[R-P] [Eduardo Duhalde] El derecho al ingreso universal
Néstor Gorojovsky
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Lun Dic 10 03:01:04 MST 2007
LUNES 10 de Diciembre de 2007 - ENVIAR POR E-MAIL
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10 de diciembre: Día de los Derechos Humanos
El derecho al ingreso universal
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Por Eduardo Duhalde
Para LA NACION
"Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos."
Del Art. 1º de la Declaración Universal de Derechos Humanos, 1948.
EL delegado del FMI durante los febriles meses de mi mandato
presidencial, Anoop Singh, publicó un artículo de opinión en el que
sostiene: "En la Argentina, desde 2002, la pobreza cayó a la mitad y
la tasa de desempleo descendió al 8%, resultando el programa de
gobierno Jefas y Jefes de Hogar efectivo en conseguir estos logros".
Más que un reconocimiento tardío o un mea culpa, esa aseveración es
una hipocresía que esconde el fondo de la cuestión.
La caída de la pobreza y de la desocupación no es logro de un
subsidio, sino de un modelo económico productivista al que el FMI
combatió. Como muchos recordarán, meses después de la puesta en marcha
de ese nuevo paradigma, cuando ya se veían sus primeros resultados
positivos (los números de la macro y la microeconomía mostraban la
recuperación del país), el Fondo seguía reclamándonos "un programa
sustentable".
No era, pues, un error de enfoque o incomprensión de nuestra realidad
de parte de los funcionarios del organismo. Es la política del Fondo.
La Argentina iniciaba un camino independiente de los modelos de
ajustes, y eso iba en contra de los postulados dogmáticos y la acción
concreta de un ente multilateral comprometido con las naciones
altamente desarrolladas, más interesadas en captar mercados que en
permitir sus desarrollos propios. Así, una Argentina pujante (como un
Mercosur en expansión) son trabas a esa pretensión.
Volvamos a la formulación de Singh. El Plan Jefas y Jefes de Hogar
Desocupados, en verdad, fue la primera experiencia masiva de
aplicación de la renta básica de inclusión en América latina. Sus
características originarias fueron la universalidad del derecho para
los desempleados, una contraprestación que se traducía en exigencia de
escolaridad y controles de salud de los hijos de los beneficiarios, y
un monto que estaba por encima de la línea de indigencia.
Tales condiciones la equiparaban a las experiencias de posguerra,
materializadas en Gran Bretaña, primero; luego, en Finlandia, y
posteriormente, en la casi totalidad de los países del oeste europeo.
Se denominó Renta Básica (Holanda), Dividendo Social (Inglaterra),
Subsidio Universal (Bélgica), Renta de Existencia (Francia), etc., a
este instituto aplicado en épocas de crisis, de origen anglosajón, con
raíces en el siglo XVIII, que fue instrumentado ante las secuelas
sociales de la guerra.
El éxito en la aplicación del Plan Jefas y Jefes fue esencial para
consolidar uno de los pilares de mi gobierno de salvación nacional:
alcanzar la paz social. Objetivo similar se logró en Europa, con una
cuestión adicional de suma importancia: contribuyó eficazmente al
derrumbe del delito y de la inseguridad.
Aquí, el programa Jefas y Jefes de Hogar se ha tornado ineficaz y ha
perdido su contenido original. La asignación de 150 pesos equivale,
apenas, al 34% del monto que cubre la línea de indigencia, y los
controles de escolaridad y salud se abandonaron. Ninguna otra política
o programa social reemplazó efectivamente los alcances de aquel. Sólo
anuncios y pinceladas cosméticas.
Al mismo tiempo, los subsidios del gobierno para controlar las tarifas
de los servicios públicos favorecen mucho más a los sectores medios y
altos, y apenas si alcanzan a los más postergados. El economista
Javier González Fraga ha mostrado que, si se estiman los valores que
debieran tener los combustibles y la electricidad, de no estar
subsidiados, por cada 80 litros de nafta que se carga a un automóvil
se está recibiendo un plan Jefas y Jefes, es decir, 150 pesos. Y otro
tanto ocurre por cada 20 pesos de consumo eléctrico. Todo esto amplía
la brecha de la ya injusta distribución del ingreso.
En suma, mientras aquí seguimos discutiendo si es válida o no una
renta de inclusión que garantice el derecho a la existencia, en Europa
y en los Estados Unidos se han creado instituciones permanentes que
incentivan el debate acerca de la necesidad de establecer un nuevo
derecho al ingreso universal, que alcance a la totalidad de la
población, independientemente de su condición social.
Se trata, como se ve, de un nuevo derecho humano. En tal sentido, es
una lucha equivalente a la que se libró en los albores del siglo XX
para obtener el sufragio universal. Del mismo modo que el voto, el
ingreso universal, en el siglo XXI, significará una ampliación de la
frontera de la libertad del ser humano.
Desde el fin del Estado de Bienestar, construido a mediados del siglo
pasado -que comienza a caer a partir de marzo de l976-, ha gobernado
la lógica del mercado: desregulación económica y ajuste de las
políticas sociales, con la consecuencia lógica de desocupación y
marginalidad e inseguridad. Deberemos, entonces, replantear el rol del
Estado y darnos un gran debate acerca de qué haremos con los cientos
de miles de argentinos olvidados.
El autor es ex presidente de la Nación
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