[R-P] Marcelo pone el dedo en la llaga
carola chavez
tongorocho en gmail.com
Lun Dic 3 14:48:25 MST 2007
Aquí está la razón de la abstención, al menos eso creo...
Reforma Constitucional
"No pudimos… por ahora"
Por: Marcelo Colussi
Fecha de publicación: 03/12/07
Ganó el NO. ¿Ganó la democracia? ¿Ganó el pueblo venezolano en su conjunto?
Esto último suele decirse en toda contienda electoral, pero sin dudas,
más allá de la declaración políticamente correcta esperable en estas
lides, tras los comicios siempre hay ganadores y perdedores.
¿Quién ganó el domingo 2 de diciembre? El campo popular
definitivamente no. La derecha festeja el triunfo –pírrico, por cierto
(1.5% de diferencia)– como "el comienzo del fin de la era Chávez". Ya
están contando los días para su alejamiento del poder en el 2013. Con
esto, al menos así pretende presentarlo, quedaría demostrado que "el
tirano no es imbatible", y por tanto ahora redoblarán sus esfuerzos
para sacarse de encima este "indeseable". Si se le pudo derrotar en
este referéndum, ¿por qué no se le podría derrotar también en nuevos
enfrentamientos electorales?
Es muy prematuro hoy, unas horas después de conocidos los resultados,
abrir análisis exhaustivos y proponer escenarios futuros. Pero sin
dudas hay que hacerlo, y con mucha celeridad. Es más: no sólo con
celeridad sino –fundamentalmente– con honestidad (esto es, quizá, una
de las cosas que más faltan en las lecturas de la realidad).
La derecha ganó porque desde el mismo momento en que se vio que el
presidente Chávez se salía de las normas de lo que debe hacer un
mandatario "bien portado", comenzó su trabajo de ataque al proceso
bolivariano. Si son nueve años intentando construir una nueva sociedad
por parte del gobierno, son nueve años de continuo ataque, sabotaje,
colocación de obstáculos y guerra mediática por parte de la oposición.
Y si no se llegó aún a la vía armada para su desbarrancamiento es
porque las condiciones generales no lo permiten. Pero ello no está
descartado (las hipótesis de magnicidio o de intervención militar
estadounidense son posibilidades nunca descartadas).
¿Por qué no ganó la opción del SÍ?
No se trata de buscar culpables, chivos expiatorios, de hacer
autoflagelaciones. Lo importante es buscar leer adecuadamente la nueva
realidad que se abre.
¿Perdió Chávez? ¿Perdió el campo popular? ¿Es sólo una batalla en la
larga guerra? ¿Será, como dijo el presidente en su discurso a la
madrugada inmediatamente después de conocerse los resultados, que no
se pudo… por ahora?
Como todo fenómeno político –humano, en definitiva– no hay causas
simples; hay, en todo caso, un entramado de circunstancias que
explican el resultado final.
El bloque del NO sacó más o menos la misma cantidad de votos que
obtuvo en las pasadas elecciones presidenciales en diciembre del 2006;
es decir: no creció. Es especialmente destacable el grado de
abstención: 44.11 %. Esa fue una de las grandes bases de la derrota
del SÍ.
Por otro lado, de la masa de votos obtenida por el presidente Chávez
el año pasado (7 millones 300.000), ahora el bloque del SÍ llega sólo
a 4 cuatro millones 300.000 votos. ¿Qué pasó con esos tres millones?
¿Por qué no votó esa población? Es ahí donde debe empezar el análisis
y la propuesta de corrección.
¿El chavismo está a la baja? Nada lo indicaría, y los resultados del
referéndum de ayer no hablan de una merma en la popularidad del
presidente. ¿La población no está interesada en los cambios que traía
la reforma constitucional? Nada indica eso tampoco. Pero algo pasó que
no salió a votar.
Podríamos decir que los elementos cuartorepublicanos que sigue
habiendo en el aparato de Estado desmotivan a la población. Eso es
real, y sobre eso hay que empezar a buscar correctivos. La propuesta
de reforma, justamente, buscaba comenzar a generar otra cosa. De ahí
el poder conferido a las instancias de base como garantía de fiscalía
social, de poder de base. ¿Podrán los consejos comunales ir barriendo
tanta burocracia enquistada en los puestos de gobierno? Esa es la
apuesta, pero algún motivo eso no pasó.
¿No era este el momento de presentar la reforma? ¿Se apuraron los
tiempos y la población aún no estaba madura para un planteamiento de
profundización del socialismo? Por los resultados obtenidos, eso
pareciera. La cultura ancestral de dominación, la conciencia de la
clase dominante que se impone a toda la sociedad son realidades
incontrastables. Mucha gente chavista, que sin dudas votó por su
presidente el año pasado, para este referéndum fue víctima de esa
propaganda ancestral y temió ante esa tradición repetida a fuego miles
de veces: "si gana el comunismo te expropian tu casa y te quitan tus
hijos para llevarlos a un campo de reeducación en Cuba". La Guerra
Fría, por lo visto, no ha terminado, y el fantasma anticomunista
persiste. Muchos chavistas convencidos seguramente fueron víctimas de
estas manipulaciones, y asustados, ni siquiera fueron a votar. Es
decir: en la guerra mediática, en la guerra cultural, la derecha sigue
ganando. Las declaraciones de Baduel o de la ex esposa del presidente
adversando la reforma, mediáticamente muy bien administradas, fueron
más efectivas que movilizaciones de calle. Y ello, sumado al también
mediáticamente manejado show político de los estudiantes
"revolucionarios" terminaron de completar el cuadro.
¿Es que el PSUV o el aparato de gobierno no supieron hacer bien su
trabajo de divulgación de la propuesta de la reforma, o es que la
derecha –nacional e internacional– lo hizo mejor?
Dos son los marcos por donde debe ir el análisis: 1) el ataque de la
derecha y 2) los errores propios. Del ataque de la derecha nada nuevo
puede decirse; se vive una guerra de clases, mediática en muy buena
medida, y en eso –la experiencia lo demuestra descarnadamente– el
enemigo sabe hacer su trabajo. La Revolución Bolivariana, como
cualquier proceso revolucionario vivido hasta ahora, se encuentra en
un permanente clima de agresión, de ataque, de sabotaje. Y de seguro
eso seguirá siendo así. Pero ¿qué pasa con los errores propios?
No se trata de hacer una lista de culpables y mandarlos al paredón,
pero sí es momento (imprescindible) de comenzar una genuina
autocrítica. Negociar con la derecha es impensable. Eso, lisa y
llanamente, es el fin del proceso bolivariano. O se salta hacia
delante corrigiendo errores, o naufraga todo el proceso de cambio.
Habrá que sentarse con mucha tranquilidad a analizar estos resultados
del domingo, pero desde ya hay que acometer una sana revisión de lo
que la revolución lleva adelantado. Más allá de los perpetuos ataques
de las fuerzas conservadoras: ¿qué se ha hecho contra la corrupción?
¿Hay realmente una política revolucionaria entre todos los cuadros
comprometidos con la dirección de gobierno? ¿Está realmente en vías de
extinguirse la cultura del clientelismo político, de la corrupción, de
la burocracia y la ineficiencia? ¿Qué se está haciendo al respecto?
Se dice que la mejor defensa es un buen ataque. Nunca mejor que ahora
lo podemos ver: la revolución y el camino socialista sólo pueden
robustecerse si se aceleran las transformaciones. Una vuelta hacia una
posición tibia que de lugar al crecimiento de la derecha –la
antichavista y la que está enquistada aún en el chavism, que quizá es
la más dañina– solamente significará la derrota futura.
"No pudimos, por ahora" dijo Chávez al asumir la derrota en el
referéndum. Pero más adelante se podrá, sólo si se amplía el panorama
revolucionario: llegó el momento de construir un Estado nuevo
limpiando lo que queda del viejo orden cuartorepublicano. Si no, la
reacción terminará ganando. Y es mucho lo que se perdería. O la
revolución se profundiza, o no es revolución.
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