[R-P] [tribuna_boliviana] Las ONG, nuevo brazo de la diplomacia estadounidense
Pat H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Jun 18 02:18:38 MDT 2007
Las ONG, nuevo brazo de la diplomacia estadounidense
Aunque los recientes sucesos de Georgia y Ucrania
fueron calificados de «revoluciones», la realidad es
otra ya que su objetivo no era un cambio de sociedad
sino, únicamente, provocar cambios de gobierno
favorables a los aliados de Estados Unidos. Las
protestas y los movimientos callejeros fueron
organizados por ONGs financiadas y dirigidas, directa
o indirectamente, por Washington conforme a un plan
expuesto hace más de un año en un informe oficial de
la USAID.
En unos años, ciertas ONGs se han transformado en
caballos de Troya del departamento de Acción de la
CIA.
El derrocamiento del presidente georgiano Eduard
Chevarnadze, en noviembre de 2003, y la ascensión al
poder de Viktor Yuschenko en Ucrania, en diciembre de
2004, consagran, según la mayoría de los politólogos
europeos, el triunfo de la sociedad civil democrática
en los antiguos satélites soviéticos.
Al oír las loas de la llamada «prensa occidental»,
parece que no puede uno menos que alegrarse de la
forma en que los pueblos sometidos por la antigua URSS
toman hoy el destino en sus manos y se unen, es
debido, al único bando justo, representado por -no hay
más escoger- Occidente, Europa o la OTAN.
Todo ello, gracias al formidable trabajo de terreno y
de movilización que hicieron numerosas organizaciones
no gubernamentales o extranjeras para convencer a los
georgianos, los ucranianos y, quizás mañana, a los
bielorrusos, de que es importante hacer valer sus
propios derechos.
La realidad es más compleja y seguramente mucho menos
idílica. Parece en efecto que, conforme a la línea de
las teorías del politólogo estadounidense Gene Sharp,
desarrolladas en el seno de la Albert Einstein
Institution [1], Estados Unidos elaboró desde el final
de la guerra fría una nueva doctrina de golpes de
estado soft mediante la utilización de técnicas no
violentas.
Inspirándose en la eficacia de las luchas políticas
que desarrolló en la India Mohandas K. Gandhi,
Washington trata desde hace alrededor de diez años de
derrocar los gobiernos que no le gustan mediante un
dispositivo que le garantice el apoyo de la opinión
pública internacional.
En el centro de la nueva doctrina, las organizaciones
no gubernamentales, tan populares ante los medios de
difusión, juegan un papel esencial. Como señala el
periodista de Counterpunch Jacob Levich, «las
organizaciones no gubernamentales -asociaciones
teóricamente independientes y con la reputación de
humanitarias, conocidas bajo de la denominación de
ONG- están ya abiertamente incorporadas a la
estrategia de conjunto de Washington para consolidar
su supremacía global» [2].
El hecho de que la mayor parte de las ONG, sobre todo
las más importantes, sean financiadas por fondos
«privados-públicos» no es nuevo. Hace tiempo que las
agencias gubernamentales de ayuda tienen
como objetivo subvencionar, por lo menos parcialmente,
organizaciones humanitarias especializadas en el
desarrollo. Numerosas ONG aceptan igualmente fondos
provenientes del Open Society Institute de George
Soros aún cuando los lazos de este último con la
diplomacia subterránea estadounidense son bien
conocidos [3].
Sin embargo, durante muchos años el carácter dudoso de
esos financiamientos -que ponen en tela de juicio la
definición misma de lo que debe ser una organización
no gubernamental- no tenían influencia real en la
integridad con la estas realizaban sus
actividades. La cantidad de ONG que apoya, por
ejemplo, el Open Society Institut excluía la
utilización de esa vía para establecer un control
sobre los numerosos proyectos en marcha [4].
Sin embargo, las cosas cambiaron desde principios de
los años 2000, y el cambio fue deliberado. En el
pasado, Estados Unidos acostumbraba a financiar grupos
políticos y guerrillas armadas, así como sindicatos
[article123396]», por Paul Labarique, Voltaire, (...)"
href="http://www.voltairenet.org/article123804.html#nb5"
name=nh5>5].
A partir de la llegada de George W. Bush al poder, en
enero de 2001, las ONG fueron integradas poco a poco
al aparato estadounidense de ingerencia.
La idea se fue imponiendo, primero en algunos think
tanks [Centros de investigación, propaganda y
divulgación de ideas, generalmente de carácter
político] neoconservadores, luego en el seno de la
United States Agency for International Developpment
(USAID) [6].
Esta agencia gubernamental estadounidense, dependiente
del Departamento de Estado, es el equivalente del
ministerio francés de Cooperación. Fundada por John F.
Kennedy en 1961, la USAID «apoya el crecimiento
económico equitativo y a largo plazo y promueve la
política exterior estadounidense apoyando: el
crecimiento económico, la agricultura y el comercio,
la salud, la democracia, la prevención
de conflictos y la ayuda humanitaria».
Para ello, la USAID debe seguir directivas del
Departamento de Estado y es financiada por fondos
públicos. Su acción en el terreno consiste
principalmente en redistribuir esos fondos en los
países que Washington desea «ayudar», sobre todo a
través de organizaciones no gubernamentales [7].
La llegada al poder de una administración belicista en
enero de 2001 no podía dejar de tener consecuencias
para un organismo tan ligado a
la política exterior estadounidense. Sobre todo si se
tiene en cuenta que el director de l'agencia, Andrew
S. Natsios, está muy ligado al nuevo equipo de
gobierno. Adepto del «conservadurismo compasivo»,
Natsios fue miembro del equipo que dirigió en 1980 la
campaña electoral de George H. W. Bush, quien lo
nombró después, en 1988, en el Buró de Ayuda para las
Catástrofes en el Extranjero antes de que Natsios se
sumara a la asociación caritativa cristiana
WorldVision a partir de 1992 [8].
A la par de la Casa Blanca, la USAID modificó por
tanto su relación con las ONG para integrarlas
progresivamente al aparato de ingerencia articulado
alrededor del conjunto NED/CIA. Eso es lo que revela
la lectura de un informe publicado por la agencia en
enero de 2003, documento en el que nadie reparó en
pleno período de preparación de la guerra contra Irak.
El informe detalla cómo desea el Departamento
de Estado utilizar en lo adelante las organizaciones
no gubernamentales.
Bajo el título Ayuda internacional en nombre del
interés nacional: Promover la libertad, la seguridad y
la oportunidad, el informe nos pone al tanto de las
nuevas prioridades de la USAID. La agencia no
concebirá ya sus programas con el fin único de aliviar
la miseria humana sino que se dedicará más bien a
«estimular reformas democráticas» [9].
Ese cambio de política es consecuencia de la nueva
Estrategia de Seguridad Nacional para Estados Unidos
publicada por la Casa Blanca en septiembre 2002. La
administración Bush afirma en esa estrategia que
Estados Unidos necesita garantizar su propia seguridad
instaurando regimenes democráticos en los países
enemigos.
Esa es la posición que adoptó la USAID al planear que
los regímenes «amigos» sean recompensados mediante la
atribución de financiamiento para proyectos de
desarrollo mientras que les países «hostiles» serán
blanco de programas de «reformas» aplicadas por
organizaciones no gubernamentales.
Estas últimas, consignan en efecto los autores,
dependen cada vez más de sus fuentes de financiamiento
y han perdido, por consiguiente,
mucho de su independencia: «las ONG trabajaban antes a
buena distancia de donantes gubernamentales, pero con
el tiempo esa relación se ha hecho más íntima».
Dicho por lo claro, los gobiernos ejercen actualmente
mayor control sobre los programas que financian, lo
que abre la vía a su utilización como instrumento. Eso
es ni más ni menos lo que propone la USAID. Casi sin
disimulo, la agencia explica cómo utilizar las ONG
para propiciar golpes de Estado: «Es posible aportar
una ayuda a los reformadores que permitirán
identificar a los ganadores y perdedores más
importantes, desarrollar la construcción de
coaliciones y de estrategias de movilización y
elaborar campañas de relaciones públicas (...) Ese
tipo de ayuda puede representar una inversión para
el futuro, cuando un cambio político otorgue el
verdadero poder a los reformadores» (página 51).
Eso fue precisamente lo que pasó en Georgia en
noviembre 2003.
Después de haber sido hasta entonces un aliado siempre
fiel de Estados Unidos, el presidente Eduard
Shervarnadze se vio súbitamente criticado por
Washington en cuanto a su «gestión» democrática en el
país, cuando emprendió un acercamiento con la Rusia de
Vladimir Putin.
Era ese el objetivo de la visita de James Baker III a
Georgia, durante el verano de 2003, ocasión en que el
ex-secretario de Estado advirtió al presidente
georgiano y lo invitó a garantizar la legalidad de las
elecciones legislativas. Un discurso que permitió
legitimar después la llegada de numerosas
organizaciones no gubernamentales con el fin de
controlar el escrutinio.
Paralelamente, Washington aplicó al pie de la letra
las recomendaciones de la USAID emprendiendo
urgentemente el adiestramiento de Mijail Saakachvili
como sucesor pro estadounidense.
Durante el verano, este jurista, miembro del colegio
de abogados de New York y ex-miembro del gobierno
georgiano, es invitado a un seminario en Belgrado
«para aprender cómo hacer una «revolución de
terciopelo» como la de los serbios. El señor
Saakachvili recibió instrucciones detalladas que
siguió al pie de la letra» [10].
El tal seminario estaba organizado por el Centro para
la Resistencia no violenta de Belgrado, ONG
subvencionada por el Open Society Institute de George
Soros [11]].
Al mismo tiempo, el «filántropo» financia un
movimiento de jóvenes opositores -algunos tienen
apenas 15 años- para crear en Georgia condiciones con
vistas a una sublevación popular. Bajo el nombre de
Kmara (¡Basta!), la estructura de esa organización
sigue el modelo del movimiento serbio Otpor que había
desafiado a Milosevic en Belgrado en el 2000, también
gracias a los fondos del Open Society de Soros.
Numerosos cuadros de Otpor fueron enviados a Georgia
para formar allí a los futuros cuadros de la
«revolución no violenta».
Logos de las organizaciones Otpor y Pora. Dos
organizaciones juveniles controladas por los servicios
secretos estadounidenses.
El factor desencadenante depende también de
organizaciones no gubernamentales. Se trata de poner
en tela de juicio la limpieza del proceso electoral
durante las elecciones legislativas de noviembre de
2003. Durante estas, los movimientos
progubernamentales alcanzan una victoria limitada,
seguidas de cerca por la oposición que representan
Mijail Saakachvili y Nina Bourdjanadze, la presidenta
del parlamento.
Pero no son estos últimos quienes iniciarán las
protestas sino un responsable estadounidense, Adam
Ereli, vocero del Departamento de Estado. Habla de
«fraudes masivos» y de «amplias manipulaciones del
conteo de votos». Ereli basa sus argumentos en la
diferencia existente entre las cifras que anuncia la
comisión electoral georgiana, cerca de tres semanas
después del escrutinio del 2 de noviembre, y las de
«prestigiosas organizaciones independientes» [12].
En este aspecto, el papel de las ONG es también
determinante. Los sondeos estuvieron, efectivamente, a
cargo de dos organismos diferentes. El primero, la
Fair Elections Society (ISFED), financiado por el
British Council y, del lado estadounidense, por la
USAID y la NED mediante el National Democratic
Institute, la International Foundation for Election
Systems (IFES) y el International Republican
Institute [13].
El segundo sondeo fue realizado por una sociedad
estadounidense especializada en análisis electoral, el
Global Strategy Group, con la ayuda de la Open Society
Georgia de George Soros, de la Eurasia
Foundation (también financiada por la USAID y dirigida
por un ex-responsable del Departamento de Estado,
Charles William Maynes) y de la cadena de televisión
«independiente» Rustavi 2, creada en 1994
gracias al financiamiento de George Soros [14].
Paralelamente, asociaciones georgianas de derechos
humanos difunden, mediante su sitio en internet y a
través de comunicados, informes alarmantes sobre la
represión desatada contra la oposición y la
omnipresencia de la corrupción.
Estas afirmaciones, de las que se hacen eco
constantemente los medios de difusión de Europa
occidental, proceden en realidad de una fuente
principal: la ONG Liberty Foundation, financiada por
la USAID y que hasta mayo de 2003 había sido dirigida
por... Mijail Saakachvili [15].
El dispositivo es tan poderoso que no hay posibilidad
de fracaso. A finales de noviembre, Eduard Shevarnadze
renuncia al poder. Lo reemplaza la presidenta del
parlamento Nina Bourdjanadze, hasta la
elección, en enero de 2004, de Mijail Saakachvili a la
silla presidencial.
Este último no olvidará a la «sociedad civil» que lo
llevó al poder.
El presentador estrella de la cadena Rustavi 2, Nika
Tabatadze, se convierte en segundo del ministro de
Relaciones Exteriores antes de ser nombrado presidente
de la cadena en octubre de 2004 [16].
El responsable del Open Society Institute en Georgia,
Kakha Lomaia, es nombrado ministro de Educación del
gobierno de Saakachvili. Otras personalidades pasan
con él de la categoría de «miembros de organizaciones
no gubernamentales» al rango de miembros del gobierno.
El mismo guión se repitió al parecer en Ucrania en
noviembre y diciembre de 2004 [17]. Allí encontramos
de nuevo un movimiento de oposición financiado por
George Soros, un candidato de oposición muy favorable
a la OTAN, sondeos «a boca de urna» realizados por
varias ONG financiadas por la NED/CIA y favorables a
la oposición, y una campaña de prensa violentamente
rusófoba en el seno de la Unión Europea.
El parlamentario estadounidense Ron E. Paul va aún más
lejos. Según él, una de las ONG más activas en
Ucrania, el International Center for Policy Studies,
es financiada por el gobierno estadounidense
mediante la Poland-America-Ukraine Cooperation
Initiative (PAUCI), organismo subvencionado por la
USAID y administrado por la Freedom House [18].
El mismo Viktor Yushchenko es miembro del consejo
administrativo de esta organización fundada por el
Open Society Institute. Peor aún, el mismo
parlamentario norteamericano Ron E. Paul denuncia una
sociedad estadounidense de relaciones públicas,
Development Associates Inc. que recibió 100 millones
de dólares del gobierno norteamericano, esencialmente
para garantizar la cobertura de la «revolución
naranja» en Ucrania [19].
Una nueva forma de ingerencia está naciendo. Mediante
la utilización de elementos de la «sociedad civil»,
tiene como método esencial el de sembrar la duda sobre
los procesos electorales y organizar importantes
campañas de propaganda para denigrar a los dirigentes
que Washington decide eliminar.
Además de los dos recientes ejemplos, países como
Venezuela, Zimbabwe y Bielorrusia son actualmente
blancos de presiones similares, hasta ahora sin éxito.
Un proyecto de organizaciones especializadas en la
supervisión de elecciones, el European Network of
Election Monitoring Organizations (ENEMO), nació en
septiembre de 2001.
La enumeración de los asociados -entre otros, la OSCE,
el National Democratic Institute y el Open Society
Institute- es suficiente para tener una idea de los
intereses que defienden. En ese dispositivo, el papel
de catalizador corresponde a las ONG. Hace diez años
se sospechaba ya que, bajo la cobertura de la acción
humanitaria, muchas de ellas realizaban trabajo de
inteligencia con vista a la preparación de
intervenciones militares.
El mundo vive hoy al ritmo de la CNN. Lo que importa
no es la realidad de una revolución o de un golpe de
Estado sino la imagen que se da del hecho. Es por eso
que ciertas organizaciones no gubernamentales están
siendo llamadas hoy no solamente a informar sino a
intervenir directamente en el seno de los regimenes,
como caballos de Troya.
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[1] Ver: «La Albert Einstein Institution: no violencia
según la CIA», por Thierry Meyssan, Voltaire, 10 de
febrero de 2005.
[2] «When NGOs Attack : Implications of the Coup in
Georgia», por Jacob Levich, Counterpunch, 6-7 de
diciembre 2003.
[3] Ver: «George Soros, especulador y filántropo»,
Voltaire, 3 de febrero de 2004.
[4] No es menos cierto que el generoso donante dispone
siempre de un importante medio de presión sobre la
organización que financia: la posibilidad de no
renovar su subvención. Un elemento muy real para
las ONG aquí mencionadas, tanto más cuanto que el Open
Society Institute ocupa actualmente una situación
excepcional en el «mercado» de la filantropía, lo que
hace que sea muy importante la posibilidad de
conservar su aprobación.
[5] Ver: «¿AFL-CIO o AFL-CIA?->article123396]», por
Paul Labarique, Voltaire, 19 de enero de 2005;
«1962-1979: La AFL-CIO y la contrainsurgencia
sindical», Voltaire, 19 de enero de 2005.
[6] «La USAID y las redes terroristas de Bush» por
Edgar Gonzales Ruiz, Voltaire, 15 de julio de 2004.
[7] Desde 2003, Estados Unidos emprendió un amplio
proyecto de ayuda a los países en vías de desarrollo
en el seno de una nueva agencia, la Millenium
Challenge Corporation. Esta exige que los países
beneficiados organicen la liberalización de sus
economías y su apertura a los inversionistas
extranjeros. Reclama además importantes reformas
políticas muy similares a verdaderos cambios de
regímenes.
Ver «Millenium Challenge, colonialisme libéral», texto
en francés, por Paul Labarique, Voltaire, 19 de
febrero de 2004.
[8] «USAID Director Keeps an Eye on Long-Term
Recovery», por Robin Wright, Washington Post, 6 de
enero de 2005.
[9] Foreign Aid in the National Interest : Promoting
Freedom, Security and Opportunity, USAID, enero de
2003.
[10] «'It looks disturbingly like a coup'», The
Guardian, 25 de noviembre de 2003.
[11] «US-Supported OTPOR now Ignites Ukraine», Zaman,
27 de noviembre de 2004.
[12] «Washington dénonce l'élection en Géorgie et
désavoue Chevardnadzé» (Washington denuncia la
elección en Georgia y desaprueba a Chevardnadzé), por
Christophe de Roquefeuil, AFP, 20 de noviembre de
2003.
[13] Ver el sitio de la USAID Georgia.
[14] Ver: «Médias audiovisuels: qui détient le 4ème
pouvoir en Géorgie?», par Célia Chauffour, Regards sur
l'Est, n°35, enero-marzo de 2004.
[15] «Georgia human-rights organization accused of
meddling», Zviad Pochkhua, The World Paper, 1ero de
mayo de 2003.
[16] «Géorgie: la chaîne TV Rustavi 2 aux mains de
l'ex-numéro 2 du ministère des Affaires étrangères»,
por Célia Chauffour, Regards sur l'Est, n°35, 13 de
octobre de 2004.
[17] Ver: «Ucrania: la calle contra el pueblo»,
Voltaire, 29 de novembre de 2004.
[18] «Freedom House: cuando la «libertad» no es más
que un pretexto», Voltaire, 3 de enero de 2005.
[19] «US Hypocrisy in Ukraine», Ron E. Paul
Statements, 7 de diciembre de 2004.
fuente:
http://www.voltairenet.org/article123804.html
"No te enterarás nunca de cómo sucedió el encuentro del que fuiste partícipe aún sin saberlo, del intercambio de roces, de acercamientos, de humedades y labios servidos por todo el cuerpo, ni sabrás que éste día, ésta noche a ésta hora cierro ese capítulo abierto para ocultarlo en las sombras de mis deseos secretos
No sabré nunca tampoco a que supo ese beso que dejaste tatuado en mi espalda con tan sólo el pensamiento, y no quiero ni enterarme si has leído esto"
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