[R-P] [CUPV] La batalla por Pakistán
Patricia
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Vie Dic 28 15:37:15 MST 2007
La batalla por Pakistán
Txente Rekondo
Rebelión
La muerte de Benazir Bhutton en atentado ha sacudido
buena parte de los cimientos políticos de aquél país
asiático, pero más allá de la tragedia que supone para
su familia personal y política e incluso para el
futuro de Pakistán, su violento final parecía seguir
el título de “crónica de una muerte anunciada”. Los
intereses de Washington y los deseos de la propia
Bhutto forjaron un escenario virtual.
Y ese guión se ha topado de bruces con la cruda
realidad de ese complejo y turbulento estado y ha
saltado hecho pedazos tras el atentado contra la
famosa política paquistaní. Como si de una tragedia
griega se tratase, la familia Bhutto ha estado marcada
por la muerte violenta de sus miembros, el padre de
Benazir y dos de sus hermanos también murieron de
forma violenta, y por los escándalos de corrupción, su
propio marido en las calles de Pakistán es conocido
como “el señor 10%”
Pakistán es un país al borde del precipicio, una
delicada situación si se tiene en cuenta la capacidad
desestabilizadora para esa región del continente
asiático que supondría una radicalización de la
sociedad paquistaní, sin olvidar tampoco la capacidad
nuclear que posee Islamabad. Los enfrentamientos y la
violencia se suceden por todas las provincias y el
nivel de éstos aumenta cada día.
Un breve vistazo nos permite observar cómo hasta hace
poco el movimiento taliban paquistaní se había hecho
con el control de los distritos de Swat y Shangla en
la Provincia Fronteriza del Noreste, recientemente
recuperadas por el ejército tras duras batallas y con
importantes pérdidas de vidas en ambos bandos. Además
esta intervención del ejército ha provocado también un
alto número de muertes civiles lo que a su vez trae
consigo un mayor rechazo a las fuerzas de Islamabad en
la zona y a una mayor radicalización de sus
habitantes.
La violencia sectaria también es periódica, tanto
entre diferentes tribus como entre miembros de las
comunidades chiítas y sunitas del país. Otras zonas,
como Baluchistán, asisten al resurgir del movimiento
armado que busca la formación de un estado propio y
rechaza la autoridad del gobierno central, al que
acusa de expoliar las riquezas de ese pueblo y de
marginar a sus ciudadanos.
También estamos asistiendo a un notable incremento de
los ataques suicidas contra militares, altos cargos
del gobierno y líderes políticos, el propio Musharraf
ha sido objeto de más de un ataque. Y todo ello se ve
aderezado por la presencia de una oposición dividida y
desestructurada que busca acariciar alguno de los
resortes del poder aunque eso signifique llevar a cabo
alianzas contra natura. Las diferentes posturas en
torno a la participación en las próximas elecciones
del ocho de enero o el boicot a las mismas siguen
dividiendo a aquella aún más.
El presidente Mushrraf , como la figura del “general
en su laberinto” parece de momento sentirse seguro, al
menos en el estricto sentido político, ya que como
hemos visto en cualquier momento se puede suceder otro
ataque contra su vida. Y para llegar a esa situación
es clave el apoyo que recibe de Washington, lo que la
calle del país percibe con humor al llamarle
“Busharraf”, y de los militares paquistaníes, lo que
le permite mantenerse firme en su puesto al frente del
país.
La desaparición física de la escena política de Bhutto
va a dar lugar a un sin fin de especulaciones e
interpretaciones como lo hará sin duda el atentado
realizado en Rawalpindi. Es cierto que el anterior
ataque contra Bhutto al llegar al país tras años de
exilio dio muestras de ser una acción planeada y
resalida con mucha meticulosidad, lo que hace pensar
que no muy lejos de ella podíamos encontrar a algún
miembro del todopoderoso servicio secreto, el ISI. Y
esos datos pasaron curiosamente desapercibidos en la
mayoría de análisis occidentales. En esta ocasión será
difícil encontrar el autor intelectual del atentado,
ya que éste puede obedecer a un amplio abanico de
intereses que se benefician con la desaparición de
Bhutto, además tampoco podemos olvidar del alto número
de enemigos que tenía la política paquistaní.
Una de las claves para entender ese complejo puzzle en
el que se ha convertido en Pakistán actual es el papel
que desempeñan las fuerzas armadas desde la fundación
del país. En estos momentos, los militares
paquistaníes son una importante empresa financiera que
ha ido creando redes y fuentes financieras para poder
desarrollar su maquinaria militar, incluido el costoso
programa nuclear, y controlar al mismo tiempo política
y económicamente Pakistán.
Los generales paquistaníes no están interesados en la
defensa o articulación de un modelo democrático,
porque son conscientes que ello podría significar el
final de sus privilegios y de su acomodada y poderosa
situación, y en esto coinciden también con el otro
protagonista clave, el gobierno de Estados Unidos.
Las actuaciones de Washinton en Pakistán, como en
otras partes del mundo, han estado disfrazadas por el
discurso de “promover la democracia en todos los
rincones del planeta”, pero al igual que en el pasado
con Pinochet, Marcos y otros muchos dictadores, o
incluso con el general Zia y el propio Musharaf en
Pakistán, lo que en realidad busca la actuación de la
política exterior estadounidenses es la defensa a
ultranza de sus propios intereses económicos,
políticos o militares en todo el mundo. De ahí que
defender la democracia con dictadores como los
mencionados sonaría a risa de no ser por el tremendo
sufrimiento que han generado en los pueblos a los que
dice “querer ayudar”.
Un repaso a la prensa paquistaní escrita en urdu nos
permite descubrir el sentir de la población local,
tremendamente enojados con la actitud de su gobierno
ante las pretensiones de los dirigentes de la Casa
Blanca. Un ejemplo lo encontramos en la reciente
visita a Pakistán de Subsecretario de Estado
norteamericano Jhon Negroponte, que la presentan como
“parte de los mismos esfuerzos para proteger sus
propios intereses”. Y más adelante, entre líneas, se
puede leer que “la agenda real de la visita no es
acabar con el estado de emergencia y establecer una
democracia verdadera en Pakistán, sino lograr asegurar
la protección de los intereses de Estados Unidos en el
futuro escenario político del país”.
Los frutos de esta actuación la estamos viendo en los
últimos días con mayor claridad que en el pasado. La
presión de Washington ha traído consigo un importante
aumento del sentimiento antiamericano por todo
Pakistán, además de haber contribuido a un auge de un
islamismo de corte nacionalista. Este punto es
importante además si tenemos en cuenta que la realidad
islamista del país dista mucho de los discursos
alarmistas e interesados que se vierten desde Estados
Unidos, sobre todo desde sectores neoconservadores.
Los partidos religiosos no son una fuerza homogénea, a
las divisiones tradicionales en torno a chiítas y
sunitas hay que sumar las diferentes tendencias entre
los grupos con base en las zonas rurales o movimientos
más urbanos. Además, hasta hace poco la tendencia
taliban paquistaní representaba un movimiento marginal
y poco numeroso. Un dato bastante esclarecedor es el
apoyo que recibe la mayor alianza islamista del país,
el Muttahida Majlis-e-Amal (MMA) que en las elecciones
del 2002 logró algo más del doce por ciento del voto
(si bien es cierto que en algunas zonas fue la fuerza
más votada).
El proceso de islamización de Pakistán ha estado
estrechamente unido al apoyo estadounidense a
determinados dirigentes del país. Así, el régimen
militar del general Zia recibió el apoyo y respaldo de
la administración republicana de Reegan, ya que lo
consideraron pieza clave para expulsar a las fuerzas
soviéticas de Afganistán. La promoción de madrassas y
la radicalización ideológica de las fuerzas islamistas
contó con el beneplácito de Islamabad y Washington y
con el apoyo económico de Arabia Saudita. Y ahora bajo
el mandato de Musharraf, también con apoyo
norteamericano, estamos asistiendo a al avance
ideológico y material de las fuerzas del islamismo
militante, unido al aumento de los ataques suicidas y
a la implantación de la sharia en algunas zonas.
Las recientes maniobras desde EEUU han traído consigo
que los canales de comunicación entre los militantes
talibanes paquistaníes y el ejército se hayan roto y
que la situación se esté acercando peligrosamente a un
punto sin retorno.
En Pakistán estamos asistiendo a una lucha sin
cuartel. Por un lado están las fuerzas armadas y sus
apoyos políticos y económicos tanto locales como
extranjeros, y por otro lado encontramos a los
militantes islamistas, partidos minoritarios, parte de
la sociedad civil, e incluso al Qaeda. Y mantienen una
pelea de todos contra todos. Y sin olvidar a EEUU, uno
de cuyos políticos ha señalado que “la seguridad del
arsenal nuclear paquistaní es el principal interese
estratégico de Washington”. Y para ello no dudan en
apoyar a los militares locales para que mantengan
“controlado el centro del país” (Islamabad y Punjab).
La sociedad paquistaní afronta divisiones étnicas,
políticas, sectarias y culturales, y ahora a éstas hay
que añadir un movimiento islamista radicalizado en
auge. Probablemente todavía no hemos asistido a la
conclusión de esta lucha por Pakistán, pero podemos
adelantar que probablemente no asistamos a un final
feliz.
TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis
Internacional (GAIN)
"Me entregaré a Tí confiada... Confiada de que no me respetes, de que abuses de mí a cada instante. Explores mis carnes. Te adueñes de ellas. Sin advertencia alguna penetres. Sin piedad me dejes. Me entregaré a Ti confiada de que me harás sufrir de ganas, de desearte hasta el alma, tus jugos correrán por mi rostro, los míos bañarán la cama, que tus manos desgarren mis nalgas y mis labios no existirán mañana."
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