[R-P] [redial_s_bolivar] “La memoria es nuestra única esperanza”

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Vie Dic 14 08:30:20 MST 2007


“La memoria es nuestra única esperanza” 

Kamala Orozco
Diagonal

A los pocos días de que el tsunami arrasara el sudeste
asiático, el Gobierno de Sri Lanka privatizó el agua.
Éste es sólo un ejemplo dado por la autora de los
libros No logo y Vallas y Ventanas, de cómo el poder
utiliza el shock, la tragedia, la catástrofe para
implantar una agenda neoliberal. Para Naomi Klein sólo
la memoria colectiva permite hacer frente a esta
estrategia.

DIAGONAL: ¿Por qué dices que la memoria colectiva es
una forma de resistencia colectiva y nuestra única
esperanza?

NAOMI KLEIN: Es nuestra única esperanza frente a las
estrategias del shock. A mí me parece que está
presente en todas partes, y los zapatistas son muy
buen ejemplo de que las comunidades que resisten con
más fuerza hoy en día son aquellas que cuentan con las
historias más largas y mejor arraigadas de memoria
colectiva. Las estrategias del shock son estrategias
que basan en aprovecharse de cómo perdemos la
conciencia de dónde estamos en tiempo y espacio, de
cómo perdemos nuestro relato, nuestra historia y
nuestro lugar en el espacio y en el tiempo.

¿Por qué crees que existe esta oposición a preservar
la memoria, a recordarla?

Ya dijo el presidente argentino Carlos Menem que “si
no se aprende a olvidar, se convierte uno en una
estatua de sal...”. Hasta que no se rompió la amnesia,
Argentina no volvió a ser un país capaz de resistir de
nuevo. La recuperación de la memoria colectiva y la
abolición de las leyes de inmunidad son factores
inseparables de la recuperación de la confianza para
retomar las calles. Cuando estábamos en Argentina en
2001 o 2002, no entendíamos -gringos ignorantes- por
qué la gente nos repetía que la dictadura acababa de
terminar si, hasta donde nosotros éramos conscientes,
la dictadura había terminado en 1983. En realidad se
referían al fin del olvido, que es lo mismo que
recuperar la confianza para retomar las calles.

¿Crees que las mujeres desempeñan un papel especial en
la preservación de la memoria?

Es cierto que las mujeres son con frecuencia
guardianas de las historias de sus comunidades y sus
familias. No creo que sea competencia exclusiva de las
mujeres, pero sí que es verdad, especialmente en las
comunidades indígenas, que las mujeres suelen ser las
custodias de la historia. Es curioso, en Canadá existe
un dicho que parte de la población nativa utilizaba en
referencia a los colonos europeos: “Si ésta es vuestra
tierra, ¿dónde están vuestras historias?”. Es decir,
que el sentimiento de conexión con una tierra es
inseparable de la existencia de historias sobre ella.

Has mencionado la reacción aquí en el 13-M y que la
gente salió a la calle porque Aznar nos recordaba a
alguien... la memoria colectiva de nuevo. ¿Crees que
la forma de salir a la calle tuvo también algo que ver
con la memoria?

Si no hay justicia oficial, habrá justicia popular,
justicia en las calles. Luego está también la memoria
cultural. Si no hay una memoria oficial, sancionada
por el Estado, de monumentos y tribunales, hay un
proceso de memoria popular muy profundo. El Centro
para las Víctimas de la Tortura, en Canadá, lo fundó
un psiquiatra español, Federico Allodi, a quien
entrevisté para el libro y me dijo un par de cosas que
me llamaron mucho la atención. Una de ellas fue que
España es una cultura que ha metabolizado su terror,
lo cual no constituye exactamente una memoria oficial
pero representa una frase que nos permite reflexionar
sobre cómo absorbemos las lecciones. La idea de que se
pueden metabolizar colectivamente ciertas lecciones,
aunque sea sin hablar de ello, hasta que llegado un
momento todo se articula. A mí me parece que en
Argentina pasó algo muy similar. Hubo una historia
literaria, activista, que fue tejiéndose durante
décadas antes de que se produjese un reconocimiento
oficial, una memoria colectiva. Retomando la frase,
eso es la metabolización y es lo que hace que América
del Norte sea tan vulnerable: la cultura de la amnesia
que tenemos, una cultura que insiste en una idea de
perpetua inocencia, de una sociedad sin pecado
original, y la mera idea de que pudiésemos haber hecho
algo malo, nos coloca en un estado constante de shock.
Recientemente hubo una exposición en Nueva York cuyo
eslogan era We are Shocked Shocked. ¿Cuántas veces
puede un país perder su inocencia? Porque es algo que
se repite constantemente. Parece que EE UU pierde su
inocencia una vez cada cinco años, luego la recupera y
la vuelve a perder y nunca recuerda la vez anterior.
Incluso en la polémica actual sobre la tortura, hay
una terrible falsedad de fondo... Las manifestaciones
de tortura en Guantánamo y en Iraq representan la
pérdida de los valores americanos y el fin del símbolo
americano de derechos humanos ante el mundo y, sin
embargo, ahí está La Escuela de las Américas, símbolo
de tortura en toda América Latina y que no se menciona
jamás. De hecho, hace unos años escribí una columna,
cuando Bush afirmó por primera vez: “Nosotros no
torturamos”, “América no tortura”. Bueno, pues esas
declaraciones las hizo en Panamá, cuna de La Escuela
de las Américas original. Pero nadie en los medios
dominantes llamó la atención sobre el hecho de que
allí precisamente se había entrenado a tantos
torturadores. ¡Y eso a pesar de que lo sabemos! Existe
numerosa documentación desclasificada, así que el
problema no radica en la información sino en la
narración y en la capacidad de aferrarse a una
historia y metabolizar la información transformándola
en memoria colectiva. No se trata de falta de datos.
En el documental se utiliza una frase que en realidad
no me convence: “La información es la mejor arma de
resistencia al shock”, porque no se trata en realidad
de información, sino de narración, historia e
historias... La información en sí misma, los
documentos, los datos por sí mismos, no metabolizan la
historia.

En Argentina se gritaba “que se vayan todos”. Refleja
el alejamiento de los políticos de la sociedad.
¿Vivimos realmente en democracias? ¿Sentimos la
democracia cotidianamente?

Esa frase a mí me parece que es la expresión última,
la otra cara de la moneda, de lo que puede ocurrir en
un estado de shock. En Estados Unidos, la respuesta de
la gente al shock fue de confianza y fe absoluta en
los líderes. En Argentina ocurrió lo opuesto, la
debacle de la fe en cualquier figura de liderazgo y en
la clase política. No creo que la gente sienta que
vive en sistemas democráticos y me parece que, en la
actualidad, se confunde el hecho de que mucha gente
haya dejado de tratar de cambiar las cosas a través
del sistema político con apatía o consentimiento o
indiferencia. Me parece que, en realidad, estamos en
un momento difícil, que no es de rechazo popular al
proceso político, sino que es un momento, en muchos
lugares del mundo, de desesperación. Se escucha con
mucha frecuencia a la gente: “Lo intenté, protesté y
nadie escuchó, voté y mira lo que tenemos ahora”... Y
se ha extendido con mucha fuerza el sentimiento de que
las cosas no pueden cambiarse. A mí me sucedió algo
muy curioso escribiendo el libro. Pasé mucho tiempo
hablando con periodistas, periodistas de mucho peso,
de medios importantes, y están en un estado de
tremenda desesperación; han perdido toda la esperanza
y se enfadan conmigo porque yo tengo esperanza... El
último capítulo del libro, ¡lo odian!... Al final
acabo haciendo terapia con ellos porque me dicen: “Tu
libro me deprimió”, y yo les pregunto si no sería que
estaban deprimidos ya antes... Entonces se lo piensan
y me dicen que tal vez sí...

¿Crees que se ha llegado al final del ciclo de
contracumbres, de los foros tal como los hemos
conocido?

A mí no me parece que ese modelo sea el futuro. Creo
que va a haber otro modelo de activismo que no estará
centrado en las cumbres per se. Espero que consigamos
empezar realmente a articular una agenda... Desde los
momentos álgidos del movimiento antiglobalización se
ha prestado mucha atención a asuntos como la
precariedad, las migraciones... Empezamos a presenciar
demandas sobre los derechos de todas y cada una de las
personas del mundo, bastante radicales de hecho...
Como lo que sucede con los desastres, los fuegos, y te
encuentras con este sistema de apartheid donde si
tienes dinero te evacuan, te protegen... En fin, es
una barbarie y es evidente, está a la vista de todos.
Me parece que la respuesta a ello no es protestar a
las puertas de una cumbre, sino que va a ser la
organización de las personas que la sociedad desecha.
Estamos empezando a verlo en el sur de Estados Unidos:
grandes marchas de inmigrantes mexicanos. Es muy
interesante porque, como sabemos, la precariedad es
una forma de disciplina. Cualquiera que haya tratado
de organizar a las personas en una situación más
precaria sabe que un sistema se retroalimenta, porque
las personas que tienen más sobre lo que protestar son
las que más miedo tienen a hacerlo porque podrían
perder su status, ser deportados, no tienen apoyos...
Para mí, acudir a una protesta puede suponer
arriesgarme a pasar un día o dos en la cárcel, pero
para las personas a las que este sistema económico más
excluye implica arriesgarlo todo. Y si a eso añades la
vulnerabilidad de la población de piel oscura y el
temor a terminar por desaparecer, absorbidos por este
sistema invisible, precario, de prisiones, pues aún
tienen más motivos para no protestar... Pero creo que
esto es lo que va a cambiar y que vamos a presenciar
la oposición de las personas en una posición más
precaria en cuanto a qué derechos deben ser propios de
toda persona y en cuanto a un tema más básico aún: si
toda vida tiene el mismo valor. Realmente creo que va
a ser así de básico pero, al mismo tiempo, hoy en día
es tremendamente radical insistir en que no hay vidas
que valen más que otras porque es una de las
realidades más aberrantes, el hecho de que haya vidas
que no constan. En Iraq puede morir un millón de
personas y nadie va a contar esas muertes,
literalmente... Así que pienso que vamos a ser
testigos de un nuevo movimiento por los derechos
civiles.

“La furia”

Me parece que la rabia está ahí y el miedo empieza a
desaparecer y creo que una vez que la gente esté
preparada para salir a la calle va a ser más radical
que nada que hayamos visto en las últimas décadas,
mucho más radical porque van a ser los más
desfavorecidos... Estoy convencida. Se ha presionado
demasiado a la gente. En California, por ejemplo, se
arrestó y se deportó a inmigrantes que acudieron a los
refugios durante los incendios. La gente estaba
enfurecida. Y creo que la privatización de la
respuesta, la brutalidad del sistema van a tener un
efecto.

“Debería haber alguna forma de que EEUU pierda en
Iraq"

¿Qué opinión tienes de la situación en Iraq después de
haber estado allí?

Creo que la ocupación está agravando la violencia y
tiene que terminar. No me creo que los estadounidenses
sean una fuerza estabilizadora. Llevan cuatro años
insistiendo en que si se retirasen sería mucho peor,
pero las cosas no han hecho más que empeorar. La
tragedia es que debería haber una fuerza
estabilizadora que no sea EE UU, debería haber una ONU
creíble, pero no la hay. Debería haber una forma de
que EE UU pueda perder en Iraq. En EE UU el discurso
se centra en qué partido político puede ganar, pero lo
que hace falta es que Estados Unidos pierda y pague
reparaciones. Hace falta que haya consecuencias de
esta guerra ilegal que permitan construir la paz. Eso
es lo que hace falta, de lo que no se habla. Es
increíble que no se haga referencia a la ley
internacional en relación con esta guerra que nunca
debería haber empezado. La construcción de la paz
requiere que se retiren y que haya reparaciones.
Aunque uno de los asuntos más urgentes en cuanto al
futuro de Iraq es el futuro del petróleo iraquí,
porque a Iraq se le han robado billones de dólares en
concepto de dinero para reconstrucción y no se prevé
que vaya a recibir dinero en concepto de reparaciones.
Además, al mismo tiempo, se le está robando su futuro,
a través de las concesiones de privatización del
petróleo... Una de las empresas responsables es
Repsol, como en América Latina... Creo que en España
la gente debería presionar a Repsol para que deje en
paz el petróleo iraquí porque si a la gente le
preocupa el futuro de Iraq, entonces les tiene que
preocupar Repsol.



  "Ella funde lagrimas con cada lluvia y se pregunta si tantas despedidas valieron la pena. El hoy es tan frio y duro aún en verano que el amor suele traer apenas gotitas de alegria. Mejor es no mirar atrás ni mucho para adelante. La calle es para ir, nunca para volver... Cada despedida un final incierto. Los tiempos son inseguros y muertos aunque el sol nos esté calentando."



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