[R-P] César Marcos
Pat H.A.
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Jue Ene 18 18:12:19 MST 2007
CESAR MARCOS Y EL DOLOR DE VER
JUAN DOMINGO PERÓN.
Por Silvia Mercado
Con temor reverencial, la joven periodista le acercó
un libro que acababa de publicar, “Peronismo: la
mayoría perdida”, y él le dijo: “esto lo hiciste de
inconciente”.
- ¿De inconciente? ¿En qué sentido?
- Dejámelo leer y después te digo.
A César Marcos le encantaba el misterio. Aunque más le
gustaba seducir mujeres. Irma, su segunda esposa,
presente siempre en algún rincón del pequeño
departamento de la calle Cangallo, ya ni se inmutaba.
Estaba acostumbrada a los enamoramientos de ese
hombre, ya viejo, al que entendía tan poco.
Era 1985 y el Viejo César seguía fumando sin parar y
continuaba rodeado de libros, papeles y anécdotas. Era
un autodidacta, hijo de madre soltera y muy pobre, que
fue suboficial del Ejército para tener un sueldo y
trabajar poco. Lo de él fue, siempre, leer, estudiar,
pensar, discutir. Y hacer política. Construir poder
popular, se diría hoy. Porque su obsesión era formar
cuadros, construir redes, cuidar a la gente, hasta que
llegara el día, la hora de los más humildes.
“Inflexible en lo ideológico y flexible en lo
político”, era una de sus tantas enseñanzas. Por eso
tuvo amigos que van desde Pino Solanas hasta el
Gallego Alvarez, desde John William Cooke hasta Julián
Licastro, desde Pancho Gaitán hasta Héctor Villalón,
pasando por Luis Macaya, Eduardo Vaca, Marcos Raijer,
y tantos más.
Junto a Raúl Lagomarsino inició la Resistencia
Peronista, dirigidos por Cooke, que estaba en la
cárcel. Manejaba el miedo y organizaba reuniones por
toda la ciudad para hablar de Perón, una palabra que
estaba prohibida. Mantenía la llama. Atizaba el fuego.
Y mantenían el contacto permanente con Perón, para que
él supiera que aquí, algunos todavía se estaban
moviendo.
Pero rebelde como era, se opuso tenazmente a la
alianza de Perón con el desarrollismo que llevó a
Arturo Frondizi a la Presidencia en 1958 y se alejó de
cualquier responsabilidad política que pudieran
ofrecerle en tiempos de democracia.
En medio de la fiesta del retorno de Perón, el Viejo
César era el único que estaba preocupado. Cuando los
jóvenes de la tendencia revolucionaria a los que
estaba adoctrinando le preguntaban por qué el
pesimismo, él les dijo que “ahora veremos lo peor del
peronismo, se desatarán las fieras”. Ninguno quería
escucharlo. Eran jóvenes, Perón había vuelto, había
mucho por lo que luchar y la vida les sonreía.
Recién con los sucesos de Ezeiza alguno empezó a
entenderlo. Pero tampoco demasiado. Porque los jóvenes
peronistas armados todavía creían que Perón estaba mal
informado y que pronto aceptaría su error.
La tragedia la vivió desde su casa. Tratando de salvar
a los que pudo. Hablando con algunos dirigentes para
esconder a los perseguidos por la Triple A, primero, y
el Ejército, después. A todos les seguía hablando de
política, de construcción de poder, les leía a Lenin,
a Platón, a Sartre, a Perón. Discutía también con
Perón. Se enojaba fuerte porque no había sacado a
López Rega de su lado antes de morir. Pero seguía
apostando futuro de la Patria. Estaba convencido de
que llegaría el día, la hora de los que menos tienen.
Se murió en democracia, en el 86 o en el 87. Antes,
asistió a la presentación de libro de la joven
periodista, acompañado por un no tan joven peronista,
que lo ayudaba a caminar. Al despedirse, el Viejo
César le dijo a la periodista: “las mejores cosas se
hacen desde la inconciencia; la inconciencia es lo
único que mantiene viva la llama”.
“Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón de intentarlo. Y ganaremos cada vez que un joven sepa que no todo se compra, ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo.”
Envar El Kadri
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