[R-P] Introducción a la traducción al español de GustavoII Adolfo, de Mehring

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Sab Dic 29 10:45:19 MST 2007


He terminado la traducción al español del folleto de Franz Mehring sobre 
Gustavo II Adolfo de Suecia, que espero publicar una vez en Buenos Aires.
Esta es la pequeña introducción que he escrito, como una presentación al 
público de nuestro continente.

Julio Fernández Baraibar
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Introducción a la traducción al español

Franz Mehring no necesita mucha presentación para un público acostumbrado a 
la lectura de los clásicos del pensamiento marxista. Nacido en Pomerania, en 
el norte de Alemania, en el año 1846, murió en Berlín en 1919, pocos días 
después que sus camaradas y amigos Rosa Luxemburgo y Kart Liebknecht fueran 
asesinados por los guardias blancos de la reacción imperial, al fracasar la 
revolución alemana de 1918.

Ingresó a la política apoyando el proceso de unificación alemana liderado 
por Bismarck, desde una perspectiva liberal, para coincidir, poco después, 
con las posiciones expresadas por los socialdemócratas encabezados por 
Fernando Lasalle. Ingresó al Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, donde se 
convirtió en uno de sus principales periodistas y publicistas. Entre 1902 y 
1907 fue el editor jefe del periódico socialdemócrata Leipziger 
Volkszeitung. Entre 1906 y 1911 enseñó en la escuela del partido. Fue 
miembro del parlamento prusiano entre 1917 y 1918. Comienza a distanciarse 
de la socialdemocracia con motivo de la votación a favor del presupuesto de 
guerra por parte del bloque de su partido en el parlamento alemán, hecho que 
tuvo enormes consecuencias en la historia de la socialdemocracia europea. El 
hecho puso fin a la existencia de la II Internacional y los partidos 
socialistas europeos apoyarán a partir de allí a sus respectivas burguesías 
en la matanza interimperialista de 1914, la Primera Guerra Mundial. En 1916 
es fundador, junto con Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, de la Liga 
Espartaquista que expresaba los puntos de vista de la fracción 
socialdemócrata opuesta a la colaboración de los trabajadores con la guerra 
imperialista.
En 1918, un año antes de su muerte, dio a conocer su libro "Carlos Marx" 
(Editorial Grijalbo, México, 1957), producto de sus clases en la escuela de 
la Liga Espartaquista, y que constituye la mejor biografía política del 
fundador del materialismo histórico escrita hasta el presente.

La unidad nacional alemana, la destrucción de los impotentes principados que 
retrasaron más de trescientos años la creación de un estado alemán 
centralizado y, por lo tanto, el pleno desarrollo de sus fuerzas de 
producción fueron los objetivos por las que se lanzó a la política y el 
principal impulso a su incorporación a la socialdemocracia. En su 
pensamiento, sólo el proletariado alemán podría llevar adelante esas 
formidables tareas, ante lo que consideraba la debilidad de la burguesía 
germana y su miedo a encarar las necesarias transformaciones que implicaban, 
entre otras, la abolición de la monarquía y de los residuos feudales.
En 1894 publicó este folleto sobre el rey sueco Gustavo II Adolfo, quien en 
el transcurso de la Guerra de los Treinta Años, invadió y saqueó el suelo 
alemán, y al que la burguesía sueca y la alemana, lo que despertó en Mehring 
una profunda indignación, erigieron en un guerrero por la libertad de 
conciencia contra la servidumbre del catolicismo y los jesuitas. Para 
desmentir esta falacia, Mehring hace en este folleto un ejercicio de 
revisionismo histórico sobre la figura del monarca sueco, sobre la Guerra de 
los Treinta Años y sobre la reforma luterana.

Dos cosas, entre otras, deja en claro el folleto:

1. La profunda transformación económica que, con el ropaje de turbulencias, 
enfrentamientos y guerras religiosas, conmovieron a la sociedad Europea a 
partir de fines del siglo XV.

2. Y dentro de ello, Mehring establece un punto de vista, a mi entender, 
novedoso al apartarse de la condena adocenada del progresismo de izquierda 
al absolutismo de los Austria y a la contrarreforma jesuítica. Con una luz 
impiadosa ilumina las pequeñeces del luteranismo y de su fundador y algunos 
seguidores, así como la infamia de los príncipes alemanes, luteranos y 
católicos, mientras que eleva al Mariscal de las fuerzas del Sacro Imperio 
Romano Germánico y de la Liga Católica, el bohemio católico Alberto de 
Wallenstein a la altura de un fallido, pero hábil y esforzado, 
protounificador del reino alemán.

Su afirmación de que, siendo Alemania uno de los países más atrasados de 
Europa occidental de entonces, la religión alemana (el luteranismo) no podía 
ser sino una religión atrasada, y su descripción del jesuitismo como, junto 
con el luteranismo y el calvinismo, la expresión de las nuevos formas de 
producción capitalista en la esfera religiosa, aportan un novedoso, pese a 
lo centenario del texto, e iluminador punto de vista.

La otra razón que me motivó a la traducción del texto, además de su ausencia 
en la literatura en castellano, es que la lucha secular por la unificación 
de Alemania, más allá de las obvias y enormes diferencias de tiempo, lugar y 
cultura, y de la existencia arrasadora en nuestros días de un imperialismo 
económico inexistente en el siglo XVII, tiene ricos y aleccionadores puntos 
de contacto con nuestra lucha por la unidad de América Latina. También aquí 
encontramos figuras similares a los "déspotas enanos" que menciona Mehring, 
al referirse a la miríada de duques, condes, margraves, marqueses, 
príncipes, príncipes electores, obispos, arzobispos y emperador que 
usufructuaban el trabajo de los campesinos y las ciudades alemanas. Nuestras 
impotentes repúblicas, sus muecas de soberanía frente a los vecinos y su 
lacayuna obediencia al imperialismo, juegan el mismo papel que aquellas, son 
el impedimento para nuestra existencia como nación continental soberana.

Si Francia, por un lado, y la rapiña sueca, por el otro, más la traición de 
los príncipes, católicos y protestantes, fueron la razón principal para que 
Alemania entrara trescientos años tarde al concierto europeo, como nación 
moderna, así hoy el sistema imperialista que rige sobre EE.UU. y Europa, y 
se descarga sobre el mundo semicolonial, y la traición de las oligarquías 
latinoamericanas constituyen el principal impedimento de nuestra unificación 
nacional.

Para no hablar de los historiadores de nuestra balcanización que, así como 
el partido de la reacción alemana erigió en héroe al causante del atraso 
alemán, han erigido en el papel de prohombres a quienes abrieron las puertas 
al imperialismo inglés, dividieron la heredad hispanoamericana para 
facilitar la penetración del mismo. Mitre, Portales, Tagle, Rivera y 
Rivadavia cumplieron el mismo papel que en este folleto Mehring atribuye a 
los miserables señores alemanes. Y nuestros Wallensteins, nuestros campeones 
de la independencia nacional y la unidad continental han sido relegados a la 
categoría, o bien de déspotas, o bien de bandidos, actitud esta de la que no 
se salvó ni siquiera el maestro del profesor Franz Mehring, Carlos Marx.

Hay un detalle, apenas unas palabras, en el texto de Mehring que no puedo 
pasar por alto y han merecido una pequeña nota al pie de página de mi parte. 
Al final de su breve ensayo y describiendo la decadencia moral de aquella 
banda de príncipes y marqueses, escribe:

"Los príncipes protestantes, que habían vivido desde el final de la guerra 
campesina hasta la paz de Westfalia, eran una pandilla horripilante, a la 
que un mar de agua calina apenas alcanzaría para ocultar el color natural de 
la piel de esos moros bajo una fina capa de color cieno".

Que en 1908, fecha de la segunda edición del folleto, Franz Mehring 
continuase considerando que esas palabras no ofendían a un vastísimo sector 
de la humanidad oprimida indica bien a las claras el carácter eurocéntrico 
que el pensamiento socialista marxista, aún el más avanzado y decidido, 
tenía en el Imperio Alemán de Guillermo II poco antes de la Primera Guerra 
Mundial. Llamar moros, en recuerdo de los cultos príncipes del califato de 
Granada, con el brutal sentido descalificatorio y racial que encierra el 
párrafo, es para los latinoamericanos de principios del siglo XXI un indicio 
más del derecho de inventario con que tenemos que aprehender los 
instrumentos del pensamiento crítico generados por Europa.

Establecido el necesario y sano inventario, entremos entonces al texto de 
Franz Mehring sobre Gustavo Adolfo Wasa.

Julio Fernández Baraibar
Pântano do Sul, Isla de Florianópolis, Santa Catarina, Brasil
23 de diciembre de 2007. 





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