[R-P] POR AHORA NO PUDIMOS. SÓLO POR AHORA
Fernando lavayén
fernando.lavayen en gmail.com
Jue Dic 6 06:25:19 MST 2007
Va la opinión de Franzoia.
Fernando L.
POR AHORA NO PUDIMOS. SÓLO POR AHORA
Por Alberto J. Franzoia
Cuando en la madrugada del 3 de diciembre el presidente Hugo Chávez afirmó
ante las cámaras de televisión "No pudimos, por ahora", con una sonrisa
socarrona dibujada en su rostro, no parecía que estuviéramos en presencia de
un derrotado. De su palabra serena, confiada y, como siempre, atiborrada de
fervor revolucionario, se desprendía una conclusión sabiamente sintetizada
en ese "por ahora". Pero, más allá de cómo podamos percibir lo sucedido, con
sus variados matices, quienes aún en plena posmodernidad hemos mantenido a
salvo la convicción revolucionaria que tantos sacrificios nos ha costado,
deberíamos intentar una evaluación lo más objetiva posible de los hechos
para no reiterar los viejos errores del campo popular. Aunque, claro está,
también deberíamos ponernos a salvo de ese frecuente escepticismo
paralizante, que viene caracterizando a los que vieron como se esfumaba la
visión lineal y siempre ascendente de la historia que solían cultivar.
Los números
En un análisis cuantitativo, esos a los que son tan afectos nuestros
científicos neutrales formados en los paradigmas positivista y /o
funcionalista, podemos observar lo siguiente:
Un referéndum rara vez logra la misma convocatoria que una elección, sobre
todo cuando la misma se realiza para escoger a un presidente o un primer
ministro, por lo tanto la abstención si bien fue significativa, rondando el
44% del electorado, no es un fenómeno inesperado o patológico como dirían
algunos maestros del positivismo del siglo XIX, al estilo Emile Durkheim.
De los que se presentaron a votar, cerca de nueve millones de venezolanos,
un 49,29 % lo hizo por el SÍ, mientras que la oposición obtuvo un triunfo
muy apretado con el 50,70 %. La diferencia fue por lo tanto de apenas 1,4
puntos. NADA. Pero ni siquiera sabemos si estos son las cifras definitivas,
ya que faltarían escrutar un 10% de los votos.
En las últimas elecciones para presidente, hace un año, Chávez había
triunfado con un 60% de un total de votantes muy superior al del domingo 2
de siembre de 2007 (ya que la abstención entonces no superó el 25%), por lo
que cosechó el apoyo de unos siete millones de compatriotas, mientras que la
oposición obtuvo en aquella derrota catastrófica, ya que fue por veinte
puntos, cerca de medio millón de votos menos que ahora.
Chávez, en cambio, tuvo en este referéndum unos tres millones de votos
menos; pero esos votos no fueron mayoritariamente a la oposición sino que
coincide (en términos cuantitativos) con el grueso de los que ahora se
abstuvieron
Un intento de interpretación sólo de los números
Está claro que ningún dato habla por sí mismo sino que debe ser
interpretado, y dicha interpretación nunca se hace desde la nada conceptual,
con lo cual manifestamos nuestro rechazo a cualquier intento de empirismo
ingenuo. Los opositores interpretan desde su visión políticamente
liberal-conservadora, que encuentra respaldo teórico y metodológico tanto en
los positivistas como en funcionalistas que componen el personal jerárquico
de las empresas encuestadoras privadas, que han obtenido un triunfo que les
permitirá expulsar a Chávez a más tardar en las próximas elecciones
presidenciales. Aunque claro está, harán todo lo posible para desgastar su
poder antes, forzando un abandono anticipado del ejecutivo. Desde el
exterior empujan en la misma dirección el gobierno de Bush, otros gobiernos
imperialistas menos explícitos pero con idénticas preferencias en materia de
política latinoamericana, y los medios de comunicación que, como en España
(con coincidentes posturas de El País, El Mundo, y el ABC) han aprovechado
la modestísima y no confirmada victoria opositora para pronosticar, desde su
reconocido "neutralidad", el fin de Chávez.
Pero los opositores de Venezuela saben mejor que nadie, aunque nunca lo
explicitarán fuera de su tropa, que no han crecido casi nada, apenas algunos
cientos de miles de votos, lo que en elecciones con amplia participación
popular muy posiblemente hubiese representado otra derrota catastrófica.
También saben, aunque no lo digan, que esa porcentaje que ellos festejan, a
las fuerzas del SÍ no le hubiese permitido hacer nada. Está claro que con
menos de un punto y medio de ventaja es posible mantener las cosas como
están (no tocar la actual constitución) al menos por ahora. Pero de ninguna
manera pude ser utilizada esa exigua diferencia para producir un cambio
revolucionario. Una duda que sigue flotando en el ambiente del país hermano,
como bien lo planteó la compañera venezolana Carola Chávez en el foro
Reconquista Popular, es si realmente la oposición cuenta con la ventaja
anunciada oficialmente:
"Los periódicos internacionales daban ganador al SI desde las 21:00. Lo cual
pude comprobar al navegar por varias páginas. ¿Que pasó? La tendencia que
divulgaban era (Sin decir cifras absolutas) de un 3% de ventaja por el SI.
Pero pensándolo con calma. ¿Se puede implantar una reforma constitucional
con ese margen tan pequeño?"
Engarzado con esta información viene el argumento de quienes sostienen que
Chávez ganó las elecciones por una pequeña diferencia, pero prefirió
renunciar a ella porque no es posible un cambio significativo (que generará
enfrentamientos sociales), con un margen tan exiguo. Y si ese hubiese sido
el caso, el argumento está lleno de sabiduría. Es decir, desde el campo
nacional, popular y revolucionario la interpretación de las cifras es bien
distinta. No toda diferencia cuantitativa favorable cumple con los objetivos
propuestos. No siempre los números se convierten en realidades
incontrastables, a veces son mentirosos. En política 2+2 no siempre es igual
a cuatro. En estas circunstancias, intentar objetivos profundos con cifras
favorables pero exiguas puede conducir a una verdadera catástrofe, por lo
tanto resulta irrelevante si Chávez perdió por 1,4 o ganó por tres puntos.
Para avanzar en el camino de una revolución consensuada, que es a lo que más
le temen las fuerzas de la reacción oligárquico-imperialista, los números
deben ser ampliamente favorables. Estimamos que no inferior a un diez o
quince por ciento y con la posibilidad cierta de crecer aún más en poco
tiempo. Lo contrario supone exponerse a una dura contrarrevolución que acabe
de la noche a la mañana con los logros cosechados hasta la fecha.
Escribe en Clarín un analista político no precisamente sospechado de
revolucionario, como Oscar Raúl Cardoso, al referirse a Chávez:
"Pero en general se acepta que una de las razones por las que conserva un
alto grado de adhesión popular fijado en el 60% por la última encuesta de
Latinobarómetro- es porque amplios sectores antes marginales han dejado de
serlo. El gasto social llega en Venezuela a algo más del 20% del
presupuesto. Entre los números generalmente aceptados la pobreza decreció
del 37,1% al 15,9%; la indigencia, de 30,2% a 9,9%; el desempleo del 20% al
7%. El PBI creció en el tercer trimestre de este año en un 8,7% y es el más
elevado de la región. El resultado hasta aquí no es perfecto, pero Venezuela
puede exhibirlo, al menos, con moderado orgullo."
Qué cambios proponía Chávez:
La oposición interna y buena parte de la prensa internacional, también
opositora, levantó como bandera de la crítica a Chávez su intento de
"perpetuarse" en el poder a través de la reelección constante. Argumento que
si bien puede tener cierto peso cuando estamos ante electores muy trabajados
por el liberalismo en el mundo periférico (pertenecientes en su mayoría a
las capas medias), resulta desde mi perspectiva de escasa sustancia. Todos
sabemos, recurriendo a un análisis no demasiado complejo que habilitar la
reelección sólo significa que si un pueblo decide continuar con un mismo
conductor por un largo período tendrá la posibilidad de hacerlo, en su
defecto NO. Si profundizamos un poquito más el análisis, llegamos a una
segunda constatación: esto resulta más democrático que excluir por ley a
aquel candidato que el pueblo desea en el poder. Es decir, como argumento
político es de una inconsistencia palpable, y sólo se puede sostener como
principal estandarte de una lucha, cuando en las elecciones no hay en juego
nada realmente significativo que permita cambiar la vida de un pueblo.
No era este el caso en Venezuela, porque detrás de la lucha contra la
reelección, que supuestamente conspiraba contra la democracia, se escondía
el problema realmente significativo para la clase social (oligarquía
terrateniente, industrial y financiera) que conduce la oposición: la
necesidad de garantizar la presencia excluyente de su ejercicio oligopólico
de la propiedad privada y la independencia del poder financiero. Porque la
reforma constitucional propuesta se dirige precisamente en esa dirección. El
problema principal que preocupaba a los "democráticos" opositores no es
político sino económico y social, ya que, por un lado se propone un control
del poder ejecutivo sobre las finanzas públicas. Concretamente se pone fin a
la independencia del Banco Central, con lo que el presidente tendrá el
control de las reservas de moneda extranjera. Y por otro lado se formula la
prioridad de la propiedad colectiva sobre la propiedad privada (¡un
verdadero escándalo!), como pilar para la construcción del socialismo del
siglo XXI.
Ayer decía en una entrevista televisiva el analista político y profesor de
la Universidad de Venezuela Vladimir Acosta, que la oposición pretende
presentar al gobierno de Chávez como enemigo de la propiedad, cuando es el
que más propiedad ha distribuido en la historia de Venezuela, pero claro
está, cuando la oligarquía y el imperialismo hablan de propiedad se están
refiriendo a la necesidad de tener el control oligopólico del mercado en
cualquier sector de la economía. Además se postulaba en la reforma una
reducción de la jornada laboral de ocho a seis horas y la inclusión de
trabajadores autónomos en el sistema de seguridad social.
Otro elemento importante destacado por el profesor Acosta, para tener clara
conciencia acerca del porqué de ciertos problemas económicos que enfrenta
Venezuela en la actualidad, es que esta clase dominante no reinvierte en la
producción. La demanda en el mercado interno ha crecido mucho lo últimos
años como consecuencia de la mejora sustancial en el nivel de vida de
sectores antes excluidos. En una economía capitalista conducida por una
clase burguesa, tal como ocurrió en los hoy llamados países del primer
mundo, esto hubiese conducido a una reinversión que permita ampliar la
capacidad productiva (lo que en términos marxistas significa un desarrollo
de las fuerzas productivas). Sin embargo la oligarquía venezolana prefiere
obtener sus beneficios no del crecimiento económico sino del control
monopólico del mercado (poca inversión con beneficios asegurados por la
falta de competidores). Cualquier similitud con el cuello de botella de la
economía argentina, y latinoamericana en general, es "mera coincidencia".
¿Por qué el cambio no fue consensuado?
El profesos Vladimir Acosta decía también que lo que se debe analizar no es
la abstención sino cómo se votó. Me permito en este sentido disentir con él,
ya que ha sido esencial para el resultado de este referéndum la escasa
participación popular. Veamos primero el por qué de la escasa participación:
Como decía al inicio del artículo es raro que un referéndum tenga tanta
convocatoria como una elección. En un año se pasó del 75% en las elecciones
presidenciales a un 56% en el referéndum, sin que mediara ninguna situación
de descontento generalizado. Casi veinte puntos de diferencia. Pero esto
suele ocurrir en procesos políticos aún muy distintos al venezolano, forma
parte de lo normalidad en términos políticos.
Cuando en una democracia el ejercicio del voto se vuelve muy frecuente, hay
una tendencia casi inevitable al incremento de las abstenciones. También es
un fenómeno normal.
Los triunfos constantes de Chávez a lo largo de nueve años lo perfilaban
como un "invencible", lo cual genera en no pocos partidarios un estado de
ánimo triunfalista. En esas condiciones se supone que el líder siempre
ganará, aunque cada uno de sus partidarios en particular no vaya a votar,
sobre todo en un referéndum. Esto es normal, pero pude volverse en contra
de los intereses populares.
El mismo triunfalismo suele incidir negativamente en sectores de los cuadros
militantes débiles o propensos al oportunismo, iniciando un reiterado camino
hacia el culto a la personalidad. La historia de las luchas populares está
plagada de estos errores que, cuando se consolidan, conducen a derrotas
irreversibles en el corto y mediano plazo.
Dejé para un último lugar aquel factor que considero en realidad de mayor
peso: insuficiencias de un partido que intenta ser revolucionario pero que
aún no está sólidamente constituido y con la totalidad de sus cuadros
plenamente identificados con la convicción y el sacrificio revolucionario,
para hacerse cargo en plenitud de un trabajo cultural intensivo y extensivo.
Todos los factores considerados deben formar parte del cuadro de situación,
sin embargo el quinto factor es para mí esencial. En no pocas oportunidades
ha sido analizado el extraordinario peso que tienen las ideas dominantes. En
nuestra América latina dichas ideas han estado asociadas a lo largo de gran
parte de nuestra historia con las oligarquías nativas, las cuales a su vez
actúan como el eslabón necesario que vincula los intereses de las burguesías
imperialistas del primer mundo con nuestras economías. Pero como las
oligarquías son una clase cuantitativamente insignificante, para poder
sostener su descomunal presencia en la estructura socio-económica de nuestra
tierra, sólo puede recurrir a dos alternativas: la coerción, que nunca puede
ser en términos absolutos y permanentes, y el consenso. Este último es en
realidad el objetivo de toda clase dominante, ya que es el que garantiza un
dominio a largo plazo, aquel que se da cuando los dominados han incorporado
la visión de mundo de los dominadores, es decir, cuando aceptan que su
situación es "natural". Esto se consigue luego de desarrollar a lo largo de
décadas y a veces de siglos, un conjunto de instituciones que
sistemáticamente se encargan de "naturalizar" aquello que es consecuencia de
un régimen social injusto. Y una vez que dichas ideas se han consolidado,
cuesta mucho superarlas con una nueva visión acorde a los intereses
objetivos de las clases y sectores dominados.
En Venezuela se está viviendo un proceso revolucionario, que intentaba
profundizarse a través de una modificación importante en la constitución.
Dichas modificaciones, más allá de la reelección (sí o no, eso lo define el
pueblo cuando vota con absoluta libertad y sin proscripciones), favorecían
ampliamente a los sectores populares: control de la moneda por el ejecutivo,
prioridad para la propiedad colectiva, reducción de la jornada laboral,
inclusión de los trabajadores autónomos en la seguridad social, etc. Sin
embargo, Chávez perdió en estas elecciones tres millones de votos, la
mayoría no se incorporaron al NO, lo que ocurrió es que no fueron a votar. Y
al no votar, la oposición con pocos votos más que hace un año, logró
imponerse cuando antes había perdido por 2'0 puntos. Allí es dónde confluyen
el peso de las ideas dominantes con un insuficiente trabajo intensivo y
extensivo para desplazarlas por la nueva visión.
Para un trabajo intensivo hace falta, como decía, un partido revolucionario
sólidamente constituido. Al respecto es necesario tener en cuenta que el
PSUV está en formación, puede ser la herramienta necesaria (el tiempo lo
dirá), pero todavía no se ha consolidado como tal. Y bueno es aclarar, que
para que eso ocurra habrá que remover de los sectores clave a elementos
burocráticos y oportunistas que no han cumplido con su tarea. Lo mismo puede
decirse de sectores político aliados, que no sólo no están plenamente
consustanciados con el socialismo del siglo XX que impulsa el presidente,
además, han jugado en contra. Si todo el peso de la tarea cultural recae en
los discursos de un líder carismáticos, difícilmente este proceso pueda
consolidarse y seguir avanzando. Para que eso ocurra hace falta un partido
revolucionario consustanciado con la tarea cultural, para de esa manera
favorecer el desarrollo de la conciencia posible, porque la real no es
suficiente. Sólo así se explica un personaje como Cucaracho. Contaba
Vladimir Acosta que Cucaracho era un individuo que vivía en condiciones
absolutamente marginales (en la calle, durmiendo en un cajoncito de madera).
Un día lo encontró un amigo de Acosta de formación comunista y le dijo a
Cucaracho: "ehhh.tu debes ser comunista", y Cucaracho le respondió: "No, si
viene el comunismo nos saca todo".
Pues bien, es evidente que millones de venezolanos que podrían haberse
beneficiado con la nueva constitución no lo sabían o le temían. Primero
porque las ideas dominantes siguen allí, alojadas en muchas cabezas de
mujeres y hombres que objetivamente pertenecen al campo popular, y después
porque el trabajo cultural revolucionario para modificar dicha situación no
ha sido suficiente. Para mejorar el trabajo intensivo habrá que consolidar
un partido revolucionario eficaz en su tarea cultural (porque más allá de
las habituales expresiones de deseo, nunca los integrantes de un pueblo
marchan todos al mismo paso). Y para mejorar el trabajo extensivo, el que se
hace a lo largo de generaciones, no queda otra alternativa que consolidar lo
existente para continuar. Al tiempo no se lo puede apurar, aunque sí se lo
puede ayudar. Quizás por eso Chávez afirmo convencido: "No pudimos, POR
AHORA". Si es así, y estoy convencido que así será, recordaremos siempre que
"el tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir". Claro que para ello
hay que trabajar, porque por un lado no son tiempos para hacernos los
distraídos, como si aquí no hubiera pasado nada, y por otro lado tampoco
son tiempos para sentarnos a llorar. El POR AHORA no es una simple esperanza
sino un desafío.
La Plata, 5 de diciembre de 2007
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