[R-P] Kurdistan turco: las oportunidades que pasan y las complicaciones que vienen
Pat H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Dom Jul 1 14:09:59 MDT 2007
Kurdistán turco: las oportunidades que pasan y las
complicaciones que vienen
Si bien el gobierno turco y el grupo armado de
oposición kurdo PKK estaban muy cerca y muy lejos al
mismo tiempo de alcanzar la paz a finales del 2006
(cerca, como consecuencia de la combinación coyuntural
del alto el fuego unilateral del PKK en octubre, una
relativa situación de estabilidad y un proceso gradual
en los últimos años de modificación de
reivindicaciones y actitudes; pero lejos, por la
enraizada lógica del enfrentamiento), el balance a
mediados de 2007 parece aumentar las distancias.
Por Ana Villellas
Pese a que la tregua ha seguido formalmente en pie y
pese a que no se ha dado marcha atrás en la dinámica
de reducción de las incompatibilidades en juego, lo
cierto es que en el terreno de las conductas se vive
en los últimos meses una alarmante escalada de
tensiones, que ha alejado la ventana de oportunidad
para una resolución pacífica del conflicto y que ha
despertado además el pesimismo de que esta situación
de renovada violencia se prolongue en el tiempo o
incluso siga aumentando. Una vez más, sin actores que
pidan cuentas al gobierno de Turquía sobre su ineficaz
estrategia exclusivamente militarista y policial
contra el PKK, y a éste, por la ambigüedad de sus
llamamientos de alto el fuego y la persistencia de sus
ataques, las oportunidades para la paz seguirán
pasando y los desafíos y complicaciones seguirán
creciendo. Y sin embargo, una vez más, es necesario
remarcar que desde una perspectiva temporal que
observa el conjunto del ciclo del conflicto y no
meramente esta escalada violenta coyuntural, existen
bases sólidas que permiten imaginar una salida
pacífica del conflicto. De nuevo, falta voluntad
política, dentro y fuera de Turquía, para convertir
esas bases en el principio del final de la violencia.
Un trimestre de escalada de la violencia
El nivel de intensidad que caracteriza al conflicto
iniciado en 1984 entre el Gobierno turco y el grupo
armado de oposición kurdo PKK en torno a los ejes de
identidad y autogobierno, ha ido evolucionando con los
años. Pese al fin del conflicto armado tras la captura
del líder kurdo Abdullah Öcalan en 1999, el conflicto
de fondo siguió sin resolverse, acompañado de cierto
nivel de tensión y enfrentamientos armados de
intensidad variable. Es en este contexto en el que la
tensión que acompaña al conflicto no resuelto ha
escalado de forma alarmante durante el segundo
trimestre del 2007, precedida ya en el primer
trimestre por cierto recrudecimiento de las
hostilidades.
En ese sentido, a lo largo de los últimos meses se ha
registrado un incremento en el número e intensidad de
los enfrentamientos, saldados con decenas de víctimas
mortales en ambas partes y un despliegue masivo del
ejército en el sudeste del país, en paralelo al debate
político-militar en torno a una posible operación
militar turca en el norte de Iraq para destruir las
bases del PKK en territorio vecino. Las fuerzas
armadas turcas abrieron la caja de pandora el 12 de
abril, con una declaración pública reclamando como
necesaria esa incursión, llamamiento al que se han
apuntado algunos sectores políticos y sociales, y
sobre el que han advertido en su contra Iraq, EEUU y
la UE. El Gobierno, pese a mostrarse favorable
estudiar la operación transfronteriza, la considera
como una medida de última instancia y se ha abstenido
por el momento de darle luz verde. En su lugar, ha
subrayado que su prioridad es combatir al PKK en
territorio turco. De momento, el ejército ya ha
establecido tres zonas de seguridad provisional en las
provincias de Sirnak, Siirt y Hakkari, con restricción
de movilidad para los civiles, medida que se
prolongará al menos hasta septiembre y que actúa como
una zona tapón con la frontera iraquí.
De esta renovada violencia ambos actores han sido
parte activa. Y ello pese al alto el fuego unilateral
del PKK dictado en octubre del 2006, supuestamente en
pie durante todos estos meses, aunque de facto roto
por acciones unilaterales del PKK como el ataque a un
puesto de gendarmería a comienzos de junio que causó
la muerte de siete soldados turcos e hirió a otros
siete. Y un alto el fuego, además, ninguneado desde su
inicio por Gobierno y ejército, quienes lejos de
contemplar la tregua como una oportunidad para la paz,
lo han puesto contra las cuerdas a lo largo de estos
meses mediante una contundente ofensiva militar. Ante
esta coyuntura, de deslegitimación de su alto el fuego
y de persecución por parte del ejército, el PKK
anunció el 12 de junio que el grupo no llevará a cabo
ataques en Turquía excepto en ejercicio de
autodefensa, lo que puede ser interpretado como una
renovación de la tregua de octubre. De hecho, en su
comunicado, señalan que se ha producido un incremento
en los ataques del ejército pese a que el alto el
fuego de octubre seguía formalmente activo. Además,
alegan que los ataques del PKK han sido de carácter
defensivo. El comunicado afirma también que si las
operaciones militares cesan, las tensiones también
cesarán, e instan al Gobierno a frenar los ataques
militares para que el proceso electoral de julio pueda
celebrarse en un clima de seguridad, al que el grupo
armado se compromete.
No obstante, teniendo en cuenta la decidida ofensiva
del ejército contra el PKK y el caso omiso prestado
por las fuerzas armadas a treguas anteriores,
difícilmente el anuncio de un nuevo alto el fuego (o
renovación del anterior) modificará a corto plazo el
escenario de tensión elevada en el sudeste de Turquía.
Más al contrario, ante las perspectivas de
continuación de la ofensiva militar y de la
autodefinida defensa propia del PKK, es más que
probable un escenario en el que la violencia continúe
aumentando y encorsetando el conflicto. Es decir, las
complicaciones han llegado a lo largo de estos últimos
meses y están por llegar.
Oportunidades perdidas, violencia en vano
Son más de dos décadas las que enfrentan al PKK y al
Gobierno turco. Y este nuevo trimestre de violencia se
añade a una larga historia de decenas de miles de
muertos y cientos de miles -incluso algunos millones
según fuentes gubernamentales de EEUU- de desplazados.
Si bien la violencia virulenta del conflicto armado de
los años 90 remitió, el conflicto de fondo, las
demandas a las que las armas acompañan, sigue sin
resolverse y la violencia, más reducida pero violencia
al fin y al cabo, sigue presente. Ni las demandas
actuales del PKK de mayores libertades y derechos para
la población kurda y de cierto grado de autogobierno,
ni las demandas del Gobierno de estabilidad y unidad
nacional y territorial, se están logrando por la vía
de las armas. Irónicamente, no son demandas
excluyentes; al contrario, ambos grupos de
reivindicaciones, con posibles matizaciones, podrían
ser dos caras de una misma moneda: la de un Estado
turco plenamente democrático y plural.
La persistencia en el uso de la violencia, por parte
de unos y otros, está actuando como un obstáculo para
la paz, puesto que centra la atención en el terreno de
las conductas, la acción y reacción, y perpetúa un
imaginario de antagonismo que ya no es tal en el
terreno de las causas y demandas o supuestas
incompatibilidades. Es decir, mientras el conflicto ha
evolucionado enormemente en cuanto a reivindicaciones
(con la renuncia del PKK hace años a su objetivo de la
independencia del Kurdistán y la aceptación de las
fronteras del Estado turco, y su énfasis desde
entonces en objetivos centrados principalmente en la
ampliación de derechos y libertades para la población
kurda), el terreno de la acción se ha mantenido guiado
por la lógica de la violencia, la violencia en vano.
Por eso, la coyuntura abierta con la tregua unilateral
del PKK en octubre pasado, precedida por una hoja de
ruta para la paz planteada por el PKK en agosto de ese
mismo año en la “Declaración para una Resolución
Democrática de la Cuestión Kurda”, se presentaba como
una oportunidad interesante para romper con la lógica
de la violencia y explorar vías de resolución pacífica
del conflicto. El Gobierno no quiso o no supo
aprovechar esa ventana de oportunidad y el único
escenario actual es el de la renovada violencia, con
visos de continuar. No es la primera oportunidad
pérdida, pero sí una muy significativa, porque la
declaración de agosto ofrecía un espacio de
acercamiento factible entre las partes. Tampoco sería
la última oportunidad, ya que de hecho, el PKK ha
renovado su alto el fuego en junio, pero el coste de
dejar escapar oportunidades de acercamiento y de
búsqueda de la paz pasa factura en términos de
víctimas, falta de democratización plena, perpetuación
de la imagen del enemigo, gasto militar, y un largo
etcétera.
El reto de movilizar voluntades para negociar
Si bien el PKK ha renovado el alto el fuego, lo cierto
es que el conflicto parece condenado a un callejón sin
salida, a la perpetuación de la violencia. De hecho,
parece difícil un cambio de escenario por iniciativa
de los propios actores. La transformación de objetivos
del PKK y sus llamamientos a la negociación no han
tenido respuesta; y el ejército sigue volcado en una
partida de suma-cero, convencido de que después de más
de veinte años aún puede derrotar al PKK militarmente.
Ya en el año 2000, el académico Dogu Ergil decía en el
Journal of Democracy que "después de enviar a dos
millones y medio de jóvenes soldados a luchar en su
propio país durante los pasados 16 años, no es fácil
para un gobierno anunciar de repente no sólo que el
enemigo ya no es sospechoso de buscar la secesión sino
que además ha estado reclamando inclusión e igualdad.
Es duro admitir que muchas leyes –incluyendo la
constitución- necesitan ser cambiadas porque son la
fuente de tensiones entre el Estado y la sociedad".
Seis años después de esta reflexión, la lógica del
enemigo continúa prevaleciendo, pese a que existen
bases para resolver las tensiones
Por su importancia por el espacio-puente que plantea,
conviene una vez más recordar las propuestas
contenidas en la declaración de agosto del 2006 de la
plataforma KKK creada por el PKK. En ella se proponía:
1) el reconocimiento de la identidad kurda y la
garantía constitucional de todas las identidades bajo
la identidad principal y común de ciudadanía de
Turquía; 2) el desarrollo de la lengua y cultura
kurdas, el reconocimiento de la educación en la lengua
materna y la concesión de estatus de segunda lengua
oficial al kurdo en la región del Kurdistán, junto a
la garantía de respeto a otras minorías culturales; 3)
el reconocimiento del derecho de pensamiento, creencia
y libertad de expresión, la eliminación de todas las
desigualdades en la Constitución y en las leyes,
empezando por las de género; 4) un proyecto de
reconciliación social y sobre esa base la liberación
de los presos políticos, incluyendo los dirigentes del
PKK, sin obstáculos para su participación en la vida
social y política; 5) la retirada de las fuerzas
militares del Kurdistán, la abolición del sistema de
vigilancia de las ciudades (fuerzas paramilitares en
localidades del sudeste) y el desarrollo de proyectos
sociales y políticos para el retorno de la población
desplazada; 6) y en paralelo a esos pasos, el inicio
del desarme gradual y de la participación legal en la
vida social democrática según un calendario que
establecerían ambas partes. A todo ello se añade la
propuesta de una autonomía democrática dentro de las
fronteras de Turquía, sin especificar.
El documento continúa teniendo vigencia; pero sin
feedback, positivo o negativo, se convierte en un
documento vacío. De hecho, el escenario del conflicto
PKK-Gobierno turco corre el riesgo de perpetuarse, si
acaso no lo está ya, en el ruido de las armas y la
ausencia de discusión crítica sobre alternativas a la
violencia. Si bien la influencia de los grupos que
favorecen la estrategia exclusivamente bélica para
combatir al PKK sobrepasa con creces las voces
favorables a una salida negociada, éstas han de
movilizar capital humano y recursos para ampliar los
espacios de dinamización de ideas, promoción de una
paz inclusiva y plural y presión social hacia las dos
partes en conflicto para forzar un compromiso firme
con la resolución pacífica del conflicto. Comprometer
al Gobierno turco con la paz, vinculándola a una mayor
democratización, debería ser un tema de agenda de la
diplomacia internacional, especialmente de aquellos
países interesados en una Turquía comprometida con
procesos que alegan defender valores como la paz y la
democracia, como son la Alianza de Civilizaciones o la
propia UE. La profundización y fortalecimiento de la
democracia turca y el dividendo de la paz deberían
actuar como aliciente y espacio de acercamiento de las
partes. Pero para ello, el reto más difícil y más
urgente es movilizar la voluntad de negociar o, al
menos, de explorar salidas que sirvan de alternativas
al impasse militar. Sin esa voluntad, las
oportunidades seguirán pasando y las complicaciones
continuarán llegando.
La fuente: la autora es investigadora de la Escola de
Cultura de Pau (Barcelona, España).
"Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa"
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