[R-P] [E. Lacolla] Argentina entre la devastación y la esperanza
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Jul 25 13:38:06 MDT 2007
Argentina entre la devastación y la esperanza
Por ENRIQUE LACOLLA
La parábola argentina de los últimos cincuenta años ha sido
devastadora. Pero es posible deducir de ella los datos necesarios
para impedir que se repita.
Un informe publicado por este diario el domingo 15 de julio llamaba
la atención: "Trabajadores que peinan canas. Ante la falta de
operarios jóvenes con experiencia, las empresas buscan incorporar a
trabajadores mayores o mantienen a sus empleados en sus cargos aun
después de jubilados".
Esta no es una noticia sensacional, no es un dato para insertarlo en
una guía Guinness de las extravagancias nacionales; pero es muy
ilustrativo del periplo cumplido por nuestro país desde el momento en
que comenzó a perder el rumbo, momento que coincidió con la larga
noche de las proscripciones políticas y de la derogación de la
voluntad popular, y que sólo ahora comienza, tal vez, a ser superado.
Ese peregrino dato es la consecuencia de un proceso de devastación de
la industria argentina muy deliberado y llevado a cabo durante
décadas. Proceso que por cierto seguirá vigente mientras no se
adopten criterios que reviertan de manera orgánica esa tendencia y
promuevan un desarrollo tecnológico y productivo programado de
acuerdo a un proyecto de nación que supere los hasta ahora episódicos
intentos de cambiar el orden de cosas, acabando con la peligrosidad
de las fuerzas que promovieron el desguace del país.
Estas últimas no han cedido un ápice en su propósito de devolver la
Argentina a la situación de desarme intelectual, moral y económico en
que se la había puesto y de la que, dificultosamente, empieza a
querer salir ahora. Simplemente se han replegado a contemplar el
panorama, manteniendo todo su potencial económico y mediático; que
usan con cierta morigeración, por el momento, en parte porque no
necesitan emplearlo a fondo y en parte porque la violenta repulsa
nacional con que se cerró el ciclo del neoliberalismo salvaje las han
puesto, por un tiempo, a la defensiva.
¿Qué nos ha pasado para haber retrogradado tanto respecto de lo que
el país había llegado a ser mediando la década de los `50? Pese a los
avatares que siguieron a ese momento, el país conservó por mucho
tiempo todavía la convicción de que poseía un destino de grandeza;
sólo después de la horribles experiencias de la dictadura militar y,
nos atreveríamos a decir, del monumental desencanto significado por
la experiencia democrática que la siguió, la Argentina pareció tirar
la toalla y sumirse en un derrotismo del que no ha terminado de salir
aun. Ni del que podrá escapar si no se deshace del escepticismo que
la impregna y que encuentra, a decir verdad, no pocos motivos para
inspirarse, si atendemos a la conducta de los estamentos que nos
dirigen.
Recuperarse de este destrozo está lejos de ser imposible, sin
embargo. Existen los recursos, las aptitudes técnicas y una
disposición popular que sólo necesitaría ser azuzada por iniciativas
concretas, indubitables y estratégicas para revivir y lanzarse hacia
adelante.
El problema está más bien en la pesada masa de la interdicción
mediática y cultural que nos oprime, desvalorizando nuestras
posibilidades o exagerándolas hasta tocar los umbrales de la
fanfarronería, en una típica maniobra derrotista que consiste en
entusiasmar a los crédulos para mejor reducirlos al negativismo
cuando las cosas no salen como se los ha inducido a suponer que
deberían salir.
Los cultores del olvido
En esta mecánica, la jibarización de la cultura ha venido a ocupar un
lugar preponderante. Un país donde esos epítomes del vacío y de la
flatulencia espiritual que son Gran Hermano o Bailando por un sueño,
pueden encabezar el rating televisivo, se encuentra en dificultades.
En especial cuando, en ámbitos más "serios", dirigidos a audiencias
que se supone son maduras, la descomposición que implican esos
entretenimientos no es siquiera motivo de análisis, y cuando, sobre
todo, los temas que de veras importan al país pasan a un segundo o
tercer plano o son suprimidos por unos analistas e interpretadores de
la realidad que desde tiempo inmemorial vienen escamoteándolos y
reemplazándolos por el discurso de una moralina abstracta. Discurso
que se cuida bien de ejercerse sobre sí mismo, es decir, sobre el
historial y la ejecutoria de quienes lo practican y que convierten
hoy a la honradez administrativa y la democracia en el non plus ultra
de las virtudes ciudadanas, sin acordarse jamás de que colaboraron
con cuanto régimen de fuerza comandó a la nación ni del papel que
cumplieron como propagandistas del robo monumental perpetrado contra
el país en la forma de libertinaje de mercado, bicicletas monetarias,
privatizaciones dolosas, timba financiera, desindustrialización,
marginación masiva y genocidio social.
Los ex comandantes de las Juntas fueron regularmente juzgados y
condenados, y hoy es el día en que se revisan los equívocos
procedimientos por los cuales escaparon de cumplir la plenitud de sus
penas; pero individuos como José Alfredo Martínez de Hoz y Carlos
Menem -para nombrar sólo a los más emblemáticos de una procesión de
exponentes del saqueo a que fue sometida la Argentina-, se pasean por
las calles, usufructúan una banca en el Senado y hasta se postulan a
los más elevados cargos públicos.
Pero más grave que esto es el permanente escamoteo de los temas
fundamentales que hacen a la perspectiva de país -reforma impositiva
de carácter progresivo, plan estratégico para el desarrollo,
proyección latinoamericana, sentido del Mercosur, dignificación del
individuo a través del trabajo y el pleno empleo-, y su reemplazo por
el análisis y la denuncia del último de los escándalos de corrupción
que pueden comprometer al gobierno, aunque estos, en comparación al
aquelarre de los `90, hagan la figura de un fósforo al lado de un
alto horno.
Tótem y tabú
Por último, como supremo tabú contra los procesos de cambio, tenemos
a la fetichización de la democracia. La democracia es un valor en el
cual todos nos reconocemos, y el más útil de los instrumentos por los
cuales el pueblo puede hacer sentir su voluntad. Pero las
intercesiones formales del sistema representativo, concebidas para
introducir un cierto equilibrio necesario entre las clases y promover
así la posibilidad de un cambio ponderado, son en estos momentos
distorsionadas por la concentración de poder expresiva del
capitalismo más desenfrenado, que ataca a fondo los procesos de
socialización de los seres humanos.
Los poderes del Estado son muy sensibles a esta presión. La
privatización alcanza entonces también a la política, en la medida
que se la vacía de contenidos ideológicos, reemplazándolos por una
actitud reverencial para con las formas estatuídas y las utiliza para
obstaculizar los procesos de cambio.
La democracia directa, plebiscitaria, se constituye en un ariete útil
para demoler este dique leguleyo que obstruye la expresión popular.
Pero en cuanto se insinúa este parecer o, peor aun, se lo pone en
práctica, todos los propaladores y altavoces del sistema claman
contra "el avasallamiento de las libertades fundamentales". La
demonización de Hugo Chávez en Venezuela es un ejemplo de lo que
decimos.
Lo único que resulta estimulante en este panorama, sin embargo, es
que la eficacia de esa labor de zapa, sordamente destructiva de la
esperanza, está limitada por el recuerdo y por los testimonios, que
aun nos rodean, de la devastación económica, social y cultural que
asoló al país.
Esto, más la coyuntura económica internacional muy favorable de la
que el país se está aprovechando desde que se deshiciera del
"salvavidas de plomo" de la convertibilidad, consienten cierta
esperanza. Para que ella se concrete, sin embargo, es necesario no
perder el tiempo y, tras haber detenido la hemorragia que desangraba
la Nación, pasar a la construcción de las opciones que le permitirán
ir creciendo de acuerdo a sus posibilidades latentes, que son
grandes.
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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