[R-P] El último caudillo nacionalista oriental ( Ade R.N 367)

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Vie Jun 15 11:55:04 MDT 2007


AGENDA DE REFLEXION DE ALEJANDRO PANDRA Nº 367 - 

El último caudillo nacionalista oriental


El 16 de junio de 1984, después de once años de exilio
y a pocos días de las elecciones uruguayas, Wilson
cruza en el “vapor de la carrera” desde la capital
argentina el Río de la Plata. En un dispositivo de
guerra para impedir el contacto del líder nacionalista
con la multitud que lo esperaba en la explanada del
puerto de Montevideo con emoción expectante, lo
apresan y trasladan en helicóptero hasta el Batallón
de Artillería de Trinidad, donde lo mantienen
encarcelado hasta después del acto electoral. Fue lo
pactado por los militares, el partido Colorado y el
Frente Amplio: evitar de cualquier manera que el
caudillo Blanco gane las elecciones del 28 de
noviembre. El 30, como para certificar que lo metieron
preso sólo para impedir su triunfo, Wilson fue
liberado.

Desde la misma plaza Constitución de Trinidad, antes
de dirigirse a Montevideo donde protagonizó una
histórica movilización conmovedora, pronunció un
discurso donde dijo: "Después de once años y medio,
estoy rodeado de mi pueblo. Los últimos cinco meses y
medio los he pasado entre cuatro paredes y en
silencio. En silencio total, sin posibilidad de
hablar, teniendo únicamente el contacto, cuatro horas
por semana con mis abogados y con mi familia. Ustedes
saben bien lo que significa para un hombre
extrovertido como yo, que siente la necesidad de
comentar todo lo que en el país va ocurriendo, en
momentos en que lo destruye la angustia de no poder
ser partícipe de esa aventura que está viviendo su
partido y su pueblo. Experimentamos una derrota el
último 25 de noviembre. Fuimos derrotados ¿Qué es una
derrota más o una derrota menos?, obtener menos votos
que el adversario tradicional cuando eso nos ha pasado
diez y cien veces en la historia y de cada uno de esos
episodios hemos salido más grandes y mas fortalecidos.
Los Blancos piensan como se piensa la historia, pero
de ella lo que importa es lo que falta por escribir.
Son las páginas en blanco, las que tendremos que
empezar a elaborar hoy”. 

Wilson Ferreira Aldunate había nacido el 28 de enero
de 1919. Paradójicamente, su padre le puso su
enigmático primer nombre por el presidente Woodrow
Wilson. En 1939 se integra al grupo “Acción
Democrática Social” que lideraba Carlos Quijano y en
1942 a “Reconstrucción Blanca”. En 1958 es electo
diputado por el departamento de Colonia. En 1962 es
electo senador y luego es designado ministro de
Ganadería y Agricultura. En 1966 es reelecto senador,
y vino a llenar el vacío que se había producido con el
fallecimiento del gran dirigente Blanco Luis Alberto
de Herrera. Se impone desde su banca como un fiscal
implacable del gobierno de Pacheco Areco, derribando
tres ministros en legendarias interpelaciones
parlamentarias.

En 1971 es candidato a la presidencia por el
movimiento “Por la Patria” y el Movimiento Nacional de
Rocha. Fue el candidato más votado pero perdió por 12
mil votos, fruto de un probado y escandaloso fraude
electoral, incluso con participación norteamericana.

El 27 de junio de 1973 el gobierno de Bordaberry
disuelve las cámaras parlamentarias y Wilson se exilia
en Buenos Aires. En 1976 salva milagrosamente su vida
cuando un escuadrón va por el senador Zelmar
Michellini y el diputado Héctor Gutiérrez Ruiz. Se
refugia en la embajada de Austria e inicia un combate
internacional contra el régimen militar, hablando
incluso ante el senado de los Estados Unidos y
logrando que éste suspenda la asistencia militar a la
dictadura uruguaya.

De un carisma fenomenal, de una fuerza vibrante para
transmitir sus convicciones, de un gran optimismo por
el futuro de su país y el continente, de una notable
hermandad con una juventud que llegó a adorarlo, de
una clara y aguda inteligencia, de un incorruptible
comportamiento público y privado, fue, sin duda, el
último gran caudillo del nacionalismo oriental.

El 15 de marzo de 1988 Ferreira Aldunate falleció en
Montevideo víctima de un cáncer.




Nacionalismo y Latinoamericanismo
(Discurso pronunciado por Wilson Ferreira Aldunate al
cerrar el seminario internacional sobre Nacionalismo y
Liberalismo en el mundo actual organizado por el
CELADU en los salones del Banco Central – Publicado en
“La Democracia” el 10 de julio de 1987). Fragmentos

Somos nacionalistas y cada día lo seremos más, por una
sencilla razón muy simple y es que somos uruguayos.

Es muy fácil ser estadounidense o ser alemán o
japonés. Es facilísimo, lo difícil es ser uruguayo, lo
difícil es ver ahondarse la sima tecnológica que nos
separa de los países centrales y saber que
inexorablemente ella se irá profundizando a menos que
sobrevengan cambios que nadie puede prever en un
futuro más o menos próximo y que son imposibles si no
se altera totalmente la índole de nuestras relaciones
con los países centrales.

Nosotros somos un país con población escasa y que
hemos hecho un enorme esfuerzo en materia educativa,
pero exportamos gente. Es lo único que exportamos bien
y claramente. El uruguayo educado o con formación
semi-profesional es lo único que no paga altos
aranceles para ingresar al hemisferio norte. Entonces,
cómo no reconocer que para nosotros la idea misma de
la libertad no se concibe sino vinculada, metida
dentro de la defensa casi desesperada de la identidad
nacional. Para nosotros todo esto no es más que la
reiteración de un ideal común y naturalmente esto
plantea el otro problema que aquí se discutió el otro
día: 

¿Cómo esta gente tan afirmada en esta defensa de su
Patria Chica concilia esto con la integración?

Y sí, no solamente lo concilia sino que cree que una
cosa va inexorablemente unida con la otra. En su
origen América Latina exhibe más nítidamente que
Europa el espacio cultural común. Viene luego la
dispersión, y estamos ahora en la etapa que algunos
sorprende por su intensidad, que es grande, de
recomposición de la unidad.

Lo que queremos es reconstruir aquel núcleo
originario, y ello hace que todo nacionalismo
uruguayo, argentino, boliviano, brasileño, sea
necesariamente latinoamericano.

No hay modo de ser patriota de patria chica si no se
es simultáneamente y por eso mismo, patriota de la
Gran Patria Común Latinoamericana.

Quizás los uruguayos fuimos los últimos en entenderlo
en América Latina. Los uruguayos y los argentinos. Nos
vanagloriábamos, pasábamos el aviso cada vez que nos
presentaban a alguien diciendo: “mire que nosotros
somos diferentes a los demás, allá no hay indios”-
cosa que además es mentira – “nuestra población es
totalmente europea”. Tuvieron que llegar tiempos duros
para que por la vía de las solidaridades nos
reencontráramos con el viejo tronco. 

En Europa, el problema es un poco diferente, en cuanto
lo que Europa tiene que hacer es trascender sus viejos
nacionalismos. Debe construir una unidad
supranacional. Nosotros, en cambio, lo que tenemos que
hacer es ahondar nuestro nacionalismo para
reconocernos en América Latina. 

Los nacionalismos de encierro, los nacionalismos de
aldea, no es que sean malos, es que no son
nacionalismos. El nacionalismo cobra sentido solamente
en función de la universalidad que realiza.

Hubo entre nosotros quienes, a mitad de camino entre
los viejos sueños y las realidades de hoy, conservaron
en las circunstancias más adversas, el sentido
iberoamericano de nuestras raíces comunes, de las
solidaridades cordiales, de la fidelidad a la memoria,
y los uruguayos que están aquí presentes saben que
estoy pensando en Luis Alberto de Herrera, quien hizo
como nadie el esfuerzo de acompasar esos cuatro
valores esenciales que son nuestra común medida. El
amor de Herrera por la patria chica le hizo el
político nacionalista más latinoamericano de todos los
nuestros en este siglo.

Creo que lo que tenemos que comprender todos y sobre
todo lo que tienen que comprender nuestros amigos del
hemisferio norte, es que tienen que ayudarnos a
superar lo que conduce inexorablemente a un estallido
de alcance incalculable. A veces parecería que los
políticos del otro hemisferio se equivocan en
localizar los factores de estallido y no advierten
claramente que no es solamente una ojiva nuclear lo
que puede destruir al mundo. A veces la explosión
social que ocurrirá en la retaguardia y ocurrirá
aunque queramos evitarla todos si no se crean las
condiciones que la hagan imposible, puede tener
consecuencias aún mas graves que el otro riesgo de
holocausto que normalmente se denuncia.

América Latina es tierra de porvenir, pero no
necesariamente de porvenir esperanzador. Vamos a
esforzarnos para que realmente lo sea, y lo
conseguiremos sin se nos permite seguir aferrados a
este esfuerzo común de cultivar este conjunto de
verdades que para nosotros son una sola y constituyen
necesariamente el eje de nuestra historia.



Publicado por Agenda de Reflexión el Junio 15, 2007 


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