[R-P] [E. Lacolla] El referéndum venezolano

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Dic 5 07:59:26 MST 2007


[Publicado hoy en La Voz del Interior.Versión on line en

http://www.lavoz.com.ar/defaultak.asp?edicion=/07/12/05/]

Perspectivas

El referéndum venezolano

Por ENRIQUE LACOLLA

Movilizar a la franja abstencionista de la población debería permitir
a Chávez relanzar su movimiento.

La derrota, por una mínima diferencia, de la reforma constitucional
propuesta por el gobierno en Venezuela, que entre otras cosas
postulaba la reelección presidencial indefinida, debería ser asumida
con tranquilidad por quienes se identifican con el proyecto del
socialismo para el siglo XXI que pregona Hugo Chávez. Fue una victoria
pírrica la obtenida por la oposición y la verdad es que si se hubiera
dado el resultado inverso, no hubiera sido aconsejable fundar sobre
ese exiguo margen una propuesta institucional de tal envergadura.

De modo que el revés para el presidente puede ser una felicidad
disfrazada. Ahora lo que le cabe hacer es mejorar los cuadros de su
movimiento (cosa que este necesita, y mucho) y esforzarse para que se
encuentre en condiciones de vencer las elecciones de 2013, afiatando y
puliendo al mismo tiempo, las relaciones con unas fuerzas armadas de
las cuales él ha salido y que son esenciales para suministrar un
respaldo sólido al cambio propuesto por la revolución bolivariana.
Como quedó demostrado en ocasión del golpe de Estado, frustrado por la
oficialidad joven en Abril de 2002.

Dicho esto, hay que convenir que el caso venezolano es ilustrativo de
los meandros y contradicciones que presupone la concreción de un
proceso que se quiere revolucionario, en el marco de una realidad
internacional hostil y frente a recias oposiciones internas.

La tentación absolutista

 Hay un momento, en esos procesos, en que se hace tentador y
eventualmente necesario recurrir a la dictadura para defender lo
conquistado. Pero esa dictadura popular, llámesela proletaria o lo que
sea, ha solido degenerar en fosilización burocrática y a veces en
terrorismo de Estado.

Ha habido ocasiones en que esa terrible deriva se hizo inevitable, en
razón de la lucha a vida o muerte que se había planteado. Como
ocurriera a principios de la revolución bolchevique, en 1918, como
último expediente para evitar la liquidación del proceso
revolucionario y la eliminación física de sus jefes; pero las secuelas
de esa experiencia fueron catastróficas a mediano plazo y fatales a la
larga, respecto de las aspiraciones del movimiento y de los líderes
que las postulaban.

Manejar un proceso de cambio desde una posición de debilidad extrema
en el concierto internacional, es trágico. Pero no siempre las
condiciones son tan malas, ni imponen decisiones tan drásticas. Y a
veces es más bien la propensión a emular los antecedentes del
radicalismo revolucionario que el análisis de la coyuntura lo que
precipita a los adalides del cambio a un intento para perpetuar sus
poderes, como único expediente para mantener fluida la corriente.

En Iberoamérica, de momento al menos y en algunos de nuestros
escenarios, las confrontaciones no tendrían porqué ser tan feroces.

Chávez está experimentando el camino de la democracia directa para
consolidar un movimiento revolucionario. Es un expediente legítimo,
nuevo y acorde con la naturaleza de nuestra gente. Claro que al
hacerlo se expone a reveses como el del domingo, pero el saldo general
es positivo.

Nadie puede achacarle que no gobierne en base a expedientes
democráticos, nadie puede demostrar –aunque se lo sugiera y hasta se
lo proclame– que viola la libertad de prensa o que impone la
intimidación pandillesca en las calles. Esto último es más bien un
atributo de la oposición, que en más de una ocasión buscó crear las
condiciones de inestabilidad y violencia para acarrear desprestigio al
gobierno, justificar el golpe de Estado o apelar a la intervención
internacional.
 Con todas sus limitaciones y desprolijidades, el proceso venezolano
está marchando. La certeza en la continuidad de Chávez podría haberle
dado cierta apariencia de mayor solidez, pero no necesariamente debía
ser así: un dato a tomar en cuenta en este referéndum es la
elevadísima abstención que hubo para participar en él.

El 45 por ciento del electorado no votó. Es demasiado. Si en las
democracias liberales constituidas la legitimidad del sistema se está
viendo vulnerada por la creciente abstención popular, ¿qué podría
pensarse del mismo fenómeno en un proceso revolucionario que no
debería dejar indiferente a nadie?

Parece evidente que en el trabajo por movilizar a esa franja apática
del electorado debería concentrarse el mayor esfuerzo del movimiento
bolivariano. Para ello deberá deshacerse de las excrecencias
oportunistas que se le han adherido. Esta es una buena ocasión: de
haber triunfado el Sí, el facilismo, al amparo de la supuesta
invulnerabilidad de Chávez, hubiera preparado una futura y esa sí
catastrófica derrota.


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