[R-P] [E. Lacolla] ¿Otra cortina de hierro?

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Jul 25 13:38:08 MDT 2007


Perspectivas 

¿Otra Cortina de Hierro?

Por ENRIQUE LACOLLA 


No habrá Cortina de Hierro. Pero sí un escenario mundial donde el 
poder estará mucho más repartido.

Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, dice el 
refrán. Las potencias occidentales han jugado durante mucho tiempo 
con la debilidad rusa posterior al derrumbamiento de la Unión 
Soviética y hoy empiezan a palpar los resultados de esa política. 
Moscú acaba de suspender por decreto su participación en el Tratado 
sobre Fuerzas Convencionales en Europa (FCE), que limitaba el 
despliegue de tropas y enseres balísticos y blindados en áreas 
próximas a las difusas fronteras entre el Este y el Oeste.

En apariencia se trata de una respuesta a la decisión de Estados 
Unidos en el sentido de instalar un escudo antimisiles en Polonia y 
en la República Checa, que sería montado para prevenir un eventual 
ataque contra Europa proveniente de los "Estados delincuentes" del 
Medio Oriente, como graciosamente denomina la Casa Blanca a los 
gobiernos de Irán y Siria.

En esta situación se insertan sin embargo muchos otros elementos. 
Algunos son obvios, aunque no se los mencione, y otros resultan menos 
perceptibles bien que quizá sean aun más significativos. 

Es evidente que la instalación de unos radares en los que hasta no 
hace mucho tiempo eran países que formaban parte de su glacis 
europeo, es sentida como una ofensa y un riesgo por el Kremlin. Pero 
de hecho este dato no es más que la gota que derrama el vaso: tras el 
hundimiento de la URSS, Occidente, o si se quiere Estados Unidos, se 
ha permitido todo lo que ha querido en Europa, el Medio Oriente y el 
Asia Central. Bombardear y desmembrar a Yugoslavia, desplegar bases 
en la proximidad de las fronteras rusas, influir en el Cáucaso, armar 
a los países bálticos, fomentar las "revoluciones naranja" y el 
alejamiento de Ucrania de Rusia, intervenir en Afganistán y en Irak 
(violando en este caso de manera flagrante la Carta de las Naciones 
Unidas), han sido hitos en una marcha que todo indica que, entre 
otras cosas, está dirigida a neutralizar y derogar para siempre las 
aspiraciones rusas a convertirse en una potencia mundial de primer 
plano.

El primer paso de la reacción rusa fue frenar la intentada 
colonización de su economía, que fracasó gracias a las acciones 
propulsadas por Vladimir Putin. Este puso en fuga a muchos de los 
"oligarcas" que habían medrado en el período de Boris Yeltsin y 
devolvió al control gubernamental las prodigiosas riquezas 
energéticas del país, convirtiéndolas en un instrumento de trueque y 
negociación política con Europa, y de presión para con los países ex-
satélites que se habían apresurado a buscar cobijo bajo las alas del 
águila norteamericana después de 1989.


La ecuación escondida

Aquí muestra la punta, quizá, otro de los factores que informan a la 
compleja realidad mundial. Estados Unidos está por supuesto 
interesado en limitar las ambiciones rusas, pero quizá no está tan 
dispuesto a empujar ese propósito hasta un límite crítico, que 
tendría siempre al elemento atómico como posibilidad apocalíptica. 
Pero también está interesado en limitar el papel político de lo que 
Donald Rumsfeld llamó "la vieja Europa": la amalgama de Estados que 
dieron lugar a la primera Unión Europea. Y para esto nada mejor que 
integrar a ella, para dividirla en su propio seno, a "la nueva 
Europa", configurada por los países que se liberaron del abrazo del 
Oso ruso para pasar a militar como entusiastas partidarias de un 
Occidente patrocinado por Estados Unidos, su referente en la medida 
en que se supone puede custodiarlos del Este con el peso de su 
maquinaria militar y sus políticas de crédito. 

Los ex satélites de la ex URSS temen a Rusia. Es un miedo justificado 
por la historia. Pero también temen un acercamiento entre Europa 
occidental y Rusia, del cual ellos paguen los gastos, como siempre. 
De ahí la permeabilidad de los ex satélites a la política 
norteamericana: saben que su actitud debilita a los europeos 
occidentales y ayuda a Washington. Cuentan así asegurarse el respaldo 
norteamericano, comprometiéndolo en un toma y daca que tendría a las 
bases como garantía, ya que los estadounidenses no podrían 
abandonarlas sin renunciar a su credibilidad estratégica...

Se trata, probablemente, de un cálculo equivocado. Si Washington 
reevalúa en algún momento su política global y acepta los límites que 
la realidad puede marcar a su poderío geopolítico, los países de 
Europa del Este perderán importancia. Y serán abandonados a la 
benevolencia de Alemania y... Rusia. 
El tablero mundial se asienta sobre terreno poco sólido. Muchas cosas 
penden de un hilo. Lo que vale para Europa oriental es válido también 
para Medio Oriente. ¿Qué haría Israel si mañana Estados Unidos 
recuperase la sensatez y alterase su ecuación estratégica, negociando 
el petróleo en vez de pretender apropiárselo?


Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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