[R-P] Evgueni Primakov: La recuperación de Rusia entra en su segunda fase

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Sab Jun 23 20:02:27 MDT 2007


Evgueni Primakov: la recuperación de Rusia entra en su
segunda fase 
Rusia rompe con el ultraliberalismo  
 
Publicado el 22/6/2007   
 
Durante el año 2006 Rusia entró en la segunda fase de
su recuperación, indica el ex primer ministro Evgueni
Primakov. Luego de dedicarse a recuperar el control de
las riquezas naturales y a restaurar el poderío
militar, Vladimir V. Putin ha roto con las teorías
ultraliberales. En lo adelante, el Estado interviene
de nuevo en la economía para organizar el desarrollo
del territorio, incluyendo la parte asiática de la
Federación. Las ganancias provenientes de la
exportación de hidrocarburos se inyectan en la
economía interna para luchar contra la pobreza, sin
temor a un regreso a la inflación. Pero esta política
enfrenta nuevos peligros: el incremento del chovinismo
dentro del país y, en el exterior, el aventurerismo
militar estadounidense.

Autor: Evgueni Primakov*

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petrolero-gasistas en Rusia
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2006, año de la ruptura

Ruptura significa que las grandes tendencias, las
tendencias determinantes, son sustituidas por
contratendencias. No resulta en lo absoluto
obligatorio que estas adquieran inmediatamente su
perfil integral, menos aún que alcancen el punto
culminante de su evolución. Si partimos, como en mi
caso, de esa visión, el año 2006 fue el de la ruptura
con toda una serie de estereotipos impuestos a la
sociedad rusa desde principios de los años 1990. ¿Qué
quiero decir con esto?

Primeramente, luego de haber pasado mucho tiempo
tirando de la cuerda, hemos descartado finalmente –y
yo espero que también definitivamente–la idea de que
incluso en los albores de la economía, e incluso antes
de la creación del primer mercado civilizado
desarrollado, sea posible renunciar a una resuelta
intervención del Estado en la vida económica del país.
Según los dogmáticos liberales, el papel del Estado
debe limitarse únicamente a una macrorregulación y el
sector real de la economía no tiene ninguna necesidad
de inversiones provenientes del Estado. Podemos citar
como ejemplo la posición del ministerio de Finanzas,
hostil a la creación de un Fondo de Inversiones. En
otras palabras, hostil a un financiamiento dirigido,
con fondos provenientes del presupuesto del Estado, de
los proyectos que el país necesita. Únicamente la
obstinación del ministerio de Desarrollo Económico,
que entró en conflicto con el ministerio de Finanzas,
permitió finalmente la creación de ese Fondo. Dicho
sea de paso, la separación, en 2006, del «tándem»
ministerio de Finanzas-ministerio de Desarrollo
Económico, que anteriormente había defendido la idea
de excluir radicalmente al Estado de la economía, se
convirtió en un síntoma definitivo de ruptura.

En segundo lugar, el presidente Putin declaró el año
pasado que, debido a las elevadas tarifas mundiales de
los recursos exportados, las exportaciones de materias
primas tenían que servir para desarrollar la economía
y elevar el nivel de vida de los rusos. ¿No es esto
síntoma de una ruptura con la tendencia que defendían
celosamente los que declaraban que el Fondo de
Estabilización no debía gastar ni un centavo dentro de
Rusia ya que, según decían, eso podía provocar un
aumento de la inflación? La inflación, cuyas causas
son numerosas, resiste, además, de la misma manera
cuando no se toca el Fondo de Estabilización. La
política de consolidación desenfrenada de la tasa
monetaria real del rublo también está subordinada a la
lucha contra la inflación, lo cual afecta gravemente
la competitividad de los productores rusos.

La creación del Fondo de Recursos No Renovables es una
medida indispensable, lo cual está demostrado por la
práctica mundial. Pero, ¿cómo gastar el excedente de
los fondos provenientes de los elevados precios de las
materias primas? Estuve leyendo un artículo del
profesor Alexei Kudrin publicado en la revista Asuntos
económicos. Este presenta un interesante panorama que
muestra hacia qué objetivos se dirige el dinero
proveniente de los recursos no renovables en Kuwait,
Alaska, Chili, Noruega y Venezuela. Según ese
panorama, en todos esos países sin excepción, esos
fondos se convierten de una u otra manera en fuente de
financiamiento de la economía nacional.

El ejemplo de Alaska resulta característico. Se
crearon dos fondos: un fondo permanente y un fondo de
reserva. Alrededor de la mitad del fondo permanente se
destina a la población de Alaska en forma de
dividendos y el resto se reinvierte. En cuanto al
fondo de reserva, este sirve para alimentar el
presupuesto. Hay un límite establecido para la
utilización de los medios pertenecientes a ese Fondo,
pero ese límite no es fijo y puede ser revisado por
vía legislativa.

¿Por qué resulta tan importante el ejemplo de Alaska?
Porque se trata de un territorio que también presenta
problemas de demografía y de desarrollo.

Otro ejemplo característico, el Fondo Petrolero del
Estado existente en Noruega (los que se oponen a la
utilización de los fondos provenientes de los recursos
no renovables gustan de referirse a la práctica de ese
país). Sin embargo, según el citado artículo, el
dinero proveniente del fondo noruego «sólo puede ser
utilizado en transferencias destinadas al presupuesto
del gobierno central».

Pienso que en 2007 no prevalecerá la posición de
quienes afirman que no se puede utilizar los medios
acumulados en el Fondo de Estabilización, ni siquiera
para crear infraestructuras en el sector del
transporte en Rusia, país que cuenta con 50 000
aglomeraciones urbanas que no están conectadas a las
grandes carreteras. Ni para cubrir la parte
correspondiente a los ingresos presupuestarios, cuyo
descenso está condicionado por la reducción de los
impuestos sobre los productos de alta tecnología, la
industria de transformación y las pequeñas empresas.
También hay una ruptura en la medida en que hay cada
día más gente que comprende que la disminución del
peso de los impuestos en esos ejes ayudará a la
necesaria modificación de la estructura de la economía
rusa, conducirá a la búsqueda de su florecimiento y, a
fin de cuentas, acrecentará las sumas que alimentan el
presupuesto.

En tercer lugar, durante el año 2006 se produjo un
viraje decisivo hacia una economía con opción social.
Me refiero a los cuatro proyectos nacionales que
propuso el presidente Putin, en lo tocante a la salud,
la educación, la construcción de viviendas y el
desarrollo de la agricultura. El carácter decidido de
esa iniciativa está subrayado por el hecho que, desde
el comienzo de la reforma de mercado de la economía
rusa, los dogmáticos liberales afirmaban que el Estado
sólo debe preocuparse por los más débiles y que los
demás tienen que resolver por sí mismos sus propios
problemas sociales. En el fondo, rechazaban toda
inversión del Estado en el hombre.

En cuarto lugar, fue durante el año 2006 que comenzó
la lucha contra la corrupción. No puede decir que haya
pasado ya del carácter “selectivo”. Pero el hecho de
que ciertos corruptores de alto rango hayan sido
puestos al margen de los negocios, el hecho que
funcionarios intermedios sean objeto de acciones
penales es esperanzador. Esperanza que se refuerzan
con declaraciones de Vladimir Putin, como aquella en
la que señaló que los contactos entre funcionarios
provenientes de cualquier nivel y el mundo de los
negocios constituye un mal extremadamente peligroso.
Si esas palabras se ratifican mediante medidas firmes
durante el año 2007, la corrupción se verá privada del
medio que la propicia en Rusia.

No se debilita el papel del Estado en la economía

Los logros económicos del año 2006 son innegables.
Hace ya varios años que se mantiene el desarrollo
económico: cerca del 7% del PIB. Resulta incluso muy
superior al nivel medio mundial. Lo principal aquí es
que ese florecimiento transcurra sin recesiones
importantes y que se mantenga durante un período
largo. Por primera vez la inflación no pasó el límite
del 10%. Las reservas en oro y divisas alcanzaron una
cifra record. Subió el nivel de vida de la población.
Creo que todos esos resultados positivos están
relacionadas, en buena parte, con la ruptura con las
tendencias esbozadas en los años 90.

Pero, ¿se puede considerar que hemos alcanzado con
esto un límite a partir del cual el papel del Estado
en la economía tendría que ir disminuyendo? No se
puede juzgar la situación de esa manera. Durante el
año 2006 los éxitos estuvieron acompañados de una
serie de desequilibrios que exigen que el Estado tome
medidas serias para hacerlos desaparecer. Me detendré
sólo en algunos de ellos.

Veamos el primero. A pesar de una dinámica económica
positiva, no se vislumbra una salida de la crisis
demográfica. Esta reviste dos dimensiones en nuestro
país. Por un lado, la disminución de la población en
general; del otro, la salida bastante rápida de gente
que abandona regiones esenciales en el aspecto
económico: Siberia, la Transbaikalia y el Extremo
Oriente. En 1991, 22 millones de personas vivían en lo
que hoy constituye la circunscripción federal de
Siberia. Hoy quedan sólo 19 millones. Hacia fines de
2025, según la previsiones de Rosstat, en Siberia
quedará sólo un poquito más de 17,5 millones de
habitantes, o sea cerca del 20% menos que en 1991. La
circunscripción federal de Siberia representa cerca de
la tercera parte de la superficie de Rusia y el
problema no es solamente que esa tercera parte está
poco poblado. La distribución de la población es allí
muy desigual. Como decía, en la reunión del Mercury
Club, el representante del presidente Putin, Anatoli
Kvachnin, si se traza un círculo de 300 Km. alrededor
de Novosibirsk, encontraremos dentro de él 12 millones
de habitantes, de los 19 millones que actualmente
pueblan Siberia.

La situación demográfica es más difícil aún en el
Extremo Oriente, donde la población disminuyó en más
del 16% en 15 años. Para resolver el problema
demográfico, algo que constituye un objetivo nacional
primordial, hay que proponer un plan complejo y
sistemático para el desarrollo de esas regiones. Me
dirán que ya se han adoptados muchos proyectos de ese
tipo. Yo respondería que ninguno de ellos ha tenido un
carácter de conjunto, multilateral y sistémico. Claro,
eso es consecuencia del hecho que los controles no
están a la altura de esos proyectos dispersos ligados
a un problema que reviste una importancia vital para
Rusia, de una importancia económica, geopolítica y que
está directamente ligado a los intereses de su
seguridad. Poco antes del fin del año 2006, el
presidente Putin mencionó ese tema ante el Consejo de
Seguridad. Entonces distribuyó tareas. Veremos cómo se
concretan estas en durante el 2007.

Segundo desequilibrio. Durante el 2006 el desarrollo
de nuestra economía condujo a una dinámica de consumo
más bien elevada. Eso está bien. Pero el aumento del
consumo va acompañado del mantenimiento de un bajo
nivel de competitividad de los productos de la
industria rusa. Ese desequilibrio estimula el
incremento de las importaciones, cuyo ritmo es muy
superior al de la industria nacional. El año pasado la
porción del PIB correspondiente al comercio al por
mayor y al detalle fue superior al 35% mientras que
bajó la porción correspondiente a la industria. No se
trata, naturalmente, de dedicarle menos atención al
desarrollo del comercio y del sector de los servicios,
lo cual era un defecto de la economía en la época
soviética, o de limitar las importaciones. No debemos
hacerlo. Pero la cuestión de la competitividad de la
producción nacional se plantea con más fuerza aún.
Para llegar a una solución, hay que poner a la
industria en el camino de la renovación. Y no podremos
hacerlo sin una seria intervención del Estado.

En estos últimos años Rusia ha dado un verdadero
salto, con la creación de un Fondo de Inversiones
financiado por el presupuesto, de un fondo “venture”,
de las zonas económicas especiales, con la formación
–en proyecto– de un organismo encargado de la gestión
pública del desarrollo que se especializará en el
financiamiento de los proyectos de inversiones a largo
plazo, específicamente en materia de exportación. Al
mismo tiempo, y no podemos cerrar los ojos ante esto,
tiene poca amplitud la utilización de los instrumentos
creados en las actividades de innovación. En Rusia,
por ejemplo, se han creado nada más que cuatro zonas
de innovación y de desarrollo. Digamos, para
establecer una comparación, que en China tienen 57.

En ese sentido, la vía innovadora de desarrollo se
hace para Rusia absolutamente indispensable debido a
las difilcultades demográficas de nuestro país. Estas
dan lugar a una reducción de la oferta de fuerza de
trabajo, situación que no solamente se puede resolver
mediante una intensificación del trabajo, una
elevación de su productividad, lo cual resulta
imposible sin el progreso técnico y tecnológico.

Tercer desequilibrio. A pesar de una ligera
disminución del número de personas que vive por debajo
del límite de pobreza, la desigualdad entre el 10% de
la población que tiene los ingresos más altos y el 10
que tiene los ingresos más bajos persiste e incluso se
está ampliando. Según las cifras de Rosstat, los
ingresos monetarios de los ciudadanos más acomodados
van en aumento mientras que los de los más
desfavorecidos se estancan. Son por consiguiente los
ricos los que más se benefician con el crecimiento
económico. Se trata de una tendencia alarmante. Y que
está lejos de ayudar a estabilidad social de Rusia.

Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta otro aspecto
del problema, que yo calificaría de circunstancia
agravante. Se sabe que, en los países desarrollados,
la miseria afecta fundamentalmente a desempleados,
inmigrantes y familias numerosas; pero en nuestro
país, en Rusia, el 35% de la gente que cobra menos que
el mínimo vital o que están cerca de ese límite son
familias de trabajadores que tienen uno o dos hijos.
En Rusia, los pobres son, en su gran mayoría,
asalariados o retirados. Basta con decir que más del
dos trabajadores de cada tres perciben un salario al
salario mínimo vital en la agricultura, más de uno de
cada dos en el sector de la cultura y del arte. El
bajo costo de la fuerza de trabajo da lugar, sobre
todo, una falta de interés por el progreso técnico y
tecnológico.

Otro importante desequilibrio proviene del hecho que,
a pesar del desarrollo del federalismo, seguimos
conservando, en el fondo, el sistema financiero de un
Estado unitario. Además, si hace unos pocos años
todavía era posible justificar esto o explicarlo por
la voluntad de mantener la integridad territorial del
país, de utilizar los flujos financieros del centro
hacia las regiones para consolidar el Estado único,
esa explicación deja de tener sentido desde que se
construyó una línea vertical de poder con la
nominación de los gobernadores. Sobre todo teniendo en
cuenta que, en todos los Estados federales, la
centralización política se refuerza mediante una
autonomía económica creciente de las entidades de la
Federación. Pero, ¿de qué aumento de la autonomía
económica de nuestras regiones podemos hablar si la
mayoría de ellas entregan al centro gran parte de los
impuestos que cobran localmente y si ellas mismas
dependen por completo de las transferencias y
subvenciones del centro federal? A menudo se explica
esa práctica alegando la necesidad de equiparar la
situación económica y social en el conjunto del país.
Eso es realmente indispensable, pero no [debe hacerse]
con métodos que no satisfacen ni a las entidades
beneficiarias ni a las entidades donantes.

Es innegable que los desequilibrios siguen siendo
numerosos en nuestro país. Podemos citar aún:
- el decrecimiento de los ritmos de crecimiento de las
exportaciones de petróleo y de otras materias primas,
que no se compensa con un aumento de las exportaciones
de productos de alto valor agregado;
- la ausencia de un sistema de créditos a largo plazo
con tasas aceptables aunque se hace necesario
garantizar un desarrollo económico importante y
estable;
- el crecimiento de las inversiones extranjeras
provenientes del exterior que se limita al sector
relativamente estrecho de las materias primas;
- el considerable atraso de uno de los países más
ricos en productos energéticos en el terreno de la
eficacia de la utilización de la energía;
- la ausencia de un mecanismo capaz de protegernos con
eficacia de una formación de precios de tipo
monopolista;
- un alto potencial intelectual que no se corresponde
con un rendimiento extremadamente pobre que representa
sólo el 0,5% de la producción de tecnología de punta y
de alta tecnología en el mercado mundial;
- y, finalmente, las graves lagunas del mecanismo de
toma de decisiones, en la que gobierno sabe de
antemano que todos sus proyectos de ley tendrán
automáticamente el apoyo de la mayoría parlamentaria
cuando sean presentados a la Duma. El ejemplo más
flagrante de ello es la llamada ley de monetarización
de las ventajas, cuyas graves insuficiencias también
tuvieron un impacto negativo en el año 2006, sobre en
lo tocante al acceso a las medicinas.

El contexto interno e internacional

Cuando tratamos de analizar la situación política
interna del país en 2006, el hecho de que los
nacionalistas, bajo el impulso de la xenofobia,
levanten la cabeza aparece como uno de los fenómenos
más dolorosos. El patriotismo debe ser uno de los
rasgos dominantes del ciudadano ruso, o sea el amor
por la Patria y por el pueblo. Pero lo que caracteriza
a los nacionalistas es el deseo de medir a los demás
estableciendo la superioridad de su propio pueblo ante
los otros. Algunos consideran que el internacionalismo
que le oponemos es una formulación comunista que
debiera ser reemplazada por el nacionalismo en las
condiciones de desarrollo de Rusia en el marco del
mercado. Esa interpretación es completamente falsa y
nefasta.

Su carácter nefasto aparece todavía más cuando, por
motivos indudablemente sanos –resulta indiscutible– se
utiliza una terminología ambigua, como la afirmación
de la «democracia soberana» de Rusia.

Claro está, Rusia fue y sigue siendo un Estado
soberano, con una larga y rica historia. Naturalmente,
las instituciones estatales rusas son originales, al
igual que la mentalidad de gran parte de la población,
tanto la de los rusos como las de otros pueblos de
nuestro país. Rusia marcha hacia valores universales
como la democracia pero lo hace siguiendo sus propias
vías, que tienen en cuenta las tradiciones, la
historia, el carácter multiétnico del Estado y su
situación geográfica. Como muchos otros países, Rusia
no admite sermones infundados y abstractos del
extranjero, y admite menos todavía que traten de
imponerle un modelo de estructuración de la sociedad,
de forma de administración. Pero es indispensable que
todo eso, que forma parte del concepto de soberanía
del Estado, no esté al servicio de aquellos que,
dentro del país o fuera de él, tratan de alejar a
Rusia de los procesos objetivos en desarrollo: la
globalización, la internacionalización de la actividad
económica, el acercamiento entre las civilizaciones.
Es indispensable defender los intereses de Rusia y de
toda su población. Pero hay que hacerlo sin una
confrontación con otros pueblos y países que
resultaría humillante, nefasta y peligrosa para
nosotros.

Abordemos ahora el contexto internacional en el que
Rusia se desarrolla hoy. El fin de la guerra fría
estuvo acompañado de un retroceso del sistema bipolar
y una organización multipolar del mundo comenzó a
construirse. China y la India, que disponen de un
colosal potencial humano, se desarrollan rápidamente.
Durante el año 2006, esos dos países sobrepasaron a
Estados Unidos, si unimos el PBI de ambos. Dado que el
crecimiento económico de China y la India es 2,5 veces
superior al de Estados Unidos, parece evidente que son
esos dos países los que garantizan el mayor aporte al
desarrollo de la economía mundial. El aporte de la
Unión Europea también fue superior al de Estados
Unidos durante el 2006. Brasil y Argentina se
transforman en países posindustriales. El proceso de
integración es prometedor en América Latina. Es
difícil imaginar que Rusia, cuyo desarrollo es
dinámico, no se convierta en un centro autónomo en ese
mundo multipolar.

Pero existen obstáculos objetivos para el desarrollo
de esa organización multipolar en el mundo. Se trata
de la política de Estados Unidos. En las condiciones
actuales, este país es el más desarrollado del mundo
en el aspecto económico, es el más fuerte en el plano
militar y el más avanzado en el aspecto científico y
tecnológico. En ese contexto, bajo el gobierno de la
actual administración estadounidense, hemos asistido a
la consolidación de la influencia de quienes tratan de
mantener las posiciones hegemónicas de Estados Unidos
durante este período de edificación de una
organización multipolar del mundo. Eso repercute de
forma negativa en el proceso de neutralización de las
amenazas a las que la humanidad se enfrenta desde el
fin de la guerra fría.

Citaré tres de ellas. La primera es la proliferación
de las armas nucleares y de otros medios de
destrucción masiva fuera del círculo de los cinco
miembros oficiales del club nuclear que han aprendido
a dar pruebas de moderación en las cuestiones
relativas al uso de esa arma. La segunda es el
terrorismo internacional, que se manifiesta bajo los
rasgos del islamismo, aunque no tenga nada que ver con
el Islam como religión. La tercera son los conflictos
regionales que se agravan. El peligro es tanto más
grande cuanto que esas tres amenazas pueden
acumularse.

Fracasó la doctrina del unilateralismo. ¿Y después?

En la época de la guerra fría, lo que garantizaba la
estabilidad en la arena internacional era la disuasión
mutua de los dos superpotencias que dirigían los dos
bandos ideológicos opuestos. En otras palabras, estaba
basada en una confrontación cuyos límites aparecían
claramente delineados.

Hoy en día, conjurar las nuevas amenazas sólo es
posible mediante los esfuerzos comunes y dirigidos de
todos los grandes centros del mundo unipolar en
procese de formación. Pero esa verdad, al parecer
indiscutible, está lejos de ser fácilmente realizable.
Como quedó demostrado durante la operación de Irak,
Estados Unidos se arrogó el derecho exclusivo de
decidir qué país representaba una amenaza para la
seguridad internacional y de decidir por sí solo si
había que utilizar o no la fuerza contra ese país. Al
mismo tiempo, proclamó su firme voluntad de exportar
la democracia a países cuyo régimen no le conviene.

Ya se ha podido comprobar el fracaso de esa política,
fracaso que también admiten numerosos representantes
estadounidenses. Hasta el propio presidente Bush
admitió recientemente, por primera vez, que Estados
Unidos no ha triunfado en Irak. ¡Y de qué manera!
Luego de la operación estadounidense, ese país árabe
se ha hundido en el caos. Se desató una guerra civil
con bases religiosas. El peligro de división del país
aumenta cada vez más. Irak se transformó en la
principal base de Al Qaeda.

El fracaso de la política estadounidense en Irak
asestó un golpe mortal a la doctrina del
unilateralismo. Eso fue lo que demostraron las últimas
elecciones parlamentarias en Estados Unidos, en las
que el Partido Republicano perdió la mayoría en ambas
Cámaras.

Pero ese golpe mortal no significa aún el fin de esa
doctrina, sobre todo cuando hay quien se las arregla
para seguirle prolongando la vida por todos los
medios. Prueba de ello es la «nueva estrategia» que
proclamó Estados Unidos para Irak. Esta consiste en
realidad, para el presidente Bush, en tomar la
decisión, a pesar del parecer del Congreso y de la
mayoría de opinión pública, de enviar a Irak un
refuerzo de 22 000 soldados. Esa decisión es a la vez
tonta y sin perspectivas como si, para salir del
atolladero iraquí, bastara simplemente con que Estados
Unidos aumente en una sexta parte la presencia de sus
tropas de ocupación. Esa decisión, de carácter cínico,
trata de ignorar el hecho de que el número de soldados
estadounidenses muertos en Irak sobrepasa ya el número
de víctimas de los atentados terroristas del 11 de
septiembre de 2001, sin mencionar las decenas y
decenas de miles de muertos iraquíes.

El hecho es que, en Estados Unidos, se entiende cada
vez más ampliamente el perjuicio que ha causado el
carácter unilateral de las soluciones de fuerzas
adoptadas. Pero eso no significa que la administración
estadounidense esté dispuesta a emprender acciones
multilaterales universales para contrarrestar los
nuevos peligros que amenazan la seguridad y la
estabilidad del mundo. Hecho característico, no se
apuesta por el fortalecimiento y la modernización del
mecanismo internacional universalmente reconocido, o
sea la ONU, sino por la extensión del bloque militar
de la OTAN.

Creada como organización regional en la época de la
guerra fría, en estos momentos la OTAN extiende poco a
poco su influencia belicista a otras regiones.

Esa organización desplegó ya sus tropas en Afganistán.
Y nadie sabe cómo evolucionará la situación. Por
tanto, no podemos menos que sentir alarma cuando
vemos, por ejemplo, que ciertos medios de difusión
estudian la hipótesis de una intervención armada en
Irán y Siria, intervención que podría dirigir la OTAN
de no ser Estados Unidos. Naturalmente, hay mucho
trecho entre esas discusiones y la concretización de
la idea. Muchos miembros de la OTAN se negarán sin
dudas a recorrer ese camino. Pero, ¿no hay acaso que
estar alertas cuando vemos que los nuevos miembros de
la OTAN y los países que quieren integrarse a toda
costa a esa alianza están a menudo dispuestos a pagar
un precio increíblemente alto por ganarse la simpatía
de Estados Unidos?

La Alianza del Atlántico Norte, que no cesa de enrolar
a nuevos países, se está acercando a nuestras
fronteras. Por supuesto, eso no puede dejar de
inquietarnos. Sobre todo porque la ampliación de la
OTAN va acompañada de una retórica antirrusa y de una
política ofensiva de Estados Unidos en las repúblicas
ex soviéticas. Moscú no puede evitar ver en ello actos
dictados por el descontento de ciertos medios
occidentales al ver que Rusia, que está recuperando su
gran potencial prometedor, vuelve a su posición de
gran potencia. ¿No es acaso eso lo que demuestra la
reacción histérica que provocada, en Occidente, por la
resuelta decisión de Rusia de vender sus productos
energéticos a los precios del mercado [mundial]?

Rusia: una política óptima

En esas condiciones, nuestro país pone en práctica,
diría yo, una política exterior óptima. Obligada a
consolidar su potencial militar estratégico y táctico,
Rusia demostró de todas las formas posibles su
voluntad de convertirse en una de las principales
fuerzas para la estabilización de la situación
internacional. El año pasado confirmó los éxitos de la
política exterior rusa: establecimiento de relaciones
estrechas, a veces incluso estratégicas, con numerosos
países de Asia, en especial con China y la India;
voluntad inquebrantable de mantener estrechos lazos
con los países europeos; relaciones mutualmente
ventajosas con Estados Unidos. Lo más importante es
que el presidente Putin adoptó una línea que conjuga
la firme defensa de los intereses nacionales de Rusia
con la voluntad de evitar toda confrontación con los
demás países [1].

Me parece que los políticos occidentales deberían
reflexionar sobre el papel y el lugar de Rusia en el
mundo actual. No sobre el de una Rusia ficticia en la
que la política interna degeneraría en amenaza para
sus vecinos, ni sobre el de una Rusia imaginaria que
utilizaría con fines imperiales las entregas de
productos energéticos a otros países sino sobre el de
la Rusia real que no tiene la intención de seguir la
estela de ninguna política y que concentra a la vez
sus esfuerzos en la lucha contra el terrorismo
internacional, contra la proliferación de las armas de
destrucción masiva, que no acepta una división del
mundo en civilizaciones y religiones, que trata de
utilizar sus excepcionales posibilidades en poner fin
al extremadamente peligroso conflicto del Medio
Oriente, el de la Rusia que aplica una política que
haga entrar en razón a aquellos, carentes de juicio,
que nada han aprendido en Irak y que se aprestan a
reeditar sus mortales actos de fuerza contra los
regímenes que no les agradan.

Se puede decir, en conclusión, que el año 2006 fue, en
su conjunto, un año exitoso para Rusia. Los procesos
positivos predominaron en la economía y la política.
Pero los problemas pendientes, ciertos desequilibrios,
se vieron con más claridad. Es absolutamente necesario
dedicarles la mayor atención a principios de este año
2007, tanto más cuanto que el año será mas complejo
debido al contexto electoral.

*Evgueni Primakov. Ex jefe de la KGB, sucesivamente
ministro de Relaciones Exteriores y luego primer
ministro bajo la presidencia de Boris Yeltsin.


Notas
[1] «Général Gareev: "la Russie sera l’arbitre
géopolitique des conflits à venir"» por Viktor
Litovkine, Réseau Voltaire, 26 de enero de 2007.

Fuente: Red Voltaire – 28.05.2007 
 


   
    "No te enterarás nunca de cómo sucedió el encuentro del que fuiste partícipe aún sin saberlo, del intercambio de roces, de acercamientos, de humedades y labios servidos por todo el cuerpo, ni sabrás que éste día, ésta noche a ésta hora cierro ese capítulo abierto para ocultarlo en las sombras de mis deseos secretos
No sabré nunca tampoco a que supo ese beso que dejaste tatuado en mi espalda con tan sólo el pensamiento, y no quiero ni enterarme si has leído esto"





	

	
		
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