[R-P] Pepe Mujica: "La derrota de Wilson termina siendo la derrota del Uruguay"
Luis Vignolo
lvignolo en gmail.com
Sab Feb 3 03:49:41 MST 2007
Muchas gracias, Julio.
Un abrazo
Luis
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Entrevista con el senador José Mujica publicada en la revista Caras y
Caretas en la edición del 14 de marzo de 2003.
"La derrota de Wilson termina siendo la derrota del Uruguay"
"Fue el hombre más importante que transitó el país en los últimos 50
años. Todos los que luchamos por un cambio tenemos que sentirnos
wilsonistas. Tuvo el
coraje de pensar el futuro y fue de los grandes perdedores de nuestra
historia. Wilson fue el último estertor de un tiempo. Un soñador que
andaba enamorado
de su país. Su vida fue una tragedia para la nación por no haberlo
tenido que tener y para el Partido Nacional, porque cuando tuvo un
tipo genial no lo supo seguir."
¿Cuál es el recuerdo de aquellos años en que usted se inició en la
militancia de la Juventud Herrerista?
Es un recuerdo de profundo afecto porque, como siempre he dicho, yo me
considero blanco en la interpretación histórica del país. Ésa es toda
una definición,
¿verdad? Federal, con una visión integrada al Río de la Plata, en el
reclamo de la Guerra Grande, de la Guerra del Paraguay, y un
quisquilloso antiimperialismo muy definido con otro conjunto de
facetas que componen, yo diría, no sólo una posición
política sino un espacio cultural.
¿Fue un período no muy breve?
Es que yo participé, en alguna medida, en el primer gobierno blanco, o
del Partido Nacional, que llegó en el siglo pasado luego de casi un
siglo de ostracismo
del poder. Viví una experiencia con don Enrique Erro que en alguna
medida me signó hasta hoy. Creo que fue una experiencia muy
interesante, y mi camino hacia la izquierda fue el de las decepciones
que en algún lugarcito de ese gobierno tuve. Yo y varios muchachos de
aquella época.
¿Se encuentra con Wilson en esos años?
Wilson compone otra vertiente del Partido Nacional que va moldeando su
personalidad política. El de Wilson es el intento más serio, en los
últimos cincuenta o sesenta años, de concepción de un proyecto de
país. Wilson tuvo el coraje de intentar pensar el futuro, de abrirle
puertas a la historia, de tratar de poner vino
nuevo en odres viejos, siguiendo la vieja frase de Luis Alberto de
Herrera en 1920. Quiso poner el país en un tiempo nuevo, porque su
análisis de la cuestión
agraria no es la respuesta de un agrarista, es el punto de arranque de
un país agroexportador que tiene que encontrar niveles de
industrialización que están
ligados a ese origen.
¿Estas propuestas de Wilson Ferreira eran las de un intuitivo o la
sistematización de ideas de un político respaldado en la investigación
social?
Sinceramente pienso que todas sus propuestas, tanto las que hizo desde
el Ministerio de Ganadería y Agricultura como todo lo que desató en
esa época a
través de los estudios de la CIDE, lo convierten en uno de los grandes
perdedores de nuestra historia. Le tocó convivir con mucha
mediocridad, empezando dentro
de su Partido. Esa propia mediocridad es la que no va a llevar
adelante su programa, y lo va a pisotear. Creo que en el correr de los
años lo han usado como un emblema. Pero Wilson es mucho más que eso.
En la medida que pasan los años, uno también ve en la perspectiva del
tiempo que también fue un hacedor. ¿En
qué sentido? Se bate implacable con la dictadura. Eso habla de un
liberal muy profundo, el liberal más profundo -no me refiero desde el
punto de vista
económico, sino en su filosofía de convivencia- que yo he conocido en
este país. Y dispuesto a batirse por su forma de pensar. Lo defino
como gran perdedor, porque
perdió con la contracara de la historia. Con esa cara de un Uruguay
impostado, donde tener el poder o detentar el poder es la causa en sí
y no la cuestión
del 'para qué', que Wilson intentó definir.
Hay quienes sostienen que Wilson fue protagonista de un doble drama:
por un lado, el de la lucha contra el Partido Colorado, su adversario
tradicional, y por otro lado, el de la lucha en el seno de su propio
partido. ¿Qué opina usted al respecto?
Lamentablemente su propio partido tampoco fue capaz de hacer escuela,
y lo mejor de Wilson se lo llevó Wilson, o nos lo dejó sembrado para
la nación, pero no
lo recogió su partido. Esto es lo lamentable de la cuestión. Hoy, yo
he tomado de un poeta amigo esa imagen. Creo que los muertos ilustres
no tienen divisa. Entonces, Wilson es el tipo de hombre que ha hecho
una siembra que toda la nación debe recoger. Y todos los que luchamos
por un cambio tenemos una
fuente. Y todos tenemos que sentirnos, desde ese punto de vista,
wilsonistas comprometidos. Porque no es una cuestión de cintillo
partidario.
Pero Wilson era blanco, al decir de él, blanco "baboso"...
Claro que Wilson es blanco, es quisquillosamente blanco. Y es un
hombre bien definido y muy metido en los dramas de su tiempo. Pero por
esos mismo
trasciende a su tiempo y a sus definiciones políticas. Se establece
como un modelo, un arquetipo que tenemos que recoger y tratar de
multiplicarlo, sobre todo en estos tiempos en los que parece que los
valores están en crisis, o como si ya no hubiera principios.
¿Fue el de Wilson un gran intento orgánico de repensar el país?
Lo fue. Hoy parece que no habría derecho a pensar cosas en un sentido
de futuro lejano, porque vivimos en un mundo globalizado. En realidad,
hoy vivimos como
si estuviéramos en libertad condicional. Eso determina que "quijotes"
como Wilson parezcan protagonistas de 'otra' historia. Cuando vamos al
museo los percibimos
así. Pero es un error, es al revés. Lo más fresco de Wilson es la
siembra que hace en el medio del combate y que nosotros debemos
retomar. Para mí, de los
hombres que transitaron en los últimos cincuenta años este país,
Wilson es por lejos el más importante.
Lo dice usted, a quién podría catalogársele de adversario...
Lo digo yo que nunca fui militante de su sector, ni tuve nada que ver
con él. Lo digo en la perspectiva del tiempo. Incluso, su famosa
"gobernabilidad", en contra de la cuál estuve, por obvias razones,
estableció uno de los dilemas más patéticos que podía tener un hombre.
Y sé que lo hizo con un convencimiento de que tenía que hacerlo por la
salida de la nación. Y creo que debe de haber sido uno de los
pasos más amargos que dió. Entonces hay que reconocerle hasta ese
espíritu. Ese espíritu lo mató, yo no tengo dudas. Entonces no es el
Tartufo que negocia una posición por unos cargos, no es el que asume
una posición política para obtener unos puestitos. Está metido dentro
del drama de una nación. Y pienso que, en el acierto o en el error, se
entrega para que la nación no se enrede de nuevo en una etapa que
todavía no había terminado. Creo que, con la estatura de Wilson, éste
era un dilema muy grande. Pagó el precio de que no se le entendiera.
En el fragor de la lucha, a veces perdemos el sentido profundo de lo
que otros hacen con una visión también profunda y preocupada, aunque
distinta a la nuestra.
Pienso que debió de haber sido uno de los pasos más amargos de su
vida. Porque sé que lo destrozó, sé que lo distanció políticamente de
mucha gente. Por eso
mismo fue un gran dilema para un momento terriblemente difícil y para
un hombre muy importante.
¿Pero el llamado proyecto económico social de Wilson tiene alguna
vigencia en el siglo XXI?
Creo que en sus líneas fundamentales sigue vigente. Está vigente su
preocupación por la cuestión agraria, su preocupación por el
vaciamiento productivo de la
campaña. Produjo cosas que quedaron insinuadas. Wilson en su tiempo es
de los primeros que se preocupan por algo que parece pavada, que es el
pasto, que es la
materia prima de un país agropecuario. Los ensayos más importantes se
hicieron en su tiempo, y después se olvidaron. Tenemos una deuda con
este país, todavía no
hemos investigado nuestros pastos nativos. Eso quiere decir que
todavía no hemos inventado nuestras praderas, lo que significa que
nuestras praderas son importación de pastos exóticos que sucumben
cuando tienen que disputar con los nuestros.
¿Usted sugiere que nunca se trabajó desde la conducción política sobre
la investigación de los suelos y las pasturas?
Yo pienso que desde la dirección política del país nunca ha habido un
esfuerzo continuado y sistemático para conocer nuestras praderas y
nuestra tierra. Son
cosas que hay que hacer cuando hay dirección política, porque
significan el esfuerzo de muchos años. Pero estas cosas se hacen in
situ o no se hacen, lo otro
son copias. El único intento serio que hubo arrancó en tiempos de
Wilson. Después, como tantas otras cosas, lo tiraron. Era una labor de
investigación para veinte años. A veces me parece que Wilson en ese
tiempo tan afiebrado en el que fue ministro de Ganadería y Agricultura
procedía como si tuviera todo el tiempo
del mundo. Se planteaba cosas de una profundidad y una grandiosidad
que no son propias de los ministros de Uruguay.
¿Usted dice que Wilson era un soñador?
Creo que Wilson era bastante soñador también, y tal vez eso es lo que
lo ha hecho más trascendente. Hoy su propuesta para enfrentar el
problema de la tierra,
llamada reforma agraria o, si se quiere, "arreglo de los campos", es
una visión de cómo combatir las deformaciones impuestas por el
minifundio y, por otro
lado, los lacerantes desperdicios del latifundio. Cómo se podía
establecer un campo que tuviera sentido de equidad, que era una gran
preocupación de Wilson.
¿Algo hubiera sido distinto de haberse implementado las
transformaciones que Wilson proponía para el Uruguay rural?
Del tiempo de Wilson para acá se debe de haber ido tres cuartas partes
de la población rural a los cinturones de Montevideo. Se fueron. Y
alguna gente
del Montevideo urbano todavía sigue pensando que en el campo se está
fenómeno y no se hacen esta pregunta: ¿por qué se van? Wilson quiso
dar respuesta a eso. Y
cosas muy delicadas, su preocupación de la semilla, que parece una
pavada y es uno de los signos de dominio. A través de la Ley de
Patentes, que se nos
viene.
¿Usted cree que es más difícil ahora que en las últimas décadas del siglo XX?
Es trágico lo de Wilson. Porque no fue Wilson, fue el último estertor
de un tiempo. Aquello que el Uruguay debió haber hecho hace cincuenta
años, y no lo hizo,
ha determinado este país que somos. De haber logrado una
transformación agraria, probablemente seríamos un país más parecido a
Nueva Zelanda que al país que
somos hoy. Quiere decir que este fracaso de la apuesta de Wilson tiene
consecuencias históricas. Es el fracaso del Uruguay mismo. Porque
seguramente hoy precisamos una reforma agraria, pero ya no es aquella,
porque el tiempo cambió. En aquel tiempo un tambero con veinticinco
vacas mantenía a una familia. Hoy ese mismo tambero, para comprar lo
mismo y mantener una familia, tal vez necesite ordeñar una ciento
veinte o ciento treinta animales. El mundo cambió y el país cambió.
Pero ya no tenemos el aporte de capital que hubiera conseguido el
triunfo de este proyecto. Perdimos una etapa de nuestra propia
historia,
perdimos una etapa de cambio en el sentido de haber generado los
medios y la acumulación para enfrentar con éxito este tiempo. Porque
la historia es una
sucesión en los triunfos pero también en las derrotas. Y creo que la
derrota de Wilson, que empieza dentro de su partido, porque su partido
no lo entendió, termina
siendo la derrota del país.
¿Por qué la derrota del país?
Por el fracaso de este proyecto, porque no se pudo concretar, porque
después vinieron otras realidades. Comenzó a imponerse la prédica
neoliberal. Vino
(Alejandro) Végh Villegas. El mercado lo iba a arreglar todo. Y así
llegamos al Uruguay tramposo en el que vivimos. Aquel era el Uruguay
donde todavía se
pensaba que el Estado tenía que cumplir una función, no la de
sustituir la gestión empresarial, sino la de establecer políticas y
rumbos, que es distinto. Y
bueno, pero está, es eso. Entonces, creo que son las cosas vivas de
Wilson, que quedan ahí como desafío. Y no considero que esto sea un
homenaje. Hay que
retemplarlo, hay que volverlo a leer, hay que ubicarlo en el drama de su tiempo.
¿A veces usted ve a Wilson como un romántico?
Tal vez andaba muy enamorado con el porvenir, o tal vez estaba
empujado por una urgencia vital. Es trágico, porque otro gallo hubiera
cantado en la historia nacional. Hubiera sido distinto. No hubiera
continuado la guerra. Si hubiera llegado al gobierno
en el 71 hubiera podido establecer una política suficientemente
inteligente como para dejar un camino abierto. Por eso es una
tragedia. Una tragedia la vida
de Wilson, una tragedia lo que le pasó a la nación por no haber tenido
a Wilson donde lo tenía que tener. Y es una tragedia para el Partido
Nacional, porque
cuando tuvo un tipo genial no lo supo seguir. Pero bueno, ahora está
incorporado a las cosas de todos los días.
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