[R-P] [redial_s_bolivar] Sean Penn: LA CONSTITUCION , LOS MEDIOS Y KUCINICH

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Dic 10 11:02:29 MST 2007


La Constitución, los medios y Kucinich 

Sean Penn
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens 

Ha sido una semana extraña. Para mí, una semana
particularmente extraña. Pero esa es otra historia.
Así que, esperad un minuto. ¿Irán NO TIENE capacidad
de arma nuclear? Por lo tanto: ¿a quién vamos a
bombardear? ¡Quiero bombardear a alguien! 
¿No acaba de votar la senadora Clinton esencialmente
por dar al presidente Bush el poder para bombardear
Irán? Si lo hubiera hecho la semana pasada, ¿habría
tenido razón la senadora? Quiero decir, ¿si sabía
entonces lo que sabe ahora? ¿O veo las cosas al revés?
Dios mío, estoy confundido.
¿Y el presidente Bush? Esta semana, Vladimir Putin, el
hombre del que Mr. Bush dijo que “le miré a los ojos y
descubrí que era muy directo y digno de confianza.”
Tanto que “pudo sentir su alma.” Bueno ese tipo
enternecedor acaba de juntar la más peligrosa base de
poder en Rusia desde la Guerra Fría entre rumores que
incluyen afirmaciones de que ordenó asesinatos de
periodistas y el encarcelamiento de destacados
defensores de la libertad (¡Huy!)
Mientras tanto, el gran enemigo de nuestro presidente
en Venezuela, Hugo Chávez, ese “totalitario,”
“autoritario,” “dictador,” ese “demente frenético,” de
algún modo no tuvo éxito en su propuesta de reformas
constitucionales que habrían permitido que fuera
repetidamente reelegido de por vida... ¿um? 
Extraña semana, ¿sabéis? De verdad.
¿Qué pasó con la “tiranía” de Chávez? ¿Su “corrupción
electoral?” ¿Su presunto “amordazamiento de la
prensa?” ¿Cómo diablos puede haber perdido? Lo siento:
¿se me escapó algo?
¿Cómo es posible que ese “cabrón comunista” elegido
por un 80% de sus ciudadanos para comenzar, no haya
podido imponerse? ¿Será que nos mintieron sobre su
persona? Quiero decir, Pat Robertson no es mentiroso,
¿verdad? Su dios no permitiría que sucediera algo
semejante, ¿verdad? Y Dios nos libre, ¿permitiría
nuestro Dios que los eruditos derechistas, los
corporativos izquierdistas, o nuestro propio gobierno
nos pasen gato por liebre? 
Es posible, quiero decir, sé que es una tontería,
¿pero será un poquito posible que el presidente Chávez
sea en realidad un defensor de la Constitución de su
pueblo? Eso, ¿es por eso que pudo fracasar su
referendo? Y eso, ¿es por eso que lo aceptó con tanta
afabilidad? Una Constitución que voy a tener que leer
varias veces. Un documento harto hermoso, no tan
diferente del nuestro. Podríais leerlo. Oh, se me
había olvidado – es un “narcotraficante.” 
Quisiera compartir algo contigo. Tarde, una noche en
Caracas, encontré a un par de sujetos, mercenarios
creo que los llamáis. Maldita sea, sigo haciendo lo
mismo. Quiero decir “contratistas.” Eran británicos:
su especialidad: el control de la droga. Los dos no
eran grandes hinchas de Chávez. Lo llamaban “radical”
y pensaban que sería víctima de la bala de un asesino
dentro de un año. Gústeles o no, tenía el dinero
necesario para lograr que aceptaran sus empleos. Y
trabajando con militares venezolanos, estos dos,
basados en Caracas, habían recorrido la frontera
montañosa y selvática entre Colombia y Venezuela. Una
zona llena de paramilitares, guerrilleros de las FARC,
y mer... borren eso, contratistas. Lo que me dijeron
esa noche esos titiriteros con cuerda de piano fue que
nunca habían trabajado para un gobierno que haya
invertido genuinamente tanto en el control de la
droga. “Sí,” dijo uno de los de los británicos, “Tengo
que reconocer que lo hace.”
Pero estaba hablando de la Constitución. Más
importante aún, de la nuestra. Y de lo extraña que ha
sido la semana. Nuestra cultura tiene grabada una
tradición que borra la línea entre lo que es correcto,
lo que es justo, constitucional, y lo que es un
engaño. Esa tradición es el culto de la personalidad.
Lo que la televisión puede vender, el tipo de basura
que nos tragamos. Y hasta qué punto compramos y
vendemos nuestros derechos, nuestro orgullo, nuestra
bandera, nuestros hijos, y sucumbimos ante consignas
faltas de contenido que en última instancia no son más
que títulos para el “antiamericanismo.” ¿Cómo sabemos
lo que es estadounidense y lo que no lo es? ¿Porque
John Wayne nos lo dice? ¿Porque Sean Penn nos lo dice?
¿Susan Sarandon? ¿Bill O’Reilly? ¿Michael Moore? ¿El
senador Mierda? ¿O el senador Caca? ¿Ann “mi
evacuación intestinal” Coulter? No. Es nuestra
Constitución. No la utilizamos sólo para ganar.
Contamos con ella porque es el único “nosotros” que
vale. Y porque es el patrimonio de nuestros hijos, de
nuestros predecesores compartidos y de las tradiciones
que realmente dicen lo mejor sobre nuestro país.
De modo que, ése es el problema. Ahora se nos viene
Iowa, Nueva Hampshire está ahí mismo. ¿Qué vendemos
para poder ser elegidos? Si Hitler fuera el único
candidato, ¿sería ser más estadounidense si se votara
por él? Súbete a un avión conmigo. Bueno, ahora
estamos sobre Oriente Próximo... Aterricemos.
Respiremos profundo.
Imaginad los cuerpos, quemados y mutilados, los ruidos
concusionarios del fuego de fusiles y de los
explosivos que definen los últimos momentos
horripilantes de los moribundos y de los muertos.
Imaginad los millones de refugiados que huyen por los
desiertos de Iraq, los bebés que lloran, y el hedor de
la muerte en el aire. ¡Qué asco! Volvamos al avión y a
casa.
Ahora, imaginad a los soldados estadounidenses muertos
o descalabrados, volviendo de un ejército descalabrado
a un ataúd silencioso o a una administració n
descalabrada de veteranos, a vidas descalabradas y a
negocios descalabrados, esposas descalabradas, esposos
de los que no se habla, a niños devastados. ¿Y todo
para qué? ¿Qué hemos ganado?
El reclutamiento de al Qaeda aumenta. El terrorismo
aumenta. La calidad de la vida baja en nuestro país y
en todo el mundo. Mientras los ricos se siguen
enriqueciendo y los pobres, más pobres y más
numerosos. Estamos al borde de la recesión, y
presenciamos la dramática desarticulació n de la clase
media en medio de un diluvio de ejecuciones judiciales
y de deudas impagables. Para el infinito deleite de
Osama bin Laden, nos hemos convertido en un país de
violadores de principios en lugar de defensores de
principios.
Somos torturadores, y demasiado a menudo encarcelamos
sólo a los débiles. Cuando nuestro propio gobierno
elige su agenda increíblemente anti-estadounidense
(¿Para los que se la merecen? ¿Por los que se la
merecen?) por sobre la Constitución en la definición
de valores, principios y el derecho estadounidenses.
Bin Laden se ríe de los carneros debilitados en que
nos hemos convertido, y a nuestros representantes.
¿Graves crímenes y fechorías? ¿Y qué pasa con la
traición hecha y derecha cometida al delatar a
nuestros propios agentes de la CIA? ¿Y qué pasa con la
traición hecha y derecha de aquellos que apoyan a este
gobierno mediante la propaganda en los medios?
Aunque no propugno la Pena de Muerte, la ley existente
prescribe que a tipos como Cheney, Bush, Rumsfeld y
Rice, si son declarados culpables, se les coloquen
capuchas, se les aten las manos, que enfrenten un
escuadrón de 12 fusiles para que ejecute la pena de
muerte por fusilamiento. Y nuestra Cámara de
Representantes y Senado, con su cobarde control
demócrata apenas pueden encontrar una voz dispuesta a
proponer aunque sólo sea una recusación. Esa voz única
de un solo estadounidense. Es la voz del congresista
Dennis Kucinich.
Esto no va a ser una breve frase propagandística. No
si puedo evitarlo. Estoy desgarrado. Estoy desgarrado
entre la sabiduría convencional de lo que se nos dice
a todos que es la elegibilidad y el idealismo que tal
vez sea lo único que puede encarar los desafíos de
nuestra generación. De los demócratas que se presentan
para presidente, sólo la candidatura del congresista
Dennis Kucinich está respaldada por un historial de
voto con valor moral y por una historia de servicio a
nuestro país que merece a pleno nuestro apoyo y
nuestra gratitud. Y cuando digo apoyo, no hablo
solamente a los demócratas, sino más bien a todo
estadounidense que se tome el tiempo por cuenta de sus
hijos, de nuestro planeta, y de nuestros soldados,
para educarse sobre la plataforma de Kucinich.
En el reciente debate entre demócratas en Las Vegas,
los candidatos, uno tras el otro, colocaron la
seguridad por sobre los derechos humanos. Benjamín
Franklin dijo una vez: “Cualquiera sociedad que
renuncie a un poco de libertad para obtener un poco de
seguridad no merecerá ni lo uno ni lo otro y perderá
ambos.” Luego, hubo el bueno de Patrick Henry. ¿Le
recordáis? “Dadme libertad, o dadme la muerte.” Esos
eran tipos verdaderamente duros. Los verdaderos John
Waynes.
Esas son las tradiciones que deberíamos servir. El
debate me pareció indignante, casi un argumento a
favor del fascismo con pocas excepciones, clave, entre
ellas, Dennis Kucinich. Desde luego, en su calidad de
estratega política, la Sra. Clinton sacó su juego de
cuchillos Ginsu y dominó una vez más sobre estrategia
política “centrista.” Al rechazar los ataques en su
contra, la favorita recordó al público y a sus colegas
candidatos que: “Somos todos demócratas.”
Wolf Blitzer preguntó a cada uno de los candidatos si
apoyarían al otro si ellos mismos no fueran los
ganadores. Uno tras otro, la respuesta fue: sí. Una
excepción: Dennis Kucinich, quien en el tiempo mínimo
que le asignaron, se alzó una vez más allá de la frase
corta y colocó lo importante antes del partido;
argumentó de política más que de cortesía. Ha sido la
voz dominante de la integridad en los temas de
comercio, trabajo, educación, medio ambiente, salud,
libertades cívicas, y la única voz continuamente
determinada por la paz.
¿Pero es demasiado chico? ¿No atrae su corte de pelo?
¿No es suficientemente leal a una plataforma demócrata
cobarde? ¿No atrae al culto de la personalidad? ¿Y si
la respuesta fuera sí? ¿Y si Dennis Kucinich, el más
merecedor y noble de los candidatos, el más
experimentado en los temas de política y el menos
dispuesto a participar en la política del poder
personal? ¿Y si no podemos elegir al hombre
simplemente sobre la base de las mejores ideas, de
mayor valor, y del servicio más desinteresado? ¿Qué
nos dice sobre nuestros países si no podemos unir a
las voces del bien común para apoyar a un hombre, como
nuestros soldados, que están dispuestos a morir por
nosotros, que están dispuestos a morir por nuestra
Constitución? Alguien que, como alcalde de Cleveland
con 33 años se enfrentó a contratos para quitarle la
vida. Tres asesinos distintos con la intención de
asesinarlo cuando defendió a sus electores en la
ciudad.
Sin embargo, sigue adelante. Sigue activo. 
He sido un partidario de Dennis Kucinich durante
varios años. He sido desgarrado por el atractivo de la
“elegibilidad.” Comencé a invertir un cierto apoyo en
un hombre muy bueno (uno de los oponentes de Dennis)
que parece considerarse un defensor de la
Constitución, pero todavía no lo es. Se encuentra, sin
embargo, entre aquellos que permitimos que los medios
distingan como elegibles. Pero aquí estamos hablando
de la Constitución. Estamos hablando de nuestro país.
He decidido no participar en el apoyo anticipado sobre
la base de las distinciones mediáticas. He elegido dar
mi apoyo al único representante, el más fuerte y
probado, de nuestro mandato constitucional.
Dennis Kucinich nos ofrece una oportunidad muy única
mientras compartimos este instante sobre la tierra.
Nosotros, el pueblo. Es cosa nuestra determinar lo que
es elegible. Y es así de simple: Si nosotros, aquellos
de entre nosotros que creemos sinceramente en la
Constitución de EE.UU., todos nosotros, votamos por
Dennis Kucinich, será elegido. ¿Así que podemos
llamarlo elegible? Si es así, EE.UU. será más estimado
que nunca.
Recordemos a nuestros amigos en los círculos sociales
de Nueva York y a los cultos y acaudalados amigos de
los vencedores de las grandes ciudades que apoyan a la
Sra. Clinton, que no se trata de Bill Clinton. A pesar
de todos los recelos que siento sobre nuestro ex
presidente, confortó por igual a amigos y oponentes,
su gran don como motivador de interés y activismo, de
auto-educació n y participación fue, por su propio
mérito, un don singular. Pero no subestimo las agendas
personales, las que iniciaron el NAFTA, traicionaron a
los refugiados haitianos y los derechos gay en las
fuerzas armadas, un minuto después de su propia
elección. No subestimo esa parte de su persona cuando
presta a su mujer la cara de su talento. No subestimo
el daño que la ponzoñosa ambición de ella puede hacer
a este país. No podemos esperar hasta contar con el
beneficio de la retrospectiva para juzgar el beneficio
de la carrera de la Sra. Clinton.
Alcémonos, hombres y mujeres de visión, integridad, de
creencia en nuestros principios. ¿Cuán excitante sería
si lo hiciésemos? ¿Que bueno sería para la televisión?
¿Y si hiciéramos lo contrario de lo que esperan de
nosotros? Imaginad en la televisión: nuestro país
alzándose a favor de un líder porque representa a
nuestra Constitución.
Sí, las cosas buenas pueden constituir buena
televisión.
Así que, volvamos a leer la Constitución, ¿de acuerdo?
Y luego decidamos cuál es su mejor defensor posible.
Sugiero que republicanos, independientes, y demócratas
por igual descubrirán lo que saben en sus corazones y
mentes, lo que es realmente correcto.
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http://www.counterp unch.org /penn12072007. html
La última película de Sean Penn es “Hacia rutas
salvajes” (Into the Wild). 



  "Ella funde lagrimas con cada lluvia y se pregunta si tantas despedidas valieron la pena. El hoy es tan frio y duro aún en verano que el amor suele traer apenas gotitas de alegria. Mejor es no mirar atrás ni mucho para adelante. La calle es para ir, nunca para volver... Cada despedida un final incierto. Los tiempos son inseguros y muertos aunque el sol nos esté calentando."



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