[R-P] ¡ Con razón Fernández dijo ayer que López aparecerá pronto !

C J Lazor clazor en ciudad.com.ar
Mar Feb 13 09:57:03 MST 2007



UN TESTIGO QUE PONE EN JAQUE AL GOBIERNO- JORGE SCANIO: El último que vio a 
Julio López con vida

Por Christian Sanz

Hace algunas semanas decidí investigar la desaparición de Jorge Julio López, 
luego de haber resuelto con éxito el falso cautiverio de Julio Geréz a horas de 
haber aparecido (1).

En ese marco, consulté a diversas fuentes oficiales y extraoficiales para 
intentar llegar a esclarecer un caso que, al paso de los meses, parecía haber 
quedado en agua de borrajas a pesar del aparente interés de algunos funcionarios 
del Gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires.

Entrevisté entonces a una veintena de personas, la mayoría de las cuales no 
aportó -la mayoría no se animó a hacerlo- datos sustanciales a mi indagación. He 
cruzado datos, chequeado trascendidos y soportado el silencio oficial frente a 
mi requerimiento de entrevista con algunos funcionarios de alto rango.

Finalmente, luego de dejar de lado la información "incontrastable" y descartar 
la "carne podrida", mi artículo pudo ver la luz (2). Allí hice referencia a que 
la desaparición de López se debió a una fallida operación de importantes 
funcionarios de primera y segunda línea que intentaban "boicotear" una de las 
marchas a efectuarse por los autodenominados "Familiares de las Víctimas de la 
Guerrilla" el día 5 de octubre de 2006.

El dato surgió del propio seno del Gobierno, sumado al testimonio de algunos 
investigadores especializados en este tema.

El silencio oficial frente a lo publicado por este periódico fue más que 
elocuente. No hubo una sola desmentida ni intención de brindar la versión 
oficial del asunto por parte del Gobierno, a pesar de mi insistente 
requerimiento. Todo un dato.

Al mismo tiempo, llegó a mis oídos una asombrosa historia que cerraba parte de 
este tema. Allí fui entonces en búsqueda de la noticia.
Un día de campo
A los pocos días de publicar mi artículo sobre la desaparición de Julio López, 
gestioné un encuentro personal con Jorge Scanio, un hombre que asegura haber 
visto al desaparecido albañil a principios de octubre de 2006, es decir, a más 
de diez días de haberse "desvanecido" del planeta Tierra.

El encuentro se dio en una confitería ubicada en la zona norte del conurbano, a 
metros de una conocida estación de tren. Scanio fue impuntual, pero finalmente 
llegó. Su mirada hacia mi persona fue de desconfianza permanente y así perduró 
hasta pasado un buen rato de nuestra charla. Preguntó una y otra vez cuál era mi 
interés en el tema y si yo sería capaz de "no venderme", como sí habían hecho 
otras personas, entre ellas, su abogado.

Scanio es un incansable fumador y eso provocó en mí un inevitable malestar que 
hizo que mi concentración no estuviera en su estado más óptimo. Cuando se le 
acababa un cigarrillo, el testigo encendía otro. Así lo hizo una y otra vez 
durante la entrevista.

Ayudaba a su ansiedad, especulo, el peso de lo que estaba por contarme. Una 
historia imposible, tremenda, que vulnera toda posibilidad de tolerancia humana. 
Fue el momento de tragar saliva y zambullirse, ya no había vuelta atrás.

Scanio me contará una historia que jamás olvidaré. Una trama que fue chequeada 
por mí después de nuestra entrevista y que aún hoy me impresiona.

Todo ha comenzado -según pude saber- a fines del año 2005, cuando un hombre 
llamado Roberto Montenegro hizo un contrato de arrendamiento de un campo 
denominado "San Genaro", ubicado en el Km 135 de la Ruta Nacional Nº 3, en San 
Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. Al momento de visitar el lugar, el 
locatario hizo un exhaustivo examen de todo, incluida la vivienda ubicada dentro 
del campo que estaba por alquilar. Allí pudo observar con enorme sorpresa que en 
el sótano de la vivienda había unos diez calabozos con puertas de chapa, 
"pasaplatos" y cerramientos pasadores. En el mismo lugar, Montenegro vio 
morteros, balas y diferente tipo de armas de fuego.

Partió raudo el hombre, pero volvió al día siguiente para tomar posesión del 
alquilado campo. Pudo ver entonces que había varios patrulleros esperando por 
él. Uno de ellos -sin permitirle decir palabra- lo llevó detenido, acusado de 
"usurpar" el lugar. Consecuentemente se le inició una causa en la Justicia que 
terminó de manera insólita. "Está todo bien, sus papeles están en regla, pero le 
aconsejo que no vuelva a ese lugar. Olvídese del campo", le dijeron en la 
fiscalía de Chascomús a Montenegro.

Así lo hizo, se fue a su casa y masticó la bronca de haber perdido una suculenta 
suma de dinero en un esquivo alquiler. Pasaron los meses, el enojo no se iba y 
pensó en una alternativa que podría calmar su ansiedad: llamaría a su amigo 
Jorge Scanio, gestor él, para que averiguara qué terrible secreto se escondía en 
ese campo que le quitaba el sueño cada noche.

Aceptó Scanio sin dudar y partió raudo el 1º de octubre de 2006 a visitar el 
misterioso lugar. Simuló un desperfecto en su automóvil y bajó a pedir agua con 
una botella vacía, su idea era entablar conversación con alguna persona del 
lugar y poder enterarse de los detalles de ese campo ¿Quién era el dueño? ¿Qué 
actividades se hacían allí? ¿Por qué tanto misterio por parte de Montenegro? 
Eran preguntas que Scanio no podía dejar de hacerse.

Eran las cinco de la tarde y nadie asomaba por el lugar. Mientras, el gestor 
avanzaba, dirigiéndose a la casa que se encontraba dentro del campo y que 
parecía ubicarse a no menos de 200 metros de donde él estaba. Avanzaba y 
pensaba. Pensaba y avanzaba. ¿Qué decir cuando me vean? ¿Creerán a historia del 
auto?

Algo cortó el pensamiento de Scanio. Fue abrupto. La aparición de un grupo de 
personas que salían de la casa a la que él inexorablemente se acercaba. Eran 
dos; no, tres; cuatro ahora. Estaban armados, no había dudas de ello. Mejor 
esconderse, pensó el gestor, mientras se ponía detrás de un árbol.

Y en el medio de ese movimiento, vio lo que no tenía que ver: un hombre mayor, 
custodiado por estos personajes. "¿A quién se parece?", pensó. La respuesta 
llegó inmediatamente a su cabeza, como un rayo paralizante de sus sentidos. "¡Es 
Julio López!", se dijo. No había dudas, la enorme cantidad de carteles sobre la 
desaparición del anciano no dejaban margen para el error.

Allí estaba, pues, López, en medio de cuatro hombres armados con Itakas que lo 
custodiaban. Vestía un jogging negro con un cuellito blanco y sus manos 
temblaban. Mientras lo vigilaban, el viejo se sentó en los escalones de la 
entrada de la casa, apoyando sus manos sobre las rodillas. Era López, ya no 
había dudas.

Veinte o treinta minutos ¿Cuánto tiempo había pasado? No importaba realmente, 
Scanio sólo quería salir de allí como fuera. Esperó a que todos entraran 
nuevamente a la vivienda y se marchó. Necesitaba urgentemente salir de ese 
lugar. No podía esperar para llamar a su amigo Montenegro y contarle todo.
El día después de mañana
"¡Vi al desaparecido Julio López en el campo que me mandaste a investigar!", 
dijo Scanio a Montenegro cuando pudo hablar con él. Le contó todo lo que había 
vivido con la voz temblante y asegurándole que volvería al lugar para indagar 
más sobre el tema. Montenegro le creyó cada palabra ¿Por qué no iba a hacerlo? 
Se conocían hacía bastante tiempo y Scanio jamás le había dicho algo que no 
fuera real.

El 8 de octubre siguiente, el gestor volvió al campo que le provocaba tanta 
curiosidad. No se detuvo esta vez, sólo atinó a pasar con su coche a baja 
velocidad. Esta vez pudo observar que había al menos tres tranqueras de acceso 
al lugar, una de las cuales no dejaba de llamarle la atención porque mostraba 
máquinas de vialidad junto a sus respectivos empleados.

Esos mismos trabajadores abrieron un de las tranqueras para permitir el paso de 
dos Volkswagen Bora color negro, los cuales salían justamente del campo "San 
Genaro". Pasó una vez, dos veces, tres veces. Scanio quería ver más, estaba 
obsesionado con ese lugar. Paró, sacó fotos y partió raudamente hacia su casa.

Hizo unos pocos kilómetros cuando observó que una camioneta se puso detrás de su 
vehículo. Scanio se tiró hacia la banquina, dándole el paso, pero no era eso lo 
que quería el otro conductor.

El gestor fue rozado por el otro vehículo, que avanzó muy lentamente por el 
costado de su automóvil. Cuando estaba a la altura del motor, la camioneta hizo 
una maniobra brusca para encerrarlo, lo cual obligó a Scanio a circular por la 
banquina. El mensaje fue claro y el miedo se apoderó de su persona ¿En qué se 
había metido? Por las dudas tomó los datos de la patente de la camioneta, tal 
vez allí se escondería parte de la trama oculta de lo sucedido con Julio López.

A las pocas horas, supo que la chapa DWR308, que identificaba a la camioneta, 
pertenecía al CUIT 30-54669051-9. Pero ¿a quién pertenecería a su vez ese código 
tributario?

Con el número a cuestas, pidió un informe a la empresa Fidelitas -una especie de 
Veraz- y allí observó con horror que el vehículo pertenecía a la "Contaduría 
General del Ejército". El miedo se apoderaba de su persona de manera elocuente. 
¿Qué hacer frente a esto? Habló con su amigo Montenegro y con integrantes de su 
propia familia y llegó a la conclusión de que debía hacer la denuncia 
correspondiente.

Alguien le dijo que fuera a ver al Procurador General de la Nación y así lo 
hizo. El 10 de octubre siguiente se dirigió a la calle Guido 1577, de la Ciudad 
de Buenos Aires, para contar su verdad. Allí se entrevistó con un funcionario 
que escuchó pacientemente su relato y empezó una historia insólita, imperdible.

Así me lo ha contado el propio Scanio en nuestra entrevista: "Desde la 
procuración llamaron al ministro del Interior, Aníbal Fernández para repetir lo 
que yo había dicho minutos antes. Fernández dijo, preocupado, lo siguiente: 
'este hombre nunca estuvo en la procuración y este llamado no existió. Díganle 
que vaya a su casa que personal de la SIDE lo va a contactar en las próximas 
horas'.
Así lo hice, me fui a mi casa y por la noche me contactaron agentes de la SIDE 
para que les contara todo lo que sabía. Nos encontramos en una estación de 
servicio de la zona de Moreno y les dije todo. Me aseguraron que iban a allanar 
el campo y que verían qué encontraban allí. Me dieron también su número de 
Nextel para que estemos comunicados, prometieron contactarse al día siguiente 
conmigo. Pasaron los días y viendo que no pasaba nada, me contacté yo con el 
Nextel que me dejaron (y que aún conservo). Lo que pasó allí me dejó sin 
palabras".
Muchachos serviciales
"¿Qué pasó muchachos, se olvidaron de mi?", dijo Jorge Scanio a su "servicial" 
interlocutor de Nextel.

"¿Cómo andás? Parece que lo que dijo el muchacho es verdad. Lo de abajo 
también", le respondieron crípticamente. El gestor se dio cuenta en el acto de 
dos cosas: uno, lo estaban confundiendo con alguien más; dos, lo de "abajo" 
parecía sonar a lo de los calabozos de la casa de campo.

A partir de ese momento Scanio empezó a dudar de todo y de todos. Pidió un nuevo 
informe financiero a Fidelitas sobre el CUIT perteneciente al dominio de la 
camioneta que lo sacó de la ruta 3 y se asombró una vez más: aunque seguía 
perteneciendo a la "Contaduría General del Ejército", esta vez el detalle 
financiero de esa entidad no registraba el detalle de deudas y cheques 
rechazados que tenía en su primera consulta (Ver documentos al pie). ¿Acaso 
alguien había "limpiado" la historia financiera de la institución? ¿Cómo pudo 
hacerse a tan pocos días de diferencia de las consultas? ¿Para qué?

Supo en ese momento que debía dirigirse a la Justicia, por su seguridad y por la 
de su familia. A esos efectos, se dirigió a una fiscalía de la provincia de 
Buenos Aires y declaró todo lo que sabía (Ver documento al pie). Todo lo dicho 
fue ratificado por Scanio días más tarde en la causa judicial que investiga la 
desaparición de Jorge Julio López. Fue el comienzo de algunos de sus problemas y 
el disparador para enviar a su familia a vivir al sur del país.

Hoy en día, el gestor no se anima a salir del partido donde vive y desconfía de 
todos aquellos que cruza por la calle. Vive temiendo que algo le suceda y limita 
sus contactos a personas de su más cercana intimidad.

Sabe que ha tocado intereses poderosos y cree que el alejamiento de cierta gente 
de su entorno se debe a este motivo. Por caso, hay periodistas que lo han 
entrevistado y que luego han sido presionados por los directivos de los medios 
en los que se desempeñan para que no se haga público su testimonio (3).

"Scanio es un testigo poco confiable", me dijo una fuente judicial de La Plata 
hace unos días.
"¿Por qué dice eso? ¿Puedo publicar lo que me está diciendo?", pregunté entonces 
a mi ocasional interlocutor. La primera pregunta no la pudo responder, la 
segunda fue un rotundo "no". Eso me dio la pauta de que Scanio no mentía.

Luego hablé con Roberto Montenegro, aquel que había alquilado el campo "San 
Genaro", quien no sólo ratificó lo dicho por Scanio sino que agregó lo suyo 
acerca de que en la casa referida había calabozos y armas. "Yo hablé con los 
vecinos de la zona y me dijeron en ese lugar era usual ver a conocidos políticos 
kirchneristas. No puedo decirte mucho más por teléfono", me aseguró Montenegro, 
justo antes de ofrecerme todos los papeles que demostraban que era locatario del 
campo referido.

Hay algo más que da credibilidad a los testimonios de ambos testigos: ninguno de 
ellos quiere dinero y ambos buscan pasar desapercibidos en este tema. Sólo 
quieren que se esclarezca el tema "López".
Concluyendo
Hay no pocos testigos en la zona de Atalaya, partido de Magdalena, que aseguran 
haber visto a Julio López los útimos días de septiembre de 2006 (4). Según su 
testimonio, no estaba nada preocupado, a contrario. Eso es lo que habría 
provocado que finalmente el kirchnerismo lo recluyera y allí sucedió lo que 
comentamos en el artículo anterior: le habría dado un ataque al corazón. Todas 
las fuentes consultadas en el marco de esa nota aseguraron que, después de lo 
sucedido, hubo una "orden de arriba" para cremarlo. "Debía desaparecer por 
completo. Era un escándalo si aparecía muerto", me dijo un ex comisario en ese 
momento.

Sea como fuere, llama la atención que la Justicia aún no haya allanado el lugar 
denunciado por Scanio y que su testimonio se haya dejado de lado.

Son las puntas sueltas de un ovillo que nadie ha atinado a rearmar y que podría 
esclarecer este espinoso caso. Un caso que compromete -y mucho- al gobierno de 
Néstor Kirchner y a algunos de sus ministros.
Christian Sanz
(1) Ver http://www.periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=2650
(2) Ver http://www.periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=2671
(3) Entre otros, fue el caso del noticiero de Telefé.
(4) El autor de este artículo habló con al menos tres personas que vieron a 
López en Atalaya entre el 19 de septiembre y el 23 del mismo mes.

Declaración de Scanio ante la Justicia

Primer informe financiero de la Contaduría General de Ejército

Segundo informe financiero de la Contaduría General de Ejército

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