[R-P] A propósito del caso Guido Antonini Wilson

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Dom Dic 16 19:09:10 MST 2007


Rebanadas de realidad haenviado este artículo que informa e ilustra sobre el 
sistema penal yanqui, que tanto admiran nuestros blumbergs, macris et allia.

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A propósito del caso Guido Antonini Wilson
La justicia penal estadounidense es en todos los casos el producto de una 
negociación política.

Por Ciro Annicchiarico (*) Correo


Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 16/12/07.-
Alguien dijo alguna vez que EEUU es el país del "como si". Los palacios 
romanos son en realidad de cartón pintado, las "pesadas espadas" de los 
gladiadores son en realidad de madera revestida con papel aluminio, las 
galeras repletas de remeros transpirados que se hunde en el Mar Tirreno 
rumbo a Cerdeña, es en realidad una maqueta de veinte centímetros en una 
palangana. Todo es como si fuese algo, pero no lo es. El american way of 
life, en una medida que muchos se sorprenderían, es también una pura 
fantasía que deslumbra a los espectadores desinformados del mundo frente a 
una pantalla de cine, sobre la que Hollywood proyecta su realidad ficcional.
Si bien hubo muchos ejemplos, el más reciente es el de la sorpresa, en 
muchísimos casos indignada consternación, que provocó y sigue provocando la 
película Sicko de Michael Moore, que muestra de un modo crudísimo la 
verdadera realidad de la salud pública en EEUU y del "privilegio" de ser 
estadounidense o de vivir en ese país para los ciudadanos comunes, en un 
país considerado el primero entre los primeros. Con la justicia penal pasa 
lo mismo. De la misma manera, si alguien cree, por haber visto muchas 
películas, que la justicia penal en EEUU es como ocurre en el cine o en la 
televisión, asegurando a todos los ciudadanos sospechados de algún delito la 
posibilidad de un juicio justo como lo manda la Constitución de los Estados 
Unidos de Norteamérica, está por cierto muy equivocado. Esas excelentes 
escenificaciones en las que ante un acusado, generalmente vestido de traje y 
muy cuidado, un jurado imparcial considera la situación que exponen dos 
destacados equipos de juristas, uno que acusa y otro que defiende, y luego 
decide, y más tarde si el sujeto fue declarado culpable un juez justo fija 
la pena, o si fue declarado inocente los defensores astutos y el fiscal 
probo admiten que en realidad el asesino fue otro y lo señalan haciendo 
justicia, en realidad son nada más que un entretenimiento.
En realidad eso no pasa casi nunca. Son nada más que películas de Hollywood. 
Cuando a partir de que el fiscal de Miami Tom Mulvinhill, con información 
secreta que le proporcionó el FBI, anunció que Antonini Wilson fue 
presionado por agentes venezolanos para transportar irregularmente dinero 
para la campaña de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el diario 
argentino La Nación tituló "Por fin, ahora se conocerá la verdad", en 
realidad tendría que haberlo titulado exactamente al revés: ahora, ya no se 
podrá conocer la verdad. No se trata este comentario de una nota política, 
sino estrictamente jurídica.
Destacadísimos juristas y criminólogos mundiales han estudiado la realidad 
de la justicia penal estadounidense y han quedado estupefactos frente a lo 
que encontraron. No hace falta ser abogado penalista para saber, como 
espontáneamente contestaría cualquier ciudadano medianamente informado a 
quien se le preguntase, que para ser declarado culpable de un delito se 
requiere que haya de por medio un juicio justo, el cual consiste en que un 
fiscal fundamente su acusación, el imputado tenga derecho de declararse 
inocente sin condicionamientos ni extorsiones en una investigación que no 
sea fraguada, y cuente con la posibilidad de defenderse adecuadamente. Y 
luego, que un tribunal independiente sopese las pruebas de uno y de otro y 
decida con la mayor objetividad. Eso es un juicio justo. Bien, en EEUU no es 
así. Uno de los más importantes criminólogos contemporáneos, el noruego Nils 
Christie, publicó en 1993 un riguroso estudio del sistema penal de los 
Estados Unidos, "La industria del control del delito - La nueva forma del 
holocausto?", en el que, entre otros datos escalofriantes, puso en evidencia 
que la pregonada "colaboración del acusado" en las investigaciones 
criminales, funciona en la realidad como un medio para incrementar la 
producción de presos a ingresar en un sistema penitenciario que genera 
ganancias a las empresas privadas concesionarias de ese "servicio". Y 
además, son un mecanismo propicio para operaciones políticas. Sí, es así, 
aunque a usted esto lo escandalice.
El mecanismo de la ley procesal que lo permite se llama plea bargaining 
(pedido de negociación o regateo, en castellano) y funciona de la manera que 
se expone a continuación. Alguien comete un delito o está sospechado de 
haberlo cometido, por ejemplo el hurto de un objeto en un comercio. El 
fiscal (prosecutor) cree que tiene elementos para probarlo, pero el imputado 
afirma su inocencia. Entonces se pone en funcionamiento el plea bargaining. 
Se le hace saber al preso que si insiste con su inocencia y da lugar al 
juicio, el fiscal está seguro que podrá probarle además del hurto también 
otro u otros delitos, por ejemplo un delito de daño al resistirse, más un 
robo con armas que tenía sin esclarecer y considera que este imputado, por 
su perfil, puede haber sido el autor. Si por el contrario se declara 
culpable del hurto, solo pedirá y se le aplicará pena por ese solo delito. 
Por el hurto del objeto en el comercio, siendo primario, al imputado le 
corresponderían tres meses de prisión.
Pero si el fiscal llegase a probar o a convencer al jurado de que fue 
también responsable de un delito de daño y de un robo con armas, la suma de 
las tres penas llegaría a veinte años de prisión. Usted qué haría en tal 
caso? Ante semejante disyuntiva, el pobre detenido que está seguro de ser 
inocente y quiere tener derecho a su juicio justo para probarlo, como dice 
la Constitución de los Estados Unidos, lo más probable es que termine 
aceptando pasar tres meses en un correccional y no arriesgarse a que si osa 
pedir su juicio, con buenas o con malas artes el fiscal logre convencer al 
jurado de que además es autor de los otros dos graves delitos.
El fiscal hace como si hubiera resuelto el hurto, el preso hace como si lo 
hubiese cometido para evitar veinte años de cárcel, y el poder judicial hace 
como si hubiese administrado justicia. Una película perfecta. Y todo el 
sistema sirve para que siga funcionando el servicio privado de cárceles que 
genera una actividad económica anual millonaria en insumos de control. Al 
igual que en el caso de la salud pública que muestra Michael Moore, es el 
sistema capitalista funcionando a pleno. Dice Nils Christie en la obra 
citada: "Según la declaración de derechos de la Constitución de los Estados 
Unidos, todos los estadounidenses acusados de haber cometido un delito 
tienen derecho a ser juzgados por un jurado imparcial. En el mundo real, 
casi ningún acusado hace uso de este derecho.
Más del 90 por ciento -en algunas jurisdicciones un 99 por ciento- se 
declara culpable. Si esto no fuera así, si aunque sea un pequeño porcentaje 
de ellos no se declarara culpable, el sistema judicial entero de los Estados 
Unidos se paralizaría completamente. Pero por qué se declaran culpables? 
Porque no pueden correr el riesgo de declararse inocentes. El mecanismo que 
asegura esta fabulosa colaboración del acusado se denomina plea bargaining. 
Cuando el fiscal cree que puede probar que el supuesto delincuente cometió 
los actos A, B, C y D, le promete que sólo va a acusarlo de los actos A y B 
si el acusado se declara culpable de estos actos. De esta manera a los 
estadounidenses no se los condena por lo que hicieron, sino por lo que 
acuerdan con el fiscal que van a revelar en el juicio."
La conclusión que se impone a los fines de este artículo es la siguiente: si 
el sistema de plea bargaining no es otra cosa que una negociación sostenida 
en un mecanismo indudablemente extorsivo, ya sea para evitar por un lado el 
colapso del sistema judicial estadounidense, o para evitar por parte del 
infeliz que cayó en la trampa décadas de injusta prisión, qué fe nos puede 
merecer lo que el fiscal Tom Mulvinhill dijo que Antonini Wilson le dijo, o 
lo que dijo que le dijeron los presos venezolanos? Qué confianza puede 
merecer una declaración basada en una negociación, o plea bargaining, que 
además de útil para hacer creer que el sistema judicial estadounidense 
funciona, y para que el negocio del encierro de gente funcione, también 
puede ser útil para fines políticos?
(*) Abogado penalista, ex concejal de Lomas de Zamora; integrante de 
Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión. 




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