[R-P] A raiz de la muerte de Norman Mailer
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en gmail.com
Jue Dic 6 09:44:26 MST 2007
De la exquisita Agenda de Reflexión que dirige Alejandro Pandra, sobre uno
de los últimos escritores norteamericanos. Después de él, de Gore Vidal y de
algún otro, no hay más novela norteamericana. Paul Auster, al lado de ellos,
es como comparar a nuestro prolijito Allan Pauls o al pequeño Juan Forn con
Dalmiro Saenz o David Viñas.
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La encarnación de lo políticamente incorrecto
El último 10 de noviembre, a los 84 años, tras una difícil operación de
pulmón en el hospital Mount Sinai de Manhattan, Nueva York, falleció Norman
Mailer. Se había casado en seis ocasiones y era padre de nueve hijos.
Novelista, periodista, ensayista, cineasta de a ratos, hombre de letras de
la cabeza a los pies, Mailer era el último vástago de una tradición
genuinamente americana: el heredero directo, junto a Gore Vidal y Truman
Capote, de una fantástica estirpe que dio a William Faulkner, Jack London,
Ernest Hemingway, John Dos Passos y Francis Scott Fizgerald.
En su famoso libro sobre la pelea entre los boxeadores Alí y Frazier, 'El
rey de la montaña', Mailer escribió que el ego era el gran sustantivo del
siglo XX, la palabra más importante añadida a la potencia esencial del
idioma. Pocos escritores pueden vanagloriarse de un ego semejante al de
Mailer, que se convirtió a sí mismo, a todo lo largo de su escritura, en el
martillo, el yunque y el fuego.
Norman Kingsley Mailer nació en Long Branch, New Jersey, en 1923 en el seno
de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en
Mecánica Aeronáutica en Harvard. Reclutado por la Armada, luchó en el frente
del Pacífico, una experiencia que reflejaría en 'Los desnudos y los
muertos', probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra
Mundial y tal vez su mejor novela. Publicada en 1948, la obra supuso para el
joven debutante un clamoroso éxito de crítica y público y, desde entonces,
su nombre pasó a formar parte de una brillante y múltiple constelación de
escritores que acabaría por formar la vanguardia de las letras
estadounidenses.
En 1951 publicó 'Costa bárbara' y en 1955 'El parque de los ciervos',
novelas ambas que no alcanzaron ni de lejos la resonancia de su libro
bélico. Volcado hacia el periodismo, fundó el semanario neoyorquino 'The
Village Voice', donde publicó en 1956 su celebérrimo reportaje 'El negro
blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster', un ensayo incendiario
con una peculiar visión de los problemas raciales y una demoledora
exaltación de la violencia. Al tiempo que apoyaba a Kennedy y tronaba contra
la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando, si no en la conciencia
fetal de EEUU, sí en el personaje más vocinglero de la intelectualidad
norteamericana, la voz más agria de la contracultura.
Servidos en una prosa fastuosa, subversiva y delirante, sus trabajos de
campo sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50
y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales),
y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos
de la noche, 1967) le convirtieron en el mejor periodista norteamericano.
Mientras tanto, en el terreno privado, su vida seguía los mismos derroteros
contradictorios, virulentos y salvajes que su escritura. Enemigo declarado
de cualquier método anticonceptivo, arrastró una larga serie de pensiones de
divorcio y una agitada trayectoria conyugal que culminaría en 1960 con el
apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera.
La agresión se saldó con una breve visita del escritor a un hospital
psiquiátrico y con un libro escrito por Adela, 'La última fiesta'.
Quizá no sea casualidad que dos de sus mejores novelas ('Los hombres duros
no bailan' y 'Un sueño americano') alberguen fantasías sobre esposas
asesinadas. Ambos libros también participan de la vertiente filosófica de
Mailer: una visión sumamente personal del existencialismo que gira en torno
a la idea de un demiurgo imperfecto, una especie de dios exhausto cuya
creación se le ha ido de las manos como una alocada novela donde los
personajes se desmandan, seducidos por un astuto diablo encarnado en el
plástico y el cáncer. Dentro del volumen 'Caníbales y cristianos', los
ensayos 'La metafísica de la barriga' y 'La economía política del tiempo'
presentan algunas de sus ideas más excitantes, profundas y polémicas.
A comienzos de los 70 Mailer realizó algunas películas experimentales (la
más conocida es 'Maidstone'), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su
carrera política: se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y
confesó (en 'Advertisements for Myself') que en varias ocasiones se había
presentado como candidato a presidente "en la intimidad de mi mente". Milos
Forman aprovechó su aspecto inconfundible (baja estatura, melena explosiva,
ojos llameantes) para un breve papel en 'Ragtime' (1981). Pero Mailer daba
mucho más juego en la televisión y en las apariciones públicas, donde
mantuvo sonadas broncas con otros colegas de profesión.
En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron por una
supuesta burla que éste había hecho de Adela Morales. En 1971 la sangre
llegó al río con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había
comparado con Charles Manson. Pero la más célebre y rocambolesca de sus
trifulcas -mantenida a lo largo de décadas, como un tormentoso noviazgo- fue
la relación de amor y odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a
quienes Mailer respetaba (llegó a decir que era "el escritor perfecto de mi
generación") y con quien mantuvo agrias polémicas prácticamente por
cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba)
hasta 'La canción del verdugo' (1979), la monumental novela por la que
Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary
Gilmore y escrita a la manera de un gran reportaje de investigación, el
libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra
maestra de Capote, 'A sangre fría'. Pero también supuso un triunfo personal
de Mailer que, por una vez, abandonó su propio ego durante centenares de
páginas para lanzarse a un exacto y descarnado ejercicio de objetivismo.
Machista empedernido, obsesionado por la masculinidad como London y
Hemingway, Mailer también era un devoto del boxeo que siguió atentamente la
carrera del mejor peso pesado de todas las épocas, Muhammed Alí. En 1973
viajó hasta Kinshasa (El Congo) para presenciar el fenomenal combate entre
Alí y Foreman, y la crónica que escribió del mismo ha quedado como una de
las leyendas imborrables de la profesión periodística y de la literatura
deportiva. Otro tanto ocurre con el 'Homenaje a El Loco', amplio reportaje
sobre un torero mexicano, donde su preciso y coloreado instrumental de
escritor encuentra un terreno abonado para sus espléndidas metáforas. En
cambio, a pesar de sus estudios de ingeniería aeronáutica en Harvard, 'Un
fuego en la luna' (un ambicioso reportaje sobre la misión del Apolo XI),
carece de ese inigualable toque de exaltación y maestría que posee Mailer
cuando un tema le apasiona.
Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de bocón y de
provocador nato lo alejaron siempre de las quinielas de ganador. Ateo
acérrimo, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza,
Mailer quiso ser y fue toda su vida un incordio, un agitador de conciencias,
la encarnación misma de lo políticamente incorrecto: una piedra de escándalo
para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de
Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.
Poseído de una curiosidad omnívora de la que da cuenta una amplísima
bibliografía que incluye, además de docenas de libros, centenares de
columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoievskiana de
'American Psycho' y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó
'Noches de la antigüedad', una ambiciosa y voluminosa novela sobre el
Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en
1991, 'El fantasma de Harlot', una novela, no menos voluminosa y ambiciosa,
sobre el funcionamiento interno de la CIA.
Mailer nunca dejó el centro del cuadrilátero, ni siquiera en estos últimos
años en que, viejo y enfermo, no dejaba de acudir a lecturas y encuentros
con universitarios. En sus últimos libros se atrevió a sacar a la palestra a
Cristo, a Hitler, y al mismísimo diablo, adversarios que él, quizá,
consideraba a su altura.
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