[R-P] Enrique Lacolla Lo esencial y lo accesorio
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Dom Ene 28 05:23:00 MST 2007
Lo esencial y lo accesorio
Lula y Chávez se lanzan a la consecución de metas sustanciales. ¿Querremos
imitarlos?
Por Enrique Lacolla
Periodista
El desastre promovido por el neoliberalismo durante las últimas décadas del
siglo pasado en América latina revirtió en una generalizada repulsa a éste,
que tuvo expresión en la sucesión de revueltas populares y de elecciones que
dieron al traste con los gobiernos que lo habían propiciado en países como
Argentina, Venezuela, Brasil, Ecuador y, recientemente, Bolivia.
Con todo, salvo en el caso venezolano, los procedimientos que siguieron a
ese trastrueque no terminaron de redondear la ecuación: si bien se fomentó
el asistencialismo social, se cambiaron en buena medida las coordenadas de
la política exterior y surgió una tendencia a actuar en bloque
-pronunciándose la orientación hacia una unidad continental menos retórica y
más concreta-, las líneas generales de la política económica no terminaron
de modificarse ni se volcaron al potenciamiento interno de los saldos
favorables de la balanza de pagos, muy favorecidos por el encarecimiento de
las commodities y por la salida, en el caso argentino, de un instrumento tan
nefasto como la convertibilidad.
Ahora mucho de esto parece estar en vías de cambio. Tras su reelección, el
presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pronunció aun más su criterio en el
sentido de profundizar la intervención del Estado en áreas claves como la
energía y las telecomunicaciones, y reforzó su idea de crear un Banco del
Sur, que libere a la región de su dependencia del Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), para financiar a los países más necesitados de fondos.
Pero el punto que puede ser el más significativo de todos es el lanzamiento,
por el también reelegido presidente brasileño Luiz Inácio "Lula" da Silva,
de un Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), un conjunto de medidas
que prevé inversiones públicas, con participación del capital privado, por
unos 230 mil millones de dólares entre 2007 y 2010. Para realizar esto, Lula
ha anunciado que no vacilará en bajar el superávit, ya que lo esencial de la
inversión saldrá del presupuesto federal y de las empresas estatales. Lo
cual implica darle un puntapié a las normas ortodoxas por las que se había
guiado hasta ahora.
Ferrocarriles, carreteras, aeropuertos, puertos, energía, fábricas de
biodiesel y refinerías de caña de azúcar para producir etanol, entre otros
proyectos, son los emprendimientos con los que Lula se propone jugar el
partido de su segundo mandato.
El impacto que una reactivación de este tipo tendrá en Brasil y en los
países del área es evidente. En el caso argentino podríamos beneficiarnos
volcando al mercado brasileño, hoy deprimido, una mayor cantidad de
exportaciones y a la vez recibiendo menos importaciones de Brasil, lo que
consentiría un considerable repunte de nuestras fabricaciones y un mayor
nivel de empleo.
Estrategia postergada. Nunca es tarde cuando la dicha es buena, dice el
refrán, y una reactivación brasileña debería relanzar a nuestro país hacia
el cumplimiento de las metas que estaban implícitas en la revulsión popular
del 2001. No se puede, en efecto, seguir viviendo del boom sojero, que tiene
por otra parte una grave contrapartida en la deforestación y el deterioro
del suelo, ni sin una planificación estratégica que atienda a las
prioridades del país en materia de desarrollo integral y defensa.
No se puede seguir girando en torno de problemas que deberían quedar
librados al juicio de la historia. La sorprendente pirueta jurídica que se
acuerda ahora de requerir el juzgamiento de la ex-presidenta Isabel Perón es
oportunista e innecesaria, como lo es seguir revolviendo la cuchara en las
heridas que el país se autoinfligió 30 años atrás y cuyos protagonistas
sobrevivientes son muertos civiles. Tampoco es necesario complicar
situaciones casi irreversibles, como en el de las papeleras uruguayas,
asunto que tendría que ser atendido por una comisión binacional que limite
los daños de un emprendimiento que no fue cuestionado con la debida energía
cuando correspondió hacerlo.
El mundo no es un lugar amable y no consiente las pérdidas de tiempo. La
tensión y las fricciones internacionales seguirán en aumento en los próximos
años y no puede descartarse un retorno en fuerza de las pretensiones
hegemónicas del primer mundo sobre el continente iberoamericano. Si no
planificamos en torno de cuestiones clave como las fuentes de la energía
(nuclear, hidráulica, mineral, vegetal, eólica), si no articulamos nuestras
sociedades de acuerdo a normas de convivencia social fundadas en una justa
distribución de las ganancias y si no prevemos las hipótesis de guerra (o de
defensa, para ser políticamente correctos) que son necesarias para poner un
escudo entre nosotros y el apetito de las potencias hegemónicas, estaremos
en dificultades. Hay tiempo para lograrlo. Pero para eso hay que saber
distinguir entre lo fundamental y lo accesorio.
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