[R-P] Baraibar y los Kennedy
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Vie Ene 26 15:49:55 MST 2007
El día que en Entre Ríos se corrió el velo de la
historia para los hermanos Kennedy del sur
Por el norte digit en l
26 de enero de 2007
Dos hombres del semanario El Miércoles estuvieron los
días 5 y 6 de enero de 2007, en la ciudad de La Paz
(Entre Rios), en las 1º Jornadas de Revisionismo
Histórico, coincidentes con el 75º Aniversario del
levantamiento de los Hermanos Kennedy. Gustavo Sirota
como parte del panel de disertantes, y Jorge Villanova
como apasionado de esos temas, fueron parte de esta
iniciativa del Centro de Estudios Históricos Arturo
Jauretche de esa ciudad entrerriana. Aquí el Gringo
cuenta un poco cómo fue aquello y otro bastante sobre
la curiosa y poco conocida historia de la rebelión
yrigoyenista de estos chacareros entrerrianos
descendientes de irlandeses, que recién ahora está
siendo reivindicada después de décadas de silencio.
Por JORGE G. VILLANOVA
Coincidiendo con el 75º Aniversario del levantamiento
de los Hermanos Kennedy', se realizaron los días 5 y 6
de enero de 2007, en la ciudad de La Paz, las 1ras.
Jornadas de Revisionismo Histórico, organizadas por el
Centro de Estudios Históricos Arturo Jauretche y la
Dirección de Cultura Municipal de la ciudad norteña,
declaradas de Interés por la intendencia y por la
Subsecretaría de Cultura de Entre Ríos.
En el salón del Club Progreso, el profesor Marcelo
Faure integrante del CEH-AJ y director del sitio
elnortedigital.com abrió la jornada dejando en claro
que el objetivo principal es rescatar la memoria
regional y provincial, en ese marco el accionar de los
Kennedy hace 75 años, el 3 de enero de 1932,
levantándose contra la dictadura del general Félix
Uriburu, es redimido y revalorizado, en oposición al
carácter de "bandoleros y revoltosos" con el cual hubo
de ser calificado en sus tiempos y que gracias al
sistema de difusión oficial perduró en el tiempo.
Con la asistencia de más de medio centenar de
personas, entre ellas, numerosos familiares y
descendientes de los Kennedy, hizo uso de la palabra
el historiador Ricardo Lopa, integrante del Centro
Cultural Discépolo de Almagro, colaborador permanente
de Norberto Galasso y autor del aún inédito trabajo
Los Fabulosos Kennedy, una novela historiada acerca de
los hermanos Mario, Eduardo y Roberto. Lopa relató
minuciosamente los prolegómenos de la revolución, la
toma del pueblo, la posterior huida de a los Kennedy,
y la persecución por parte de las fuerzas armadas de
la dictadura, hasta el exilio en la Banda Oriental.
También diserto el profesor Daniel González Rebolledo,
escritor entrerriano, oriundo de Galarza, autor de la
reciente novela publicada por la UNER, Los Kennedy del
Sur. Explicó Rebolledo que su aporte fue hecho desde
la literatura. Si bien su trabajo es ficcionado y con
algunos personajes imaginarios, contiene una profunda
investigación periodística sobre los sucesos de los
años 30, basada además en numerosos reportajes hechos
a los descendientes de los Kennedy y de quienes los
acompañaron en la gesta.
Cerró la mañana de la primera Jornada, el profesor de
nuestra ciudad y colaborador del semanario Gustavo
Mario Sirota, exponiendo sobre la fracasada revolución
del General Valle en 1956 y las repercusiones en
nuestra zona, haciendo hincapié en el fusilamiento del
teniente 1º Néstor Marcelo Videla, correntino de
nacimiento pero con fuerte arraigo en Concepción del
Uruguay. (Ver El Miércoles 167, del 15-6-2005).
Explicó Sirota los pormenores de los fusilamientos en
Campo de Mayo, el contexto en que se produjeron, y las
repercusiones de la muerte de Videla en su familia y
en la comunidad entrerriana de entonces. Destacó la
reivindicación posterior hecha al militar asesinado,
que incluía la existencia de un monolito al ingreso de
la ciudad, el cual fue destruido el 24 de marzo de
1976 y nunca restituido en 23 años de democracia. Todo
un símbolo del olvido de nuestra historia y sus
protagonistas.
Las jornadas continuaban a la tarde con el testimonio
de María Elena Franchini Kennedy, sobrina de los
homenajeados, una disertación de Eduardo Rosa -hijo
del historiador Pepe Rosa- y la presentación de un
documental por parte de Julio Fernández Baraibar,
llamado La brasa y la ceniza sobre Arturo Jauretche.
El día sábado se recorrían las famosas estancias donde
los Kennedy vivieron y protagonizaron su épico acto.
Finalmente se plantarían tres árboles a su memoria en
el parque Berón de Astrada.
EL MIÉRCOLES EN LA PAZ
"Nacieron en su vieja estancia "Los Algarrobos", cita
en el Distrito "Estacas" del Departamento de La Paz.
Es grande y arisco el solar. Tierra entrerriana de
rancio abolengo democrático. Allí el derecho amanece
con Artigas y llega al meridiano con Urquiza. Cuna de
gauchos cantores y altaneros, prontos siempre a saltar
a caballo para cruzarse por la dignidad. Honrada gente
de campo acostumbrada a vivir mal y morir bien.
Borrosas figuras de friso. Muy humildes, muy simples,
sin letras casi. Rubrican con el lazo. Crecen en los
peligros. Mueren en la jaula, como los churrinches."
Yamandú Rodríguez.
Merece destacarse la actividad del Centro de Estudios
Históricos Arturo Jauretche, con Marcelo Faure a la
cabeza. No es simple ni fácil colocar a la historia en
su lugar, y mucho menos en esta provincia tan
atravesada por los mitos intocables de don Justo José
y de Pancho Ramírez. Mucho menos si se trata de
realizarla en un enero agobiante por las altas
temperaturas. El camino Historia-Revisionismo-Kennedy
no parece que pueda tener repercusión. Pero sin
embargo se produce. La asistencia en el club Progreso
de La Paz, esta ávida por conocer detalles sobre los
héroes paceños.
Es cierto que la historia está de moda. Que se divulga
hasta por la TV, y que visto lo sucedido con Algo
habrán hecho, es esta una herramienta que no puede
despreciarse ni soslayarse. Pero los Kennedy no están
en la TV, ni en los grandes medios nacionales, apenas
alguna mención en las historias sobre el radicalismo,
enmarcadas en "las últimas montoneras radicales" como
han definido Diana Tussie y Andrés Federman, a
aquellos frustrados intentos de recuperar la legalidad
en los años treinta.
Impresiona entrar al salón del club Progreso y
chocarse con las infografías gigantes que reflejan las
tapas de los diarios de época. Los Kennedy son
cuarentones hace tiempo, robustos, pesados, cuesta
imaginarlos huyendo durante 40 días y 40 noches por la
selva montielera, allí donde 'los espinillos ojalan la
piel', pero mucho más cuesta entender porque estos
hombres, al fin de cuentas, estancieros poderosos del
norte entrerriano, vinculados al poder político,
arriesgan capital y familia -uno de ellos era casado y
con hijos- persiguiendo un ideal democrático. Yamandú
Rodríguez relata:
"Estaban en una feria ganadera efectuando ventas de
toros, cuando recibieron noticias del atentado
cometido el 6 de Septiembre contra la Constitución
Argentina. Desde ese momento lo hermanos Kennedy viven
para combatir al dictador. Se ahogan. Sufren una
opresión constante, obsesionante, casi material.
Sienten el taco de Uriburu sobre sus pechos. Es algo
que aprieta realmente sus corazones y limita el
pensamiento y llaga el espíritu.
Abandonan sus operaciones comerciales. Vuelven al
hogar. Creían hallar alivio en él; no es así. Salen al
campo; se ponen de cara al monte y al río: la asfixia
continúa. Ya no tendrán fiestas, ni trabajo, ni
descanso. Para ellos sólo queda una actividad posible:
salvar la democracia Argentina.
No conciben cómo otros compatriotas pueden seguir en
el camino cotidiano, soportar la adusta mirada de los
viejos y las inquietantes preguntas de los niños. La
Nación corre grave peligro. Es el honor de todos el
enfermo.
Eduardo Kennedy era yrigoyenista militante. Mario y
Roberto radicales antipersonalistas. Se unen. Ya no
son partidarios: son argentinos.
Pegan el oído en tierra. A lo indio. Y esperan el
primer toque de clarín..."
Mientras Ricardo Lopa narra la historia de Los
Fabulosos Kennedy, se percibe la emoción entre los
presentes, es acaso el primer reconocimiento público o
el primero en muchísimo tiempo ¿qué sentirán los
familiares, entre ellos el hijo de Eduardo? por lo
pronto María Elena Franchini, se para indignada, 'yo
soy una Kennedy, Franchini Kennedy' dice y suena a
pase de facturas para otros que lo son y que tal vez
hubiesen preferido no serlo.
Tito Lopa explica, son malditos, como Manzi, como
Discépolo, como Jorge Newbery (Si, el aviador, el bon
vivant, ¿alguien sabe sobre sus textos sobre petróleo
y Estado?). Y lo son ahora y lo fueron antes. "A los
Kennedy hay que olvidarlos" sentenció Alvear y reclamó
la porción para sí la porción de la década infame que
le correspondía a la UCR. En verdad olvidaba a
Yrigoyen, no en vano había apoyado el golpe: "Los
personalistas son como la hiedra parasitaria: partido
el árbol como un rayo, la planta se seca y muere. Los
argentinos deben tener eterna gratitud a los hombres
que en un momento dado se jugaron para ponerse al
frente de la reacción y producir lo que era un anhelo
general y casi unánime".
"Es éste mismo Kennedy, gaucho de hierro, quien,
producida la revolución del 6 de Setiembre, abandona
su familia, sus intereses, su Entre Ríos, marcha a
Europa y expone ante la "Liga de los derechos del
hombre" el atentado cometido contra el doctor Hipólito
Yrigoyen y la Constitución Argentina. Sabe que en el
evangelio del ciudadano fue reconocido el derecho de
combatir la opresión. Enciende en París la linterna de
Diógenes. Busca al hombre capaz de dirigir el
radicalismo entrerriano. Lo encuentra. Predica la
acción. Siente que ha pasado la hora de los cabildeos
y tibiezas.
Su director político ha de abandonar el bufete por esa
cuesta áspera con olor a carne y pólvora, que lleva a
la reconquista del derecho. Fracasa. El magnate
radical se suicida como político y como argentino.
Ambos regresan a la patria. Más por distintos rumbos.
Kennedy con su corazón, toma el de la guerra. El otro
con su talento el de las antesalas. Eduardo vuelve a
conspirar. Lucha. Sacude a los tibios. Se juega.
Contagia su valor. Gasta su fortuna. Sembrando
rebeldías recorre la Provincia. Cruza de noche el
Uruguay. Entra de día en Buenos Aires. Donde madure un
levantamiento, allí está él, en nombre de los tres
hermanos. Vive amartillado. Pronto. Firme. Cuando
Pomar, el Bayardo del Ejército Argentino, alza la
visera, encuentra a Eduardo Kennedy.
En "La Paz" se levanta una tribuna para fustigar al
dictador. Es el primer acto de público repudio
realizado en la Provincia. Eduardo, el domador de
toros, sube a esa barricada y pronuncia un discurso
inolvidable."
Lopa entra y sale de su libro, de sus personajes
ficticios, el Flaco Abel -que acompaña a los héroes en
su travesía- y don Julián (¿don Julián?). Julián
Barrientos, aquel que participará en la revolución del
año siguiente en el Paso de los Libres con Bosch,
Pomar y Luis Dellepiane y dejará testimonio de la
patriada en versos gauchescos: "A la Patria se la
llevan/ con yanquis y con ingleses; / al pueblo mal le
parece/ pero se hacen los que no oyen: / ¡Desde que
falta Yrigoyen/ la han sacado de sus trece". Don
Julián no es otro que Arturo Jauretche .
Los Kennedy toman el pueblo, y la comisaría, en el
pizarrón de las comunicaciones escriben con tiza "Viva
la libertad" está para siempre en las fotos del diario
Jornada, que adornan el salón. Jornada es hijo del
Crítica de Botana, clausurado por Uriburu por ser
justista. Jornada tiene enviados especiales, uno de
ellos no es sino el oriental Yamandú Rodríguez, el
mismo que escribe: "Ahora son catorce entrerrianos
locos que una noche serena salieron a redimir la
patria. Están fuera de la ley. También la nación está
fuera de la ley. Quedan en buena compañía."
En su libro El canto de la patria profunda, Norberto
Galasso dice: "Atahualpa (Yupanqui) al lado de uno de
los jefes de la revolución aguardaba ansiosamente las
novedades. Poco después llega la noticia de que tropas
gubernistas avanzan sobre ellos. De inmediato, los
Kennedy ordenaron desconcentrarse; la revolución había
fracasado. 'Vos, vení conmigo' le dijo su jefe
inmediato a Atahualpa. Montaron a caballo y después de
un galope llegaron a la isla de las víboras. Allí
estuvieron varios días. 'Comíamos iguanas' -relataba
Atahualpa-, tratando de que el humo no nos delatara.
Poco después consiguen adentrarse en la provincia y
mimetizarse en ese pueblo amigo que mantiene un cálido
fervor por Don Hipólito... A los 24 años recién
cumplidos, Atahualpa es ya un payador perseguido cuya
lealtad a la causa popular lo convierte en desterrado"
Lopa afirma que no está totalmente confirmada la
participación de Yupanqui, pero aquello versos de
"Pasé de largo por Tala/ detenerme para qué?/ de poco
vale un paisano/ sin caballo y en Montiel" le hacen
sospechar que así fue.
Después la huida. Perseguidos por mar tierra y aire.
Por primera vez los aviones del ejército bombardean en
suelo patrio.
- "Hay viene un avión" - observa Eduardo Kennedy - "y
otro".
En suma; siete aviones de guerra.
- "Cuántos!" dice Mario Kennedy. "Habrá estallado
algún movimiento en el Norte?"
- "No", rectifica Eduardo - Estos son para nosotros.
Sobre tierra Argentina cayeron las primeras bombas de
la cuarta armada. Iban contra cuatro patriotas. La
dictadura!
La dinamita aventa el quebrachal. Esos terrenos
pertenecen a un hermano de los rebeldes, el doctor
Miguel Ángel Kennedy.
- "Qué suerte para Miguel Ángel" - exclama Roberto -
"Tendrá bastante leña picada en su cocina".
Recomenzará la acción? Esperan... Ningún avión vuelve
a subir... Entonces Mario Kennedy se sienta.
- "Para ser gratis - dice, con su calma inalterable -
no ha estado del todo mal el espectáculo".
"Cualquier escritor por malo que sea puede escribir
una novela con los Kennedy. Tiene todos los
condimentos para hacerlo" dice González Rebolledo y es
cierto. Están inclusive las anécdotas: Mario jugando
con una comadreja, el oficial que los tiene en la mira
y no aprieta el gatillo, los paisanos que los ocultan
en sus ranchos, los yacarés del Guayquiraró que no los
tocan, Amparo Kennedy que le dice al comisario que sus
catorces hombres no le alcanzan para rendir a los
Kennedy, que traiga refuerzos y el comisario espantado
se va, la niña que les pide autógrafos y el cruce del
Uruguay donde "hasta la mitad de la corriente, hasta
donde podía estirar la mano temblorosa de emoción,
salió a esperarlos mi patria" , dice Yamandú.
Lo de Rebolledo es otra cosa, es literatura dice, pero
no tanto se deduce. Intrigado por ese apellido mítico,
que atravesó su generación no escuchó de Jacqueline y
de John. Por eso bucea en el Norte, en el Norte
entrerriano y descubre que hay Kennedys en el Sur del
mundo, y seguramente que, como a muchos argentinos,
hasta entonces, le fue más familiar el nombre Edward
que el de Eduardo, o que si Robert puede ser
presidente de EEUU, Roberto le era desconocido como a
muchos entrerrianos. Tiene que ir a un museo, para
conocer el libro de Yamandú, -porque no existen
copias- y a partir de ahí prolongará su búsqueda en
hemerotecas y en documentos, entrevistándose con
familiares, algunos avergonzados de su pasado y muchos
orgullosos de lo mismo
Daniel escribe su novela, investiga y la inunda de
detalles históricos. La envía a editoriales y a nadie
le importa. Publica por concursos porque de otra
manera es imposible. No existen créditos para la
producción literaria en este país. Así entonces la
conocemos, adaptada de Los locos Kennedy a Los Kennedy
del sur, en el camino, por las exigencias de espacio
editorial, el rigor histórico queda afuera. Pero no su
pluma.
Eduardo está muerto. Lo están velando Mario, Roberto y
Amparo y hay tertulia de madrugadas en velorio, en la
que el mismo Eduardo participa. La historia entreviera
al Che, a Frondizi a Evita y a Yrigoyen. Un periodista
gualeyo llega, Faustino Echegaray, -¿es el alter ego
de Rebolledo? No en vano uno de sus apellidos
ascendentes coincide- que pretende contar la gesta con
un romance.: "Se me figura un cuento que tres hombres
bien criados/ hayan alzado el grito contra el fascismo
oscuro/ que desde el sur porteño, asomara en vano/
¿Quiénes fueron los bárbaros? Los Kennedy señores: /
Mario, Roberto, Eduardo. Tres nombres para siempre/
con un grito en La Paz, en el norte entrerriano"
Faustino lo cuenta en el velatorio como lo hace ahora
Daniel en el club Progreso, los dos lo escriben y lo
rescriben durante años. Daniel inventa a Juan, como
hijo bastardo de Mario, producto de sus andanzas
amorosas con Tomadita, una Díaz Pardo, para cerrar el
círculo de la saga según relata Faustino. '¿Cómo supo
lo del hijo de Mario?' le preguntan a Daniel. "No, yo
lo hice. Lo inventé" aclara, "Era una hija" le
confirman y siente que se le aflojan las piernas.
¿Dónde está la verdad y donde termina la ficción?
Daniel mira a los presentes tal vez esperando un
reproche por la infidencia, solo un silencio tácito
que confirma que ciertas cosas van cambiando en la
conservadora La Paz, y que su respeto por la historia
es real.
Gustavo Sirota recuerda la carta que el general
Toranzo le envía a Uriburu: "Hasta el 6 de setiembre
de 1930 teníamos un ejército que era el ídolo de los
argentinos. Nadie, entre los peores gobernantes, había
osado emplearlo como instrumento de opresión contra el
pueblo... Usted y sus secuaces atentaron contra su
disciplina, corrompiéndolo con dádivas y prebendas y
utilizándolo para la consecución de inconfesables
fines..." Y retoma el tema de los malditos. Aquellos
de los años 30, como Toranzo y como los Kennedy,
desconocidos en esta costa o este otro que el hace
conocido desde ahora en el oeste entrerriano, el
teniente Néstor Videla, fusilado por la fraticida
Revolución Libertadora, pero ninguneado, -diría tal
vez Galeano- por la historia verdadera. Son hechos
diferentes pero con un hilo en común. Es la misma
línea histórico-política que juzgó a los Kennedy por
delitos comunes, para que no le corresponda la
amnistía política, tal como habían hecho con Peñaloza
y Felipe Varela, solo vulgares "bandoleros y
salteadores". A Videla ni juicio, ahí nomás lo
fusilaron sus camaradas libertadores. Chiro recuerda
que una calle en Concepción del Uruguay llevaba el
nombre de Kennedy, en honor al presidente de la
Alianza para el Progreso, de Bahía Cochinos y de la
guerra de Vietnam. No son paradojas, son intenciones
bien pensadas. Si alguna vez existiera una calle
Videla, o vuelven a colocar un monolito, que sea por
este Videla. Los perdedores no tienen lugar, no solo
en el papel, mucho peor, no tienen lugar en la memoria
colectiva, han sido olvidados. Si tipos como Lopa,
González Rebolledo o el mismo Gustavo no lo recuperan,
se extinguen o mueren para siempre en los círculos
familiares.
Los muchachos del C.E.H.-A.J., como Marcelo Faure,
entienden lo mismo, pero en vez de preocuparse, se
ocupan desde aquí, desde este rincón entrerriano que
es la ciudad de La Paz. Y es aquí mismo donde también
otros recuperan las tradiciones culturales, donde en
estos días se vuelve a celebrar, como hace casi tres
décadas, el festival Cuando el pago se hace canto,
revalorizando las chamarritas de Linares Cardozo y el
chamamé profundo de los músicos populares entrerrianos
y correntinos. Alguna conexión debe existir entre unos
y otros. Hace unos meses se realizó en Uruguay el 2º
Congreso de los Pueblos Libres, con presencia
misionera, cordobesa, correntina, panza verde y
oriental, igual que ene aquel de 1815. Tal vez cuando
ese tipo de vínculos se comprendan en esta costa
uruguayense, sin mezquindades y aunando los esfuerzos
desperdigados pueda comenzar a transitarse un mismo
camino. Es cuestión de empezar.
Citas:
Rodolfo Puiggrós, Historia Crítica de los Partido
Políticos Argentinos III, Hyspamérica, 1986, Pág. 43
2 Diana Tussie y Andrés Federman, La última montonera
radical, Todo es Historia 87, Buenos Aires, Agosto
1974
3 Norberto Galasso, Atahualpa Yupanqui, el canto de la
patria profunda, Ediciones del pensamiento nacional,
Buenos Aires, Pág. 55
4 Daniel González Rebolledo, Los Kennedy del sur,
UNER, Concepción del Uruguay, 2005, P.59
5 Alberto Ciria, Partidos y poder en la Argentina
Moderna, Hyspamérica, Buenos Aires, 1986, P. 257
Fuentes:
Alberto Ciria, Partidos y poder en la Argentina
Moderna, Hyspamérica, Buenos Aires, 1986
Norberto Galasso, Atahualpa Yupanqui, el canto de la
patria profunda, Ediciones del pensamiento nacional,
Buenos Aires
Daniel González Rebolledo, Los Kennedy del sur, UNER,
Concepción del Uruguay, 2005
Rodolfo Puiggrós, Historia Crítica de los Partido
Políticos Argentinos III, Hyspamérica, 1986
Yamandú Rodríguez, Los Kennedy, La gesta radical de La
Paz, Entre Ríos, Diciembre de 1934, en
desmemoria.com.ar
Diana Tussie y Andrés Federman, La última montonera
radical, Todo es Historia 87, Buenos Aires, Agosto
1974
www.miercolesdigital.com.ar
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