[R-P] Pedir lo imposible (y no hacer lo indispensable)

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Sab Dic 22 13:56:32 MST 2007


La abominable e inmunda arcada de un renegado, entregado gratis, sin costo 
adicional, al imperialismo.

Que alguna vez haya sido un hombre revela la delgada línea que separa lo 
excelso de lo canallesco.

Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar
fernandezbaraibar en gmail.com
Skype: julio.fernandez.baraibar
Visite mis blogs: http://fernandezbaraibar.blogspot.com
http://jfernandezbaraibar.blogspot.com



Panorama político nacional de los últimos siete días


Pedir lo imposible (y
no hacer lo indispensable)

Jorge Raventos

A coro y como si leyeran la misma partitura, funcionarios y lenguaraces del 
kirchnerismo local y del chavismo venezolano entonan la misma canción: 
"Guido Alejandro Antonini Wilson debe ser extraditado a la Argentina". Se 
distinguen en el conjunto las voces de Néstor Kirchner, de su jefe de 
gabinete Alberto Fernández y de su encargado de inseguridad, Aníbal 
Fernández, así como la del mujaidín Luis D'Elía, la del jefe bolivariano 
Hugo Chávez y la del gobernador del estado venezolano de Cojedes, Jhonny 
Yanez Rangel. Todos piden lo mismo para el adiposo Antonini y a todos se les 
ha ocurrido en el mismo instante.
Resulta verdaderamente enigmático este interés repentino por  el célebre 
valijero después de largos meses de silencio y apatía durante los que ni se 
habló del expediente abierto en la madrugada del 4 al 5 de agosto, ni se lo 
activó judicialmente. No es menos misterioso que todos reclamen algo que 
saben que no ocurrirá: transformado hoy en testigo protegido en Estados 
Unidos, país del cual es ciudadano, Antonini jamás será extraditado. No sólo 
por esa condición de arrepentido bajo tutela de las instituciones 
americanas, sino por el hecho más general de que Estados Unidos no extradita 
a sus propios ciudadanos. En rigor, son pocos los países que lo hacen. La 
Argentina sólo excepcionalmente concedía esas solicitudes. Una de esas 
excepciones ocurrió en noviembre de 2002, cuando la Corte autorizó la 
entrega de cuatro argentinos detenidos en Buenos Aires, acusados por la 
Justicia de Estados Unidos de introducir heroína colombiana en Nueva York. 
Eso no ocurrió sin controversia: Enrique Petracchi, uno de los dos miembros 
de aquella Corte que se mantienen en su puesto, votó en contra de la medida.
En ocasiones, la Justicia argentina ha rechazado inclusive extraditar a 
ciudadanos extranjeros reclamados por sus países de origen por delitos allí 
cometidos. Fue ese, por ejemplo, el caso del pedido español de extradición 
del    vasco Jesús María Lariz Iriondo, acusado en aquel país de participar 
en actos de terrorismo como miembro de la organización separatista ETA.


La política del tero y la soberanía judicial

El reclamo chavo-kirchnerista de extradición de Antonini y la actuada 
indignación ante el hecho de que seguramente no será concedida,   suenan a 
excusa.
Después de introducir ilegalmente en el país casi un millón de petrodólares 
chavistas en un vuelo oficial argentino, el valijero no fue retenido en 
agosto por las autoridades locales. Se sabe ahora que, mientras el delito 
era silenciado (sólo generaría reacciones oficiales dos días después de que 
alcanzara estado público por acción del periodismo), Antonini era recibido 
en la Casa Rosada y más tarde se le facilitaba la salida sin inconvenientes 
del país junto a Hugo Chávez. Los tímidos jueces que intervienen en el 
expediente no han indagado aún nada de lo que puede averiguarse en fuentes 
locales; ni siquiera han citado a declarar a las personas responsables de 
aquel vuelo, compañeros de viaje del    introductor del dinero. Ni la 
Justicia ni la Cancillería no ha puesto en acción los  dispositivos del 
Tratado de Asistencia Jurídica Mutua y de la cooperación judicial 
argentino-estadounidense que están en vigencia desde la década del 90. Por 
esos mecanismos, más allá del tema de la extradición de Antonini, la 
justicia argentina podría pedirle a la de Estados Unidos colaboración para 
interrogar al valijero en aquel país. Pero, ¿ quieren los que reclaman a voz 
en cuello la extradición de Antonini que él se exprese en el   trámite 
judicial? ¿Quieren que consten en el expediente los datos que el valijero 
podría aportar: quién le entregó la valija, a quién debía dársela en Buenos 
Aires, cuál era el objetivo del envío?
El gobierno Kirchner, en el tema de los 800.000 petrodólares venezolanos, 
iza el pabellón de la soberanía judicial: pretende que los que se encarguen 
del asunto sean los magistrados locales (que están siempre a tiro de juicio 
político, bajo la vigilancia de los soldados que el oficialismo mantiene en 
el Consejo de la Magistratura).
En verdad, el oficialismo enarbola la soberanía judicial cuando le conviene; 
Kirchner es el que más hizo retroceder ese principio cuando admitió, en 
algunos casos del pasado, que tribunales ajenos (no cortes supranacionales y 
acordadas por el país, sino jueces de otras naciones) asumieran jurisdicción 
sobre hechos ocurridos en la Argentina y sobre los que ya habían actuado la 
Justicia y las instituciones del país.

La coartada "patriótica"

El tema de la valija atraviesa las dos etapas del gobierno K y no está 
necesaria ni exclusicvamente ligado al financiamiento de una campaña 
electoral. En la era de Kirchner Néstor se soldó el vínculo con Chávez y fue 
en esa época cuando empezaron a volar las maletas; fue entonces cuando se 
establecieron nexos especiales con    Caracas y se puso en funcionamiento 
esa embajada de facto que cubría Claudio Uberti, formalmente titular del 
Organo de Control de Concesiones Viales de Argentina, pero en la práctica 
encargado de negociaciones con el régimen chavista, como hombre de la máxima 
confianza de Kirchner y de Julio De Vido. El venezolano Teodoro Petkoff, 
fundador del Movimiento al Socialismo de su país y actualmente director del 
diario Tal Cual, podría seguramente aportar información sobre esas 
negociaciones: "Acá en Venezuela -escribió en su periódico- conocemos 
muchísimo a De Vido: sabemos por ejemplo que sus intereses están 
representados por la oficina del señor Alex del Nogal, una persona que ya 
fue detenida en Italia acusada de narcotraficante".
En la segunda etapa de gobierno K, tanto De Vido como la mayoría absoluta 
del personal del primer período kirchnerista mantienen sus cargos. Y los 
signos de   continuismo se vigorizan a partir de la reactualización del caso 
de los petrodólares. En ese momento la señora de Kirchner asume  sin 
beneficio de inventario la herencia legada por su cónyuge. Más aún: éste 
vuelve a ocupar escenarios y atriles, para subrayar, bajo el argumento de 
defensa de su esposa,   la continuidad  de la línea y la gestión que él 
encarnó. Sigue -lo sepa o lo ignore- una vieja enseñanza de Napoleón: el 
secreto de un buen general reside en saber evitar la retirada.de la propia 
tropa.    La coartada "antiimperialista",  los argumentos "patrióticos" . no 
sólo representan una presión para los funcionarios de los distintos poderes 
que quieran actuar con independencia, son sobre todo la   apelación a un 
recurso clásico para disciplinar y sofocar tempranamente los signos de duda 
o las insinuaciones de desvío hacia "la sensatez" que empezaban a observarse 
en rincones no necesariamente secundarios del oficialismo y presagiaban 
(presagian) crisis internas
Los que imaginaban que la gestión de la señora de Kirchner podía orientarse 
en un sentido diferenciado del que había impuesto su esposo registraban (y 
acaso sobrevaluaban) aquellas dudas e insinuaciones, compartidas o no por la 
propia señora.
La  variación del rumbo puede haber sido una intención, pero no se produjo.



D'Élía convertido en metro patrón

Es curtioso observar cómo los  altibajos de la carrera artística del ex 
piquetero Luis D'Elía se han convertido en una suerte de metro patrón de las 
vacilaciones internacionales del kirchnerismo.
Por cierto,  en los tiempos en que se dedicaba a montar piquetes y a sitiar 
o tomar con modos rústicos edificios privados o públicos, D'Elía no se 
ocupaba de política exterior. La misión que -junto a otros- tenía asignada 
(y por la cual era juzgado y retribuido) residía fundamentalmente en 
garantizarle al oficialismo K ocupación de la calle y cierta capacidad de 
presión sobre adversarios reales o potenciales del gobierno.
Pero una vez ascendidos algunos tramos  en la siempre resbalosa pirámide 
kirchnerista, D'Elía avizoró horizontes más atractivos que los que ofrecía 
el movimiento piquetero; comprobada la fidelidad del gobierno (que 
neutralizó las acciones destinadas a investigar y castigar la violenta toma 
de comisaría de La Boca que capitaneó), lo suyo dejó de ser la pelea chica 
de los desocupados y trabajadores en negro que quieren acceder a un subsidio 
estatal o incrementar el que ya reciben. D'Elía comprendió velozmente que 
una fuente en principio inagotable de financiamiento podía ser el mandamás 
de Venezuela que, impulsado por la magnífica renta petrolera de su país, 
aspiraba a intervenir activamente en los países de la región. La amistad 
entre la Casa Rosada y el sedicente coronel bolivariano le permitía al ex 
piquetero servir a dos amos sin demasiada tensión espiritual y nutrir la 
caja de su movimiento con aportes de dos fuentes.
Un momento de gloria de esa iniciativa: aquellas jornadas de noviembre de 
2005 en Mar del Plata cuando Néstor Kirchner, al tiempo que era anfitrión de 
mandatarios americanos, se convertía,  al decir de Chávez, en  "el 
comandante de la operación" de ofensiva contra uno de sus huéspedes   (el 
presidente de los Estados Unidos) y contra el ALCA. D'Elía marchaba entonces 
bajo la divisa de ambos, sostenido por los dos ubérrimos liderazgos.
Pero un tiempo después los senderos parecieron bifurcarse. Chávez develó 
públicamente sus simpatías por el régimen iraní de Mahmoud Ahmadinejad y 
hasta celebró     algunos comentarios de éste, que se balanceaban entre la 
agresividad  antisionista y el libelo antisemita. D'Elía olfateó otra 
posible fuente de apoyo, viajó a Teherán y comenzó a predicar una simbiosis 
pampeanamente rara de bolivarismo chavista y fundamentalismo islámico, pero 
lo hizo justo en el instante en que la señora de Kirchner (íntimamente 
advertida de que pronto sería la reencarnación presidencial de su marido) 
consideró adecuado abrir mejores relaciones con el establishment demócrata y 
la comunidad de negocios de Estados Unidos. Fue por esos días que la 
candidata in pectore   comenzó a insinuar cierto fruncimiento de nariz al 
escuchar el apellido Chávez y en un viaje a Venezuela tomó contacto con la 
conducción de la colectividad judía local, hostigada por el coronel 
bolivariano, y pidió     por ella al César caraqueño. El gesto, destinado a 
que lo visualizasen las influyentes colectividades judías de Nueva York y de 
la Costa Oeste (decisiva en el mundo del     espectáculo y los medios 
californianos), parecía sugerir un despegue de la dama en relación con la 
erizada conducta internacional de su esposo. Luis D'Elía fue entonces 
desterrado del oficialismo visible; aunque subsistían los vasos comunicantes 
por los que seguía fluyendo combustible para alimentar el tanque del 
piquetero, ya no se lo invitaba a las reuniones, se lo consideraba 
comprometedor, sólo se lo citaba con la clandestinidad que enardece a los 
amantes.
Ahora, merced al FBI y al Departamento de Justicia de los Estados Unidos, 
D'Eía ha vuelto a la luz sin necesidad de disimular su oficialismo. La 
investigación sobre la valija de petrodólares que en agosto dejó en Buenos 
Aires el venezolano Antonini Wilson     canceló los movimientos que había 
encarado el kirchnerismo hacia Estados Unidos y ha devuelto a la señora de 
Kirchner a los brazos del coronel Chávez. No más disimulos ni preocupación 
por las apariencias: la Casa Rosada cierra filas con el benefactor 
bolivariano y acusa a las autoridades de Washington de urdir una 
"canallesca" maniobra destinada a perjudicar tanto al venezolano como a la 
señora de Kirchner. El cambio de actitud     kirchnerista recupera los 
servicios públicos de D'Elía, que vueve a transformarse en vocero de un 
romance latinoamericano, en lenguaraz del restaurado eje chavo-kirchnerista. 
Cauto, D'Elía por ahora omite las menciones al régimen iraní y los 
argumentos forjados por la propaganda de Teherán que él reproducía 
habitualmente. Pero no tardará en volver a ellos. D'Elía se siente 
plenamente reivindicado por las circunstancias.
Los Kirchner,  forzados por los secretos que el valijero puede develar, 
aterrizan de emergencia en el punto de partida.


 




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular