[R-P] [redial_s_bolivar] La ideología le cede espacios al pragmatismo: China y Vietnam
Patricia H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Ene 1 14:03:50 MST 2007
LA IDEOLOGIA LE CEDE ESPACIOS AL PRAGMATISMO: CHINA Y
VIETNAM
por, Federico Picado
Será posible mantener la orientación fundamental hacia
el socialismo, en dos economías en pleno desarrollo,
China y Vietnam, en medio de la aplicación de medidas
correctivas, que tienden a disminuir la participación
del estado y ampliar la participación del sector
privado internacional y generar condiciones para que
pueda emerger un sector privado nacional, creando
nuevas condiciones de gestión global de la economía. .
Solo el tiempo lo dirá. Una disminución de la
presencia del estado nacional en la planificación y
gestión de la economía y un incremento de los factores
de la libre economía pueden disparar a la sociedad
china y vietnamita por otros derroteros, dejando de
lado las luchas de liberación que asumieron los
pueblos de ambas naciones en diferentes etapas del
siglo pasado, en contra de la dominación extranjera.
Las economías de China y Vietnam han crecido a ritmos
importantes en los últimos años, cada cual en sus
circunstancias internas y externas. Su ingreso a la
economía capitalista mundial los hizo participes, de
diferente manera, de la crisis del sudeste asiático y
la condición de autonomía política conquistada en
diferentes épocas, uno como producto de la revolución
de 1949 y otro como producto de la guerra de
liberación que concluyó en 1975, se transformó a
partir de la década de los años 80, en una
dependencia de factores externas que condicionó las
alternativas de decisión de los factores a gobernantes
en ambos países. Ya a fines de los años 90 el proceso
de globalización de la economía mundial presiona
fuertemente hacia una resolución terminante de la
relación dialéctica entre una economía capitalista que
nace y una economía socialista que languidece, en las
condiciones de partidos únicos que parece están en
proceso de arriar las banderas, en forma definitiva,
que impulsaron en los inicios de importantes procesos
de transformación política y económica en ruta hacia
el socialismo.
CHINA -PANORAMA DE SU ECONOMÍA-
Las reformas económicas puestas en ejecución a partir
de 1976 por Deng Xiao Ping que permitió introducir en
forma paulatina la libertad de precios, aumento de la
competencia y apertura económica colocan a la China
contemporánea como una superpotencia en la economía
global del planeta. Los acuerdos logrados con los
Estados Unidos han ampliado el intercambio comercial a
condiciones jamás previstas, mediante la reducción de
aranceles y el levantamiento de restricciones para las
inversiones de ese origen en el mercado interno,
atraída por su gran potencial de ventas y consumo.
La economía China, en el período comprendido entre
1980-1995 creció en un promedio superior al 9%, debido
a políticas de inversión, tanto de origen extranjero
como nacional, y al final de ese período el volumen de
sus exportaciones anuales llegaba al orden de us$
300.000 millones. China en la actualidad ha cambiado
el mapa de la economía internacional al situarse como
la sexta economía del planeta y de mantenerse las
tendencias de crecimiento podrá superar en el mediano
a largo plazo, a los Estados Unidos. La importancia de
su presencia en el comercio internacional está
creciendo en términos nunca antes vistos para una
economía nacional. Mientras que el volumen del
intercambio comercial internacional de países como
India, Brasil y Estados Unidos es equivalente a algo
más del 25% del PIB en términos particulares, en China
llega en la actualidad al 50%. No obstante ser una
economía controlada por el Estado, con todas las
limitaciones que esto genera, el país ha logrado
capacidades de administración y gestión que le
permiten convertirse en un ágil asimilador de procesos
tecnológicos y productivos de otros países, logrando
constituirse a inicios del presente siglo en el mayor
receptor de inversión extranjera directa (IED),
desplazando a los Estados Unidos.
En términos globales China aparenta ser una economía
desarrollada sobre la base de un gran desarrollo
industrial. El sector manufacturero representa algo
más del 30% de la economía, cuando el promedio mundial
para los países en desarrollo fluctúa entre el 20 al
25%. Las tasas de inversión y ahorro se acercan al
40% del PIB, mientras que las economías
latinoamericanas no alcanzan el 20%. El sistema
financiero chino maneja volúmenes de crédito
equivalentes al 120% del PIB, lo que representa en
comparación con los países latinoamericanos, cinco o
seis veces más. No obstante, en muchos aspectos
particulares, China se asemeja a los países en
desarrollo. Un ingreso per-cápita anual por debajo de
los $ 1.000 la deja a la zaga de la mayoría de los
países latinoamericanos, pero en términos de los
niveles de desigualdad la distribución de los ingresos
no anda lejos del promedio latinoamericano.
El motor del crecimiento chino en la actualidad se
fundamenta en la permanente reestructura de la
economía, en su capacidad para atraer inversión
extranjera de tipo industrial y en el estímulo de las
capacidades nacionales para promover proyectos de
inversión privada nacional, por lo que estos dos
sectores se constituyen en los factores dinámicos de
la economía. El ajuste de la economía china, que
incluyó la privatización y/o liquidación de decenas de
miles de empresas estatales, está generando el
desplazamiento de grandes volúmenes de mano de obra,
proveniente tanto de las zonas rurales como de las
empresas estatales en proceso de modernización, por lo
que los sectores dinámicos, por sus ritmos de
crecimiento, se convierten en una fuente de
asimilación. Se estima que en diversos sectores
ineficientes de la economía china hay alrededor de 160
millones de trabajadores excedentes y que en el
mediano plazo la población de las zonas rurales podrá
verse reducida en 300 millones de personas.
La migración de inmensas masas de habitantes de las
zonas rurales, atraídas por el desarrollo acelerado de
proyectos de inversión en las zonas costeras, está
generando el mayor proceso de urbanización nunca antes
visto en la historia moderna. En los últimos 20 años,
en medio del proceso de reforma económica, más de 200
millones de habitantes de las zonas rurales han dejado
de serlo, para convertirse en residentes urbanos y
para los próximos años una carga superior, tendrán que
ser asimilados por nuevos asentamientos humanos y
ciudades en proceso de expansión.
La estrategia de expansión urbana fue múltiple,
ampliar las grandes ciudades, desarrollar las medianas
y pequeñas y crear ciudades nuevas. Sin embargo a
pesar de todos los esfuerzos, los volúmenes de
inversión no fueron suficientes para crear nuevos
espacios para los emigrantes y en los últimos años han
aparecido los síntomas clásicos de la urbanización
enferma, presente en las grandes ciudades de América
Latina, aunque no en los extremos de miseria y
hacinación.
La expansión de las áreas urbanas y el nacimiento de
nuevas ciudades a disminuido la tierra útil y a esta
tendencia se une el crecimiento de la planta
industrial que obliga a la ejecución de colosales
inversiones en el crecimiento de la infraestructura
vial y ferroviaria, para la movilización y transporte
masivo de mercancías y personas. En los últimos 16
años se han construido más de 41.000 km de autopistas
y los próximos cinco años se tienen proyectadas
inversiones en el orden de 24.000 km. Sumados en su
conjunto el proceso de expansión le ha restado a la
superficie del país alrededor de 6,6 millones de
hectáreas y más de 30 millones de campesinos han sido
desalojados. La mejoría indudable en la calidad de
vida y el grado de independencia de la población
china ha estado acompañada de un marcado deterioro del
medio ambiente, causado por la acelerada
industrialización de las regiones costeras.
La actual etapa de crecimiento de China puede explotar
por varias vías. Con solo el 6% de la tierra
cultivable del mundo, la economía china da de comer al
22% de la población mundial. La relación de tierra
cultivable per-cápita es sensiblemente baja, en algo
menos que la media mundial, ocho veces menos que en
Estados Unidos y la mitad de la India. Una crisis de
población contra tierra cultivable que ha impulsado
la urbanización de tierra útil por los efectos de la
expansión de las capacidades de la planta industrial,
puede generar una crisis de insostenibilidad, que se
manifiesta en las zonas rurales y desde las zonas
rurales, poniendo en aprietos a todo el sistema
económico. Agreguemos a esta situación el problema de
las demandas energéticas crecientes que se expresan en
toda su crudeza, en el crecimiento del sector
industrial y productivo, y además que, cada
habitante urbano consume en promedio tres veces y
media más energía que el habitante de las zonas
rurales.
El acelerado crecimiento de la economía china permite
destinar alrededor del 20% del PIB en inversiones para
favorecer las empresas estatales que se destacan por
su ineficiencia y que se constituyen en un lastre de
la economía, en las condiciones de una economía de
mercado. Dichas empresas consumen el mayor volumen
del crédito disponible y el sistema financiero público
los conceden al margen de consideraciones de riesgo,
pero que el rápido crecimiento de la masa circulante
lo permite, en virtud de que los depósitos bancarios
están creciendo a un promedio anual del 15%.
Antes del inicio del período de reformas en la
economía del país en 1978, el comercio exterior
chino se condujo siempre dentro de los marcos de un
sistema estatal, en el cual unas pocas empresas
extranjeras mantenían un monopolio sobre el
intercambio comercial. En estas condiciones las
importaciones se redujeron en volúmenes importantes y
las exportaciones autorizadas llegaban a un límite que
les permitiera asumir el pago de las compras en el
exterior. Al contrario, en las últimas dos décadas
del siglo pasado y lo que corre del presente siglo, el
comercio exterior chino ha experimentado un notable
crecimiento y expansión, a tal punto que su
participación en el comercio mundial ha logrado
elevarse al 3% y según proyecciones de fuentes serias
se estima que para 2020, China estará ocupando el
segundo lugar en el volumen del intercambio comercial
a nivel mundial.
No obstante las metas alcanzadas por China en términos
de su desarrollo económico, las reformas desarrolladas
en los 20 años tienen profundos agujeros negros, que
en los últimos tiempos han aumentado de tamaño y
profundidad. En el área de la educación, que debe
ser una responsabilidad inmediata y básica del
gobierno, se evidencian enormes deficiencias, en
particular en la enseñanza pública. La enseñanza
privada ha crecido aunque manteniéndose a niveles
bajos, en el caso de la pública resulta evidente la
ausencia de inversiones que impulsan su deterioro
general, especialmente en las rurales del país. En
términos de gasto en educación, el gobierno central y
los gobiernos provinciales asumen el 2% y el 11%
respectivamente de los gastos totales y el porcentaje
restante debe ser asumido por los gobiernos locales.
En teoría la enseñanza es gratuita durante nueve años,
pero en vista de las insuficiencias presupuestarias,
los gastos fijos por concepto de servicios públicos,
además del transporte, debe ser asumido por los grupos
familiares, lo que se constituye en una causa de
ausentismo, sobre todo en las áreas rurales, por los
bajos niveles de ingresos. Resulta evidente que China
se encuentra lejos de invertir en educación el 6% del
PIB, como lo recomiendan los organismos
internacionales.
El sistema de salud resulta ser otro profundo agujero
negro en la realidad de China, pues las diferencias
entre las zonas urbanas y rurales son en extremo
importantes, así como las diferencias entre colectivos
de asalariados, pues la calidad de los servicios de
salud depende de cual sea el régimen público o
privado, que cubre las empresas. El volumen de las
inversiones públicas no llega a consolidar la calidad
de los servicios y las demandas de crecimiento y
cobertura. Resulta alarmante que algo menos del 20%
de la población total del país tiene asegurada la
asistencia en salud y según estadísticas responsables
la población urbana total está cubierta en el 50% y la
cobertura en las zonas rurales no alcanza el 20%.
El mundo laboral constituye otro agujero negro de la
realidad china. El desempleo, la precariedad, la
desregulación y la falta de seguridad son términos de
uso corriente. El desempleo sigue aumentando, aunque
las cifras varían según la fuente, la causa y la
región del país. El problema está ligado en su mayor
expresión al proceso de reconversión de empresas
estatales y sector público, que acumulan un
considerable excedente de mano de obra y funcionarios,
cuya adaptación a las condiciones vigentes y en
evolución del sistema económico debe realizarse en
forma paulatina, con la finalidad de evitar un nivel
de descontento social, que no pueda ser manejado
oportunamente por las autoridades de gobierno. Los
indicadores de desempleo, sobre todo en las provincias
norteñas donde el peso del sector estatal es
importante, ronda el 20%. En términos particulares el
volumen del desempleo urbano anda en los 24 millones
de personas a los que se agregan una cifra superior a
los 75 millones procedentes de las zonas rurales, que
logran sostenerse en términos de ingresos limitados en
trabajos esporádicos y de temporal en las grandes
ciudades. Los subsidios por desempleo son
insuficientes en su cuantía y los mecanismos de
reciclaje profesional caminan a marcha forzada, pero
el cambio del modelo económico anda en forma lenta.
Por otra parte, no obstante que la legislación laboral
establece que las relaciones entre empleador y
empleado deben expresarse en un contrato de trabajo,
solo disponen de esta condición dos de cada 10
trabajadores chinos que laboran en el sector privado.
Esta situación puede afectar, según cifras
extraoficiales, el 60% de los 150 millones de
emigrantes rurales que buscan empleo en las emergentes
urbes del litoral chino.
Un reflejo de la delicada situación social que vive
China, como consecuencia de las políticas de reforma
implantadas está relacionado con el incremento
exponencial de las desigualdades en términos de
ingreso, según un informe de diciembre del 2005
presentado por el Programa de Desarrollo de la ONU, y
elaborado con participación china. Mientras que La
renta per cápita en las ciudades ha ascendido a 1.049
euros, con un crecimiento medio anual del 9,6%, en las
zonas rurales la media solo habría alcanzado los 325
euros, con un incremento medio anual del 6,2%. Debe
tomarse en cuenta que en China no existen mecanismos
de ajuste de ingresos.
En un informe hecho público por la CIOSL antes de la
reunión ministerial de la OMC de Hong Kong, en
diciembre del 2005, se denuncia que el ritmo de
aumento de las desigualdades en China es de los más
veloces del mundo y que su tendencia a la exclusión
social no tiene precedentes. Además del desempleo y la
sobreexplotación de la mano de obra, se advierte que
la lucha contra la pobreza, que se libró exitosamente
a comienzos de los años 80, a partir de los 90 se ha
estancado, corriendo el riesgo de agravarse con la
integración más profunda en la OMC .
En resumen, las reformas son un éxito, pero tiene
ganadores y perdedores, en los términos y condiciones
de una sociedad socialista de mercado.
El ingreso de China a los mecanismos del desarrollo
capitalista provoca una serie de cambios en la
ubicación de los actores sociales y su comportamiento.
El pasar de un sistema de economía centralizada a
economía abierta y de libre mercado genera
consecuencias de diferentes características. Hacen
presencia en otros fenómenos, la migración de
población rural a las ciudades, el hostigamiento de la
tradicional moral confuciana nacional por una
jerarquía individual de valores occidentes
desconocidos en la cultura nacional, el previsible
recambio de las garantías estatales permanentes por el
enfrentamiento solitario a las crisis cíclicas de la
economía mundial, el choque entre los patrones
colectivo de conducta social y las desigualdades que
genera el crecimiento capitalista. Aparecen nuevas
contradicciones y enfrentamientos hasta ahora
inexistentes en una sociedad hasta ahora sin clases,
entre el avance económico y el retroceso social, entre
el crecimiento del PIB a niveles nunca vistos y
soñados y el crecimiento del desempleo, en los marcos
de la diversidad social y una supuesta uniformidad
política.
Sumemos también, como factores de enfrentamiento en el
terreno político, la contradicción entre tradición y
reforma, entre legitimidad y eficiencia, entre
legalidad y desarrollo, entre democracia por descubrir
y democracia en el socialismo, entre derechos civiles
y derechos políticos, integridad territorial y
regionalización de la economía, entre unidad nacional
y reivindicaciones nacionales, en fin, entre un tipo
de estado que nació bajo la sombro e influjo de un
proceso de liberación política y una nación con nuevos
intereses y perspectivas, en donde privan los
objetivos del desarrollo.
No obstante que el gobierno chino parece conservar el
rumbo de los acontecimientos, al final de cuentas
debemos esperar cual es la reacción que se pueda
acumular entre aquellos sectores sociales que han
pasado de tener una perspectiva asegurada como
consecuencia de un estado de economía planificada a la
inseguridad propia de la competencia capitalista, dado
que la presión que se pueda manifestar por diferentes
vías, puede ser el ariete que encabece, que propicie y
estimule, la síntesis global del sistema de
contradicciones que se han venido acumulando en el
seno de la sociedad china.
VIETNAM -PANORAMA DE SU ECONOMIA-
Vietnam, no obstante que recuperó su independencia en
1945, tuvo que esperar 30 años, luchando por defender
su soberanía nacional y rescatar el sur en 1975, de
manos de la ocupación extranjera. Las consecuencia
derivadas de una guerra de liberación nacional, que se
libró tanto en el norte como en el sur del país fueron
desastrosas y al final del conflicto, que terminó con
las negociaciones de paz y la salida del ejército de
los Estados Unidos, único sostén del régimen títere de
Saigón, el país se encontraba en ruinas.
Arrancando con un nivel de desarrollo muy bajo,
derivados de la guerra de agresión en el norte y la
ocupación del sur, teniendo un estado nacional
enfrentado a todas las limitaciones posibles, la
dirigencia política de Vietnam tuvo que asumir las
responsabilidades de reconstrucción del país y
encauzarlo por las vías del desarrollo socialista.
Una nación aislada del mundo internacional, confinada
en el oeste asiático y dependiendo de la ayuda
material, colaboración económica y técnica de China y
la URSS, se encaminó hacia una severa crisis de
carácter estructural que puso en juicio el sistema
político y sus derivaciones económicas, que le
impedían desarrollar todo el potencial de desarrollo
del país.
En 1986 la inflación alcanzaba el 400% y el Producto
Interno Bruto (PIB) descendía a extremos alarmantes y
el volumen de la producción nacional no alcanzaba a
satisfacer por lo menos las necesidades internas.
A principios de los años 80, esfuerzos limitados de
ajuste de la economía, especialmente en las zonas
rurales del país, se implantaron como respuesta a
iniciativas de los campesinos de desarrollar proyectos
de cultivo de alimentos básicos, al margen del sistema
de planificación central. La producción agrícola se
elevó y los suministros de alimentos aumentaron.
Estos resultados pusieron en evidencia problemas en
las regulaciones estatales vigentes sobre precios,
mercados y propiedad de la tierra, que obligaron a las
autoridades de gobierno a introducir reformas en forma
gradual, que dio origen a las políticas de ajuste de
la economía, que comenzaron a implantarse a partir de
la segunda mitad de la década. Según la opinión de
una fuente competente, "Las reformas macroeconómicas
prepararon las condiciones económicas y psicológicas
para las reformas económicas que condujeron a los
mecanismos de mercado". Y según la misma fuente, "una
vez que el gobierno adoptó oficialmente la política
-doi moi- de reformas de todo el sistema de la
economía, el proceso de implantación no continuó
siendo ni gradual ni sistemático." Una especie de
"terapia de choque" fue necesaria para crear los
mecanismos de mercado básicos.
Frente a esta situación de deterioro de la economía
por la que transitaba el país, a finales de 1986 el
Partido Comunista de Vietnam tomó medidas
extraordinarias con la intención de revertir el
comportamiento declinante, por medio de la
implantación de reformas urgentes, que incluyeron la
liberalización del comercio, los precios, medidas
monetarias ajustando los tipos de cambio, la apertura
a la inversión extranjera y eliminar restricciones con
la intención de generar un sector privado nacional.
La línea de la renovación adoptada por las autoridades
políticas del país, conocida como Doi Moi, cuyos
contenidos principales fue la reactivación económica,
la simplificación de los mecanismos y procedimientos
burocráticos, la eliminación de la política de
subvenciones, la renovación de mecanismos de gestión,
y el desarrollo de una economía multisectorial bajo
control del estado nacional y con orientación
socialista, en sus contenidos fundamentales, con vista
a impulsar la renovación de la economía para acelerar
la industrialización y modernización del país.
En los primeros años del plan quinquenal 1986-1990,
no obstante que los viejos mecanismos de gestión de
la economía no habían desaparecido y los nuevos
estaban en proceso de implantación, la política de
renovación logró resultados alentadores aunque
modestos. En 1988, no obstante las medidas
extraordinarias adoptadas para la reactivación del
sector agrícola y agro-industrial, el país tuvo que
importar 450.000 toneladas en alimentos diversos, pero
al año siguiente logró exportar y colocar en el
mercado internacional 1 millón de toneladas de arroz y
ya para 1990, se convirtió en el tercer exportador
mundial del grano. Otras áreas de la actividad
económica como la producción de energía eléctrica,
acero, cemento y petróleo crudo, lograron resultados
alentadores en términos de crecimiento. En el
quinquenio 1986-1990 el intercambio comercial tuvo un
crecimiento anual del orden del 28% y los niveles de
inflación fueron abatidos, del 400% en 1986 al 67% en
1990.
La recuperación de la economía y los signos positivos
que evidenciaba tuvo un gran significado de carácter
político, pues el proceso de tránsito que estaba
encarando el país, se desarrolló en la antesala de la
crisis general que se estaba gestando en la Unión
Soviética y el resto de países socialista del este
europeo. En estas circunstancias el comercio exterior
de Vietnam cayó en forma abrupta pues el intercambio
comercial en 1991 solo alcanzó un 15% en comparación
con el año anterior, 1990. No obstante estos
resultados negativos, los factores positivos que se
pudieron expresar fue que el proceso de renovación
comenzaba a dar sus expresiones positivas y las
unidades económicas iban generando destrezas en la
aplicación de los nuevos de los nuevos mecanismos de
gestión en las empresas y proyectos industriales.
Los cambios radicales que se dieron en la gestión
global del país en el quinquenio 1991-1995, abrieron
los espacios adecuados para la aparición de diversas
áreas de desarrollo de la actividad productiva, y
pasar de una economía centralizada, a una de mercado.
La organización de las nuevas relaciones de propiedad
y producción hizo posible la aparición de diversos
sectores. Un sector de actividad del estado, un
sector estatal con una clara visión capitalista, un
sector de economía privada y un sector de actividad
productiva bajo principios cooperativos, formaron una
amalgama de intereses, en donde la actividad economica
no estatal ocupó alrededor del 60% del PIB. En el
quinquenio 1991-1995 se entregó a los sectores
económicos el derecho de uso de la tierra y la
exportación e importación. El sector de economía
estatal continuó recibiendo atención especial, como
punta de lanza de todo el sistema, jugando un papel
importante sobre todo, en la asignación de recursos
de inversión.
En el período 1991-1995 las repercusiones del ajuste
fueron extraordinarias pues los índices de crecimiento
sobrepasaron las expectativas gubernamentales,
alcanzando niveles del 8,8% y las cifras oficiales
ponían los niveles de inflación en el orden del 14%.
Los cortes de gastos fijos del gobierno central han
puesto bajo control el déficit presupuestario que se
arrastraba de periodos anteriores y el crecimiento de
las exportaciones ha reducido el déficit comercial.
La producción agrícola, especialmente de productos
para la dieta básica, logró un crecimiento continuo y
sostenido. La producción industrial de todos los
sectores fue adaptándose a los nuevos mecanismos de
gestión, logrando un aumento promedio anual del 13,5%.
En términos generales la producción nacional comenzó a
generar acumulación que le permitía atender alrededor
del 90% de las demandas anuales de financiamiento. En
el período 1991-1995 fueron aprobados y puestos en
ejecución, alrededor de 1.400 proyectos financiados
mediante inversión extranjera directa con un valor
registrado superior a los us$ 20.000 millones,
alcanzándose en el período aumentos anuales del orden
del 50% y el crecimiento anual de las exportaciones
alcanzó el 27% en promedio, triplicando el PIB.
Responsables vietnamitas del proceso de reforma de la
economía durante el período 1991-1995 indicaban que,
"la economía está todavía en una etapa de transición.
Los problemas siguen siendo agudos pues muchos
mecanismos de la economía de mercado no están
presentes todavía". Indicaban también que "Vietnam
carece de código civil, código comercial, una ley de
competencia, ley de protección al consumidor y leyes
que gobiernen a las empresas estatales, cooperativas y
mercados públicos. La banca y las finanzas públicas
necesitan reformas y se deben establecer mercados de
capital."
Durante el período 1991-1995 las tendencias
inflacionarias fueron controladas y estabilizadas,
gracias al crecimiento de la producción, a la creación
de mayores facilidades para la circulación de
mercancías y a las experiencias de años anteriores, en
la lucha contra la inflación. Los precios de
mercancías y servicios se estabilizaron gradualmente
pasando el crecimiento anual de 6,75% en 1991 al 4,5%
en 1995.
De igual manera, durante el período indicado logró
establecer relaciones políticas y de intercambio
comercial, con los mayores centros económicos y
políticos del mundo. Durante 1995 Vietnam se convirtió
en miembro pleno de la Asociación de los Estados del
Sudeste Asiático (ASEAN), firmó con la Unión Europea
un acuerdo marco de colaboración en diversas áreas
vitales y normalizó las relaciones diplomáticas con
los Estados Unidos. Hasta finales de 1996, Vietnam
tenía relaciones económicas y comerciales con más de
120 países y el intercambio comercial alcanzó un alto
crecimiento con un promedio anual de más de 20%.
En junio de 1996, en el marco del proceso de
profundización e intensificación de las reformas
económicas y consolidación de la política de apertura
de la economía, el VIII Congreso del Partido
Comunista de Vietnam planteó como metas para el año
2020, hacer de la nación vietnamita "un país
industrial, con bases materiales y técnicas modernas,
estructuras económicas adecuadas, relaciones de
producción avanzadas y conformes al desarrollo de las
fuerzas productivas, alto nivel de vida material y
espiritual, defensa y seguridad fortalecidas, pueblo
próspero, país poderoso, suciedad justa y civilizada".
En período 1996-2000 la economía de Vietnam siguió su
marcha ascendente, no obstante períodos de crisis por
factores externos que tuvo que sortear. Hacia 1997
mantuvo ritmos positivos logrando un crecimiento
anual del PIB superior al 9%, por encima del promedio
del período precedente 1991-1995. El capital de
inversión para el desarrollo creció rápidamente,
alcanzando los us$ 15.000 millones, equivalentes al
35% de las metas del quinquenio 1996-2000,
provenientes el 51% de fuentes internas y el resto de
origen externo.
A partir de 1997, debido al impacto negativo de la
crisis financiera y monetaria que se hizo presente en
la región y a desastres naturales, la economía del
país se vio sometida a dificultades. El ritmo de
crecimiento del PIB sufrió una importante contracción
pues su producto bruto pasó del 9.34% en 1996, al
4.80% en 1999. La disminución del crecimiento se
reflejó en todas las ramas de la actividad económica
del país, especialmente en los sectores industrial,
los servicios y la agricultura y la inversión
extranjera se contrajo. No obstante se presentaron
algunos signos alentadores que se reflejaron en el
crecimiento del turismo y por otro lado, la pobreza
se disminuyó notablemente, pues solamente en 1999,
alrededor de 400.000 familias se liberaron de los
niveles de pobreza y 1,2 millones de puestos de
trabajo fueron creados.
En el 2001, el IX Congreso del Partido Comunista de
Vietnam aprobó la Estrategia de Desarrollo
Económico-Social 2001-2010 y las Orientaciones y
Tareas del Plan Quinquenal 2001-2005, destinadas en lo
fundamental a acelerar el crecimiento económico y la
calidad del desarrollo social del país. Los cinco
contenidos principales de la estrategia fueron los
siguientes:
1. El desarrollo rápido, eficiente y sostenible.
El crecimiento económico paralelo con el progreso y la
igual sociales y la protección del medio ambiente.
2. El desarrollo económico como tarea central,
creando la base para un país industrial.
3. El impulso de la renovación, la liberación y
el despliegue de todas las fuerzas productivas.
4. El fortalecimiento de la economía
independiente y soberana ligado a la activa
integración internacional.
5. La estrecha combinación entre el desarrollo
económico-social y la defensa y seguridad del país.
Gracias a las acciones correctivas del gobierno,
Vietnam logró detener las tendencias negativas que se
manifestaron durante el quinquenio 1996-2000, logrando
recuperar los ritmos de crecimiento. El PIB del 2001
fue de 6.89% y en 2003 alcanzó el 7.2%, reportándose
incrementos importantes en la actividad industrial
superiores al 10% anual y limitados en la actividad
agrícola que pasó del 3% en el 2001 a 4,5% en el
2003.
No obstante la recuperación de la actividad económica
en el quinquenio 2001-2005, la política de reformas no
es el remedio para todos los problemas de Vietnam. La
política del "doi moi" ha ayudado a resolver muchos
problemas pero también ha contribuido a crear otros de
especial importancia, que atentan en contra de los
resultados positivos de la gestión global del país.
El consumo de drogas, la prostitución y las
actividades delictivas han aumentado, así como en
forma significativa el abismo entre ricos y pobres. La
comercialización de la educación y la atención médica,
-al mejor estilo de los países sometidos a procesos de
liberalización de la economía-, está creando un
sistema de dos niveles. Los servicios han mejorado
para las personas que tienen capacidad de pago y han
perdido calidad para quienes no pueden hacerlo.
Según la opinión de autoridades económicas de
gobierno "los cambios en la sociedad han hecho que
algunas personas se conviertan en ganadores, mientras
que otros han ido a engrosar las filas de los
perdedores y la desigualdad en los ingresos está
comenzando a ser objeto de preocupación pública". La
contradicción entre los que forjaron el pasado y los
que construyen el presente, entre los perdedores y
ganadores, puede ser que defina el futuro de Vietnam.
"Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos' Roque Dalton García
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