la KGB.

El complot contra Castro contó con todos los elementos
de una buena novela de espías: mentiras, traiciones,
mafias e ilegalidades. Corría el año 1960. El gobierno
de John F. Kennedy seguía sin entender cómo un grupo
de jóvenes guerrilleros habían pasado de controlar una
porción de la selva cubana a manejar toda la isla.
Preocupados e inquietos, los agentes de la CIA
empezaron a buscar una solución. Su respuesta llegó
cuando Robert Maheu, un agente de la agencia,
introdujo el nombre de Johnny Roselli, un hombre al
que el diario The Washington Post más tarde
identificaría como Filipo Sacco, el jefe de las
operaciones cubanas de la mafia. A su vez, Roselli
contactó al segundo hombre de la misión, Sam Gold.
Gold también era un alias. Su verdadero nombre era
Momo Salvatore Giancana, el jefe de la mafia en
Chicago, y, según sostiene la CIA, el sucesor de Al
Capone.

El plan de la agencia de inteligencia era aprovechar
los contactos que los dos gangsters mantenían todavía
en la isla. Según uno de los documentos
desclasificados, se les debía hacer creer que el
gobierno estadounidense no sabía nada del plan, que en
realidad estaba promocionado por los intereses
económicos norteamericanos que se habían visto
perjudicados con el ascenso de Castro y del socialismo
en Cuba. Se les pagaría 150 mil dólares cuando la
misión estuviera cumplida. Ni Roselli ni Gold
aceptaron el dinero.

Sólo faltaba el arma y el asesino. Gold convenció al
resto de que la forma más discreta de hacerlo sería
mezclando unas pastillas envenenadas en la comida o la
bebida del líder cubano. El hombre designado para
hacerlo fue Juan Orta, un oficial cubano, que venía
recibiendo dinero de los empresarios del juego de azar
–los grandes perjudicados con los cierres de los
casinos de La Habana–. Las píldoras llegaron a manos
de Orta, quien después de varios intentos pidió ser
retirado de la misión. En su lugar recomendó a un
miembro de la Junta Cubana en el exilio, el doctor
An-thony Verona. El adinerado anticastrista puso a
disposición su dinero para volver a empezar.
Desafortunadamente para él, la aplastante derrota
militar de los cubano-estadounidenses en Bahía de
Cochinos, en abril de 1961, puso un fin –provisorio– a
los planes de la CIA.

Para Tom Blanton, director de los Archivos de
Seguridad Nacional, un organismo dependiente de la
Universidad George Washington y especializado en la
investigación de documentos desclasificados, el
reconocimiento de este tipo de operación ilegal es
todo un avance. “Es lo mismo que si los altos cargos
de la CIA hubiesen ido al confesionario a pedir perdón
por sus pecados”, sostuvo. La agencia de inteligencia
más famosa del mundo tuvo un largo rato en el
confesionario ayer.

En las casi 700 páginas desclasificadas, la agencia
también reconoció que abrió todas las cartas que
fueron enviadas o que provenían de China durante los
primeros años de los cincuenta. A fines de los
sesenta, siguiendo una lógica similar, interceptó las
llamadas de ciudadanos estadounidenses a Rusia y
vigiló a los grupos defensores de los derechos de los
negros en Estados Unidos, especialmente sus contactos
con las organizaciones radicales en el Caribe. Además,
hizo públicas las operaciones de espionaje dirigidas a
periodistas. La CIA estaba especialmente interesada en
aquellos que citaban fuentes gubernamentales. Así fue
como pincharon teléfonos y siguieron durante años a
periodistas de los principales medios estadounidenses,
e identificaron a sus fuentes en la Casa Blanca, el
Capitolio, la Justicia e, incluso, la CIA. La
operación llegaba hasta el entonces ministro de
Justicia, Robert Kennedy.

28 de junio de 2007
Fuente: Página 12


    Alberto J. Franzoia
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