[R-P] Una apología del Presidente Chávez
Boletín Bambú
bambuprensa en yahoo.com.mx
Vie Dic 7 16:27:27 MST 2007
El Gran Dictador
Una apología del Presidente Chávez
John Brown / Rebelión
"Si un hombre que se cree rey está loco, un rey que se cree
rey no lo está menos"
Jacques Lacan
Los portavoces de la derecha de la izquierda y de la
izquierda de la derecha, así como de la derecha de la
derecha, del centro de la derecha, del centro de la
izquierda y del extremo centro, en resumen de todas las
derechas independientemente de su origen ideológico sienten
horror por un personaje como el Presidente de la República
de Venezuela, Hugo Chávez Frías. Este horror es compartido
por sectores de la pequeña burguesía intelectual incluso de
izquierda. Se trata de un sentimiento de aversión profunda
al hecho de que un hombre del pueblo, de origen
parcialmente indio ocupe la más alta magistratura de la
República. No es tanto que sea un hombre de izquierdas: a
Salvador Allende o a Fidel Castro siempre les tuvieron más
respeto: eran enemigos, y por ello mismo, algo reconocible.
Se trataba de "gente bien" o, como dicen algunas
oligarquías latinoamericanas, de "gente como uno". Eso no
les impide ser "asesinables", pero los hace menos
inquietantes.
Hugo Chávez es un hombre de gran talento y habilidad, con
capacidad y formación, pero con unos modales y una retórica
que lo hacen poco presentable en sociedad. Es precisamente
esto lo que indica la radicalidad de la revolución que vive
Venezuela. Por primera vez, el principal cargo del Estado
no está ocupado por alguien cooptado o al menos reconocido
por las clases dominantes. Se le critica por su falta de
formación y su falta de modales. La formación de Chávez es
la de un autodidacta, rica, heteróclita, a veces
disparatada. No encaja en ningún canon académico. Es la que
podría darse cualquier persona del pueblo deseosa de
entender el mundo en que vivimos para cambiarlo. Sus
modales no son malos en términos absolutos: nunca ha
demostrado falta de educación ni de respeto a sus
interlocutores y adversarios. Lo que pasa es que dice cosas
que desentonan en la buena sociedad: recordar el expolio de
las Américas ante el rey de España era una indelicadeza
necesaria para alguien que habla en nombre de los
expoliados, recordar desde la presidencia de la República
que "el capitalismo es incompatible con la democracia" es
algo que debería estremecer a las izquierdas y las derechas
que gestionan y justifican el terror del Imperio en nombre
del Estado de derecho y la democracia.
Afírma Jacques Rancière apoyándose en Platón que no existe
un saber especializado, una techné propia del político, que
esa misma carencia de saber especializado en los
gobernantes es la esencia de la democracia, ese régimen en
el que cualquiera puede llegar a gobernar. Una política
convertida en técnica y acaparada por expertos conocedores
de la economía y de la sociedad es lo que llama Rancière
"policía": mera gestión y normalización social, sin
antagonismo ni decisión política. Chávez es precisamente
ese individuo que es como cualquiera de nosotros,
quislibet, que ocupa el puesto del gobernante. Al hacerlo
no está cerrando en nombre de un saber la posibilidad de
sus conciudadanos de ser políticamente activos: por el
contrario, la abre. Lo apasionante del proceso venezolano
es precisamente esa capacidad enorme de apertura del
espacio de lo político a las mayorías sociales, cuya
participación política no se reduce ni mucho menos al
ejercicio del derecho de sufragio, por mucho que para 4
millones de personas que antes de la revolución bolivariana
no tenían existencia civil al no estar censadas este
derecho haya sido y siga siendo sumamente importante.
Chávez es un dirigente legitimado electoralmente, pero ello
no quiere decir que la gente le dé un mandato libre e
incondicional como hemos podido ver en el último
referéndum. Chávez es el capitán -negro mal disfrazado de
blanco- de un barco negrero en rebelión, que a diferencia
del personaje de Melville en Benito Cereno, acepta gustoso
su papel. Y es que el modo que tiene Chávez de ocupar el
lugar del poder neutraliza el funcionamiento normal de un
Estado de derecho "respetable" y pone en peligro la
reproducción de las condiciones jurídicas y políticas del
capitalismo. Este es el único motivo por el que las
derechas de toda laya lo tildan de dictador. El proceso de
transformación social más democrático, más rodeado de
garantías, más respetuoso del pluralismo no deja de ser una
terrible ofensiva contra el poder de clase de las
oligarquías venezolanas y mundiales. En Venezuela no sólo
no se gobierna en favor de" la gente bien" y contra la
"chusma", sino que la "chusma" está progresivamente tomando
las riendas del país. Esto es precisamente la democracia,
esto es lo que tantísima inquietud produce.
Afirman que Chávez es un gran dictador. Dan ganas en un
primer momento de rebatir ese insulto, de decir que un gran
dictador como Dios y el capital mandan no permite que el
90% de los medios de comunicación de su país lo ataquen
violentísimamente a diario, que un gran dictador de bien al
estilo de Pinochet el cual según los liberales como Hayek
es un exponente autoritario del Estado de derecho, no
convoca referéndums con posibilidades de perder. No vale la
pena insistir sobre todo esto; todo el mundo que quiera
informarse lo sabe. Chávez desempeña, sin embargo, el papel
de otro Gran Dictador que encarnó Chaplin en la película
del mismo nombre: el sastrecito pobre judío que llega a la
tribuna de Hitler, lo suplanta y pone fin mediante un
discurso de paz a la pesadilla bélica y totalitaria del
nacionalsocialismo. El Chávez que habló en las Naciones
Unidas de un Bush que "huele a azufre" santigüándose
muestra el mismo talento para distanciarse de la seriedad
política. La política de los soberanos es una bufonada que
se toma a sí mismo en serio, imponiendo a los demás la
misma seriedad. Hay que reivindicar como legitimadora la
mirada de las oligarquías y de todas las derechas sobre
Chávez. Lo que hay que pedirle al Presidente bolivariano es
que no se rebaje nunca al lugar de un jefe de Estado "serio
y respetable" como lo fueron Hitler y Carlos Andrés Pérez
para los oligarcas del planeta, que evite tomarse demasiado
en serio. Su voluntad de llevar a cabo una revolución a
golpe de cambios constitucionales tiene que ver con esa
peligrosa seriedad y constituye un peligro para el proceso
bolivariano. También es peligrosa de manera más anecdótica
su polémica con el Borbón: compararse con el rey de España
afirmando su superior legitimidad es creer demasiado en
esta última, contemplarse como personificación de un poder
soberano. Ninguna revolución, ninguna democracia auténtica
son compatibles con ese tipo de poder que aparta a la
gente, a las mayorías, de la participación política
efectiva. Lo peor que le puede ocurrir a la revolución
bolivariana es que Chávez se crea realmente que es el
Presidente, poniéndose en el mismo plano que otro fulano
que se cree que es rey.
Roberto Bardini
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