[R-P] Tte. Cnel. Philippeaux: Hay una esperanza, que el pueblo se organice
Fernando Lavayén
fernando.lavayen en gmail.com
Mie Feb 14 11:17:22 MST 2007
Impresionante relato del Tte. Cnel. Dn. Adolfo César Philippeaux, su
descripción del 16 de junio, de la caída de Perón, de la gesta de Valle y de
algunos sucesos de los 70 dan para reflexionar.
Fernando L.
Gentileza de Eduardo Lualdi
Hay una esperanza, que el pueblo se organice
por Adolfo C: Philippeaux
Era cadete en el último año en el Colegio Militar, cuando se produjo
el 17 de octubre. Recuerdo que ese año de 1945, fue un año
complicado. Varias veces a los cadetes nos alistaron para marchar
sobre la Capital Federal. Se recordará que fue una época en que se
sucedieron distintas crisis, golpes, etc. Mi Jefe en aquel entonces
era el Coronel Oscar R. Silva quien me nombró oficial de orden. Si
bien, por mi condición de cadete yo no tuve participación directa en
la realización del 17 de octubre, si recuerdo que en nuestros días
de franco, los cadetes podíamos ver las manifestaciones populares
que se realizaban y comprobar que crecía una corriente nacionalista,
que estaba en contra del imperialismo, que se definía como ni yanqui
ni marxista, peronistas (lo que Perón llamaría la tercera posición)
y cuya consigna principal era la que tiene validez en la actualidad
¡¡Braden o Perón!! El 17 de octubre fue una manifestación pacífica,
pero de una fuerza tan poderosa que consiguió la libertad del
Coronel Perón detenido en Martín García. Quien tuvo una
participación muy destacada en aquellas jornadas, fue la esposa del
General Perón, Eva Duarte (Evita como le decíamos nosotros). Siempre
pensé que eso de "Evita Capitana" era acertado, por su carácter, su
dinámica y su fortaleza, parecía un capitán del Ejército. Tiempo
después la conocí personalmente cuando pasé a integrar el Regimiento
Escolta del General Perón y con un teniente amigo, íbamos a llevarle
las cosas que ella entregaba al pueblo cuando trabajaba en la
Fundación Eva Perón. En 1945 me recibí en el Colegio Militar -egresé
con la primer nota en aptitudes militares- y me dan por destino Paso
de los Libres. En febrero de 1946 gana la fórmula Perón-Quijano.
Para aquellas elecciones me mandaron a controlarlas a la capital de
Corrientes y de ahí a La Salada, un lugar al norte de la laguna
Iberá. En La Salada pude observar cómo eran las elecciones en esos
pueblos pobres y perdidos. Los patrones traían en "manada" a los
peones, la mayoría analfabetos, y los capataces los querían hacer
votar a todos juntos, un verdadero fraude. El paisano no podía votar
a quien quería sino que tenía que hacerlo por quien le ordenaba el
capataz. Si bien Perón ganó la presidencia en aquellas elecciones,
en Corrientes perdió, entiendo que sobre la base de ese método
fraudulento. Corrientes era muy pobre y todavía no había llegado
allí ninguna de las nuevas disposiciones sobre los derechos
laborales que había impulsado Perón. De Corrientes me destinaron al
Regimiento de Infantería en Palermo. Estuve unos cuatro meses. Junto
con el Teniente Galeano, que había sido cadete conmigo en el Colegio
Militar, nos destinaron al Regimiento Motorizado Buenos Aires, un
regimiento escolta de combate de la presidencia de la Nación. Este
regimiento tuvo su asiento primero en Palermo y luego en Ciudadela.
Este dato es muy importante para mí porque, cuando estuve preso en
Magdalena como hubo denuncias de que se estaba preparando mi fuga
-podía ser sentenciado a muerte o, si zafaba del pelotón de
fusilamiento, a prisión perpetua-me trasladaron al Comando del
Primer Cuerpo de Ejército. Un oficial, creo que era el Coronel
Huergo, creyó que lo mejor para evitar mi fuga era sacarme de
Magdalena y enviarme preso al Regimiento de Artillería en Ciudadela.
El Coronel Huergo creía que como yo era oficial de Infantería tenía
más amistad con oficiales de mi arma, que con los suboficiales y
oficiales de Artillería destinados en Ciudadela. Pero lo que él no
sabía era que, cuando se crea el regimiento, yo había estado en
Ciudadela y hecho amistad con
muchos camaradas del arma de Artillería. Por esa época yo era un
oficial soltero que prácticamente vivía en el Regimiento. Todas esas
amistades en Ciudadela al final serían las que facilitaría mi fuga.
Después tuve por destino el Colegio Militar como oficial instructor
y el 1953, ascendido a Capitán, me piden del Regimiento Motorizado y
voy como Jefe de la Primera Compañía de Asalto. La intentona
golpista de Junio de 1955 En 1954 me pasan como Jefe del
Destacamento del Ministerio de Guerra que dependía de ese mismo
Regimiento. Es en ese destino militar que participé en los combates
del 16 de Junio de 1955 durante los cuales el General Perón se
refugió en mi despacho. El General Perón junto con el General Lucero
y me mandaron llamar el Ministerio. Lucero me preguntó se había
reforzado la guardia (cosa que yo ya había dispuesto junto a la
distribución de tiradores en puestos claves). Lucero entonces le
dijo al General Perón: "Qué le parece mi general si vamos al tercer
piso donde está el Estado Mayor así desde ese lugar seguimos los
acontecimientos." ¡Qué ingenuo era Lucero! Perón me miró y yo con la
cabeza hice un gesto negativo. Perón, que no era ingenuo como
Lucero, me preguntó: "¿Qué pasa Capitán, no le parece buena la
idea?" Yo estaba convencido que si había un lugar en donde no tenía
que ir Perón era al piso donde estaba el Estado Mayor, recordemos
que ahí estaba Imaz, y debo decir que si hay algo que me molestó de
Imaz era que fue un traidor, porque si él hubiese estado del otro
bando, del lado de los gorilas bien, peleaban por lo que creía
justo, pero el traidor siempre es repugnante. Entonces le dije al
General Lucero que en mi
opinión no era seguro ir al tercer piso "porque ahí también está la
traición. En cambio aquí, el General Perón tiene todas las garantías
para su seguridad rodeado de gente leal y de tropa de combate".
Además, cualquier soldado mío, cualquier suboficial bajo mis órdenes
era más garantía para Perón que cualquier General "ingenuo", incluido
Imaz, que podría estar en el Estado Mayor.
Finalmente el General Perón optó por quedarse en mi despacho. El
Ministro Lucero dijo entonces, no se si para darse corte o porque lo
pensaba realmente: "Disponga todas las tropas para combatir a los
insurgentes y si es necesario prepare asalto con bayoneta". ¡Asalto
con bayoneta! La verdad que Lucero no sabía ni de que hablaba. Yo
tenía toda mi tropa en instrucción, nadie podía imaginar un "asalto
con bayoneta" con 20 tipos contra un número de tropas rebeldes diez
o veinte veces mayor, que venían del ministerio de Marina. Por eso
fundí la ametralladora, ¡si no tenía tropa cómo iba a salir a un
combate con bayoneta! Ese 16 de junio fue un desastre, muchos
muertos del pueblo, fue terrible. Nadie podía imaginar que nuestros
propios aviones iban a bombardear a decenas de inocentes como
ocurrió. Recuerdo que la pobre gente miraba llegar los aviones y
aplaudía pensando que era un desfile cuando se desató la matanza. No
tiene ningún justificativo ese ataque contra el pueblo. Incluso si
se lo quiere mirar desde el punto de vista revolucionario, como fue
en cualquier revolución, el ataque se realiza contra las
autoridades, contra la tropa que está para combatir, pero nunca
contra el pobre pueblo desarmado, inerme, desprotegido. Fue una
verdadera canallada. De esa fecha también recuerdo los combates que
se libraron entre el Regimiento de Granaderos a Caballo y las tropas
que venían del ministerio de Marina. Ellos avanzaban hacía la casa
de Gobierno al tiempo que los aviones bombardeaban en repetidas
oleadas pero, por falta de información o por la razón que fuera,
desconocían que Perón ya no estaba en la Casa de Gobierno sino
protegido en donde tenía asiento la tropa que yo dirigía. Cuando
llegó mi tropa de instrucción, reorganicé las posiciones y ordené un
contraataque con objetivo limitado, avanzando unos cien metros, en
medio de un tiroteo infernal. A veces uno tiene algo de suerte que
le permite salvar la vida, porque al estar algo nublado, los aviones
no podían alcanzar la altura necesaria para que las bombas
estallaran. Fueron muchas las bombas, creo que más del 50%, que no
estallaron porque no alcanzaron la altura necesaria. De no ser por
ese hecho fortuito la matanza hubiera sido mucho peor. Los rebeldes
finalmente se rindieron. Yo reorganicé la defensa y dispuse colocar
un cañón antiaéreo en la terraza para hacer cumplir la orden de no
violar el espacio aéreo. Algunos días después, un avión pasó por el
espacio aéreo del Ministerio de guerra y el soldado a cargo de la
antiaérea le tiró con todo lo que tenía. Al rato me llama Lucero al
Estado Mayor. Cuando entré para verlo vi que estaba Perón y varios
Generales y Lucero me pregunta: "¿Qué pasa que están bombardeando?
¿Quién dio la orden de disparar al avión? Me acaba de llamar la
Fuerza Aérea indignada por el ataque..." Y algunos Generales pedían
una sanción para el soldado que había disparado. Entonces, la verdad
que yo estaba indignado de escuchar semejantes estupideces, le
contesté a Lucero: yo sepa mi General hay orden de no violar el
espacio aéreo del Ministerio de Guerra. Usted no me va a decir que
lo correcto es que yo le pregunte a la tripulación del avión si
vienen a matar al General Perón, si están
de paseo o que están haciendo. Si ellos violan el espacio aéreo mi
soldado hizo lo que tenía que hacer y no voy a aceptar que se lo
sancione por cumplir una orden que dimos para proteger la vida del
General Perón." Entonces intervino Perón quien dijo: "El Capitán
estuvo muy bien" y ahí se terminó la discusión. No solo no iba a
permitir que sancionaran a un soldado por cumplir una orden dada por
sus superiores sino que al día siguiente hice hacer una formación de
honor y lo ascendí a cabo, lo que provocó un escándalo en el Estado
Mayor del Ejército, pero en aquella oportunidad Lucero los sacó
corriendo a todos los alcahuetes que fueron con el cuento en mi
contra.
Muchas veces se me ha preguntado por qué Perón no quiso enfrentar a
los golpistas de manera más contundente, considerando que poco
después, en septiembre de ese año, es derrocado. Entiendo que Perón
no quiso un baño de sangre y por eso decidió no enfrentar a los
golpistas como bien podría haber hecho. En verdad todo el pueblo
estaba reclamando armas para luchar. Hay que reconocer que hubo
abuso de muchos dirigentes peronistas que desprestigiaron al
movimiento, pero no venía de Perón. El General no dividía a los
oficiales y suboficiales entre peronistas y antiperonistas, él
trataba a todo el mundo igual, respetaba a todos. La revolución del
9 de Junio de 1956 en La Pampa Después del golpe del 55 se desató
una persecución tremenda contra el pueblo y dentro del Ejército. Se
subvirtió el orden moral, la ética, ya no valían los antecedentes
personales ni el mérito o el esfuerzo individual. Se desató un
revanchismo contra todos nosotros. Hay que agregar que todos esos
que nos perseguían, encarcelaban, etc., no habían llegado al
gobierno por voluntad popular, nadie los había elegido. Se dio lugar
al amiguismo más inmoral, bastaba posar como el gorila más gorila
para acceder a un cargo. Incluso en eso estuvo comprometida gente de
la izquierda que agarraron cargos en el ministerio de Trabajo,
fueron como interventores en la CGT, contradiciendo lo que un hombre
de izquierda debería ser. Se dio un proceso acelerado de
descomposición que estallaría el 9 de junio de 1956. El grupo que
organizó el levantamiento del '56 parecía prudente y sin
revanchismo. Yo estaba en La Pampa y me llamaron a una reunión del
Comando Revolucionario en la que estaba el General Valle. Algunos
querían que yo dirigiese las acciones sobre el Ministerio de Guerra
(teniendo en cuenta mis antecedentes en el 16 de junio del '55) pero
otra gente quería que estuviera a cargo de la sublevación en La
Pampa. Personalmente me inclinaba por lo de La Pampa, donde estaba
en conocimiento de la situación y contaba con gente de confianza.
Finalmente el General Valle también se inclinó por esa opción
diciendo "no vamos a desvestir a un santo para vestir a otro." Al
General Valle lo traté poco, tengo un concepto muy alto de él,
personalmente me ordenó preservar la vida y la integridad de los
hombres de la fuerza cualquiera fuesen sus ideas. Valle actuó así y
a él le costó la vida. Hay que apreciar cómo fue esa revolución,
porque no se robo un peso, no se robó ni un paquete de cigarrillos,
se respetó a todo el mundo, salvo en el momento del asalto en que
hubo que repartir algunos sablazos se trató de no producir víctimas
ni permitir ninguna clase de revancha. El acierto que tuve para
poder cumplir con éxito la sublevación -a parte de haber conspirado
para ello- fue trabajar con mucho cuidado con los grupos de
inteligencia. Mi idea era armar al pueblo peronista. No se puede
hacer una revolución sin armas. Si usted tiene a su favor las
Fuerzas Armadas no va a precisar armar al pueblo, pero si una
revolución se hace con base en el pueblo esta condición es
indispensable. Llevar a un pueblo sin armas a una revolución es
suicida, criminal. Pocas horas antes de la sublevación me acuartelé
en mi pequeño destacamento -tenía poca tropa- y con el armamento que
tenían los Tiros Federales, que dependían en ese momento del
Distrito Militar, comencé a armar al pueblo. Luego del
acuartelamiento y la distribución de armas, a las 21:00 horas de
aquella noche, tomé por asalto la Jefatura de la Policía de la
Provincia e inmediatamente la Casa de Gobierno y el destacamento de
la Policía Federal. Finalmente, con todo el armamento recolectado
amplié el número de paisanos armados. Insisto con este concepto: las
revoluciones se hacen o no se hacen, no se puede hacer una
revolución -como muchos teóricos pretenden-con el pueblo desarmado.
Primero porque la gente no es tonta, si el paisano está desarmado y
sabe que va a perder no solo la vida, no va. Pero dale un fusil al
paisano y va a ver que capacidad tiene cuando puede hacer uso de un
poder especial y logra imponer respeto. No se puede pretender ir a
una revolución con la palabra o con la radio (es cierto que la
difusión es muy importante, pero nunca es lo determinante). Tiene
que estar basada en la acción. Hice lo que palpité el 16 de junio
del año anterior. Conmigo estaba el Comandante General de
Gendarmería Guillermo Solveyra Casares que ocupaba un cargo
importante en Presidencia de la Nación junto a Perón, un amigo
personal que conocía del Chaco. Casares, junto a otros oficiales,
quería que se repartiera inmediatamente armas al pueblo frente a los
hechos del 16 de Junio. Yo no me animé porque debía responder a las
ordenes superiores. En ese momento comprendí lo que podía ocurrir si
efectivamente se armaba al pueblo. El General Perón por el contrario
decidió no autorizar la distribución de armas al pueblo porque podía
producirse un grave derramamiento de sangre. Sin embargo hay que
considerar que la matanza ya había sido cometida con esos cobardes
que bombardearon al pueblo indefenso y desprevenido en Plaza de
Mayo. Por eso cuando me tocó actuar en La Pampa hice todo lo
contrario de cómo se había procedido en 1955. Confiando en el pueblo
y contando a su vez con al confianza de la gente, yo tomé por asalto
personalmente todos los objetivos planificados. Sigo afirmando que
las revoluciones se hacen o no se hacen. Algunos me han criticado
por haber armado al pueblo. Y yo les preguntaba: "¿Y los comandos
civiles? ¿O los gorilas no armaron esos comandos?" Y yo porqué no
iba a armar a los paisanos peronistas. En el único lugar en donde la
revolución triunfó fue en La Pampa, en el resto del país fue un
fracaso. En realidad creo que ese fracaso se debió a que en los
demás lugares no confiaron en el pueblo. Recibí entonces la orden de
dispersarme. Pude haber huido por aire, tenía aviones con que
hacerlo, pero yo lo hice por tierra. Mientras se preparaba el ataque
a Santa Rosa, la Fuerza Aérea bombardeó la radio aunque sin éxito
(ignoró por qué causa), sino hubiésemos sufrido muchas bajas. Yo me
dispersé hacia el norte, hacia San Luis, a la finca de un amigo. Ahí
fui detenido, desde donde me trasladaron a Santa Rosa para ser
juzgado. El "jurado" estaba integrado como por quince tipos del
Ejército, la Aeronáutica y la Marina. ¡Quince tipos y yo el único
preso! La principal acusación que los gorilas hacían en mi contra
era haberme atrevido a armar al pueblo. Quiero rescatar algo que
para mí es muy importante: de esos quince oficiales de las tres
armas que me condenaron a morir fusilado, algunos se la caían las
lágrimas, ninguno me ofendió o insultó. Cuando me dictaron la
condena a muerte, yo estaba firme, creo que ellos estaban más
apesadumbrados que yo. Dos días después vinieron a mi prisión, creo
que ya se había levantado la ley marcial, y un oficial me dijo:
"Mire Capitán el lío que ha hecho. Que verdadero lío..." y enseguida
me preguntó: "¿Que quisiera hacer ahora?". Le dije: "Ver a mis
hijos". Yo tenía dos hijas mujeres y un varón de solo un año de
edad. Entonces el oficial buscó un auto y violando todas las
disposiciones, me llevó a mi casa a ver a mis hijos. Siempre
recuerdo con mucha gratitud ese gesto porque a ese hombre le podía
haber costado la carrera sacarme de la cárcel sin ninguna
autorización, llevarme en un auto sin custodia. Otro asunto fue
cuando nombraron al oficial a cargo del pelotón de fusilamiento.
Creo que fue un tal Monasterio que se negó, después a otro
subteniente de apellido Gay, que también se negó. Muchos años
después este mismo oficial iba a ser asesinado en el copamiento del
cuartel de Azul en la década del '70. Eso es algo que yo nunca pude
entender, cómo era posible que mataran a muchos oficiales patriotas,
muchos peronistas, buenos tipos, que habían estado junto al pueblo.
De Santa Rosa me trasladaron a Magdalena y de Magdalena a los
cuarteles de Ciudadela de donde finalmente me fugué. Recuerdo una
anécdota de aquellos momentos. Había una obrita de teatro que
representaba una obra que se llamaba "El General rajó al amanecer".
Qué mala suerte tuvieron estos artistas que justo la noche de la
revolución los pobres tipos estaban en el teatro dando la obra. Como
a la hora de la sublevación viene un paisano amigo y me dije:
"Capitán, acá andan los gorilas esos dando la obra "El General rajó
al amanecer". Así que me imagino que los vamos a meter preso..." Y
yo le dije que si, que los trajeran y los metieran en el calabozo.
Los fueron a buscar y los metimos presos. Pero me olvidé de los
tipos, yo estaba dirigiendo una sublevación y qué me iba acordar de
esos pobres infelices. Cuando recibo la información de que la
revolución fracasó en todos lados, (voy a decir algo que hasta ahora
nunca había hecho, la revolución fracasó porque no se atrevieron a
armar al pueblo) nos tuvimos que dispersar. Podía haber huido al
extranjero porque tenía aviones, pero me quedé y
marché a pie. Así me fue también cuando me agarraron en San Luis.
Como decía, nosotros nos dispersamos y nos olvidamos que los actores
estaban presos. Cuando las tropas "leales" llegaron, se pensaron que
los tipos del calabozo eran peronistas detenidos, así que la ligaron
de nuevo. Pobres tipos qué cara les salió la obrita de teatro.
Que el pueblo se organice y decida
Con respecto a unas posibles elecciones deben ser convocadas de
buena fe, en la mejor forma posible. Perón pudo hacer muchas cosas
porque antes de ganar las elecciones hubo un 17 de octubre. Ahí el
pueblo ganó las calles, yo recuerdo que en ese entonces en que ya
era soldado, la presión del pueblo era tremenda. ¿Quién paraba eso?
Lo que pasó el 19 y el 20 de diciembre cuando cayó la Alianza,
cuando renunció De la Rúa fue algo similar. Lo que ocurrió es que no
hubo tiempo para poner una conducción. Pero yo creo que fue algo
bueno, ya que a través de una movilización popular y de que el
pueblo exija es que se puede hacer respetar lo que el pueblo quiere.
Si no podemos caer en una elección por acomodo, que corran los que
corren siempre y a esos el pueblo no los quiere. Yo he tomado la
conducta de hablar como un argentino más, no como un peronista,
porque mucha gente, con razón, está indignada con la actual
conducción peronista. Todos los partidos gobernantes han sido
responsables y cómplices de estas barbaridades que se han hecho. Se
habla de este candidato, de aquel otro pero yo me pregunto ¿el
pueblo los querrá? Lo que importa es que el pueblo pueda
organizarse, alinearse y decidir. Si se dan unas elecciones de apuro
van a correr los mismos de siempre que son esos que el pueblo ya no
quiere más. Camino mucho la calle y tengo una fluida relación con
distintas movilizaciones populares y compartimos todos un clamor
para que esto se termine. Creo que hay una esperanza. Fíjese usted
que en las últimas elecciones la gente votó en blanco, se abstuvo,
etc. Eso muestra que hay un estado de rebeldía de la ciudadanía. Y
esto ocurre porque, por ejemplo, cuando con otra gente organizamos
una lista nuestra presentación fue a parar a la jueza Servini de
Cubría y no pudimos presentarla. Como no permiten que el pueblo
promueva una verdadera representación es que se producen estas
movilizaciones, puebladas, piquetes, que yo creo que son positivos.
Estos señores políticos, aprendices de brujo (me hacen acordar a
otro brujo que hubo en el país) deben saber que la justicia los
puede alcanzar. No me refiero a la Justicia que está amañada y sirve
a esos políticos, me refiero a la justicia del pueblo, porque el
pueblo está perdiendo la paciencia. Una justicia que va a alcanzar a
todos estos delincuentes y vende patria. n
Septiembre de 2002,
Publicado en CUADERNOS para el encuentro en una nueva huella
argentina Nº 10
Comisión Nacional de Homenaje
al Tte. Cnel. Dn.
Adolfo César Philippeaux
Capitán de Perón - Soldado del Pueblo
2006, Año del Cincuentenario
de la Revolución del 9 de junio de 1956
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