[R-P] [redial_s_bolivar] El olor a narco-paramilitar... Hernando Calvo Ospina
Pat H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Dom Feb 11 14:33:55 MST 2007
El olor a narco-paramilitar del presidente
Hernando Calvo Ospina
Rebelión
Dentro de algunas semanas circulará en castellano el
libro “Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y
terrorismo de Estado”, del periodista y escritor
colombiano, residente en Paris, Hernando Calvo Ospina.
El prólogo tiene la firma de Ignacio Ramonet, director
del prestigioso mensual francés Le Monde Diplomatique.
Con la autorización del autor y la editora publicamos
el Capitulo XVI.
El narco-paramilitarismo al Congreso
Fue como un “parte de guerra”. Acababan de pasar las
elecciones legislativas del 10 de marzo de 2002, y el
líder narco-paramilitar Salvatore Mancuso se
congratulaba por Internet de que un importante
porcentaje de los elegidos comulgaba con los “ideales”
paramilitares. “Podemos afirmar con los datos a la
mano, que la meta original del 30% ha sido largamente
superada y constituye un hito en la historia de las
AUC (...) Es motivo de inmensa satisfacción que los
candidatos de nuestras preferencias, surgidos en su
mayoría de nuestras bases sociales y políticas, y como
tales, fruto de un vasto y firme esfuerzo formativo
por parte de las Autodefensas, hayan alcanzado un
masivo respaldo de los electores.”
A pesar de nunca haberse opuesto resueltamente al
paramilitarismo, el dirigente liberal Carlos Lemos
Simmons dijo ante tales resultados electorales: “Eso
significa que hoy la mayor parte y la fuerza más
importante en el Congreso la constituyen las
Autodefensas (...) Pero lo que más asombra de todo
este asunto es la indiferencia con que ha asumido tal
anunció el país. Un hecho de tanta gravedad no ha
suscitado en los medios, en los gremios, en el
Gobierno, en la Iglesia, en la llamada sociedad civil,
en las ONG o en la comunidad internacional la menor
reacción (...) Por bastardas consideraciones
electorales, lo que ayer era vitando y malo se volvió
útil y bueno hoy...”. (1)
El ministro del Interior de entonces, Armando Estrada
Villa, confirmó lo dicho por Mancuso pero ninguna
medida anunció: “el análisis de esas personas, su
votación y los sitios donde fueron elegidos, por ser
sitios de influencia paramilitar, se llega a la
conclusión de que los paramilitares ordenaron votar
por ellos o llegaron a acuerdos para que éstos
presionaran a las comunidades para que votaran por
determinados nombres.” (2)
No era un secreto que los políticos de las regiones
donde los paramilitares mandaban les pagaron 100
millones de pesos por lograr la curul al Senado. “ A
cambio de ese dinero, los señores de la guerra
garantizaron a sus protegidos que durante la campaña
no tuvieran competencia en sus jurisdicciones, y el
día de la elección que el pueblo votara masivamente
por ellos. A cambio de ese ‘aval’, los elegidos se
hacen los de la vista gorda ante sus actividades, e
incluso han llegado a adjudicarles contratos públicos
para sus empresas...” (3)
El stablishment sabía que el paso decisivo de
paramilitarización del Estado se volvería realidad en
esas elecciones, pues todo venía preparándose para
ello. El mismo día de las votaciones Francisco Santos
Calderón, que unos meses después sería elegido
vicepresidente de Colombia, había escrito en su
periódico El Tiempo: “... lo cierto es que el Congreso
que vamos a elegir va a ser aún peor que el que ahora
tenemos. Va a ser, con algunas excepciones, un
Congreso al servicio de los caciques políticos
tradicionales, de los “narcos” y de los
paramilitares.” No lo dijo por visionario, sino por
conocimiento de causa.
No se abrió ni una simple investigación oficial para
verificar las relaciones de estos congresistas con el
paramilitarismo. Y al contrario de los elegidos de la
Unión Patriótica, de otras formaciones políticas de
izquierda o simples críticos del sistema, no se vieron
confrontados a un plan de exterminio, pues los
defensores del sistema rara vez se matan entre ellos.
Uribe Vélez, un pasado entre narcotraficantes
Un columnista de El Espectador, Fernando Garavito
Pardo, debió exiliarse en marzo del 2002 por amenazas
a su vida, luego de haber publicado una serie de
investigaciones sobre presuntos nexos del entonces
candidato a la presidencia Álvaro Uribe Vélez con el
narcotráfico y el paramilitarismo. (4)
Esas denuncias coincidieron con las de Ignacio Gómez
Gómez, quien también debió irse del país por la misma
causa. Cuando en el 2002 el Comité Mundial para la
Protección de los Periodistas, CPJ, le entregó el
Premio Internacional de Libertad de Prensa, explicó
que tal galardón lo recibía “Por el trabajo de los
antecedentes que relacionan a Álvaro Uribe Vélez con
el Cartel de Medellín. Es una investigación que se
hizo en cinco partes. Una de ellas tenía que ver con
la coincidencia cuando Pablo Escobar era miembro del
Congreso y tenía muchísima actividad política o
proselitista en los barrios pobres de Medellín, y por
entonces Álvaro Uribe era el alcalde de Medellín y
hacía programas muy paralelos a los de Pablo Escobar.
Después Álvaro Uribe fue director de la Aeronáutica
Civil. Antes de él, desde 1954 hasta 1981, el Estado
había concedido 2.339 licencias, y durante los 28
meses que él ejerció, concedió 2.242 licencias, muy
poco menos que en los 35 años anteriores, con el
agravante que muchísimas de esas licencias, como 200,
quedaron en manos del Cartel de Medellín (...) Cuando
el helicóptero [del padre] era objeto de la herencia,
fue encontrado en un laboratorio famosísimo de Pablo
Escobar llamado Tranquilandia. El helicóptero
pertenecía a [Álvaro] Uribe y su hermano. Además había
una estrecha relación entre el papá de Uribe y el clan
de los Ochoa, que era una familia muy importante en el
Cartel de Medellín. Y la última parte [de la serie]
fue cuando Pablo Escobar escapó de la cárcel y trató
de hacer un nuevo acuerdo con el gobierno, y el
encargado de llegar a ese acuerdo fue Álvaro Uribe
Vélez. (...) De las cinco historias Nosotros sólo
alcanzamos a publicar una, que es la relacionada con
el helicóptero. Y el día que la publicamos el
presidente se puso demasiado bravo, me insultó a mí
por la radio…”.
Empezaron, entonces, las amenazas contra él, el
director del noticiero y sus familias. La serie se
suspendió y ninguna televisión quiso difundirlas, en
Colombia ni en el exterior…
Así se ha conocido que el actual presidente de
Colombia vivió sus primeros años de vida en el seno de
una familia de clase media con regulares problemas
financieros. Un día cualquiera la situación empezó a
cambiar radicalmente a partir de los negocios del
padre Alberto Uribe Sierra como agiotista, aunque por
las investigaciones se puede decir que la palabra
exacta para las actividades del padre es “testaferro”.
O sea dueño ficticio de propiedades de
narcotraficantes, algo que había iniciado con el clan
de los capos Ochoa, familiares de su esposa. Los Uribe
empezaron la acumulación de su propio capital y de
extensas propiedades rurales: “Uribe Sierra vivía tan
inmerso en ese mundo de negocios alucinantes, que,
relataba un amigo, hoy podía tener 23 fincas o 10 y
amanecer mañana con 41.” (5) Eso sólo lo puede lograr
un mago. Y, casualmente, a los ‘narcos’ en Colombia se
les dice ‘mágicos’.
A pesar de su alta envestidura, el presidente Uribe
Vélez nunca ha dado una aclaración objetiva sobre la
procedencia de su gran fortuna. Cuando se ha visto
obligado a tocar el tema, las frases dicen de todo sin
precisar nada. Si un periodista le insiste aparece su
agresividad. Ninguna autoridad se ha decidido a
investigar.
El padre del presidente murió en un asalto que
realizaron las FARC a su hacienda en junio de 1983.
Los Uribe dicen que los guerrilleros pretendían
secuestrarlo y él se atrincheró para impedirlo; que el
ataque se hizo para desbaratar el campo de
entrenamiento paramilitar que ahí existía, aseguró el
grupo guerrillero. Esa es la parte trágica de la
historia. Cuando Álvaro Uribe Vélez supo del ataque,
utilizó un helicóptero para llegar hasta el lugar e
intentar el rescate de su padre y hermanos. Al
preguntársele sobre esto, el presidente de Colombia ha
respondido: “Me monté casi de noche en el primer
helicóptero que consiguieron (...) El periódico El
Mundo dijo al otro día que el helicóptero era del
hacendado Pablo Escobar.” (6) Según informó la prensa,
la aeronave era una de las más modernas del país en
cuanto a tecnología de navegación, por lo tanto el
“hacendado” no la iba a prestar a cualquiera.
Siendo alcalde de Medellín, con gran despliegue
mediático Uribe Vélez presentó en Bogotá el programa
“Medellín sin tugurios”. Muy poco después se conoció
que era un plan con aparente sentido cívico financiado
por Escobar Gaviria, quien buscaba la solidaridad
social y la aceptación política. El referido programa
consistía en construir mil casas para donarlas a
pobladores que dormían en casuchas cerca de un
basurero.
Las extrañas “casualidades” del presidente Uribe Vélez
con algunos capos del narcotráfico no se detienen. En
marzo de 1984 la policía llegó hasta lo que se
consideraba el laboratorio de procesamiento de cocaína
más grande y moderno del mundo, conocido como
‘Tranquilandia”, cuyo propietario principal era
Escobar Gaviria. Ahí se hallaron varias aeronaves,
tres de las cuales tenían licencia de funcionamiento
expedidas por la Aeronáutica Civil cuando su director
era Álvaro Uribe Vélez (marzo 1980, agosto 1982)
También se encontró un helicóptero que por herencia
pertenecía a los hermanos Uribe Vélez...
A pesar de todo ello, el presidente insiste en
afirmar: “no tuve relaciones con Escobar, ni cuando se
usaba.” (7)
Después de dejar la dirección de la Aeronáutica, el
futuro presidente de Colombia fue elegido gobernador
del departamento de Antioquia. Desde ese cargo se
convirtió en el principal promotor e impulsor de las
Cooperativas de Seguridad Rural, “Convivir”. El jefe
narcoparamilitar Carlos Castaño Gil diría que Uribe
Vélez logró “sacar adelante cooperativas de seguridad,
con las cuales nunca estuve de acuerdo. No voy a negar
que a las autodefensas les sirvió, pero no tanto se
avanzó con ellas. Quienes las aprovecharon fueron los
narcotraficantes, que se dedicaron a montar pequeñas
Convivir en sus fincas...” (8)
El 30 de julio del 2004 la Presidencia de Colombia
rechazó públicamente un documento desclasificado en
mayo, y proveniente de la Defense Intelligence Agency,
DIA, uno de los servicios de seguridad más secreto y
poderoso de Estados Unidos, dependiente del Pentágono.
El informe dice en su aparte: “Álvaro Uribe Vélez,
político y senador colombiano, colabora con el cartel
de Medellín desde altos cargos en el gobierno. Uribe
estuvo implicado en actividades de narcotráfico en
Estados Unidos. Asesinaron a su padre en Colombia por
conexiones con el tráfico de narcóticos. Uribe ha
trabajado para el cartel de Medellín y es amigo
personal de Pablo Escobar Gaviria...” (9)
El comunicado de la Presidencia no da ningún argumento
que desmienta con severidad tan grave señalamiento,
pero pretende que se desestime el documento porque “se
trata de información que no fue evaluada”, pues el
texto dice, efectivamente, “Not finally evaluated”. Lo
llamativo es que contra muchos de los numerosos
narcotraficantes que se encuentran ahí descritos sí se
utilizó esa información en investigaciones y juicios.
Familiares del presidente...
“No tengo idea, no me he enterado de eso”, respondió
el presidente Uribe Vélez ante la pregunta del
periodista. Ni una palabra más. El día anterior, 21 de
junio de 2005, el congresista Gustavo Petro Urrego
había afirmado en una sesión parlamentaria que el
hermano del presidente colombiano, Santiago, había
sido investigado penalmente por la creación de un
grupo paramilitar y el asesinato de varios campesinos.
“En los procesos judiciales del pasado aparece
sindicado el hermano del presidente de la república
como conformador, auspiciador y erector de grupos
paramilitares”, sostuvo Petro Urrego.
El grupo paramilitar “Los doce apóstoles” habría
tenido sede en la hacienda “La Carolina”, en el
departamento de Antioquia, cuya propiedad comparten
los hermanos Uribe Vélez. El hermano del Presidente
fue interrogado por la fiscalía en 1997 respecto a
delitos de secuestro, extorsión y asesinato cometidos
por “Los doce apóstoles” entre 1993 y 1994. El grupo
paramilitar fue acusado de asesinar 50 personas, y de
haber cometido una masacre de la cual fueron hallados
los cuerpos de cuatro personas y otras dos permanecen
desaparecidas. Por este caso existe una demanda en la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La misma noche que el congresista hizo la denuncia, el
fiscal Luis Camilo Osorio confirmó que el hermano del
mandatario había sido objeto de una investigación en
1999, pero también indicó que se había declarado “un
auto inhibitorio a favor del señor Uribe Vélez y se
ordenó el archivo definitivo” ese mismo año.
Petro Urrego insistió en que Álvaro Uribe Vélez, por
ser el presidente de la nación, debe “explicarle a
toda Colombia qué pasó con el proceso judicial que se
seguía contra su hermano, que lo vinculaba
directamente al paramilitarismo y a delitos de lesa
humanidad...”.
El parlamentariotambién denunció que tres parientes
del Presidente colombiano, entre ellos dos primos
hermanos, lideraron otra banda paramilitar conocida
como “Los Erre”, señalada de haber asesinado a otro
medio centenar de personas en varios municipios del
departamento de Antioquia. Estos familiares fueron
condenados en primera instancia y estuvieron presos
cerca de un año, hasta que un juez de apelaciones los
puso en libertad y archivó el caso por considerar que
no había pruebas suficientes contra los acusados. Los
parientes del mandatario son Carlos Alberto Vélez
Ochoa, Juan Diego Vélez Ochoa y Mario Vélez Ochoa,
también familiares del clan de los capos Ochoa.
“Le reclamo a Uribe que, sabiendo que sus familiares
directos están procesados por paramilitarismo, se
atreve a llevar una ley que declara la impunidad para
los paramilitares...” Fue la especie de acusación
lanzada por Petro Urrego durante esa sesión del
Congreso colombiano, que culminó con la aprobación de
la llamada “Ley de Justicia y Paz”, la cual confiere
estatus político a los narco-paramilitares que se
encuentran en “negociación” con el gobierno del
presidente Uribe Vélez. Con la ley se beneficiarían
sus familiares.
Por fin, el 4 de diciembre de 2006, en declaraciones a
W Radio de Bogotá, el presidente Uribe Vélez debió
admitir que su hermano sí fue investigado por
involucramiento con el paramilitarismo.
NOTAS
1 - El Tiempo. Bogotá, marzo 28, 2002.
2 - El Colombiano. Medellín, abril 24, 2002.
3 - “Los tentáculos de las AUC” Semana. Bogotá, julio
10, 2005.
4 - Garavito, junto al corresponsal para América
Latina de la revista estadounidense Newsweek, Joseph
Contreras, publicaron “Biografía no autorizada de
Álvaro Uribe Vélez. (El señor de las Sombras)”. Ed.
Oveja Negra. Bogotá, 2002.
5 - El Mundo. Medellín, 16 de junio 1983.
6 - El Tiempo. Bogotá, abril 21, 2002.
7 - El Tiempo, abril 21, 2002.
8 - Aranguren Molina, Mauricio. “Mi confesión. Carlos
Castaño revela sus secretos”. Ed. Oveja Negra. Bogotá,
2001.
9 - La información completa se encuentra en:
http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/index.htm
“Somos todo el pasado, somos nuestra sangre,
somos la gente que hemos visto morir
somos los libros que nos han mejorado,
somos gratamente los otros”
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