[R-P] [R. Podetti] Hacia el bicentenario de una política sudamericana

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Jul 4 08:03:10 MDT 2007


[En el interesantísimo ensayo que reenvío R. Podetti dice que en 
Sudamérica: "hay sociedades adaptadas al trópico, sociedades 
adaptadas a las grandes alturas y a áreas desérticas y sociedades 
adaptadas a las llanuras templadas y frías, que es lo más fácil. Lo 
que no hay son sociedades adaptadas al mar, extraordinaria desventaja 
en el mundo moderno, que es un mundo oceánico."

Ése, precisamente, es uno de los golpes que resultan de considerar 
solamente la "isla" sudamericana. Los iberoamericanos adaptados al 
mar se encuentran, como es lógico, en las orillas del Caribe.

"Unidos, o dominados". Pero TODOS.]

Gentileza de "Agenda de reflexión"

Hacia el bicentenario de una política sudamericana
Por Ramiro Podetti

En octubre de 1820 se reunieron en Londres el Vicepresidente de la 
Gran Colombia, Francisco Antonio Zea, y el Duque de Frías, embajador 
español. Zea había escrito poco antes: "Sería una prueba de cortas 
miras y ningún conocimiento de la marcha de las naciones dividir en 
pequeñas y débiles Repúblicas, incapaces de seguir el movimiento 
político del mundo, pueblos que estrechamente unidos formarán un 
fuerte y opulento Estado, cuya grandeza refluirá sobre todos ellos". 
Ambos hombres deliberaron sobre el primer plan bolivariano: un 
Imperio federal hispánico. Bolívar propuso a Fernando VII una 
negociación que detuviera la guerra, y uno de los pocos personajes en 
España no solo dispuesto a entablarla sino que veía sin resentimiento 
lo que pasaba en América era el Duque de Frías. La propuesta 
consistía en un decreto real que reconocía la independencia de las 
repúblicas americanas pero éstas se mantenían unidas junto con 
España, bajo una monarquía constitucional federal (ver NAVAS SIERRA, 
J. A., Utopía y atopía de la hispanidad. El proyecto de confederación 
hispánica de Francisco Antonio Zea, Encuentro, Madrid, 2000. Tb. 
BETANCOURT MEJÍA, G., La Comunidad Latinoamericana de Naciones, nueva 
potencia, ICFES, Bogotá, s/f)

El Duque intentó que Fernando VII lo escuchara, pero jamás pudo ir 
más allá de esas conversaciones. Bolívar pretendía salvaguardar el 
"gran espacio" del desplomado Imperio español frente al orden mundial 
protocolizado en el Congreso de Viena. De modo similar concibió 
Agustín de Iturbide su Plan de Iguala, con Fernando VII jurando ante 
unas Cortes mexicanas, y Lucas Alamán, en nombre de los diputados 
americanos, propondría en las Cortes de 1821 un proyecto análogo, 
rechazado por los "liberales" diputados peninsulares. Luego sería el 
adalid de la unión aduanera hispanoamericana y el antagonista 
solitario de los tratados que ofreció Gran Bretaña después de 
Ayacucho, advirtiendo su letal cláusula para nuestro futuro 
económico: la concesión del trato de "nación más favorecida".

Poco después de este triple fracaso de la Comunidad Hispánica, por 
primera vez tropas sanmartinianas y bolivarianas se reunieron, el 9 
de febrero de 1822. ¿Qué valor tuvo este primer Ejército Sudamericano 
de argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos, peruanos, 
colombianos, venezolanos y ecuatorianos? Evoquemos una pequeña 
historia, la de un gurí nacido en San Fernando de Maldonado, sitio 
hoy más conocido como Punta del Este. En el encarnizado combate de la 
falda del Pichincha, este muchacho hizo su contribución al triunfo, 
aunque al costo de dejar en el campo a la mitad del escuadrón que 
conducía. Lució luego la medalla otorgada "A los libertadores de 
Quito", recibió la custodia de los estandartes ganados, y el propio 
Bolívar le entregó el título de "Ciudadano benemérito de Colombia". 
Eugenio Garzón tenía entonces 27 años, y como otros oficiales 
uruguayos que se incorporaron al Ejército de los Andes, cuando 
combatía en el Pichincha lo separaban de su terruño fernandino, por 
los caminos de entonces, unos 7.000 kilómetros... Una distancia jamás 
soñada por un oficial napoleónico, que a las puertas de Moscú estaba 
lejos de ella, ni fue alcanzada siquiera en las Pirámides.

Tres regiones y tres raíces

La Comunidad Sudamericana planteada en Ayacucho y Cusco en 2004 
representa, nuevamente, la voluntad de articular un "gran espacio". 
En términos geoculturales América del Sur tiene tres grandes 
regiones. En sus tres cuartas partes está dentro de la franja 
tropical del planeta, y hay quienes afirman que ninguna gran 
civilización surgió en dicha franja. Pero la transculturación 
brasileña unió al pueblo europeo más próximo a los trópicos (los 
lusos) con pueblos bien adaptados a ellos, los tupí-guaranís, a 
quienes debemos buena parte de la agricultura tropical que aun hoy 
cultivamos. Si a eso le sumamos la incorporación de etnias negras, 
las más antiguas estirpes humanas nacidas en el trópico, el resultado 
es la primera alta civilización de la historia desarrollada en zona 
tropical, el Brasil. Hay un área en que la latitud tropical tropieza 
con los Andes, produciendo climas templados y fríos, y a 
continuación, por detención de las nubes, zonas desérticas. Allí los 
componentes aborígenes tienen el mayor peso con relación al de las 
etnias que ingresan en América a partir del siglo XVI. Es la zona de 
las más altas culturas prehispánicas, y donde está Cusco, nuestra 
Roma sudamericana. La tercera gran zona es la del sur, única parte de 
esta experiencia que acontece en clima templado y frío sin altura, y 
la de mayor peso sanguíneo europeo: Argentina, Chile, Uruguay y el 
sur de Brasil. Es decir, en nuestra isla hay sociedades adaptadas al 
trópico, sociedades adaptadas a las grandes alturas y a áreas 
desérticas y sociedades adaptadas a las llanuras templadas y frías, 
que es lo más fácil. Lo que no hay son sociedades adaptadas al mar, 
extraordinaria desventaja en el mundo moderno, que es un mundo 
oceánico.

Si bien cada región tiene en su seno algún predominio étnico-
cultural, las tres comparten el signo principal de nuestra cultura: 
el mestizaje. América Latina representa la más importante confluencia 
de diversidades del mundo moderno. En ninguna otra parte se ha vivido 
un proceso equivalente, que involucró, desde el siglo XVI, a las tres 
mayores familias raciales del planeta: por orden de su aparición en 
América, mongoloides, caucasoides y congoides.

Integrar América del Sur es articular las tres regiones (desafío 
geoeconómico) y asumir nuestra condición mestiza (desafío 
geocultural). Nuestro futuro se hará con "todas las sangres", para 
usar el título de la novela de José María Arguedas, o no se hará. 
Europeísmos, indigenismos y afroamericanismos son referencias 
culturales necesarias en sociedades cuya síntesis es aun incompleta. 
Pero es fundamental que las tres perspectivas sean capaces de 
integrarse en un sentimiento y una conciencia comunes. El rasgo 
distintivo de nuestra cultura, señalado por el antropólogo cubano 
Fernando Ortiz con su neologismo transculturación, es su capacidad de 
crear a partir de raíces culturales diferentes. En la historia 
moderna no hay otro caso igual. La historia moderna se caracteriza 
más bien por la maduración y final fructificación de sociedades 
multiseculares, con identidades raciales, religiosas y culturales muy 
perfiladas, que se sorprenden en la concurrencia a una sociedad 
planetaria a partir de la unificación oceánica. Las latinoamericanas 
son las únicas sociedades de ese período que por el contrario forjan 
una identidad social y cultural nueva, fruto del cruce de varias 
sociedades multiseculares previas. Su diversidad mestiza niega 
empíricamente los postulados del "choque de las civilizaciones", que 
es un hobbesianismo o marxismo de las culturas en vez de serlo de los 
individuos (Hobbes) o de las clases sociales (Marx).

El recuerdo del plan de la Comunidad Hispánica o del primer Ejército 
Sudamericano viene a cuento de que la experiencia histórica demostró 
que sin una política sudamericana no hay escala para satisfacer 
razonablemente nuestros intereses ni "capacidad para seguir el 
movimiento político del mundo", como sostenía Zea en 1820. Pero no 
habrá política sudamericana que no integre las tres regiones y las 
tres raíces. Los europeísmos, indigenismos y afroamericanismos nos 
expresan, pero parcialmente. Bolívar advirtió inteligentemente al 
Congreso de Angostura: "Es imposible asignar con propiedad a qué 
familia humana pertenecemos". Va llegando el tiempo en que seamos 
capaces de asumir todas nuestras raíces, para reconocernos cabalmente 
en nuestra propia, nueva y singular familia.

Por Ramiro Podetti, licenciado en Filosofía y profesor de Historia 
del Pensamiento Latinoamericano en la Universidad de Montevideo.

Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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