[R-P] Carta abierta de Danielle Mitterrand a los dirigentes europeos

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Sab Dic 29 10:03:43 MST 2007


Ignoro la efectividad de esta carta, pero valoro su sentido. Y está dirigida 
a los europeos, no a nosotros. Lo que, en principio, es bueno.

Julio Fernández Baraibar
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Danielle Mitterrand / La Jornada, 23 de diciembre de 2007

Carta abierta a los dirigentes europeos

Tal como Europa lo ha aprendido y cruelmente pagado, la democracia necesita 
ser vivida sin cesar, reinventada, defendida tanto en el interior de 
nuestros países democráticos como en el resto del mundo. Ninguna democracia 
es una isla. Las democracias se deben asistencia mutua. Hoy hago, por eso, 
un llamado a nuestros dirigentes y a nuestros grandes órganos de prensa: sí, 
lo afirmo, la joven democracia boliviana corre un peligro mortal.

En 2005, un presidente y su gobierno son ampliamente elegidos por más de
60 por ciento de los electores, a pesar de que una gran parte de sus 
electores potenciales, indígenas, no están inscritos en las listas 
electorales, puesto que ni siquiera poseen estado civil. Las grandes 
orientaciones políticas de este gobierno fueron masivamente aprobadas por 
referéndum antes incluso de esta elección, y, en especial, la 
nacionalización de las riquezas naturales en vistas de una mejor 
redistribución, así como la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

¿Por qué es indispensable una nueva Consitución? Por la razón muy simple de 
que la antigua data de 1967, cuando, en América Latina, las poblaciones 
indígenas (representaban en Bolivia 75 por ciento de la población) se 
hallaban totalmente excluidas de cualquier ciudadanía.

Los trabajos de la Asamblea Constituyente boliviana han sido, desde sus 
orígenes, constantemente trabados por las maniobras y el boicot de las 
antiguas oligarquías, las cuales no soportan perder sus privilegios 
económicos y políticos. La oposición minoritaria extrema el cinismo hasta 
disfrazar su rechazo a la sanción de las urnas bajo la máscara de la defensa 
de la democracia. Reacciona con el boicot, las agresiones en la calle, la 
intimidación de los responsables electos, en la estricta continuidad de las 
matanzas perpetradas a civiles desarmados por el ex presidente Sánchez de 
Lozada en 2003, quien, por otro lado, sigue perseguido por sus crímenes y 
refugiado en Estados Unidos.

En favor de un caos cuidadosamente instrumentado, renacen las amenazas 
separatistas de las regiones más ricas, que rechazan el juego democrático y 
no quieren "pagar por las regiones más pobres".

Grupos activistas neofascistas y bandas paramilitares, subvencionadas por la 
gran burguesía boliviana y ciertos intereses extranjeros, instalan un clima 
de miedo en las comunidades indígenas. Recordemos en qué terminaron Colombia 
y Guatemala, recordemos sobre todo la democracia chilena, asesinada el 11 de 
septiembre de 1973 después de un proceso idéntico de desestabilización.

Se puede matar una democracia también por medio de la desinformación. No, 
Evo Morales no es un dictador. No, no es la cabeza de un cártel de 
traficantes de cocaína. Estas imágenes caricaturescas se hacen circular en 
nuestros países sin la menor objetividad, como si la intrusión de un 
presidente indígena y la potencia creciente de ciudadanos electores 
indígenas fuesen insoportables, no sólo a las oligarquías latinoamericanas 
sino también a la prensa bienpensante occidental. Como para desmentir aún 
más la mentira organizada, Evo Morales hace un llamado al diálogo, rehúsa 
hacer uso del ejército y pone incluso su mandato en la balanza.

Solemnemente llamo a los defensores de la democracia, a nuestros dirigentes, 
a nuestros intelectuales, a nuestros medios de comunicación. ¿Vamos a 
esperar que Evo Morales conozca la suerte de Salvador Allende para llorar 
sobre la suerte de la democracia boliviana?

La democracia tiene valor para todos o para nadie. Si la amamos en nuestra 
patria, debemos defenderla por todos los lugares donde esté amenazada. No 
nos toca, como algunos lo pretenden con arrogancia, ir a instalarla en otras 
naciones mediante la fuerza de las armas; en cambio, nos toca protegerla en 
nuestro país con toda la fuerza de nuestra convicción y estar al lado de 
aquéllos que la han instalado en su nación.



Danielle Mitterrand.
Tomado de La Jornada, México,
23 de diciembre,
2007. Texto original en:

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/23/index.php?section=mundo&article=028a1mun

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