[R-P] Agenda de ReflexiEl día del petróleo. YPF y la obra del genio de Enrique Mosconi

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Jue Dic 13 03:39:25 MST 2007



El día del petróleo. YPF y la obra del genio de Enrique Mosconi


A principios del siglo XX, Comodoro Rivadavia, puerto de entrada y salida de 
los productos de Colonia Sarmiento, un puerto natural de aguas profundas 
pegado a las playas de Rada Tilly, una antiquísima zona de solaz y descanso 
veraniego tehuelche hace 9.000 años, recién empezaba a ser un pueblo 
pequeño, apenas un grupo de casitas, algún almacén de ramos generales y un 
hotel-fonda para alojamiento de los arriesgados viajantes que se animaban a 
llegar hasta aquellas lejanas y desoladas zonas del Sur argentino. Pero 
tenía una dificultad seria: no había agua dulce.

A comienzos de 1907, cuadrillas de obreros, dirigidas por ingenieros, habían 
comenzado a perforar la tierra en busca del líquido indispensable. Con 
aparatos adecuados se auscultaba el suelo en procura del más mínimo rumor 
que pudiera anunciar la presencia de agua. En enero se llevó al lugar una 
perforadora Fauck. Se apelaba a los elementos más modernos de la época, pero 
todo parecía inútil. Se llegó a cavar hasta a 400 metros de profundidad, 
siempre sin resultado. Los sufridos pobladores vivían pendientes de la torre 
de perforar, que en más de una oportunidad cayó por efecto del implacable 
viento patagónico, y que obligaba a iniciar nuevamente los trabajos. Los 
ingenieros no se daban por vencidos. La tarea continuaba. Pero el resultado 
era siempre el mismo: absolutamente negativo.

En noviembre ya dominaba el desaliento. Se perdían las esperanzas de poder 
dotar de agua a la floreciente población, donde muchos se habían radicado 
plenos de ilusiones y confiados en la potencial riqueza de la zona. La 
decepción seguía en aumento. El gobernador propuso que se traiga el agua 
desde un lejano manantial, mediante la instalación de cañerías; y la 
población apoyó la idea como una salvación. Ya no quería ni oír hablar de la 
torre perforadora que durante muchos meses había engañado sus esperanzas con 
renovadas promesas incumplidas. Claro que trayendo agua de otro lado habría 
que pagarla como artículo de lujo...

Para diciembre nadie confiaba en la torre –que para su funcionamiento 
insumía la escasa cantidad de agua disponible que el pueblo necesitaba para 
consumo-. El ingeniero Krausse, jefe de la misión, había autorizado perforar 
hasta el máximo de 500 metros hacía unos 20 días, cuando se había llegado a 
481. Pero un viernes, superado ese máximo, se fue y ordenó: “¡Basta! ¡No se 
perfora más!”. Sin embargo, el administrador de la obra, señor Beguin, y el 
ingeniero José Fuchs que dirigía la perforadora Fauck, deciden no entregarse 
y continuar con los trabajos. Ese mismo día la perforadora llega a 540 
metros de profundidad y, de pronto, se advierte una fuerte corriente 
ascendente. Sorprendidos, Fuchs y Beguin se miran atónitos: no era agua; 
¡era kerosene! ¡El petróleo salía casi refinado! Era el 13 de diciembre de 
1907.

Mantienen en secreto el descubrimiento y telegrafían a Buenos Aires, a la 
Dirección de Minas: “Aquí no hay agua, pero hay petróleo”. La noticia se 
conoce en la capital antes que en Comodoro, que se entera cinco días 
después, y engalana sus calles en espontáneo feriado. La prensa porteña 
acoge la nueva con frialdad, apenas si le dan importancia los grandes 
rotativos; no advertían la trascendencia del descubrimiento: lo que se 
buscaba allí era agua. Pero el gobierno nacional resuelve al día siguiente 
del descubrimiento dictar un decreto tomando posesión del yacimiento, 
prohibiendo “la denuncia de pertenencias mineras y la concesión de permisos 
de cateo en el puerto de Comodoro Rivadavia, en un radio de cinco leguas 
kilométricas a todo rumbo, contándose desde el centro de la población”. Se 
evitaba así la posible aparición de aventureros y la eventual explotación 
del suelo en beneficio de particulares. De allí partió el progreso de una 
vasta región patagónica. La explotación del petróleo, descubierto de esa 
manera milagrosa, se constituyó desde entonces en una fuente de incalculable 
valor para acrecentar la economía nacional, y en una de las bases de su 
riqueza. El 13 de diciembre sería evocado como el Día nacional del Petróleo.



Desde la época colonial se conocían algunas afloraciones petrolíferas en 
nuestro país. Se les llamaba betún o brea, chapapote y en algunos casos 
kerosene. Cabe recordar que el general Arenales, en 1826, siendo gobernador 
de Salta, firmó un decreto de estímulo y protección al hallazgo y 
aprovechamiento de la maravillosa sustancia. Luego, en 1856, se fundó la 
Compañía Jujeña de Kerosene, con el propósito de reemplazar la importación 
de ese producto, que entonces alcanzaba a los 20 millones de litros anuales.

Poco tiempo después del descubrimiento patagónico aparecía un decreto por el 
que se creaba la primera repartición oficial que debía administrar la nueva 
riqueza nacional, y que se denominó Dirección General de la Explotación del 
Petróleo de Comodoro Rivadavia, integrándola entre otros los ingenieros Luis 
A. Huergo y Enrique M. Hermitte y el doctor Pedro N. Arata. En los largos 
considerandos se advierte de la importancia de su empleo en ferrocarriles y 
Armada, y se admite la posibilidad de que el sobrante pueda satisfacer en 
“condiciones económicas, las necesidades industriales del país”, y que “los 
estudios y experiencias realizados por las oficinas técnicas permiten 
adelantar que los yacimientos petrolíferos deben extenderse a grandes 
distancias al norte y al sur de Comodoro Rivadavia, y que el petróleo de ese 
lugar es un excelente combustible”.



Apenas comenzado el gobierno radical de Alvear, se crea mediante un escueto 
decreto una Dirección Nacional en el ámbito del Ministerio de Agricultura 
con un nombre de tres palabras largas y por entonces poco conocidas: 
Yacimientos Petrolíferos Fiscales, a las cuales el tiempo simplificaría en 
tres iniciales famosas. El 17 de octubre de 1922 asume su primer director 
general, un coronel en actividad del arma de ingenieros, íntimo amigo de 
Jorge Newbery, graduado a su vez de ingeniero civil en la Universidad de 
Buenos Aires y de ingeniero militar en la Academia Técnica de Prusia, de 
notables virtudes y cualidades empresarias, y que desempañaría el cargo 
durante ocho años: Enrique Mosconi (1877-1940). El fue el genio organizador 
de la explotación integral del petróleo en la Argentina y en América Latina. 
De inmediato promovió la construcción de la monumental destilería de La 
Plata, inaugurada en 1925, la más grande del continente, financiada con 
fondos propios de la empresa; llevó adelante la electrificación de Comodoro 
Rivadavia y echó las bases (con 10 unidades iniciales y un total de 25.000 
toneladas) de una fenomenal flota de buques tanque (la cual llegó a formar 
parte en su momento de la tercera Marina Mercante del mundo).

En 1924, a solicitud de Mosconi, el Poder Ejecutivo dictó un decreto 
mediante el cual se ampliaba la reserva petrolífera fiscal al Sur y creaba 
nuevas reservas de exploración oficial en todos los territorios nacionales 
patagónicos.

El coronel Enrique Mosconi, contra la terrible oposición de las empresas 
extranjeras, desarrolló la más importante industria de América Latina. Su 
plan original era el del nacionalismo integral en materia de petróleo. 
Modificó esa opinión en 1925 y propuso, en consonancia con el sistema de la 
Anglo Persian, la sociedad mixta del Estado con las empresas extranjeras. 
Pero volvió a su proyecto inicial en 1928, al expresar que “no queda otro 
camino que el monopolio del Estado pero en forma integral, es decir, en 
todas las actividades de esta industria: la producción, la elaboración, el 
transporte y el comercio. [...] Sin monopolio del petróleo es difícil, diré 
más, es imposible para un organismo del Estado vencer en la lucha comercial 
las organizaciones del capital privado”.

Mosconi, hombre sencillo con leve tendencia a la obesidad, no necesitaba 
disfrazar una reconocida inteligencia, nada de bigotes, gran sentido del 
humor, enjundiosa biblioteca y esa envidiable demanda académica y mundial 
para sus conferencias. La admiración por este hombre llegó a los más 
relevantes estamentos internacionales, traducida en invitaciones de 
universidades, gobiernos, empresas y foros jerarquizados.

Pero entre 1928 y 1929 Mosconi realizó un atrevido y fructífero viaje 
continental, atacando a las petroleras internacionales e impulsando una 
política petrolera latinoamericana soberana y coordinada. Así nacieron, a 
imagen y semejanza de YPF, ANCAP (Administración Nacional de Combustibles, 
Alcohol y Portland) en Uruguay, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos 
(YPFB), Petrobras de Brasil y Pemex de Méjico. En un famoso discurso en la 
capital mejicana, todavía vigente, Enrique Mosconi dijo: “Observamos que en 
torno del petróleo se han entablado las más tenaces luchas económicas y 
armadas, y presenciamos a diario, como métodos de posesión, de acaparamiento 
y de dominio, torrentes de oro destinados a obtener la complacencia, la 
infidelidad, el soborno y la alta traición de los encargados de custodiarlo. 
[...] El petróleo tiene una importancia fundamental e irremplazable, y el 
crecimiento y progreso de la nación será tanto más grande cuanto más firme 
mantenga ésta en sus manos el control de sus yacimientos petrolíferos, es 
decir, cuanto más sometidos a su fiscalización efectiva estén los grandes 
sindicatos o trusts que explotan en el país el combustible líquido, pues si 
esa fiscalización fuera difícil o imposible de efectuar, más conveniente 
sería para la tranquilidad económica y política del país renunciar a la 
cooperación del capital extranjero”. En 1938, cuando se firman los 
históricos decretos de nacionalización del presidente Lázaro Cárdenas, se 
señala que, si bien el nacionalismo petrolero mexicano se asentaba en las 
profundas raíces del período revolucionario de 1910-17, la idea del 
monopolio de una empresa estatal le correspondía a Mosconi y seguía el 
ejemplo argentino.

Como bien señala Federico Bernal, de Reconquista Popular, mientras Mosconi 
difundía la tesis de la nacionalización y monopolización del petróleo en 
América latina, primer gran antecedente de integración en esta materia, 
durante el segundo gobierno de Yrigoyen la explotación exclusiva por el 
Estado era defendida por los legisladores personalistas (yrigoyenistas), 
enfrentando la postura antinacional de los antipersonalistas y los 
conservadores, que planteaban la formación de compañías mixtas de YPF con 
trusts extranjeros. Triunfó la tesis de Mosconi, con el respaldo de la 
tendencia nacionalista e industrialista del ejército, capitaneada por el 
general Alonso Baldrich. En efecto, en la aprobación de la ley de 
nacionalización del petróleo tuvo gran influencia el memorial que Baldrich 
dio a publicidad con los siguientes puntos:

- nacionalización de todo el combustible
- monopolio estatal de la explotación
- control estatal de la exploración
- monopolio estatal del transporte del combustible
- autonomía de YPF
- Prohibición de transferir las concesiones

Semejante obra de nacionalismo económico no podía ser aceptada. El 
contubernio acrecentaba su poder en el parlamento y en el ejército con la 
ayuda invisible del herido capital extranjero. El viejo caudillo, el primer 
presidente realmente elegido por mandato popular, concitaba el odio del 
imperialismo. Había reducido de 132 mil a 35 mil hectáreas las tierras en 
poder de las empresas petroleras extranjeras, resuelto la explotación 
estatal en Salta, impedido que las fuentes hidroeléctricas en Córdoba 
pasaran a un sindicato norteamericano, aprobado por la Cámara de Diputados 
un proyecto de régimen legal del petróleo (rechazado por el Senado y 
declarado inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia) y negado a las 
empresas de tranvías de la Capital Federal y del puerto de Rosario sus 
pretensiones en materia de tarifas y fletes. Un proyecto de convenio con la 
Unión Soviética rebasó la medida de la tolerancia de los monopolios 
anglo-norteamericanos. Por primera vez, la Argentina hacía una negociación 
de esa índole de Estado a Estado. La empresa soviética Iuyamtorg, instalada 
en Buenos Aires, se comprometía a entregar 250 mil toneladas de petróleo a 
cambio de cueros, lana, extracto de quebracho, ovejas y caseína. En cuanto a 
la nafta, se fijaba su precio a 10 centavos por litro, lo que suponía una 
rebaja para el mercado interno.

Hacia 1930 la doctrina nacional petrolera quedaba perfectamente estipulada 
con hechos y palabras. El monopolio estatal en todas las etapas: 
exploración, extracción, transporte, destilación y comercialización; el 
rechazo a la empresa mixta y la nacionalización de todas las etapas de la 
industria petrolera, golpeaban con furor las puertas de la cámara alta. De 
esta manera, la ley de nacionalización del petróleo -que no pudo ser 
concretada producto de la oposición en el Senado-, fue quizás la gota que 
rebalsó el vaso, propiciando, entre otras muchas causas, el golpe militar de 
septiembre. Pocos años después, el presidente Uriburu, preso de unos 
estúpidos celos histéricos por Mosconi, lo designó, ya siendo general de 
división, Director General de Tiro y Gimnasia del Ejército. Después de una 
larga enfermedad, Mosconi falleció el 4 de junio de 1940.

Claro, no es lo más importante, pero ejemplifica la magnitud de lo que hemos 
perdido. Desde la privatización de YPF, su archivo, el archivo empresario 
más importante de Latinoamérica, esa monumental fuente de memoria que 
contiene la historia de la industria petrolera argentina, permanece vedado 
al público y a los investigadores. Se encuentra en Comodoro Rivadavia, en un 
inmenso galpón situado entre el colegio Deán Funes y la administración de 
Repsol donde funcionara hasta el último día, en condiciones que inquietan. 
Pertenece al Estado nacional, pero está dentro de un edificio de Repsol. 
Aseguran que su seguridad y su permanencia depende de una decisión política 
que no llega. Concluido el proceso privatizador, el archivo de la empresa 
quedó en poder del Archivo General de la Nación, en Comodoro, pero dentro de 
instalaciones pertenecientes a Repsol, cerradas al público. Desde entonces 
nadie puede visitarlo.



Publicado por Agenda de Reflexión el Diciembre 13, 2004 08:52 AM | Link 
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