[R-P] ["Pepe" Muñoz Azpiri] El amigo americano [MUY BUENO]

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Jul 11 07:21:57 MDT 2007


[Vibran en estas líneas del Pepe Muñoz Azpiri (hijo) las 
consecuencias que tuvo el peronismo sobre el ala más popular del 
nacionalismo tradicional argentino. 

Lamentablemente este patriotismo indoblegable y fundamental no parece 
influir tanto sobre algunos de nuestros uniformados (incluidos muchos 
héroes de las Malvinas) como el que, con fundamentalismos religiosos, 
nos mostraba ayer en su envío el suscriptor Lacroix. 

Mietnras el nacionalismo militar argentino se vista de nacionalismo 
religioso, el alma de las FFAA estará dividida. ¿Quién vence? El 
"amigo americano"...]

El amigo americano
Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

El miércoles 16 de enero de 2002, desde el púlpito de su agencia 
colonial -la OEA -el tosco Emperador de Washington proclamó ante los 
representantes de sus dominios meridionales:

"Estados Unidos está profundamente preocupado por las dificultades 
que enfrenta nuestro aliado y amigo, la Argentina y su magnífica 
gente (...) Una vez que la Argentina esté comprometida con un plan 
económico sólido y sustentable, apoyaremos la asistencia a través de 
las instituciones financieras internacionales(...) El éxito de la 
economía global llega cuando los países mantienen disciplina fiscal, 
abren sus fronteras al mercado, privatizan sus empresas ineficientes, 
desregulan sus mercados domésticos e invierten en educación y salud 
para su gente. Y aquellos que prometen sacar el dolor a través del 
proteccionismo o seguridad a través del estatismo aseguran un futuro 
incierto y alejado del desarrollo a su gente".

No hay demasiada diferencia entre esta arenga y la que, en 1806, 
entre sonidos de gaitas y pendones desplegados de la Union Jack, 
proclamaron las chaquetas coloradas de Beresford en las calles del 
Buenos Aires de la Reconquista: "Libertad de mercado para Uds., 
protección absoluta para nosotros".

Es evidente que los destinatarios de este mensaje no eran los 
sufridos ciudadanos argentinos, sino sus vecinos del subcontinente, 
quienes comenzaron a preguntarse cuáles son las ventajas del libre 
comercio, dado lo que fue el escenario del desastre argentino.

La respuesta, diáfana y contundente, se proclamó en la IV Cumbre de 
las Américas de Mar del Plata que terminó, guardando las distancias, 
igual que la primera Cumbre Panamericana de Washington en 1889, la 
idea de una América comercialmente unida o, mejor dicho, de una serie 
de municipios del Imperio monitoreados por el Departamento del Tesoro 
no prosperó.

Hace 117 años, el Secretario de Estado, el republicano James G. 
Blaine, proponía una unión aduanera continental. El eco 
homogeneizador y a la vez asimétrico de la Doctrina Monroe - "América 
para los americanos"- estaba implícito en esta iniciativa. La

Argentina, acompañada por un Chile menos vocal, rechazó de modo 
frontal ese plan. Para el delegado argentino, Roque Sáenz Peña, se 
debía reivindicar el criterio heterogéneo y abierto de "América para 
la humanidad". Ante la polémica y el estancamiento, delegaciones como 
las de México, Colombia, Brasil y Venezuela apoyaron la suscripción 
de acuerdos comerciales bilaterales (o por grupo) con Estados Unidos.

La idea de una unidad comercial fracasó y el siglo XIX terminó sin un 
compromiso económico interamericano. Con atributos de poder y 
coaliciones políticas diferentes, el comienzo del siglo XXI muestra 
que América del Sur rehúsa, una vez más, la unión comercial plena con 
Estados Unidos. No fue así el caso de México, cuyo presidente, en una 
manifestación de insolencia se refirió a quienes rechazan el ALCA 
como "países chiquituelos", esperando una retribución por sus 
genuflexas palabras. Su vecino le contestó con la ley antiimigratoria 
más severa de la historia y el proyecto de construcción de una suerte 
de "Muro de la tortilla" para frenar el aluvión hispano. Así paga el 
Diablo. 

El perverso esquema iniciado el 2 de abril de 1976, impuesto por las 
bayonetas del Proceso, culmina tras cinco lustros con un país 
devastado por el desempleo y la pobreza, recuperándose de la cesación 
de pagos y con sus principales recursos transferidos a titulares no 
residentes. Pero no por desoír a las sirenas del neoliberalismo sino, 
precisamente, por haberlas escuchado y estrellar la nave argentina en 
los arrecifes de la realidad. El desastre radica en las condiciones 
de nuestro ingreso a la globalización, al "primer mundo" menenista, 
al cual entramos por atrás, como un supositorio: Paridad 
sobrevaluada, apertura indiscriminada, desnacionalización masiva, 
parálisis de la política económica en un mundo en que todas las 
variables cambian.

Es verdaderamente obsceno, casi criminal, que los mismos personajes 
que nos llevaron a este aquelarre sigan dictando cátedra por todos 
los medios, cuando lo que tendrían que hacer es declarar ante la 
Justicia respecto a su responsabilidad en el desmadre que provocaron 
¿O acaso el CEMA, FIEL, Fundación Mediterránea y otros tantos cubiles 
de opinión, son ajenos a todo lo que ha pasado?. Vendieron las 
empresas públicas, triplicaron la deuda, destruyeron el derecho 
laboral y ampliaron la masa crítica de la pobreza en más de quince 
millones de compatriotas.

Respecto al FMI, la Argentina hizo todo lo que cabía esperar del 
alumno modelo que había sido, pero los mercados mundiales de capital 
no le pagaron con la misma moneda y los índices de riesgo país 
pasaron de la enormidad a la desmesura. Mientras tanto, tercamente, 
los ideólogos del Departamento de Estado perseveran en sus gastadas 
recetas con tal de lograr, en este principio de siglo, la utopía que 
el juez Drayton proclamó en el siglo XVIII (1). La "libertad de 
mercado" constituye la verdad revelada del habitante de la Casa 
Blanca, donde la primera necesidad del sistema es la de cerrar las 
puertas del desarrollo autónomo de cualquier competidor. Las pocas 
excepciones de naciones que aparentemente pudieron escapar al control 
del cartel de los países desarrollados, como el famoso caso de los 
"Tigres asiáticos", no asumen el carácter de verdaderos competidores, 
sino de "socios menores" del establecimiento internacional.

"El mercado no es un hecho natural, como ingenuamente nos proponen 
los fundamentalistas, sino una construcción de la civilización y la 
cultura, es perfectible en la medida que se perfeccionen las 
convenciones que lo regulan; derecho de propiedad, de transitar y 
comerciar, igualdad ante la ley, estabilidad de la moneda, leyes 
antimonopólicas, y así siguiendo hasta los mecanismos mas 
sofisticados, como las agencias de control de calidad (farmacia, 
alimentos, transporte, etc.) o las reguladoras de los mercados de 
segundo orden (dinero, acciones, hipotecas, etc.)" (2) La libertad de 
mercado, de comprar y vender, no surge por la ausencia de 
restricciones, sino precisamente por la imposición de garantías. Lo 
"natural" es la existencia de trusts, carteles, dumping, monopolios, 
oligopolios, y toda suerte de asociaciones secretas de minorías en 
perjuicio de la mayoría. El funcionamiento de los taxis en los 
aeropuertos, dominado durante largo tiempo por sus mafias 
espontáneas, nos recuerda la evolución "natural" de los 
acontecimientos, completamente ajena a la libertad, igualdad de 
condiciones y competitividad, que hacen eficiente el funcionamiento 
de lo que llamamos economía de mercado.

La asimetría de nuestras relaciones económicas con los Estados Unidos 
no es nueva. El boicot norteamericano a la Argentina durante la 
década del 40 fue un mito que entraba en el terreno de las fantasías 
paranoicas hasta que los archivos norteamericanos y británicos 
correspondientes a esa época se abrieron al público, dejando al 
descubierto una documentación sorprendente y altamente incriminatoria 
a la política del Departamento de Estado. A raíz de su negativa a 
aliarse con los Estados Unidos en el esfuerzo bélico sostenido contra 
las potencias del Eje, la Argentina fue sometida a un intenso boicot 
económico y desestabilización política por parte de Washington. En 
una primera etapa. Que duró hasta agosto de 1947, los británicos 
intentaron neutralizar el boicot norteamericano, en defensa de sus 
propios intereses en el Río de la Plata. Sin embargo, a partir de esa 
fecha, ellos se sumaron también a ese boicot, participando en 
maniobras destinadas explícitamente a privar de divisas a la 
Argentina, según consta tanto en los documentos norteamericanos como 
en los británicos, secretos hasta hace relativamente poco tiempo. 
Este boicot fue un importante factor originante en el largo proceso 
de la declinación argentina. Esta agresión artera a nuestra autonomía 
económica se encuentra profusamente documentada en un libro que, ¡Oh, 
paradoja de los tiempos! Fue escrito por el estrafalario Carlos 
Escudé (3).

Esta política de nuestro "aliado y amigo", a lo largo de 60 años, 
prácticamente no ha conocido variantes: "El acero argentino enfrenta 
exitosas denuncias de dumping, planteadas por la siderurgia 
norteamericana. La primera industria textil del país, cuando parece 
hacer pie en el mercado de los Estados Unidos, recibe un anuncio que 
pone un límite a sus operaciones por debajo del punto que las haría 
rentables. Los productores de miel quedan de un día para otro 
desalojados del mercado por una barrera no arancelaria, en un negocio 
de apenas 50 millones de dólares. Y si mañana los productores de 
limones del Tucumán se pasan de la raya, se encontrarán con que el 
principal productor del rubro en la Florida es la familia Harris cuyo 
vástago, Katherine, estaba "on the rigut place in the right time" 
para elegir a George W. Bush presidente de la República". (4) Como 
decía el viejo Ignacio B. Anzoátegui: "...cuando Norteamérica se 
ocupa de una nación, la ocupa".

Aún así, los "intelectuales" de la economía que hasta no hace mucho 
militaban en el partido de los almaceneros prósperos -la UCD-, a 
sueldo de los intereses económicos de turno, que vociferaban "achicar 
el Estado es agrandar la Nación" y lo saquearon a mansalva, "masters" 
de pacotilla de un cursillo de verano en alguna Universidad al norte 
del Río Bravo, analfabetos funcionales que desconocen los mínimos 
rudimentos de la cultura argentina, cuentaporotos de décima categoría 
que no sería aceptados ni como dependientes de un almacén en 
Catamarca, aún parlotean en las radios y cadenas de televisión la 
inevitabilidad del "Modelo", como si éste fuera un designio de los 
Dioses y no una construcción siniestra del Poder Económico Mundial. 
Con caras y gestos de suficiencia cuando debaten con representantes 
de la Iglesia y los gremios, con rostros de niños asustados que 
recitan de memoria frente al pizarrón la lección del celador, cuando 
hablan ante las cámaras de la CNN. Alcahuetes rentados, que tras una 
falsa aureola de objetividad científica, enmascarada en tecnicismos y 
estadísticas, lucran para quienes les pagan y llevan a la gente a la 
desesperación.

No es casual que tanto para estos analistas, como para la mayoría de 
la canalla plumífera, haya pasado inadvertida la visita a Buenos 
Aires, que realizo el profesor de la London School of Economics, John 
Gray, autor entre otros trabajos, de "Las dos caras del liberalismo" 
y "Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global". Este ex 
Partidario de la "nueva derecha económica", que revistó en el 
gobierno de Margaret Thatcher, dijo entre otras cosas: "Mientras las 
instituciones transnacionales imponen a países como la Argentina 
duros ajustes estructurales, como el programa del "déficit cero" por 
ejemplo, la Reserva Federal de los Estados Unidos aplica políticas 
profundamente Keynesianas destinadas a prevenir o cortar la recesión 
en su país. Son políticas que no se preocupan por las supuestas 
ortodoxias o verdades contenidas en el Consenso de Washington, que es 
aquel por el que los países desarrollados se han comprometido a 
respetar las políticas de mercado. Es una ironía de las 
circunstancias actuales. Las políticas de austeridad solamente 
profetizan la recesión porque sustraen el poder adquisitivo a la 
gente y dañan la economía. Alan Greespan lo sabe. El mismo, como 
Presidente del Banco de la Reserva Federal, ha asumido la idea de que 
el ciclo económico del mercado libre está ya obsoleto, como lo 
confesó en una conferencia de 1997 en el Woodrow Wilson Center, donde 
admitió que el libre mercado no pertenece a la naturaleza sino a la 
cultura. Es por eso que implementa ahora medidas contracíclicas al 
mejor estilo keynesiano. Está bien, ¿pero por qué se recomienda lo 
contrario a los otros?(...) Cada país necesita una solución creativa, 
propia. Ignorar las diferencias culturales e históricas ha sido la 
razón por la cual esas políticas tan doctrinarias y ortodoxas han ido 
al fracaso". 

El apoyo norteamericano - de existir - no se deberá a un súbito 
arranque de fraternidad panamericana sino a un imperativo 
geopolítico. Ni la más formidable maquinaria bélica, técnica e 
industrial del siglo pasado - Alemania - pudo soportar un conflicto 
en mas de dos frentes. En los comienzos del siglo XXI los conflictos 
son múltiples, la lógica perversa de la globalización transporta 
junto a los inmorales beneficios crematísticos de las naciones 
centrales, los peores remanentes de la prehistoria: tribalismo, 
etnocentrismo, fundamentalismo, barbarie cultural y el increíble 
retroceso tecnológico de la derrota del escudo misilístico ante los 
cuchillos cerámicos del Neolítico, utilizados por los terroristas del 
11 de septiembre. Al ser todos estos "conflictos de baja intensidad", 
la acumulación de megatones deja de ser un factor de relieve para 
lograr un triunfo terminante.

A la desastrosa incursión en Somalia, donde bandas de cazadores-
recolectores derribaron un helicóptero de última tecnología; el 
empantanamiento de la guerra de Irak; los sucesivos fracasos en la 
mediación del conflicto árabe-israelí; la infructuosa cacería de los 
líderes de Al Qaeda en Afganistán; el anuncio del enriquecimiento de 
Uranio en Irán, la posibilidad de un conflicto Indo-paquistaní; el 
crecimiento de la sombra de China, bajo la cual se cobija Corea Del 
Norte, debe sumarse el reciente desembarco de tropas especiales al 
sur de las Filipinas para enfrentar la insurgencia malaya.

Son demasiados frentes con aliados muy volátiles como para permitir 
que alguien juegue con pirotecnia en el patio trasero. Y por ello no 
debe sorprender que además de su presencia militar en Cuba 
(Guantánamo) y Puerto Rico, los Estados Unidos controlen una base 
aérea en Honduras (Soto Cano), cuatro instalaciones de menor tamaño 
(llamadas "localizaciones de seguridad cooperativa") en Aruba (Reina 
Beatriz), Curazao (Hato Rey), El Salvador (Comalapa) y Ecuador 
(Manta), ha estacionado 800 militares y 600 contratistas privados en 
Colombia y desplegará unos 400 a 500 efectivos por 18 meses en 
Paraguay, al tiempo que se especula acerca de la adecuación y el uso 
de la base Mariscal Estigarribia. 

A la ingobernabilidad en América Central y los Andes, la 
prolongación, por más de cuatro décadas, del conflicto armado en 
Colombia y su ascendente impacto zonal y la perturbadora tensión 
entre Washington y Caracas, se suma los recientes triunfos 
electorales de candidatos con una percepción exenta de candidez 
respecto a las declamaciones de la potencia hegemónica. Respecto a 
nosotros, no somos tan cretinos como para promover un enfrentamiento 
con el coloso del norte. Ellos lo saben, ya hace tiempo que uno de 
sus analistas más agudos, Arthur Preston W., en su libro "Estados 
Unidos y la Argentina" advirtió que si bien es cierto que los 
peronistas son anti-norteamericanos también lo son los radicales. La 
diferencia - escribió - es que para los peronistas el anti-
norteamericanismo es una táctica, mientras que para los radicales es 
un asunto de principios. Simplemente, como dijo alguien, no le 
pedimos a los norteamericanos que nos den una mano, sino que nos 
saque la mano de encima.

NOTAS:

(1) William Henry Drayton, juez principal de Carolina del Sur, dejó 
señalado en1776: "Los imperios tienen su auge y declinación, 
siguiendo esta línea hasta que se disgregan... El período británico 
comienza en 1758, cuando los ingleses persiguieron victoriosamente a 
sus enemigos hasta los últimos rincones del globo. El Todopoderoso ha 
elegido a la presente generación para erigir el imperio americano. Y 
así es como ha surgido, de repente, en el mundo un nuevo imperio: 
Estados Unidos de América. Un imperio que: apenas nacido, ya atrae la 
atención del resto del universo y promete, con la bendición de Dios, 
ser el más gloriosos que jamás se haya conocido (cit. Por Raymond 
Aron: "La República Imperial" Alianza, Madrid, 1976, pp.18-19)

(2) Estos "nuevos desarrollados" han sido muy promocionados. Si se 
mira cada caso individualmente y se analiza el conjunto, hay que 
observar que en buena parte puede tratarse de fenómenos periféricos 
de la gradual entrada de China en el mundo del mercado (o en el 
mercado del mundo).

(3) Fernando Diez, "Confrontaciones estériles". "La Nación".13/11/01.

(4) Carlos Escudé, "Gran Bretaña, Estados Unidos y la Declinación 
Argentina, 1942-1949".Buenos Aires.1983.

(5) Oscar Camilión, "Reflexiones sobre la crisis". En "Fundación. 
Política y Letras". Año IX, N° 19, Noviembre 2001. 



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Néstor Miguel Gorojovsky
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