[R-P] De "La España que conquistó el Nuevo Mundo" (segundo envío )

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Feb 19 15:22:03 MST 2007


De: Rodolfo Puiggrós. LA ESPAÑA QUE CONQUISTO AL NUEVO MUNDO.
La coalición de las casas de Castilla y Habsburgo

La sagrada institución del matrimonio se metamorfoseó entonces en 
categoría casi metafísica de incalculables alcances históricos. En el 
tránsito de la monarquía hereditaria feudal a la monarquía 
hereditaria absoluta cobró mayor relieve político que antes el 
matrimonio de las testas coronadas. Pobres infelices alienados desde 
la cuna a su condición real, los príncipes estaban condenados a 
reproducir su frecuente imbecilidad en sucesivos entronques que, por 
lo común, agregaban a las taras congénitas las provenientes de la 
consanguinidad.
Si bien en tiempos pretéritos varios príncipes españoles se unieron a 
sus congéneres extranjeros, ninguno de esos matrimonios tuvo la 
trascendencia de los que contrajeron a fines del siglo XV e 
influyeron decididamente en el sesgo que tomaba la lucha entre la 
nobleza y la burguesía. Elegir para los miembros de la realeza 
maridos o mujeres exclusivamente dentro de las casas reinantes en 
Europa, despreciando a la nobleza de la que habían surgido los 
monarcas de cada país, implicaba ya un absolutismo que podía tornarse 
favorable a los intereses de la burguesía o ser el puntal conservador 
de la misma nobleza, según la relación de fuerzas creada por la lucha 
de clases.
De este modo se explica el cambio que trajo a España el matrimonio de 
la heredera de los Reyes Católicos con el heredero de los tronos de 
Austria y Borgoña.
Fernando e Isabel tuvieron un hijo y cuatro hijas. El hijo, Juan, se 
casó con Margarita, hija del emperador Maximiliano y hermana de 
Felipe el Hermoso, y murió poco después. Felipe el Hermoso, casado 
con Juana la Loca, hija de los monarcas españoles, recibió de su 
madre, Catalina de Borgoña, los Países Bajos, además de ser el 
heredero de Maximiliano de Austria. El doble entronque de la casa de 
Austria con la corona de Castilla y Aragón marcó una tendencia 
política hacia la organización de la monarquía absoluta europea.
No era la primera vez que eso sucedía. En el siglo XIII, Alfonso X el 
Sabio, rey de Castilla y descendiente de los duques de Suabia, fue 
propuesto por la-República de Pisa para ocupar el trono vacante del 
imperio austroalemán que le correspondía por derecho hereditario. Al 
cabo de dieciocho años de gestiones e intrigas, durante los cuales 
Alfonso añadió a sus títulos el de emperador electo y gastó enormes 
sumas de dinero en la compra de los príncipes alemanes para que lo 
votaran en contra del príncipe inglés Ricardo de Cornualles, el Papa 
vetó su candidatura y lo obligó a retirarla so pena de excomunión. 
Por indicación del pontífice romano, interesado en que no se 
organizara un poder fuerte en Europa, se designó emperador de 
Alemania a Rodolfo de Habsburgo (1273), antepasado directo de Felipe 
el Hermoso. El ambicioso sueño de Alfonso el Sabio se materializaría 
dos siglos y medio después en Carlos V, vástago de las casas de 
Castilla y Habsburgo, rey de España y las Indias y emperador de 
Alemania.
Con el enlace de Juana y Felipe se preparó una formidable coalición 
dinástica, base de operaciones de la reacción europea, que empuñaría 
las banderas de la Contrarreforma y del exterminio del menor brote de 
poder popular. Vencer a Francia e Inglaterra y aniquilar las 
insurrecciones internas (comuneros españoles, campesinos alemanes) 
serían los objetivos de tal coalición una vez en marcha.
Los grandes de Castilla coronan a un Habsburgo
Al morir Isabel (1504), los grandes señores castellanos creyeron que 
había llegado el momento de recuperar las rentas, mercedes y tierras 
que usufructuaban en otros tiempos y que los Reyes Católicos 
reintegraron al patrimonio estatal. Antes tenían que sacar del medio 
a Fernando de Aragón, regente del trono de Castilla y continuador de 
una política absolutista que siempre resistieron.
Con tal propósito alentaron las pretensiones del habsburgo Felipe, a 
la vez que inhabilitaron a Juana, la heredera directa, declarándola 
loca.
Mucho se ha escrito acerca de la demencia de la hija de los Reyes 
Católicos. Sus partidarios acusaban a los grandes señores castellanos 
de haberla secuestrado para evitar que reinara. Hubo varias 
tentativas de rescatarla del encierro y los comuneros se proponían 
coronarla. Sin entrar en el problema psicológico, motivo de 
discrepancias entre los autores, nos limitaremos a recordar que Juana 
rehusó el juramento de las cortes por considerar que era indigna de 
reinar en Castilla la mujer de un extranjero, condición que no 
provocó escrúpulos en su marido para aceptar la corona.
Felipe murió a los dos meses. Su corto reinado anunció lo que sería 
diez años después el comienzo del de su hijo Carlos: los rapaces 
consejeros flamencos y borgoñeses que lo acompañaban y los rencorosos 
señores castellanos que lo introdujeron se arrojaron como langostas 
sobre los bienes del Estado español. El autor del Segundo viaje de 
Felipe el Hermoso a España en 15061 nos ha dejado un vívido relato, 
del saqueo consumado por los señores de los Países Bajos durante esos 
dos meses y en las horas posteriores al fallecimiento del Habsburgo; 
huyeron a sus patrias con cuanto hallaron a mano, desde joyas y 
tapices hasta pieles y ropas.
La desaparición de Felipe salvó a España de la disolución nacional, 
pero su suegro, al retornar el gobierno como regente de Castilla en 
nombre de Juana, no pudo vencer la confabulación de los grandes 
señores con poderosos intereses extranjeros.
Hasta el fin de sus días se opuso a declarar heredero a su nieto 
Carlos, nacido en Gante y educado fuera de España, cifrando sus 
esperanzas en su nieto Fernando, nacido y educado a su lado, 
preferencia compartida por el pueblo español, incluido el de 
Castilla, al punto que en cuanto se anunció la muerte de Felipe los 
vecinos de Valladolid asaltaron el castillo de Simancas y se llevaron 
al infante Fernando con el propósito de protegerlo del secuestro 
planeado por la nobleza.
El rey católico testó en 1512 a favor de su hija Juana y, aunque por 
derecho de progenitura le correspondía a Carlos la regencia por 
incapacidad de su madre, el abuelo hizo todo lo posible para que la 
desempeñara su tocayo, tratando de que su nieto mayor postergara sine 
die el viaje al país que desconocía. No faltan testimonios, como el 
del almirante Fadrique Enríquez a la junta de Tordesillas en octubre 
de 1520', que aseguran que el aragonés nombró en su lecho de muerte 
heredero a Fernando y no a Carlos, pero otras opiniones se inclinan a 
creer que a último momento, bajo no identificadas influencias, 
traspasó el trono de Castilla y Aragón al de Gante.3
La resistencia de Fernando el Católico a entregar España al nieto 
instrumentado por los grandes de Castilla y sus socios extranjeros se 
unía a su reivindicación de los derechos del reino aragonés-catalán 
al dominio del Nuevo Mundo. Después de morir Isabel, declaraba su 
cónyuge al Capítulo General de la orden franciscana:

"haber sido yo la principal causa que aquellas islas se hayan 
descubierto e pueblen".

En el acta de concordia firmada en Burgos el 8 de mayo de 1512 entre 
él, como rey de Aragón, su hija Juana, como reina de Castilla, y los 
obispos de América, dejó claramente establecido que cada uno de los 
dos monarcas actuaban

"por la mitad que respectiva le pertenece de las Islas Indias y 
tierra firme del mar océano, por vigor de las Bulas apostólicas a sus 
reales Majestades, por el papa Alejandro VI de felice recordación 
concedidas (...)

Y su mencionado testamento dice al enumerar los dominios de la corona 
aragonesa-catalana:

"(...) la parte a Nos perteneciente en las Indias del Mar Océano".

El florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527), apologista del Estado 
nacional centralizado, juzgaba al rey católico un modelo de monarca. 
Tenía razón desde su punto de vista. El aragonés luchó doce años por 
evitar que el trono español cayera en manos extranjeras. Sus errores, 
vicios e intrigas cuentan poco comparados con su resuelta defensa de 
la soberanía de su patria. Fue el último rey de la línea genealógica 
de los godos introducida en España doce siglos antes. Su cínica 
astucia -como el rey de Francia lo acusara de haberlo engañado dos 
veces le respondió: Miente, lo engañé tres veces- no le sirvió para 
cerrar paso a la casa de Austria. Desde su muerte la legalidad del 
poder, siempre postergada, descansa potencialmente en el pueblo 
español que aguarda su hora a través de los fogonazos de sus 
revoluciones sin aceptar nunca la derrota.
Los grandes señores de Castilla se propusieron coronar a Carlos, o al 
emperador de Austria, o al rey de Portugal, o al de Navarra, o al 
príncipe extranjero que garantizara sus privilegios económicos y su 
preeminencia política. Hubo agrias discusiones en la corte borgoñesa 
del primero acerca del problema de la sucesión: los aragoneses 
defendieron los derechos del infante Fernando -derechos no legales 
según el concepto dinástico, pero amparados por la voluntad popular- 
y los castellanos impusieron, por último, al hijo mayor de Felipe el 
Hermoso, aquel muchacho de Gante a quien su abuelo Maximiliano 
inculcara desde la infancia el lema de la familia: Austria erit in 
orbit ultima (El universo obedecerá a Austria).
España gobernada por extranjeros
Desaparecidos Fernando de Aragón y el cardenal Cisneros, los dos 
mayores obstáculos al desenfreno de la nobleza, Carlos de Gante entró 
no muy triunfalmente en los reinos de sus abuelos maternos, 
acompañado de mil cuatrocientos soldados y dos mil marineros 
alemanes, ponderable respaldo militar que el precavido Maximiliano de 
Austria puso a su disposición para resguardarlo del descontento del 
pueblo español. El Habsburgo sería desde entonces Carlos 1 de España 
y el dueño de América a poco más de diez años de su descubrimiento.
Rodeado de los mismos consejeros flamencos y borgoñeses que saquearon 
a Castilla durante el breve reinado de su padre, manejado por ellos 
como títere, aclamado por los grandes señores y sostenido 
financieramente por los banqueros Fugger y Welsen de Augsburgo, el 
joven monarca, que a duras penas se hacía entender en español y tenía 
costumbres y modales extranjeros, se encontró en un medio hostil a su 
persona. Ricardo Pace, enviado de Enrique VIII de Inglaterra, 
declaraba: "Carlos es sencillamente un idiota'. No faltarían después 
historiadores que descubrirían hasta en su característico belfo 
baboso pruebas de inteligencia.
En largas y escabrosas jornadas se dirigió el recién llegado al 
castillo de Tordesillas donde estaba enclaustrada su madre. Más que 
el amor filial lo movían razones de alta política. Así lo patentiza 
el relato de Lorenzo Vital, su ayuda de cámara.5 Antes de producirse 
el frío y triste encuentro, el señor de Chièvres, ayo borgoñés de 
Carlos, cumplió la tarea de convencer a la desdichada Juana de que 
consintiera en apartarse definitivamente del trono. Vital dice que 
ella actuó como la razón lo quiere y enseña, pues Dios y el mundo 
quedaron satisfechos con el traspaso de la soberanía maquinado a 
muchas leguas de España.
Acto seguido el flamante monarca nombró respectivamente gran 
canciller de Castilla y arzobispo de Toledo a dos miembros de su 
cortejo flamenco-borgoñés. Eran los cargos más importantes del Estado 
y hasta poco tiempo antes los había ocupado el cardenal Cisneros. Al 
principio los consejeros reales, seguramente con el acuerdo del 
emperador Maximiliano, ofrecieron esas funciones al filósofo Erasmo 
de Rotterdam, pero éste prefirió seguir cobrando de Carlos su pensión 
vitalicia de consejero ala distancia y ejercer una influencia 
ideológica que pronto alarmaría a los esbirros de la Santa 
Inquisición.6 De todos modos la frustrada elección del rotterdanense 
señala una linea política inicial no muy ortodoxa en materia de fe y 
una tendencia a independizar al Estado español del trono romano.

1 En Anónimo: Viajes de extranjeros por España y Portugal, t. I, ps. 
583-584.
2 V. Dávila: Memorial Histórico Español, vol. XXXVI, p. 337.
3 Galíndez Carvajal, XVIII, p. 344. Roger Bigelow Merriman: Carlos V 
el emperador y el impe-rio español en el Viejo y el Nuevo Mando, P. 
19.
4 Letters and Papers, Foreign and Domestic of the Reign of Henry 
VIII, U, núm. 3,248.
5 Lorenzo Vital, ps. 699-700.
6 V Marcel Bataillon, l, ps. 94-95.


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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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