[R-P] García Hamilton debutó como diputado provocando al Presidente Chávez
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Vie Dic 14 17:09:53 MST 2007
El anticastrismo en el Congreso de la Nación
García Hamilton debutó como diputado provocando al
Presidente Chávez
Por: Marcos Taire (especial para ARGENPRESS)
Fecha publicación: 14/12/2007
Famoso por escribir libros de divulgación histórica con
golpes de efecto y dueño de una imagen bañada de una pátina
de democratismo y liberalidad, asumió como diputado
nacional por Tucumán el abogado José Ignacio García
Hamilton. Aliado incondicional del anticastrismo con
residencia en Miami, hombre de la Fundación Atlas
-abanderada del fundamentalismo de mercado- debutó como
legislador con una burda provocación al presidente de la
República Bolivariana de Venezuela.
García Hamilton -“Coché” para sus íntimos- nunca fue un
militante político, pero pertenecer a la familia
propietaria del diario La Gaceta le permitió coquetear con
algún grupo de izquierda en los turbulentos años 70, ser
candidato a vicegobernador de Tucumán por la UCR en la peor
elección que realizó ese partido en su historia y acceder
ahora a una banca por una alianza de un impresentable
sector de la oposición provincial.
La primera aparición pública de García Hamilton como
diputado nacional fue una insolencia propia de un señorito
que se sabe y se siente impune: le preguntó al presidente
Hugo Chávez si le pasó lo mismo que a Bolívar, que fracasó
en su intento de ser presidente vitalicio de Venezuela.
Chávez le retrucó con educación e ironía, atributos que no
suelen tener los “niños bien” como García Hamilton: “lo de
Bolívar fue un terremoto, lo mío solo una brisita”.
García Hamilton empezó su carrera de periodista “bien de
abajo”: jefe de redacción de La Gaceta, el diario de su
familia. Corrían los años 70 y Tucumán era un polvorín
siempre a punto de estallar. Entonces se vinculó a uno de
los más importantes dirigentes estudiantiles de la
combativa Universidad Nacional de Tucumán y militante del
Movimiento de Liberación Nacional (el “malena”, en la jerga
de la época). Esa amistad y los aires revolucionarios que
soplaban en la provincia lo colocaron en un lugar indebido,
vinculado al progresismo. Su familia no se lo perdonó y lo
echó. Con el dinero de la indemnización, según él, fundó un
diario de efímera vida: El Pueblo.
En la redacción de ese diario confluyeron muchos jóvenes de
variada extracción política, pero con un compromiso social
a prueba de todo. La aparición del diario, que esperanzó a
los sectores combativos de la provincia, coincidió con la
fundación del sindicato de los periodistas, la Asociación
de Prensa de Tucumán. A poco de andar aparecieron las
contradicciones inevitables entre patrones y trabajadores.
García Hamilton, con el olfato que caracteriza a los de su
clase, no lo dudó: borró de un plumazo a todos los jóvenes
que habían adherido al sindicato y con pasión iniciaban una
vida de acción y militancia gremial.
La lista de los cesanteados por García Hamilton en El
Pueblo incluyó al guitarrista Juan Falú, (militante del
Peronismo de Base, a quien García Hamilton había puesto a
escribir en entregas diarias la historia de Evita, usada
como gancho para aumentar las ventas); a las hermanas
Cristina y Ana Lanziloto (del Partido Revolucionario de los
Trabajadores, desaparecidas por la dictadura), al actual
corresponsal de Clarín en Tucumán, Rubén Elsinger (del
Frente de Izquierda Popular), a quien esto escribe (del
Frente Antiimperialista por el Socialismo) y a otros
compañeros cuyo único pecado había sido reclamar mínimas
cuestiones laborales.
El diario El Pueblo, que había comenzado como una
experiencia inédita en el periodismo tucumano, murió al
cabo de un par de años, después de agonizar como un pasquín
que vivía, en sus últimos estertores, nada más que para
cobrar los avisos oficiales que publicaba. Sin embargo, la
ultraderecha que comenzaba a enseñorearse en la provincia y
en el país, no le perdonó a García Hamilton haber
encabezado esa aventura y lo encarceló durante algunos
meses.
En esos tiempos, García Hamilton integró un extraño
nucleamiento denominado Grupo Evolución Tucumán (GET). Eran
partidarios de la “evolución” y no de la “revolución”. Pese
a ello, a raíz de las elecciones de 1973, tras pintar en
las paredes tucumanas “gane quien gane pierde el pueblo”,
el GET en masa, después de una autocrítica, se integró a
Montoneros. Obviamente, García Hamilton no.
Una vez que recuperó la libertad, García Hamilton
estableció residencia en Buenos Aires, donde vive. Eso no
le impidió integrar la fórmula radical en 1991, acompañando
como candidato a vicegobernador a Rubén Chebaia, un amigo
que creyó que su vínculo con el diario La Gaceta le
ayudaría a traccionar votos. Fue la peor elección que hizo
el radicalismo de Tucumán en su historia: apenas 4% de
votos.
Ahora, García Hamilton es diputado nacional por una alianza
donde se juntaron los despojos de distintos sectores
opositores al actual gobernador, José Alperovich. Errores
del mandatario, más que valores propios, lograron lo que
parecía imposible: entrar como el quinto diputado por la
provincia, quedando los otros cuatro cargos para el
oficialismo.
García Hamilton comenzó a saborear las mieles de la fama
con un libro sobre San Martín que escandalizó a algunos al
afirmar que el prócer fue hijo ilegítimo de Diego de Alvear
con una india. Después fue tapa y titular de toda la prensa
derechista y conservadora cuando el gobierno de Cuba le
impidió entrar a la isla. No era para menos: es habitué de
las actividades que realiza en Miami el grupo anticastrista
que allí reside. El mes pasado, recién elegido diputado,
viajó a Miami para participar en la ceremonia de clausura
de una feria del libro que no se caracteriza ni por su
amplitud ni por su democratismo. Allí compartió el panel de
cierre con Carlos Alberto Montaner, un recalcitrante
anticastrista, con antecedentes terroristas, cuyos vínculos
con la CIA fueron probados y difundidos el año pasado, a
propósito de un escándalo que involucró al diario El Nuevo
Herald de Miami.
Los nexos de García Hamilton con los anticastristas vienen
de lejos. En la Argentina es un amigo incondicional de
CADAL, una institución cuyo objetivo central es el
permanente ataque a la Revolución Cubana y la defensa del
fundamentalismo de mercado. En CADAL ha disertado, su
actividad es fervorosamente difundida y en sus
publicaciones reporteado. Precisamente, en un reportaje en
CADAL dijo, entre otras cosas, que Fidel Castro y Hugo
Chávez son una síntesis de Stalin, Franco y Mussolini. No
debe sorprender a nadie tamaño desatino de parte de quien
ha dicho que Martín Fierro es “el gaucho que se vuelve
violento” y Eva Perón “la dama buena que regala lo ajeno”.
La provocación, el escándalo, el ataque artero contra todo
lo que para él es populismo, socialismo, etc. son la
materia de la cloaca donde abreva José Ignacio García
Hamilton.
Roberto Bardini
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