[R-P] De "La España que conquistó el Nuevo Mundo" (tercera entrega)

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Feb 19 15:22:01 MST 2007


De: Rodolfo Puiggrós. LA ESPAÑA QUE CONQUISTO AL NUEVO MUNDO.

[Con este apartado se demuestra que existía, en la España que 
sometieron los Austria, otra corriente de patriotismo que la supuesta 
de la gran nobleza castellana. Este patriotismo, que sí se movía en 
el sentido de la historia, fue aplastado. Ambos se expresaban en 
forma de fe religiosa, pero mientras que una buscaba someter España a 
una fe medievalista, la otra buscaba el apoyo de la fe para abrir 
paso a una España burguesa y moderna.]

Resistencias de las ciudades

La respuesta del pueblo fue instantánea. En Castilla, Aragón, 
Cataluña, Valencia, en toda España cundió la rebelión. Los 
procuradores de las ciudades entregaron a Carlos ochenta y ocho 
peticiones, de las cuales extractamos las más significativas 7 

- Que se reconociese a Juana señora de estos reinos. Así se explica 
el apresuramiento del Habsburgo en obtener la renuncia de su madre al 
trono y el interés de la nobleza en mantenerla secuestrada.
- Que no saliera de España el infante Fernando. "Desgraciada de ti, 
Castilla, si aguantas que el infante Fernando sea llevado fuera (...) 
Maldición. Maldición. A ti, reino de Castilla, que permites y sufres 
que tus hijos, amigos y vecinos, sean diariamente matados y 
asesinados por extranjeros, sin hacer justicia de ellos (...) Cierto, 
Castilla, que eres cobarde y desgraciada, cuando sufres, por 
sobornos, engaños y astucias, que la segunda persona (Fernando) que 
en ti ha sido alimentada y educada, sea separada de tu país, con gran 
pena de los villanos y de todo el pueblo, para llegar a ser rey de 
los dos países ( ...) Porque así lo quieren, no forzado, deben en 
breve ir a Aragón, allí donde, de todas estas cosas y de otros 
atropellos, esperamos vernos vengados (...) Aunque sepa que somos tan 
cobardes y desgraciados de sufrir estas cosas, conocemos también a 
los aragoneses, tan virtuosos, francos y enteros, que no consentirían 
tales insolencias sin castigarlas:' Estas leyendas aparecieron 
colgadas, de los portales de las iglesias de Valladolid.8 El infante 
Fernando se erigió en símbolo de una monarquía absoluta sobre bases 
nacionales como continuador de la línea genealógica de los godos. Los 
nobles consiguieron, finalmente, sacarlo de España y ponerlo en el 
gobierno de los Países Bajos, de tal modo que el español reinaría 
sobre los flamencos y el flamenco sobre los españoles. 
Que no se dieran cargos ni prebendas a los extranjeros. 
Que no se enajenase el patrimonio estatal. 
Que se respetaran los derechos de las ciudades. 
Que no se exportasen metales ni equinos. Los cortesanos flamencos y 
borgoñeses extrajeron de España en pocas semanas y sin pagar derechos 
aduaneros centenares de acémilas cargadas de incalculables riquezas, 
productos de los más descarados robos y saqueos.
Que no se llevase moneda de España. Solamente para los gastos de la 
coronación imperial de Carlos en Alemania salieron por Barcelona y 
Coruña 2.400 millones. 
Que el rey aprendiera a hablar castellano.

Esta última petición encerraba una cruel ironía. Los españoles 
difundían el idioma de Castilla por el Nuevo Mundo para gloria de un 
rey que lo ignoraba.
No obstante las enconadas resistencias populares, los grandes señores 
y los consejeros extranjeros no vacilaron en saquear a España. La 
corrupción se extendió a todas las funciones públicas; las rentas y 
bienes estatales se repartieron entre los paniaguados de Carlos. 
Mientras España se lanzaba al asalto de América, aves de rapiña de 
media Europa se lanzaban al asalto de España. Los flamencos y 
borgoñeses vendían los empleos y cedían en arriendo las rentas del 
Estado español a los propios españoles, a la vez que ordenaban 
allanamientos de casas y ocupación de templos con cualquier pretexto 
para quedarse con los frutos del despojo. Actuaban convencidos de que 
pronto se les acabaría la ganga. El canciller borgoñés Juan de 
Sauvage ganó en dos meses medio millón de ducados; trajo de Flandes 
decretos, firmados por Carlos antes de ser coronado, que le concedían 
el tráfico de esclavos negros de África a América. Y el cardenal 
Wolsey, canciller de Enrique VIII de Inglaterra, y aspirante a Papa, 
envío a la península a Thomas Spinelly en procura de una rica 
prebenda episcopal.9
Verdadero rey, el alter rex se lo llamaba, era el borgoñés Chiévres, 
ayo y consejero íntimo de Carlos. Ya lo vimos obtener de Juana la 
renuncia al trono a favor de su hijo. Gobernaba a España, sentado a 
la derecha del Habsburgo y aislándolo de toda influencia peligrosa 
para los intereses que representaba.
Carlos tuvo que aceptar, si bien pro formula y sin intención de 
cumplirlas, las ochenta y ocho proposiciones de las ciudades. Logró 
con ese acto de suprema hipocresía que las cortes castellanas 
reunidas en Valladolid (1518) le juraran fidelidad y evitó que se 
desencadenara la guerra civil. El procurador de la ciudad de Burgos, 
Juan Zumel, le planteó claramente que si Juana recobraba la lucidez, 
él debía abandonar el trono y entregárselo a ella, lo que equivalía a 
tratarlo de usurpador e intruso, tolerado por la fuerza  10
Mayor fue el desaire que sufrió de las cortes aragonesas, reunidas en 
Zaragoza poco tiempo después. Allí los procuradores de las ciudades 
defendieron los derechos de Juana y del infante Fernando, y aunque al 
fin juraron fidelidad a regañadientes y con múltiples reservas, no se 
pudo evitar que las gentes del pueblo apedrearan a los grandes de 
Castilla.
En las cortes catalanas, abiertas en Barcelona en octubre del mismo 
año, tanto la nobleza y el clero como el tercer estado se negaron, al 
principio, a prestar fidelidad a Carlos mientras viviese su madre, 
pero en última instancia transaron, no sin obligar a la mayoría de 
los consejeros flamencos a abandonar al rey y huir a los Países 
Bajos.
7 Sandoval, P. 25.
8 Lorenzo Vital, ps. 751-752. Roger Bigelow Merriman, p. 25.
9 Letters and Pappers, II, núm. 3,605. Prólogo de Juan Antonio 
Llorente a Colección de las obras del Venerable obispo de Chiapa, don 
Bartolomé de las Casas, II, p. 21
10 Alonso de Santa Cruz, I, p.167 y sigts.


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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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