[R-P] LA CIENCIA, SUS LÍMITES Y POSIBILIDADES
raul lilloy
rlilloy en telefonica.net
Vie Jun 15 02:40:30 MDT 2007
Alberto
Está claro como usted dice que los intereses creados del capitalismo juega
un factor clave en la ciencia o el ejemplo del desarrollo de la viruela o
del mismo sida como negocio y esto está claro que se exacerba cuando sabemos
que son los descubrimientos científicos y su aplicación técnica lo que mas
vale, estos son por asi decirlo el nuevo oro ya no negro sino supongo
naranja que es el color de las neuronas.
Como serán de peligroso y subversivos los cientificos para los oscurantistas
aliados a la burguesia que Varsavsky se tuvo que exiliar y de algun modo
tuvo un final inmerecido, solo por pretender hacer lo que dijo que habia que
hacer como usted lo cita:
"Oscar Varsavsky: “La misión del científico rebelde es estudiar con toda
seriedad y usando todas las armas de la ciencia los problemas del cambio de
sistema social, en todas sus etapas y en todos sus aspectos, teóricos y
prácticos. Esto es, hacer ciencia politizada”(7). "
La ciencia y la tecnica son tan dúctiles que pueden servir a un Hitler, a un
Videla, a un Pinochet y también a un gobierno democrático. Un estudio
sociológico en tal sentido también puede servir para cosas buenas o malas,
para controlar mas a la gente o para procurar un camino de participacion y
libertad. Lacan en manos del Marketing estrategico, se emplea para exacerbar
el deseo nunca realizado, y para que este descubrimiento de Lacan sea una
maravilla para los que quieren exasperar el afan de comprar de la gente; ese
mismo descubrimiento de Lacan puede servir para liberarlo al hombre de sus
espejos y fantasmas. El mismo terrorismo se puede usar para acallar a un
pueblo o para liberarlo, dependiendo a quien queremos inmovilizar
asustandolo; vayamos a las conspiraciones, al engaño, incluso hasta
rozaríamos temas eticos como el uso de la tortura, el asesinato y asi nos
iríamos deslizando en un escenario donde el bien y mal se nos irían
complicando hasta llegar a lo que dice Edgar, algo asi como que si estamos
al servicio de la patria, al enemigo ni justicia.
-----Mensaje original-----
De: reconquista-popular-bounces+rlilloy=telefonica.net en lists.econ.utah.edu
[mailto:reconquista-popular-bounces+rlilloy=telefonica.net en lists.econ.utah.e
du] En nombre de Alberto J. Franzoia
Enviado el: Jueves, 14 de Junio de 2007 11:08 p.m.
Para: raul lilloy
CC: Lucha de masas para recuperar la Argentina
Asunto: [R-P] LA CIENCIA, SUS LÍMITES Y POSIBILIDADES
CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
Siguiendo con los aportes sobre ciencia en el que han incursionado Outa y
Raúl, envío un artículo que publiqué en la revista digital Redacción Popular
(www.redaccionpopular.com)en marzo de 2007.
LA CIENCIA, SUS LÍMITES Y POSIBILIDADES
Lic. Alberto J. Franzoia
Decíamos en un trabajo que publicamos hace poco más de un año (1) que la
ciencia está condicionada por un conjunto de factores, por lo tanto el favor
más grande que los cientistas interesados en alcanzar la mayor objetividad
posible (que nunca es absoluta) le pueden hacer, es reconocer dichos
condicionantes y exponerlos según nuestra visión al tribunal de la práctica
o, según los positivistas, al nivel empírico. Ésta es la única instancia en
que las hipótesis formuladas logran ser validadas o falsadas con autoridad;
transformándose en el primer caso en un conocimiento científico, y en el
segundo (si no son prejuicios subterráneos con contenidos ideológicos
perdurables) descartándolas definitivamente.
Así como hemos sostenido con anterioridad que uno de los condicionantes más
complejos son los supuestos básicos subyacentes (o prejuicios subterráneos),
por ser ideas no demostradas que anidan en regiones subterráneas y por lo
tanto no plenamente conscientes pero que suelen constituirse en basamento de
teorías respetadas, otros condicionantes que deben ser considerados son el
contexto histórico-social y la postura manifiesta adoptada por cada
cientistas ante el mismo. Sabido es que la ciencia moderna adquirió un gran
impulso con el desarrollo del capitalismo y que sus logros volvieron sobre
el desenvolvimiento del capital potenciándolo. Ahora bien, recurrir a la
simplificación que supone considerar que cada teoría desarrollada en el
contexto capitalista no es otra cosa que una expresión lisa y llana de sus
mezquinos intereses, resulta un planteo peligroso para el desarrollo del
conocimiento. En esta perspectiva toda producción teórica constituiría una
simple suma de intereses racionalizados, cuando no verdaderos fraudes, cuya
única consecuencia posible sería la orfandad absoluta en que se encontraría
la humanidad a la hora de resolver sus principales problemas. Si así fuese
muchas enfermedades serían aún incurables, nuestras casas serían chozas
iluminadas por el fuego, continuaríamos creyendo que la tierra es un planeta
inmóvil en torno al cual gira el sol con un horizonte insondable y no
tendríamos la menor idea (demostrable) de dónde provenimos los hombres.
Obviamente para ser consecuentes con esta particular visión deberíamos
abstenernos de recurrir a lo largo de nuestra existencia a los servicios de
médicos, ingenieros, bioquímicos, psiquiatras, etc. Con relación a los
cientistas del campo social debemos reconocer que es un espacio que todavía
no ha logrado acreditar suficientemente ante la sociedad su responsabilidad
a la hora de operar sobre problemas específicos, pero esto no es un
argumento suficiente como para justificar la proliferación de improvisados
que esconden tras una supuesta argumentación de tinte “popular”, una más que
evidente tendencia al facilismo. Siguiendo esta poco recomendable línea de
razonamiento cualquiera que escriba dos artículos es periodista, quien se
dedicó a juntar algunos documentos y los vuelca en un texto sin ton ni son
es investigador en historia o sociología, y si es un buena oreja que da
sabios consejos se gradúa automáticamente de psicólogo. Pero las cosas ya no
son tan fáciles, ahora hay que formarse sistemáticamente para dar respuestas
pertinentes a los complejos problemas de nuestro tiempo.
Lo anterior no supone, sin embargo, caer en la ingenuidad de aseverar que
todo conocimiento gestado dentro del campo científico es definitivo y está
al margen de cualquier sospecha sobre posibles condicionantes. Muchos
conocimientos útiles para el conjunto de la humanidad no han dejado por ello
de estar vinculados originalmente a necesidades sectoriales de la burguesía.
Como sostiene por ejemplo Félix Schuster:
“Puede verse como Jenner descubre la vacuna contra la viruela a fines del
siglo XVIII en el momento de gran desarrollo de la Revolución Industrial,
que necesitaba brazos para la industria que podía ser diezmada por la
enfermedad, por lo que muchos recursos debieron ser dedicados a esa
investigación” (2).
En este caso un descubrimiento condicionado por intereses económicos de
clase que se corresponden a su vez con un momento específico del desarrollo
de la sociedad capitalista, generó innegablemente beneficios para la
humanidad. Pero también debemos considerar la presencia de un escenario
general para la investigación cuyas proyecciones sociales quedan muy
disminuidas ante el interés privado, por lo que Varsavsky caracterizó a
dicha ciencia en los siguientes términos:
“está adaptada a las necesidades de un sistema social cuyo factor dinámico
es la producción industrial masificada, de rápida obsolescencia; cuyo
principal problema es vender, crear consumidores, ampliar mercados, crear
nuevas necesidades o como quiera
decirse- y cuya institución típica es el gran consorcio...” Y agrega: “Es
lógico que este sistema estimule la especialización, la productividad, la
competitividad individual, la invención ingeniosa, el uso de aparatos, y
adopte criterios cuantitativos, de rentabilidad de inversiones para evaluar
todo tipo de actividad”
En realidad al desarrollarse el conocimiento científico en un determinado
espacio histórico-social, está inevitablemente condicionado por éste, de
allí que en el capitalismo lo que afirma Varsavsky constituye el contexto
general; dentro del cual, claro está, se generan algunos logros puntuales
que benefician al conjunto como queda registrado en el ejemplo de Schuster.
Es decir, en ocasiones los criterios de las clases dominantes producen
espacios para el beneficio colectivo, aunque el fin perseguido sea una
maximización del beneficio acotado a esos grupos minoritario. Curar la
viruela era una prioridad para la burguesía cuando necesitaba obreros para
el crecimiento constante de la industria, pero este objetivo, en principio
mezquino, favoreció al conjunto de la humanidad.
Por otra parte, junto con el desarrollo de ciertos beneficios sociales
derivados del avance capitalista (no necesariamente perseguidos pero
objetivamente realizados), se han ido gestando necesidades que son
inherentes a él pero que conspiran paradojalmente contra su credibilidad y
sus posibilidades futuras. En esa línea se inscriben descubrimientos que han
demostrado ser perjudiciales para la sustentabilidad de la vida en nuestro
planeta, como lo demuestran los horrores generados por el uso de la energía
nuclear con fines bélicos. Aunque la solución no pasa por evitar que los
pueblos dominados alcancen la tecnología de la que ya disponen las potencias
imperialistas, sino por lograr un consenso multilateral para eliminar este
flagelo de la humanidad. Estas consecuencias destructivas que están
relacionadas con la irracionalidad del capitalismo se asocian a su vez con
ciertos “valores” promovidos por el sistema entre los científicos, lo que
favorece el surgimiento de procedimientos poco serios convertidos en
condicionantes para el avance de la ciencia. La competencia individual en el
mercado, la persecución enfermiza del éxito y el ejercicio profesional
encuadrado en la maximización del lucro, constituyen principios de vida
transmitidos sistemáticamente por el sistema. Obviamente estos principios
existenciales integran una ideología, una forma de ver el mundo que surge de
los intereses materiales de su clase dominante, y no son características
naturales de un hombre abstracto como intenta demostrar con insistencia esa
misma ideología.
El enfrentamiento internacional entre los doctores Luc Montagnier (francés)
y Robert Gallo (estadounidense) en torno a la adjudicación de descubrimiento
del virus del SIDA, representa un claro ejemplo al respecto. Si bien durante
el 2000 se les otorgó a ambos el Premio Príncipe de Asturias, es necesario
recordar que Gallo en el año 84 se atribuyó un mérito que no le
correspondía, ya que el virus que presentó provenía de una cepa que le había
enviado el investigador francés.
En esta actitud no solo influyeron cuestiones vinculadas con la búsqueda
individual de prestigio, sino que, además, quedaron en evidencia fuertes
intereses económicos desatados a través de una inequívoca guerra de
patentes. El acuerdo alcanzado por los gobiernos de Ronald Reagan y Jaques
Chirac permitió resolver el conflicto suscitado, ya que los dos cientistas y
sus respectivos grupos de investigación aceptaron compartir el
descubrimiento.
Recién en 1991 la publicación científica Nature recibió una carta de Gallo
en la que reconocía que el virus que había logrado aislar procedía de una
muestra enviada por el Instituto Pasteur de París. Esta historia en la que
se reflejan los obstáculos que enfrenta el desarrollo de la ciencia, resultó
tan apasionante que logró desbordar el limitado ámbito de la comunidad
científica a través del libro “Más grandes que el amor” de Dominique Lapier
y del estupendo film “Y la banda siguió tocando”(4).
Entre fines de 2005 y comienzos de 2006 asistimos a otros dos casos
escandalosos que confirman la presencia de factores condicionantes gestados
en el contexto competitivo del capitalismo. Se trataba de evidentes fraudes,
con la intención de mejorar el posicionamiento de competidores más
preocupados por el prestigio y sus consecuencias materiales, que por el
desarrollo de la ciencia en beneficio de la sociedad.
Primero fue el coreano Hwang Woo Suk, quien falsificó sus estudios sobre la
clonación de células madre. Su artículo fue publicado por la prestigiosa
revista “Science”, pero una comisión independiente detectó que el artículo
contiene no sólo errores “sino que cuenta con datos falsificados a
propósito”(5). No repuestos de la sorpresa aparece Jon Subdo, científico
noruego, quien confiesa haber falseado estudios sobre cáncer de boca para
ganar reconocimiento. Entre marzo de 2004 y abril de 2005 el noruego publicó
en prestigiosas revistas médicas como “The New England Journal of Medicine”
o The Journal of Clinical Oncology” sus trabajos, pero luego reconoció haber
inventado nada menos que 454 pacientes, por lo que las conclusiones carecen
de base científica (6).
Si bien no se ha hecho pública una información precisa sobre los pormenores
que rodearon a estas “aventuras”
personales de dos científicos alienados por el sistema, no sería nada
extraño que detrás de semejantes comportamientos haya una trama de intereses
materiales y políticos; por otra parte resulta sospechosa la facilidad con
que estos estudios falsos acceden a la publicación en revistas
especializadas.
En el conflicto entre Luc Montagnie y Robert Gallo primero se destacaron
enfrentamientos individuales, en los que la lucha por el prestigio personal
aparecía como dato sobresaliente, pero luego quedó en evidencia un contexto
mucho más complejo con la guerra de patentes entre Francia y EE.UU., tanto
que el conflicto fue dirimido directamente por Reagan y Chirac.
Lo que intentamos demostrar con estos ejemplos que se podría ampliar sin
ninguna dificultad es que, además de supuestos subyacentes o prejuicios
subterráneos, la actividad científica esta condicionada por factores mucho
más identificables como son:
1. el contexto histórico y social;
2. y la posición que adopta explícitamente el
cientista ante dicho contexto, sus valores y creencias, es decir, su forma
de ver el mundo (fuertemente vinculada con la clase a la cual pertenece o
con la cual se identifica).
La mayor objetividad posible no se conquista por lo tanto negando los
límites reales existentes, sino realizando un esfuerzo colectivo para
desarrollar una conciencia plena acerca de ellos, ejerciendo el mejor
control posible de los mismos y delimitando con claridad los conocimientos
producidos de los intereses perseguidos. Hay casos en que el conocimiento
científico y ciertos intereses grupales e individuales entran en conflicto,
es entonces cuando el cientista debe escoger entre la verdad o una
representación distorsionada de ella. Para los que nos identificamos con los
procesos de liberación nacional y social en nuestra patria latinoamericana,
el camino más recomendable es reconocer y explicitar nuestro objetivo,
formular problemas pertinentes en relación con él y estudiarlos con toda la
rigurosidad de nuestra ciencia para gestar las respuestas adecuadas que nos
permitan resolver el problema planteado; sin embargo, dichas respuestas no
siempre coinciden con nuestras ideas iniciales y hay que tener la honestidad
intelectual como para reconocerlo. En definitiva, la liberación será el
producto de un conocimiento riguroso (generador de conciencia y de
desarrollo
material) que sólo podrá ser validado por la práctica, y no un conjunto de
fantasías producidas por falsas representaciones de la realidad. Por eso,
como sostuvo Oscar Varsavsky: “La misión del científico rebelde es estudiar
con toda seriedad y usando todas las armas de la ciencia los problemas del
cambio de sistema social, en todas sus etapas y en todos sus aspectos,
teóricos y prácticos. Esto es, hacer ciencia politizada”(7).
La Plata, marzo de 2007
(1)Franzoia Alberto, “Entre la certeza y el escepticismo”, publicado en
Reconquista Popular en enero de 2006
(2)Schuster Félix, “Los límites de la objetividad en las ciencias sociales”,
Nexos, trabajo presentado en
1981 en Bogotá en el seminario sobre “Epistemología y política” del Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
(3)Varsavsky Oscar, “Ciencia, política y cientificismo”, Centro Editor de
América Latina, 1972, página 42
(4)Franzoia Alberto, “La totalidad fragmentada: un enfoque crítico de la
ciencia social”, trabajo en preparación para ser editado por Editorial
Universitaria de La Plata”
(5)y(6)Publicado en “El Día” de La Plata, página 10,
24 de enero de 2006
(7)Varsavsky Oscar, obra citada, solapa.
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