[R-P] Spilimbergo nunca fue un "consigliere"
INFOR-MET
rmermet en yahoo.com.ar
Mie Feb 21 10:46:09 MST 2007
Ignoro si la largisima y medulosa reflexion personal
de Nestor, ( copio al pie), lleva implícita algun
mensaje a alguien en particular, al que no se nombra
pero al que se alude, notoriamente sin nombrarlo. O
por el contrario, la preside un afan reflexivo de tipo
genérico.
Si es el primer caso, seria bueno, se aclarase. Si es
el segundo, tambien.
En todo caso, esta BIEN claro en mi envio, (para el
que lea sin mala leche), que lo que YO, contrapuse, y
destaque fue que Spili "dejo de escribir,
especificamente, libros o trabajos de tipo
"doctrinarios", priorizando en ese plano particular,
la formación oral de los cuadros militantes.
Y lo sostengo.
Eso, que yo sepa, constituye un trabajo militante de
primer orden.
Por lo demas, no me hago cargo de las reflexiones
laterales que tal afirmacion, le sucite a nadie.
Respecto a si conocimos al mismo Spilimbergo, Nestor y
yo, creo que si.
Al que yo conocí, al menos, le hincharía soberanamente
las pelotas que ocupemos nuestro tiempo y que se
utilice este foro interno -creado para la discusion de
documentos estartegicos o tacticos, tales como el
posicionamienbto de PyP frente a las triple A o el
debate sobre el tema electoral- para buscarle un pelo
que no tiene a un huevo que no hay.
Rolando.
Rolo
Respuesta a:"Re: [patriaypueblo] Bolivia y el Mar"
Enviado por:INFOR-MET
Con fecha:20 Feb 2007, a las 0:15
> Spili repetia hasta el cansancio, cuando
> todos le reclamabamos que escribiera mas, y el
decia:
> "yo ya escribí todo lo que hacia falta". "Ahora que
> escriban otros", etc, etc, y preferia dedicar su
> tiempo, a orientar y formar cuadros militantes.
No hemos vivido al mismo Spilimbergo.
Spili jamás prefirió "orientar y formar cuadros";
mientras tuvo aire
se lo pasó militando activamente, tomando decisiones,
dando
instrucciones, ejecutando directivas con una humildad
que más de uno
con menos méritos debería aprender, interviniendo en
todos los
niveles de la actividad, y poniendo su vida entera al
servicio de la
causa que abrazó. La característica más saliente de su
personalidad
era que usaba todo el peso de su prestigio para lograr
que la gente
militara, y en sus evaluaciones políticas concretas de
la actividad
partidaria su primer punto de partida era saber qué
estaba aportando
prácticamente tal o cual compañero.
Lo hacía con pleno derecho. No había para él tareas
menores. Recuerdo
todavía cómo ponía todo su prestigio -que era el de un
gigante a
nivel nacional y que podía haber usado solamente para
promocionarse a
sí mismo y sacar ventaja personal (tenedencia tan
extendida en la
política argentina y, lamentablemente, en muchos
ámbitos de la
Izquierda Nacional)- al servicio de "pequeñas"
batallas de desarrollo
partidario local. Para él no eran nada pequeñas,
porque siempre fue
fiel a la idea de hendir el océano con quilla propia y
la colocó en
el centro mismo de sus preocupaciones. Por ejemplo,
cuando fulminó a
Raúl B. y su apoyatura, un pequeño ladronzuelo que la
iba de
militante político en la organización social del
Centro Jauretche:
"Aquí no somos una familia, somos un ejército en
marcha. Familia es
la mafia y nuestras organizaciones jamás serán
familias". En esos
términos libró personalmente la batalla final contra
el ladronzuelo,
ante cuya impavidez (que no solo parece ser
característica de un
lúmpen recién sumado sino enfermedad bastante
extendida) agregó
"Usted tiene todas las virtudes del perro, salvo la
lealtad".
¿Y porqué hacía esas tareas tan sucias? Para
"aconsejar"? No. Lo
hacía como un deber militante, para salvar una
organización, para que
otros pudieran luego recoger los restos de algo que
había nacido mal
orientado y era necesario reordenar. Prefería poner
toda su autoridad
como pararrayos para que el odio de algunos no
recayera sobre los
compañeros que luego tendrían que ordenar el desastre.
Lejos de apoltronarse entonces en la "orientación y
formación de
cuadros militantes", Spilimbergo se creía siempre el
más militante de
los cuadros. Odiaba que le dijeran "maestro", y exigía
siempre que se
lo llamara "compañero". Recién muy sobre el fin de su
vida dejó de
insistir en participar de las pintadas y pegatinas. No
solo no
prefería aconsejar, sino que por el contrario se metía
hasta en los
detalles más ínfimos de la organización interna de
organizaciones
sociales vinculadas a Patria y Pueblo, intentando
meter mano en ellas
y no precisamente asesorando. Y no siempre acertaba,
pero cuando se
le hacía notar que se había equivocado desplegaba eso
que cualquier
militante debe saber tener: la más absoluta ausencia
de soberbia,
basada en que la crítica de un compañero siempre es
más confiable que
la sonrisa de uno de afuera.
Entre esas actividades que Spilimbergo asumió hasta el
último día se
contaba _también_ la orientación y formación de
militantes. Pero,
contra lo que muchos -yo el primero- hubiéramos
deseado, no hizo de
esa actividad el centro de su vida política. De hecho,
falleció al
regresar de un viaje político al NOA que fue la causa
eficiente del
infarto que terminó poniendo punto final a su vida.
En otro orden, y en relación a la problemática actual
de Patria y
Pueblo, donde no falta quien sugiere la conveniencia
de una
organización 'movimientista' donde cada uno haga lo
que mejor se le
pinte sin reconocer organicidad alguna, Spilimbergo
dio batalla hasta
el final por la construcción de un partido político
orgánico (sonreía
al citar a Lorenzo Miguel: "Yo respeto los cuerpos
orgánicos", pero
era una sonrisa cómplice y no despreciativa). En ese
partido que él
lucho por construir y quien suscribe sigue
pretendiendo sostener se
tenían que discutir fraternal y abiertamente, en los
ámbitos
orgánicos, sin primadonismos ni pretensiones
injustificadas de "hacer
lo que uno quiere", los puntos de vista disímiles, se
tenían que
acordar acciones y actuar en forma colectiva (es
decir, no se debía
actuar en quintitas ni por arrebatos individuales que
no se consultan
con nadie). Era un partido -y si la Izquierda Nacional
tiene algún
futuro en la Argentina, pasa por construir un partido
así- donde -
como le escuché decir siempre- "se viene a dar, no a
pedir". Y "se
viene a expresar puntos de vista, no a callar".
Parte de esa batalla, hasta su último aliento, fue la
defensa de
banderas históricas que otros no querían -ni quieren,
hoy- levantar y
sostener. Banderas que le costaron el ninguneo y que
seguirán siendo
su marca de honor frente a todos los claudicantes.
Nunca fue un mero "consejero" de cuadros. No, al
menos, el
Spilimbergo que yo llegué a conocer ¿Tanto me habré
equivocado?
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