[R-P] Enrique Lacolla El vaciamiento del cine
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Mie Feb 14 14:00:45 MST 2007
Desayuno leyendo La Voz, me gustó el artículo y me metí a un ciber
pa`compartirlo...saludos. José
Testigos del siglo
El vaciamiento del cine
El momento cinematográfico en el mundo parece caracterizarse por una crisis
de contenidos, apenas disimulada por el brillo técnico.
Enrique Lacolla
Periodista
En vísperas del otorgamiento de los premios Oscar y ampliando la panorámica
sobre el cine que efectuáramos en un reciente artículo que versó sobre el
filme norteamericano, es imposible no preguntarse por qué este es hoy el más
visto, el más comentado y el que mayormente irradia sus contenidos (o la
falta de ellos) por el mundo. Desde luego la respuesta pasará en primer
lugar por el dato de su formidable respaldo económico y logístico,
expresivo, por otra parte, de la preeminencia que Estados Unidos tiene en el
escenario mundial.
Pero esa contestación, con ser correcta, no resulta del todo satisfactoria.
En efecto, esa superioridad material de Hollywood y del espacio televisivo
incorporado al centro del sistema-mundo y que, de hecho, es parte
constituyente y esencial del este, no dejaba de existir en otro tiempo.
Aunque de forma más atemperada, el dominio de Hollywood en los mercados era
indiscutible.
Ese dominio, sin embargo, se veía contrastado de modo implícito por una
producción europea de calidad, que entroncaba con una tradición cultural muy
fuerte y que proponía sin cesar formas artísticas que aunaban el estilo
innovador con discursos narrativos que transmitían contenidos profundos. El
cine norteamericano ocupaba una posición dominante en el mercado, por
supuesto, tanto por su peso industrial como por la indudable calidad de
buena parte de su producción, tan cautivadora en todo lo referido a la
dinámica de la acción y, eventualmente, de la denuncia social; pero su
presencia no era exclusiva; había otros protagonistas atractivos y capaces
de reflexionar de muy distinta y original manera en torno de los problemas.
Eso daba al cine un aire, un respiro, una amplitud de horizontes y una
profundidad que hoy se echan de menos.
Si bien es verdad que no llegan aquí filmes de muchas partes del mundo y
solemos tener que circunscribir nuestra visión al ámbito europeo y
estadounidense, por los comentarios que suscita lo que se ve en los
festivales internacionales no parece existir nada, en ninguna parte, que se
equipare a la profusión de talentos y de miras originales que signaron el
desarrollo del cine al menos hasta los años de 1970.
¿Donde están los muchachos de entonces?
Esto resulta particularmente doloroso respecto a Europa. Y a Japón. ¿Donde
están los herederos de esa formidable floración de realizadores que siguió a
la guerra? Durante casi tres décadas en el escenario cinematográfico del
Viejo Mundo se codearon figuras que dieron al filme el carácter no sólo de
arte cumplido, cosa que le era reconocida desde mucho antes, sino de
instrumento de indagación psicológica y social de absoluta madurez, nutrido
de cultura literaria y animado, como siempre lo había estado, de una
capacidad de búsqueda formal que lo tornaba en un lienzo variopinto, en una
herramienta polivalente, capaz de moverse dentro de los temas y las
situaciones más diversas, encontrando las fórmulas que mejor se adecuaban
para describirlos y que eran aptas además para recrearse a sí mismas y a sus
asuntos a través de estilos personales e intransferibles.
Caramba, de 1945 a 1975, aproximadamente, se amontonaron los realizadores
del neorrealismo, que eran una legión y entre los cuales se contaban quienes
se sucederían a sí mismos, proyectándose poco después a una etapa creativa
más compleja; estaban también la nueva ola francesa, los jóvenes iracundos
del cine británico, las cinematografías del Este –de Polonia,
Checoslovaquia, Hungría y la misma Unión Soviética–; estaba Ingmar Bergman,
que se constituía en el referente casi solitario de un cine sueco al que
henchía sin embargo de un valor supremo, y se producía asimismo una singular
floración de artistas en España, que prometía una continuidad que, por
desgracia, después se fue diluyendo. Cuando desapareció el régimen de
Franco, en efecto, desapareció la constricción que comprimía esos talentos,
obligándolos a destilar elipsis que implicaban refinamientos expresivos que
luego, arribadas las facilidades de la democracia, se banalizaron y
diluyeron en el aire, junto a la energía de sus promotores.
Rossellini, De Sica, Antonioni, Visconti, Fellini, Truffaut, Godard, Lindsay
Anderson, Andrezj Wajda, Bergman, Víctor Erice, Carlos Saura, Akira
Kurosawa, Kenji Mizoguchi y muchos más, conformaban una constelación de
realizadores provistos de universo propio y capaces de elaborar una visión
del mundo que, por muy desgarrada que fuese, era coherente y estaba provista
de cierta responsabilidad ética. Eso ya no está.
A la pregunta inicial que nos formulábamos acerca de cuáles son las razones
del exclusivo predominio que actualmente ejerce el cine norteamericano, se
la puede contestar, entonces, diciendo que esa supremacía se debe no sólo al
poderío económico y al imperialismo del Imperio, sino también, y quizá
fundamentalmente, a la extinción de una vena crítica y creativa que existía
en otras partes y de la que hoy apenas queda el recuerdo.
En transición. Como ocurre en todo fenómeno que supone una decadencia, estos
rasgos no tienen por qué ser definitivos y tal vez no están sino anunciando
la necesidad de nuevos estilos y de otras miradas. Es preciso sin embargo
puntualizar su existencia. No se puede salir de una situación de atasco si
no se la experimenta como tal y se tantean las opciones para superarla.
Ahora bien, es difícil no poner el retroceso del filme actual tras la
floración que tuvo en el pasado, en relación con dos factores: uno, la
pérdida de una visión o concepción unificadora del mundo; otro, la
degradación de la sensibilidad del público como consecuencia de la
preponderancia de una cultura mediática que aúna la aculturación con el
encantamiento de una parafernalia técnica que tiende a resbalar sobre la
superficie de las cosas.
La crisis de la religión, al menos en Occidente, y el naufragio del
marxismo, deslegitimado por el hundimiento del "socialismo real", crearon un
vacío que las fuerzas predominantes del mercado se han apresurado a ocupar,
mientras sólo se perfila, como opositor a éstas, un fundamentalismo
religioso y político ajeno a la especulación racional y, en consecuencia,
irreductible a las premisas que gobernaron el progreso en los últimos
siglos.
Todo esto ha creado un desconcierto en el que pueden proliferar con mayor
facilidad las formas revertidas sobre sí mismas y que hacen de la
instantaneidad de la sensación pánica su único mensaje.
Esto contribuye a fomentar el desconcierto de los potenciales realizadores y
facilita su absorción por el sistema.
El cine norteamericano, tan afecto al movimiento y proclive a la relación de
"hechos y máquinas", como dice Steven Spielberg, encaja bien en este
panorama. Y el mundo entero se acomoda a él, en parte por imposición, en
parte por resignación y en parte por comodidad y gusto.
El cine europeo que antes, con menos películas pero con mayor peso
conceptual, equilibraba el fiel de la balanza, se ha convertido en un
imitador del cine norteamericano o sólo sorprende con productos menores,
cultivados en la onda light de la transgresión humorística –como en las
películas de Almodóvar–, también pensadas para complacer la convención
dictada por Hollywood y a las que se añade tan sólo un poco de pimienta
europea.
Lo que decimos no implica una mera nostalgia. El pasado no vuelve. Lo que
implica es más bien la necesidad de tomar conciencia respecto de lo que está
ocurriendo, como preámbulo a la generación de un cine surgido desde nosotros
mismos, que recupere viejas experiencias y las integre con las vivencias del
presente. Si Europa y Estados Unidos aparecen fijados en una constatación
pasmada de la realidad, tal vez es desde los países de la periferia de dónde
habrá de salir una mirada nueva sobre el mundo.
Mientras tanto, disfrutemos de la fiesta del Oscar y aprendamos a
distinguir, entre la ola de la producción convencional, a las chispas de
originalidad que puede haber en ellas. O a los perfiles críticos que se
abren paso e, invirtiendo el dicho, usan la convención vigente para roerla
por dentro y verter un discurso nuevo en odres viejos.
_________________________________________________________________
Las mejores tiendas, los precios mas bajos, entregas en todo el mundo,
YupiMSN Compras: http://latam.msn.com/compras/
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular