[R-P] La gran ballena blanca, muy lejos de Illia y de Hanna Arendt
Boletín Bambú
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Jue Dic 6 07:03:08 MST 2007
Muy lejos de Illia y de Hanna Arendt
04/12/07
Por Oscar Taffetani
Agencia Pelota de Trapo
(APe).- Hace unos días, tras recibir un ataque de las
“espadas” más conocidas del oficialismo, a raíz de sus
denuncias e insinuaciones sobre negociados K, la dirigente
de la Coalición Cívica Elisa Carrió declaró ingresos
mensuales de $ 11.000, provenientes -según dijo- de sus
honorarios por las clases brindadas en el Instituto Hanna
Arendt (por ella creado) y donaciones de algunos diputados.
“Tampoco puedo ser una homeless”, expresó Carrió, con
frivolidad digna de una señora de ésas a las que el hambre
y el desamparo de los pobres urbanos le despiertan
curiosidad, cuando no algo de compasión.
Después, Carrió se comparó con el ya desaparecido médico
Arturo Humberto Illia, quien llegó a la presidencia de la
nación con una casa y un automóvil como únicos bienes, y
que al retirarse ya ni siquiera tenía el automóvil. “Hasta
el pueblo le compró la casa”, dijo Carrió refiriéndose a
Illia, sin que nadie supiera por qué la fundadora del ARI
comparó la situación de aquel austero dirigente político
con su propia situación, cuando son tantas y tan evidentes
las diferencias.
Pero la pregunta que cabe hacerse es por qué Elisa Carrió,
como legisladora, presentó en 2001 el proyecto 1.460
denominado FINCINI (Fondo para el Ingreso Ciudadano a la
Niñez) y lo volvió a impulsar en 2004, bajo la forma de una
Asignación Universal para Menores y Embarazadas que
contemplaba “una escala de subsidios de 60, 80 y 100 pesos”
(así se publicó en los diarios). Es decir, por qué lo hizo,
si ella sabía que con esa plata a nadie le alcanza para
vivir, ni menos que menos para salir de la pobreza.
Si ella, Elisa Carrió, “para no ser una homeless” necesita
11 mil pesos por mes ¿cómo piensa que puede vivir un niño o
una mujer embarazada con 60, con 80 o 100 pesos?
A esa misma hipocresía nos referimos en la nota “Ideas para
Diputados”, donde criticábamos el proyecto de asignación
universal de 72 pesos por mes para los hijos de los
desocupados. No criticamos la idea de la Asignación
Universal, sino el monto ridículo propuesto, que no alcanza
para sacar a un niño ni a su madre de la indigencia.
En la satanizada década argentina del ’90, el ministro de
Economía Domingo Felipe Cavallo, padre de la
Convertibilidad, reconoció en un reportaje que no podía
vivir con menos de 10 mil pesos (pesos-dólares) por mes.
Allí quedaba en evidencia el “doble estándar” de Cavallo:
no aplicaba a sí mismo la regla que, como ministro,
pretendía aplicar a los demás.
“Obra deseando que ese principio que rige tu acción se
convierta en ley universal” escribió el filósofo y
humanista Inmanuel Kant, inaugurando la denominada Ética
del imperativo categórico.
Kant vivió toda su vida en Könisberg, una ciudad ya
desaparecida de la Prusia oriental, que casi dos siglos
después le daría al mundo otro referente de la filosofía y
del humanismo: Hanna Arendt.
Pero ¿qué tienen que ver Inmanuel Kant, Hannah Arendt y
aquel modesto y valiente médico de Pergamino, Arturo Illia,
con esta dirigencia actual que cultiva el doble estándar y
que no ama al prójimo -siguiendo el precepto cristiano-
como a sí misma?
Nada tienen que ver. Felizmente, nada. Y eso nos da
esperanza.
Roberto Bardini
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