[R-P] Otra de las tantas «zonceras argentinas»

Enrique C. Picotto listas en picotto.net
Jue Jun 14 05:58:07 MDT 2007


Tiempo atrás, en abril, le hacía estos comentarios a un amigo:

Estimado V...:

No sería nada raro que me equivocara, pues «homo sum...»
Sí, las Malvinas podrán ser nuestras así como a mí se me
podría ocurrir que fuera mía la torre Eifel o —ciertamente
más razonable pero no menos utópico— alguna ladera con vides
que se vieron obligados a abandonar mis bisabuelos en alguna
colina del Roero, en Piamonte, donde ahora crece el mejor Arnéis
del mundo. Creo que en este aspecto mucho más nos pertenecería
LA BANDA ORIENTAL —y a los orientales el resto de la Argentina—,
pero no nos damos cuenta, y todo se va en este caso en ruido
y bloqueo de puentes, por la papelera ahora, sin que nos
detuviéramos a pensar pensar que el «perro» de lo que
actualmente SE VE SÓLO COMO UNA EMPRESA MÁS, ese perro
nos lo metieron hace casi dos siglos con lo del «algodón
entre dos cristales»:

    Zoncera N° 6 - Un algodón entre dos cristales
    (Arturo Jauretche)

    La República oriental de Uruguay fue inventada donde
    antes existía la Banda Oriental del Río de la Plata.
    Ésta era una provincia, como Entre Ríos, Santa Fe,
    Buenos Aires, o como Río Grande, según los gustos.
    Era menos letrada que el Uruguay, como se verá si se
    compara Artigas con los Batlle. También si se compara
    el sistema político del caudillo con el Ejecutivo
    Colegiado, que no será práctico, pero es de lo más
    jurídico y adelantado. Por eso mismo de adelanto, los
    orientales se llamaban Gervasio, Nepomuceno, Aparicio,
    etc. y los uruguayos Washington, Nelson y así.

    Había en aquella época (antes de la invención), dos clases
    de orientales: los provincianos de una de las Provincias
    Unidas del Río de la Plata (que eran ellos de las demás
    provincias y las demás provincias de de ellos, y no de
    los porteños, como querían los unitarios, que fue el origen
    de todo) y los cisplatinos, que eran PROVINCIANOS DEL BRASIL.

    Los orientales, que eran peones, estancieros, soldados,
    chacareros, caudillos y artesanos, creían que el Río de
    la Plata servía para unir. Los cisplatinos, que eran
    comerciantes del puerto y doctores de Montevideo, creían
    que servía para separar.

    En el Brasil se consideraban brasileños a los cisplatinos,
    unánimemente, PORQUE EN EL BRASIL NO HABÍA UNITARIOS, lo
    que daba unidad nacional. En Buenos Aires había quienes
    consideraban cisplatinos a los orientales. Eran los
    unitarios, porque los unitarios, porque su nombre lo
    indica, son partidarios de la unión, como las viudas,
    que les dicen a los hijitos después del entierro: «Ahora
    que somos menos vamos a estar más unidos». Y enseguida
    se ponen a buscar un padrastro.

    Los unitarios tenían, además de las razones inglesas,las
    propias para desear que los orientales fueran extranjeros:
    más que razones propias, razones de casa propia, como se
    vio después de las «tiranías sangrientas».

    El autor de la zoncera que comento fue lord Ponsomby.

    La dijo después que inventó la República Oriental del
    Uruguay. Después que los brasileños hubieron planeado
    convenientemente con las Provincias Unidad de los dos
    lados del Río de la Plata; es decir, cuando los dos
    equipos no daban más, se puso de referee, y dio fallo
    salomónico. Que ninguno de los dos era local, como
    pretendían ambos, y que la Banda Oriental era chancha
    neutral. Es ésta una explicación perfectamente
    comprensible en un ambiente olímpico.

    Tal vez esto de inventar una nación resulte molesto
    para los inventados y provoque la protesta de tías
    viejas y solteronas.

    Nos han enseñado que lo hacían Alejandro y los romanos.
    Que Carlomagno lo hizo por testamento y todos los reyes
    por razones dinásticas. Y después las repúblicas por
    razones republicanas. Que lo hicieron después de la
    Primera Última Guerra en Versalles, y que lo hicieron
    después de la Segunda Última Guerra en Yalta. Y la
    comprendemos hasta en el Congo, por más negro que se
    vea todo.

    Pero en el Ría de la Plata ¡¡¡NO!!! Aquí nos hemos
    degollado entre unitarios y federales, entre colorados
    y blancos, radicales y conservadores, peronistas
    y antiperonistas, como podemos hacerlo mañana por
    colegialistas y anticolegialistas, de puro vicio,
    porque en el Río de la Plata NO HAY CUESTIONES SOCIALES
    NI ECONÓMICAS que lo expliquen. Y los intereses
    extranjeros no intervienen porque el Río de la Plata
    está en la estratosfera, y nadie se mete de afuera,
    como no sea para hacer de referee.

    Esto está en contradicción con toda la historia
    extranjera que nos enseñan, pero de acuerdo con las
    historias nacionales que nos escriben. Porque si
    estudiáramos las historias nacionales como estudiamos
    las extranjeras, CONOCERÍAMOS NUESTRA HISTORIA. Y
    nuestros problemas. Y lo importante ES QUE LOS IGNOREMOS
    para que SIGAMOS CREYENDO en el conflicto entre
    «civilización y barbarie».

    Pero volvamos a lo del algodón entre los dos cristales,
    es decir entre el Brasil y la Argentina.

    No sé si ustedes habrán visto la «mosqueta», una timba
    fácil de instalar (y de levantar si viene la policía).
    El «gentleman» tiene tres cáscaras de nuez y un porotito
    y pone, o aparenta poner éste debajo de una de las
    cáscaras. Los «puntos», que creen saber dónde está el
    porotito, se juegan enteros a su cáscara respectiva,
    y cuando el «gentleman» la levanta, resulta que está
    debajo una de las que no jugaron. Si el banquero es
    realmente un «gentleman», les regala las cáscaras
    y el porotito a los perdidosos. Sólo se queda con
    las apuestas.

    Lord Ponsomby era un «gentleman». Y regaló una zoncera.
    Ésta del algodón. Y «tutti contenti». Todas estas cosas
    las han dicho varios. Y el más importante, un oriental
    llamado Luis Alberto de Herrera, que escibió un libro
    sobre la «Misión Ponsomby»; ahora lo acaba de decir
    el profesor Street de la Universidad de Cambridge, que
    ha editado un libro sobre la «invención» de la República
    Oriental del Uruguay.

    El inglés trae documentación inglesa, o sea mercadería
    importada, que es la buena, como dijo la señora «gorda»
    que no cree en la de Herrera porque es industria nacional.
    Hay, pues, para elegir, como en los cigarrillos. Yo en
    esto, como en el tabaco, fumo del país, y aseguro que el
    enfisema es el mismo, pero más barato.

    Me enteré de la existencia del libro por una nota
    bibliográfica publicada en un diario de la tarde, de
    Buenos Aires. De la síntesis publicada resultaba que la
    mercadería importada confirmaba los datos de la mercadería
    oriental, y para conseguir el libro a también admirar al
    periodista que se había permitido decirlo, lo fui a visitar.
    Éste me dijo que lo del oriental era impublicable, pero no
    lo del inglés, y que tampoco había leído el libro, pues se
    había limitado a traducir la nota bibliográfica que sobre
    el mismo publicara el «New York Herald». En estas
    condiciones, se trataba de un documento descontable,
    que no podía cuestionar la gerencia; con dos firmas,
    una inglesa y otra norteamericana.

    Entonces lo publicó en ejercicio de la libertad de prensa.

    Esto no es una invitación a leer el libro, que además ya
    está traducido, lo cual no es obstáculo para la gente
    importante del Uruguay, pues habla inglés. La dificultad
    es para los adversarios de éstos, que hablan lenguas
    orientales. Pero ahora están aprendiendo el cubano,
    idioma que se parece al nuestro, como el de la televisión.
    Sólo que el de la televisión se piensa en norteamericano,
    y el de los orientales, orientales de occidente, se piensa
    en ruso o chino.

    (Esto de hablar un idioma y pensar en otro es muy fácil
    de entender para los lectores de Martínez de Estrada,
    que tiene que estar en Cuba para entender Buenos Aires,
    y en Buenos Aires para entender Cuba, cosa muy típica
    de nuestros «inteligentes». La naturaleza le ha dado al
    calamar la tinta para que no lo vean, pero cuando el
    calamar usa la tinta de imprenta, el que no ve es él,
    y privado de la vista, sólo sabe de lo que pasa en sus
    aguas por el ruido que hacen otros calamares que están
    en otras aguas. Esto lo explicó mejor Macedonio Fernández,
    pues nos dejó un libro titulado «No todo es vigilia la
    de los ojos abiertos», que tampoco he leído, pero basta
    con el título, y conocer los calamares.)

    Me faltaba agregar que cuando la República Oriental del
    Uruguay se inventó, como no había más que orientales
    y cisplatinos, hubo que inventar los uruguayos. Y éstos
    fueron franceses, italianos, hasta ingleses (pero de esos
    pocos, para disimular, porque no hacían falta habiendo
    unitarios, que era lo mismo pero menos visible). Ahora hay
    uruguayos nativos, porque los orientales terminaron por
    serlo, y la República Oriental del Uruguay es cosa definitiva,
    y este comentario es cosa nostálgica, como Allá lejos y hace
    tiempo, que es un libro nostálgico y romántico que escribió
    un inglés. La nostalgia sólo debe servirnos para que de aquí
    en adelante no tengamos que ser nostálgicos.

    Brasil, el Uruguay y la Argentina están definitivamente
    formados. Brasil no necesita de los grandes ríos para
    acceder a su interior, y una elemental concepción
    geopolítica debe unirnos en el Cono Sur, primer paso de
    vuelta a la gran estrategia de cuando éramos otra cosa,
    y nos sentíamos todos latinoamericanos. Ya no nos pueden
    contar que hace falta «un algodón entre dos cristales»,
    para que no se rompan las vidrieras. Ahora, se trata de que
    cuidemos la vidriera común, porque también el Uruguay es de
    vidrio, o de cristal, si les gusta más.

    No nos perjudicarán si entendemos lo de aquí y ahora como
    lo de «allá y hace tiempo». Y utilizaremos la tinta para lo que
    fue dada al calamar: para su propia defensa y no para facilitar
    a los pescadores de calamares. 1) y 2 )

            Arturo Jauretche, Manual de zonceras argentinas


    ______________________________________________________

    1) Esta zoncera fue publicada en Montevideo en la revista
    «Repórter» y posteriormente en el diario «Democracia» de
    Buenos Aires.

    El historiador británico M.S. Ferns (Gran Bretaña y la
    Argentina en el sigloXIX. Ed. Solar Hachette, 1966) nos
    dice:

    "Canning eligió para Primer Ministro británico en las
    Provincias Unidas del Río de la Plata a Lord Ponsomby,
    Vizconde Ponsomby de la nobleza de Irlanda. Se consideraba
    a Ponsomby el hombre más hermoso de los tres Reinos, y lo
    cierto es que había atraído la atención de lady Coyngham,
    la favorita de Jorge IV... Canning decidió mostrar que
    Buenos Aires tenía una utilidad que bien podía apreciar
    su amo". Y aprovechó los celos para dar destino en el
    Río de la Plata al buen mozo que, por cierto, no le quedó
    nada agradecido. Opinaba: "Es el lugar más horrible que
    haya visto y por cierto que me ahorcaría si encontrara
    una árbol lo bastante alto para sostenerme".

    Sigue Ferns diciéndonos que, a pesar de ser una especie de
    Brumel y playboy, Ponsomby amaba apasionadamente algo más
    que las mujeres: a la política. Y a falta de ladys de
    calidad metió el acelerador a fondo en ésta.

    Ya se ve que la nariz de Cleopatra también interviene en
    nuestra historia. Pero cuando la nariz de Cleopatra
    olfatea para el lado del viento. Es lo que nuestro
    Juan Bautista Alberdi nos va a decir:

    "Pero una tercera entidad más importante que los beligerantes
    se interpuso en la lucha y reclamo Montevideo como necesaria
    también a la integridad de los dominios. Esa entidad era la
    civilización. Ella también tuvo necesidad de que Montevideo
    fuera libre e independiente para campear en sus nobles dominios,
    que se extienden en todo el fondo de América. Habló naturalmente
    por sus órganos naturales, la Inglaterra y la Francia".

        Alberto Methol Ferré (Geopolítica de la cuenca del Plata,
        A. Peña Lillo, editor, 1973, Bs. As.) comenta esta cita:

    "No olvidemos que en el siglo pasado la civilización era el
    nombre del imperialismo. El Uruguay no es hijo de la frontera,
    sino del mar, y el mar era inglés. Éste necesitaba una ciudad
    hanseática: Montevideo y sus territorios".

    Este mismo escrito uruguayo señala la correspondencia
    entre el enfoque británico y la intelligentzia local.
    Lord Canning dirá: "Los hechos están ejecutados, la cuña
    está impelida, Hispanoamérica es libre y, si nosotros
    sentamos rectamente nuestros negocios, ella será inglesa".

    Lo corrobora SARMIENTO: "La América está en vísperas de
    alzarse en medio del globo como el rico almacén en que
    todas las naciones industriales vendrán a proveerse de
    cuantas materias primas necesiten sus fábricas." (Editorial
    de Sarmiento en "El Progreso", de Santiago de Chile, 25 de
    noviembre de 1841. (Ver Ricardo Font Ezcurra, La unidad
    nacional, Ed. Theoría, Buenos Aires, 1961).

    2) El 15 de marzo de 1852, Sir Woodbine Parish —que ha
    actuado en todos los trámites de la política rioplatense—
    le escribe al Primer Ministro Addington preocupado por
    recordar los fines británicos perseguidos al establecerse
    la independencia el Uruguay. Lo mueve a ello la noticia
    que tiene sobre la caída de Rosas y la "PARTE DECIDIDA
    QUE LOS BRASILEÑOS HAN TOMADO EN LA OCURRENCIA DE ESTE
    EVENTO". Porque la política inglesa consistió en crear la
    ciudad hanseática en su territorio, TANTO EN PERJUICO DE
    LA CONFEDERACIÓN DEL PLATA COMO DEL BRASIL, es decir para
    SU PROPIO BENEFICIO. Le dice:

    "No conozco qué seguridades puede haber recibido el
    gobierno de S.M. de parte de ellos (las brasileños)
    respecto de sus miras ulteriores; pero como estuve
    a cargo de negociar la paz de 1832 concluida por Lord
    Ponsomby en Río de Janeiro, creo de mi deber llamar la
    atención de Lord Malbesmury sobre los objetivos que el
    gobierno de S.M. tuvo en vista en aquel arreglo"...

    "Mediante la creación de un estado independiente en el
    territorio tan largamente disputado, nos proponíamos
    la separación de las partes con un territorio neutral
    intermedio para prevenir la posibilidad de que entrasen
    en colisión; para asegurar esto mayormente, existía una
    estipulación de cualquier intención de renovar las
    hostilidades. En violación o desprecio de estas
    estipulaciones, como me parece, el Brasil ha puesto
    en marcha su ejército en la Banda Oriental, prevaliéndose
    de la visión de los partidos y la postración del país,
    y de resultas ha celebrado algunos tratados con ciertos
    partidos que parece le dan virtualmente un entero control
    sobre aquellos territorios, ciertamente contrario a todas
    las miras que tuvimos cuando hicimos la paz con Buenos
    Aires." (Diego Luis Molinari, Prolegómenos de Caseros,
    Ed. Devenir, 1962).

    Pero Lord Addington no necesitaba la advertencia. Todo se
    hacía con su conocimiento.
    ___________________________________________


O sea que sería mucho más importante para la «salud» de la
Confederación preocuparse por la Banda Oriental, que en ese
caso la cuestión Malvinas SE SOLUCIONARÍA POR AÑADIDURA,
ya por el hecho de que los barcos ingleses provenientes
de las Flakland no podrían hacer escala en la «banda oriental»
del Plata, como lo hicieron siempre. Problablemente, de no
haber pertenecido el Uruguay al Banco Mauá y por ende a
Inglaterra, inclusive el «Graf Spee» se hubiese salvado,
pues al salir de Montevideo lo hubiera hecho ya reparado
y en condiciones de combatir. Ya ves aquí como los ingleses
«la tuvieron siempre pensada...».

Mientras tanto, nosotros no hacemos otra cosa que hablar
de soberanía y ni siquiera nos acordamos de los pobres
ex combatientes de la AVENTURA MALVINAS, a quienes no
les queda otra escapatoria que SUICIDARSE UNO TRAS OTRO.

Flor de charlatanes somos, V....
Saludos
Enrique
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