[R-P] Enrique Lacolla El callejón sin salida
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Dom Jun 24 08:44:34 MDT 2007
El callejón sin salida
Enrique Lacolla
Periodista
La indefensión de los pobres del mundo pocas veces se ha visto ilustrada de
manera más patética que por el sino que se abate sobre el pueblo palestino.
Sucesivamente expulsados de sus hogares, ocupados, bombardeados, acarreando
el sambenito de terroristas y ahora fragmentados en dos “secciones”
territoriales, como consecuencia de una deliberada política llevada adelante
por Estados Unidos, Israel y la Unión Europea, los palestinos tienen delante
de sí un horizonte que sólo les promete más subordinación a las presiones
exteriores y más sufrimiento.
Los mentores occidentales del pueblo palestino no se han cansado de
preconizar a éste que se adecue a los requerimientos de la democracia. Pero
lo primero que hicieron, cuando los palestinos otorgaron mayoría
parlamentaria al islamismo radical representado por el movimiento Hamas, fue
cortarles la ayuda económica que necesitan para sobrevivir en las
catastróficas condiciones en que los han puesto los avatares de las guerras
de Medio Oriente.
Para los mentores de la democracia, los palestinos no habían sabido elegir,
se habían inclinado por una organización “terrorista” inscrita en una onda
fundamentalista que Estados Unidos y sus aliados estiman lesiva para sus
intereses. Quizá porque, al revés de otras organizaciones no menos
terroristas, es inmune, como consecuencia de su intransigencia moral, a la
tentación del soborno.
El resultado de esta presión fue el apetecido por las potencias. Los
organismos de seguridad de Al Fatah, mucho más numerosos que sus rivales,
insurgieron contra el gobierno legítimo en reclamo del pago de sus sueldos y
una miniguerra civil estalló en Gaza, que culminó en el triunfo de los
efectivos de Hamas en esa porción de territorio, en la fractura del gobierno
y en la arbitraria disposición del presidente de la Autoridad Nacional
Palestina (ANP) en el sentido de destituir al primer ministro, disolver el
gabinete y constituir otro gabinete paralelo en Cisjordania.
Tenemos así que la teoría de los dos estados preconizada para resolver el
diferendo palestino-israelí se ve invalidada por el surgimiento de un tercer
factor, el resultante de la fragmentación del presunto Estado palestino en
dos secciones, situación que no tiene el aspecto de ser temporaria sino que
parece tener el carácter de un hecho consumado. A menos que Israel no decida
reocupar Gaza o que en los territorios de la ribera occidental del Jordán se
reproduzca la situación que se ha verificado en Gaza, con lo cual se
arriesgaría una situación que daría pie a otra intervención hebrea en gran
escala, que sepulte de manera definitiva la solución prevista para acabar
con el diferendo entre Israel y la ANP.
Un cuadro abrumador. El actual estado del problema palestino se inscribe en
un designio más vasto previsto por Washington y sus socios. Que se trata de
un designio perverso y con toda probabilidad dirigido a provocar una
catástrofe aun peor que las que hemos contemplado hasta ahora, creemos que
no ofrece duda.
Pero los platos rotos de ese desastre no los pagarán quienes lo propulsan,
aunque en algún momento quizá deban reconsiderar lo hecho, sino las
poblaciones asentadas en esos lugares, que como los iraquíes en este momento
se verán arrastradas a un ciclo interminable de destrucción, derramamiento
de sangre y caos.
En todo Medio Oriente, la situación es la misma. Occidente sostiene a Hamid
Karzai en Afganistán, a pesar de que su gobierno se apoya en los señores de
la guerra y en los barones de la droga; respalda a Hosni Mubarak en Egipto,
que no se distingue por su prolijidad administrativa ni por su aptitud para
respetar los derechos humanos, y avala a los príncipes y emires de los
países del Golfo Pérsico y a la monarquía jordana, ninguno de los cuales
ostenta títulos que le otorguen cartas de credibilidad democrática.
Todo por el petróleo y por el mantenimiento de una ecuación geoestratégica
que asegure el predominio de la superpotencia y del sistema económico que
ésta encarna, en la prospectiva de un siglo difícil.
No hay que esperar que esta situación se modifique a corto plazo. Lo cual
hace aún más importante la necesidad de cobrar conciencia, a través del
ejemplo de lo que padecen otros, de cuáles son las coordenadas que deben
guiarnos, como argentinos y latinoamericanos, para sobrevivir en la maraña
del presente.
El fomento y consolidación de nuestras capacidades defensivas en todos los
órdenes –económicos, culturales y militares– son una prioridad. La autarquía
(sabemos bien que esto suena herético en este tiempo de globalización) es un
requerimiento que no puede ser soslayado, aunque sólo sirva para después
poder interactuar con el mundo en mejores condiciones.
© La Voz del Interior
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