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Lun Feb 12 15:17:20 MST 2007


La declinación del dólar... y de los Estados Unidos
Por: Jorge Beinstein
 
Desde comienzos de 2002 el dólar inició un descenso
que actualmente continúa y que según la mayor parte de
los expertos se agravará en los próximos meses. La
declinación despegó poco tiempo después de los
atentados (o auto-atentados) del 11 de Septiembre de
2001, es decir del lanzamiento de la ofensiva bélica
global de los Estados Unidos. Existe un encadenamiento
causal claro entre la decadencia económica del Imperio
y la tentativa desesperada de sus dirigentes por
frenarla a través de una sucesión de victorias
militares en Asia Central y Medio Oriente. Si esa
estrategia hubiera sido exitosa la superpotencia
controlaría hoy la mayor parte de la franja
eurasiática que se extiende desde los Balcanes hasta
Pakistán atravesando Turquía, la cuenca del Mar
Caspio, Irak, e Irán, dominando así cerca del 70 % de
los recursos petroleros mundiales. Ese hecho le habría
permitido asegurar su hegemonía financiera
internacional simbolizada por el reinado universal del
dólar.

Pero la aventura fracasó y hoy los norteamericanos
están empantanados en Irak y Afganistán mientras se
reduce su influencia sobre Eurasia. 

Andre Gunder Frank sostenía que el poder de los
Estados Unidos descansa sobre dos pilares decisivos:
el dólar y el Pentágono, el primero (la hegemonía
financiera) sosteniendo al segundo y este último
imponiendo los privilegios económicos del Imperio.
Esta fortaleza doble ha predominado desde el fin de la
Segunda Guerra Mundial y tuvo su período de auge entre
1945 y 1971, año en que la Casa Blanca decidió
liquidar la conversión de dólares en oro amenazada por
las reservas dolarizadas en poder de las otras
potencias industriales.

A partir de ese momento se desarrolló una etapa
monetaria turbulenta donde el dólar siguió reinando en
el planeta gracias a un juego perverso que acordaron
los países ricos y que culmina ahora con un
empapelamiento global que puede conducir a una
incontrolable sucesión de crisis financieras.
  
La declinación del dólar

Después de 1971 el dólar ya no era la moneda de una
superpotencia económica ascendente sino dinero-papel
emitido por una economía que iba perdiendo
competitividad y cuya producción petrolera había
entrado en declive. Sin embargo su consumo siguió
creciendo y en consecuencia sus importaciones lo que
la convirtió en el principal mercado internacional.
Europeos, japoneses, sudcoreanos y más recientemente
chinos encuentran en los compradores norteamericanos
clientes cuyo volumen general de demanda no puede ser
remplazado.

Algunos indicadores ilustran bien la decadencia de la
economía norteamericana. 

En primer lugar el déficit comercial que fue creciendo
desde cifras relativamente modestas a mediados de los
1970 hasta superar los 700 mil millones de dólares en
2006, en este último año por cada dólar de exportación
de bienes se importaban dos.
  
En una primera aproximación al tema podría distinguir
dos factores. Por una parte el espiral ascendente de
gastos públicos y privados donde se combinaron el
consumismo propio de una sociedad privilegiada, con la
expansión del aparato militar y otras erogaciones
parasitarias. Y por otro lado la perdida de
competitividad industrial, el retraso relativo en la
carrera las innovaciones productivas. Pero ambos
procesos forman parte de un fenómeno más amplio de
decadencia cultural que incluye también a la
degradación institucional, a la creciente apatía de la
población ante el sistema de representació n política,
el ascenso de la criminalidad, etc. 

Un segundo indicador de deterioro es la reducción del
saldo de los beneficios de negocios de norteamericanos
en el exterior contra los beneficios de extranjeros en
los Estados Unidos, en el pasado el mismo compensaba
en parte los déficits comerciales pero en 2006 y por
primera vez en noventa años esa cifra fue negativa.

En tercer término y como resultado de la evolución de
los indicadores anteriores el déficit de cuenta
corriente creció vertiginosamente: 140 mil millones de
dólares en 1997, 389 mil millones en 2001... 834 mil
millones en 2006.

Un cuarto indicador es el crecimiento del déficit
fiscal que pasó de 2.800 millones de dólares en 1970 a
74 mil millones en 1980, 240 mil millones en 2000 para
alcanzar en 2005 los 430 mil millones. La decadencia
productiva fue compensada con una avalancha de
déficits y deudas que apuntalaron la expansión del
mercado norteamericano. El resto del mundo le abrió la
canilla del crédito indefinido entregando mercancías y
servicios a cambio de papeles (dólares, títulos
públicos, acciones, deudas empresarias, etc) y en el
interior sucesivas olas de créditos al consumo y la
inversión alentadas, sobre todo desde mediados de los
años 1990, por burbujas especulativas que ampliaron el
poder de compra de los estadounidenses. Al mismo
tiempo el ahorro personal descendía, la parte de los
ingresos destinado al ahorro que históricamente
representaba entre el 7% y el 8 % había descendido al
4,3 % en 1998, para caer al 2,4 % en 2003, 2 % en 2004
y a cifras negativas en 2005 y 2006 (respectivamente
-0,4 % y -1 %). 

Al comenzar la década actual, cuando se desinfló la
burbuja bursátil, era evidente que la hegemonía
financiera de los Estados Unidos había llegado a un
punto crítico. La enorme desproporción existente entre
su declinante potencial productivo y la masa de
papeles-dólar circulando por el mundo (dólares reales
y toda clase de papeles dolarizados) comenzó a
provocar los primeros crujidos de la moneda
norteamericana que rápidamente se convirtió en
irresistible descenso de su valor en relación con el
oro y las otras divisas fuertes, el euro y el yen.

El gobierno de Bush respondió impulsando una nueva
burbuja especulativa basada en los negocios
inmobiliarios, la más grande de la historia: inundó la
economía con créditos baratos y redujo los impuestos
de los ricos, el consumo y el Producto Bruto Interno
crecieron a tasas altas. Volvía la prosperidad. ..
¿pero por cuanto tiempo?.

Junto a ello la Casa Blanca exacerbó la tendencia a la
militarizació n, los gastos militares que ascendían
desde el final de la era Clinton tomaron un fuerte
impulso, en consecuencia aumentaron el déficit fiscal
y el endeudamiento público.

Los Estados Unidos habían intentado detener su
declinación por medio de una loca fuga hacia adelante
expandiendo el consumismo sin respaldo productivo
interno y desatando una desmesurada agresión
imperialista en Asia. Pero esa doble apuesta se vio
rápidamente acorralada por su propia debilidad
estructural, la aventura se apoyaba en una montaña de
papel, en la acumulación de deudas de todo tipo y de
reservas en dólares de chinos, japoneses y europeos,
es decir en créditos otorgados al Imperio por dichos
países. Mientras en la superficie la fiesta militar y
consumista aturdía al planeta en la profundidad del
sistema global el reinado financiero norteamericano
declinaba.

Hacia mediados de la década actual los dos pilares del
Imperio empezaron a tambalear al mismo tiempo:
desastre en Irak y degradación del dólar.

¿Parásito o basurero?

El argumento corriente es que los Estados Unidos
parasitan sobre la economía mundial entregando dólares
con valor futuro incierto a cambios de bienes y
servicios. Pero la pregunta clave es porque japoneses,
europeos, chinos, sudcoreanos y otros aceptan esa
estafa. 

Mi respuesta es que tal 'estafa' no existe y que en
realidad el gigante enfermo viene siendo engordado por
esos países porque es su cliente decisivo, sin él, sin
su consumo, sin su espacio de negocios, la crisis de
sobreproducció n crónica que sufre desde hace más de
tres décadas el capitalismo mundial se convertiría en
un derrumbe imparable. Un tercio de las exportaciones
chinas van hacia los Estados Unidos y otro tanto a
países asiáticos cuya capacidad de pago depende
estrechamente de sus exportaciones a la superpotencia.
Los otros países industriales o emergentes de Asia
como por ejemplo Japón o Corea del Sur tienen una
dependencia similar. La Unión Europea, en especial sus
países líderes, presentan una inter-penetració n
industrial, comercial y financiera con el Imperio de
tal magnitud que su destino está absolutamente ligado
al mismo.

En síntesis, el parásito es en realidad un enorme
depósito-basurero de bienes, servicios y fondos y la
decadencia norteamericana no es otra cosa que la cara
visible de la decadencia global del capitalismo. 

El dólar, es decir el instrumento de 'pago' de la
economía (deficitaria) norteamericana es la pieza
esencial de toda la trama. Su caída demasiado rápida
provocaría una contracción general de las
importaciones de los Estados Unidos y de su nivel
rentabilidad interna (medido según las otras divisas)
comprimiendo directamente tanto las ventas como las
inversiones de esos países en el Imperio. Pero además
dicho derrumbe causaría la hiper revaluación del yen y
del euro lo que reduciría de manera significativa las
exportaciones de la Unión Europea y Japón con fuertes
impactos recesivos en ambas potencias. China también
se vería negativamente afectada. 

Todos estos países tratan entonces de apuntalar al
dólar, sin embargo a medida que la economía
estadounidense se va debilitante (proceso irresistible
en el mediano y largo plazo) deben tomar algunas
precauciones aunque no es mucho lo que pueden hacer.
Los europeos solo tratan de prolongar la agonía porque
saben que el desenlace fatal los golpeará duramente,
algo parecido hacen los japoneses, y los chinos
intentan tímidamente diversificar (desdolarizar) sus
mega-reservas dolarizadas sabiendo que si desdolarizan
rápido pueden llegar a provocar una catástrofe
financiera global que también los dañara a ellos.
Todos han llegado a la conclusión de que no pueden
quedarse indefinidamente en el reino del dólar pero
también saben que no pueden irse de un día para otro,
¿donde está la 'solución'?, en ninguna parte (algunos
esperan sin decirlo que el paso del tiempo despeje
alguna vía de salida). 

Por eso miden con extrema prudencia cada movimiento,
intensifican las consultas entre ellos, se extorsionan
mutuamente, se dan golpes bajos, se ayudan...

Sombras amenazantes

Sin embargo más allá de las triquiñuelas de las
grandes potencias existen fenómenos que determinan la
coyuntura y sobre los cuales los estados de los países
ricos tienen una influencia limitada. Principalmente
el proceso de financiarizació n que fue avanzando en
las tres últimas décadas y que puede en cualquier
momento producir hechos catastróficos. 

Pensemos por ejemplo en la especulación con
'derivados', complejas articulaciones de negocios que
se expanden vertiginosamente y que según el Banco de
Basilea que contabilizada su volumen global se estaría
aproximando a los 400 millones de millones de dólares
(equivalente a casi de diez veces el Producto Bruto
Mundial), prestemos atención a la sobreacumulació n de
reservas (casi totalmente dolarizadas) en los países
periféricos que ya supera los 3200 millones de
millones de dólares, pero también observemos el tamaño
de la burbuja inmobiliaria global equivalente al
Producto Bruto de los países ricos.
  
Algunas de estas masas financieras son relativamente
controlables, por ejemplo las reservas, pero otras
mucho menos como es el caso de los negocios con
'derivados' o la especulación inmobiliaria.

Decae (gradualmente por ahora) el dólar y aparecen las
primeras señales de desconfianza hacia las otras
monedas 'fuertes' como el yen o el euro cuyas
economías de respaldo, Japón y la Unión Europea, están
estrechamente ligadas a la de los Estados Unidos. Ello
incita a los especuladores a diversificar su negocios
y a un cortoplacismo mayor pero también en algunos
casos (cada día más numerosos) a buscar valores de
refugio, un ejemplo de ello es la especulación sobre
el oro cuyo precio ha estado ascendiendo desde el
comienzo de la década actual acercándose en algunos
momentos a su mayor nivel histórico (alcanzado en 1980
con algo más de 800 dólares la onza). ¿A cuando puede
llegar el precio del oro si tan solo una pequeña
porción de la masa especulativa global se vuelca hacia
ese metal?. Seguramente una euforia del oro desataría
otras euforias precipitando una turbulencia
internacional difícil de imaginar. 

Pero la financierizació n no es el único problema, el
tema del agotamiento de los recursos energéticos no
renovables es también grave. Como sabemos las cuatro
principales potencias industriales (Estados Unidos,
Unión Europa, Japón y China) son abrumadoramente
deficitarias en materia energética, su expansión
probablemente se desacelerará debido al inevitable
enfriamiento de la economía norteamericana, pero aún
con crecimiento bajo seguirán presionando sobre
(agotando) las reservas energéticas globales: el
precio del petróleo, por ejemplo, seguirá subiendo
aunque en ciertos períodos a ritmos menos estridentes.
Y un agotamiento provoca otro, porque el desarrollo de
los biocombustibles tendiente a compensar la
declinación de la producción petrolera se apropia de
tierras fértiles actualmente utilizadas en la
producción de alimentos que sufrirá así un impacto
negativo. La 'solución científica' al problema es
aumentar en ambos casos la productividad por hectárea
cultivada con aplicación masiva de transgénicos (y
degradación a mediano plazo de la tierra agrícola). 

Crisis financiera (simbolizada por la declinación del
dólar) manifestación de una crisis crónica de
sobreproducció n global y agotamiento de recursos
productivos (crisis de subproducción) se combinan para
marcar la irrupción de un fenómeno sin precedentes en
la historia de la civilización industrial.

La declinación del dólar no es solo la de una moneda,
así se trate de la moneda global dominante, si fuera
así las superpoderosas instituciones financieras de
los países ricos podrían imponer alguna alternativa
superadora, por supuesto en medio de disputas feroces
entre las grandes potencias. Lo que está en crisis es
la totalidad del sistema monetario mundial incluyendo
al dólar y las otras divisas 'fuertes' expresión de un
crisis-decadencia estructural alimentada por (y
alimentando) desajustes que se van agravando.


  “Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, 
  somos la gente que hemos visto morir
  somos los libros que nos han mejorado, 
  somos gratamente los otros”




	

	
		
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