[R-P] El Jesús que secuestraron los emperadores
Boletín Bambú
bambuprensa en yahoo.com.mx
Mie Dic 19 11:43:49 MST 2007
El Jesús que secuestraron los emperadores
Jorge Majfud
"¿Quien me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?"
Antonio Machado.
Hace unos días el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se
refirió a Jesús como el más grande socialista de la
historia. No me interesa aquí hacer una defensa o un ataque
de su persona. Sólo quisiera hacer algunas observaciones
sobre una típica reacción que causaron sus palabras por
diversas partes del mundo.
Tal vez decir que Jesús era socialista es como decir que
Tutankamón era egipcio o Séneca era español. No deja de ser
una imprecisión semántica. Sin embargo, aquellos que en
este tiempo se han acercado a mí con cara de espantados por
las palabras del "chico malo" ¿lo hacían en función de
algún razonamiento o simplemente en función de los códigos
impuestos por un discurso dominante?
En lo personal, siempre me ha incomodado el poder acumulado
en un solo hombre. Pero si el señor Chávez es un hombre
poderoso en su país, en cambio no es él el responsable del
actual orden que rige en el mundo. Para unos pocos, el
mejor orden posible. Para la mayoría, la fuente de la
violencia física y, sobre todo, moral.
Si es un escándalo imaginar a un Jesús socialista, ¿por qué
no lo es, entonces, asociarlo y comprometerlo con la
cultura y la ética capitalista? Si es un escándalo asociar
a Jesús con el eterno rebelde, ¿por qué no lo es, en
cambio, asociarlo a los intereses de los sucesivos imperios
—exceptuando el más antiguo imperio romano? Aquellos que no
discuten la sacralizad del capitalismo son, en gran número,
fervientes seguidores de Jesús. Mejor dicho, de una imagen
particular y conveniente de Jesús. En ciertos casos no sólo
seguidores de su palabra, sino administradores de su
mensaje.
Todos, o casi todos, estamos a favor de cierto desarrollo
económico. Sin embargo, ¿por qué siempre se confunde
justicia social con desarrollo económico? ¿Por qué es tan
difundida aquella teología cristiana que considera el éxito
económico, la riqueza, como el signo divino de haber sido
elegido para entrar al Paraíso, aunque sea por el ojo de
una aguja?
Tienen razón los conservadores: es una simplificación
reducir a Jesús a su dimensión política. Pero esta razón se
convierte en manipulación cuando se niega de plano
cualquier valor político en su acción, al mismo tiempo que
se usa su imagen y se invocan sus valores para justificar
una determinada política. Es política negar la política en
cualquier iglesia. Es política presumir de neutralidad
política. No es neutral un observador que presencia pasivo
la tortura o la violación de otra persona. Menos neutral es
aquel que ni siquiera quiere mirar y da vuelta la cabeza
para rezar. Porque si el que calla otorga, el indiferente
legitima.
Es política la confirmación de un statu quo que beneficia a
una clase social y mantiene sumergida otras. Es político el
sermón que favorece el poder del hombre y mantiene bajo su
voluntad y conveniencia a la mujer. Es terriblemente
política la sola mención de Jesús o de Mahoma antes,
durante y después de justificar una guerra, una matanza,
una dictadura, el exterminio de un pueblo o de un solo
individuo.
Lamentablemente, aunque la política no lo es todo, todo es
política. Por lo cual, una de las políticas más hipócritas
es afirmar que existe alguna acción social en este mundo
que pueda ser apolítica. Podríamos atribuir a los animales
esta maravillosa inocencia, si no supiésemos que aún las
comunidades de monos y de otros mamíferos están regidas no
sólo por un aclaro negocio de poderes sino, incluso, por
una historia que establece categorías y privilegios. Lo
cual debería ser suficiente para menguar en algo el orgullo
de aquellos opresores que se consideran diferentes a los
orangutanes por la sofisticada tecnología de su poder.
Hace muchos meses escribimos sobre el factor político en la
muerte de Jesús. Que su muerte estuviese contaminada de
política no desmerece su valor religioso sino todo lo
contrario. Si el hijo de Dios bajó al mundo imperfecto de
los hombres y se sumergió en una sociedad concreta, una
sociedad oprimida, adquiriendo todas las limitaciones
humanas, ¿por qué habría de hacerlo ignorando uno de los
factores principales de esa sociedad que era, precisamente,
un factor político de resistencia?
¿Por qué Jesús nació en un hogar pobre y de escasa
gravitación religiosa? ¿Por qué no nació en el hogar de un
rico y culto fariseo? ¿Por qué vivió casi toda su vida en
un pueblito periférico, como lo era Nazareth, y no en la
capital del imperio romano o en la capital religiosa,
Jerusalén? ¿Por qué fue hasta Jerusalén, centro del poder
político de entonces, a molestar, a desafiar al poder en
nombre de la salvación y la dignidad humana más universal?
Como diría un xenófobo de hoy: si no le gustaba el orden de
las cosas en el centro del mundo, no debió dirigirse allí a
molestar.
Recordemos que no fueron los judíos quienes mataron a Jesús
sino los romanos. Aquellos romanos que nada tienen que ver
con los actuales habitantes de Italia, aparte del nombre.
Alguien podría argumentar que los judíos lo condenaron por
razones religiosas. No digo que las razones religiosas no
existieran, sino que éstas no excluyen otras razones
políticas: la case alta judía, como casi todas las clases
altas de los pueblos dominados por los imperios ajenos, se
encontraba en una relación de privilegio que las conducía a
una diplomacia complaciente con el imperio romano.
Así también ocurrió en América, en tiempos de la conquista.
Los romanos, en cambio, no tenían ninguna razón religiosa
para sacarse de encima el problema de aquel rebelde de
Nazareth. Sus razones eran, eminentemente, políticas: Jesús
representaba una grave amenaza al pacífico orden
establecido por el imperio.
Ahora, si vamos a discutir las opciones políticas de Jesús,
podríamos referirnos a los textos canonizados después del
concilio de Nicea, casi trescientos años después de su
muerte. El resultado teológico y político de este concilio
fundacional podría ser cuestionable. Es decir, si la vida
de Jesús se desarrolló en el conflicto contra el poder
político de su tiempo, si los escritores de los Evangelios,
algo posteriores, sufrieron de persecuciones semejantes, no
podemos decir lo mismo de aquellos religiosos que se
reunieron en el año 325 por orden de un emperador,
Constantino, que buscaba estabilizar y unificar su imperio,
sin por ello dejar de lado otros recursos, como el
asesinato de sus adversarios políticos.
Supongamos que todo esto no importa. Además hay puntos muy
discutibles. Tomemos los hechos de los documentos
religiosos que nos quedaron a partir de ese momento
histórico. ¿Qué vemos allí?
El hijo de Dios naciendo en un establo de animales. El hijo
de Dios trabajando en la modesta carpintería de su padre.
El hijo de Dios rodeado de pobres, de mujeres de mala
reputación, de enfermos, de seres marginados de todo tipo.
El hijo de Dios expulsando a los mercaderes del templo. El
hijo de Dios afirmando que más fácil sería para un camello
pasar por el ojo de una aguja que un rico subiese al reino
de los cielos (probablemente la voz griega kamel no
significaba camello sino una soga enorme que usaban en los
puertos para amarrar barcos, pero el error en la traducción
no ha alterado la idea de la metáfora).
El hijo de Dios cuestionando, negando el pretendido
nacionalismo de Dios. El hijo de Dios superando leyes
antiguas y crueles, como la pena de muerte a pedradas de
una mujer adúltera. El hijo de Dios separando los asuntos
del César de los asuntos de su Padre. El hijo de Dios
valorando la moneda de una viuda sobre las clásicas
donaciones de ricos y famosos. El hijo de Dios condenando
el orgullo religioso, la ostentación económica y moral de
los hombres.
El hijo de Dios entrando en Jerusalén sobre un humilde
burro. El hijo de Dios enfrentándose al poder religioso y
político, a los fariseos de la Ley y a los infiernos
imperiales del momento. El hijo de Dios difamado y
humillado, muriendo bajo tortura militar, rodeado de pocos
seguidores, mujeres en su mayoría. El hijo de Dios haciendo
una incuestionable opción por los pobres, por los débiles y
marginados por el poder, por la universalización de la
condición humana, tanto en la tierra como en el cielo.
Difícil perfil para un capitalista que dedica seis días de
la semana a la acumulación de dinero y medio día a lavar su
conciencia en la iglesia; que ejercita una extraña
compasión (tan diferente a la solidaridad) que consiste en
ayudar al mundo imponiéndole sus razones por las buenas o
por las malas.
Aunque Jesús sea hoy el principal instrumento de los
conservadores que se aferran al poder, todavía es difícil
sostener que no fuera un revolucionario. Precisamente no
murió por haber sido complaciente con el poder político de
turno. El poder no mata ni tortura a sus adulones; los
premia. Queda para los otros el premio mayor: la dignidad.
Y creo que pocas figuras en la historia, sino ninguna otra,
enseña más dignidad y compromiso con la humanidad toda que
Jesús de Nazaret, a quien un día habrá que descolgar de la
cruz.
(*) Jorge Majfud, uruguayo, profesor en The University of
Georgia
Roberto Bardini
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