[R-P] La deuda...
C J Lazor
clazor en ciudad.com.ar
Lun Dic 3 10:30:11 MST 2007
[adivina, adivinador...¿quién dijo estas palabras...?]
""En el parágrafo 54 de Populorum progressio, Pablo VI señalaba cuáles debían
ser las condiciones de la ayuda que requerían los países en vías de desarrollo.
Eran pautas prudenciales, para impedir que los pueblos beneficiados con aquella
ayuda corrieran el riesgo de verse abrumados de deudas cuya satisfacción
absorbiera la mayor parte de sus beneficios.
Lamentablemente, las indicaciones expresadas en la encíclica no fueron tenidas
en cuenta y las previsiones del pontífice resultaron proféticas. En la década
siguiente, con el auge de los petrodólares, muchos países se vieron tentados a
tomar préstamos, y fueron inducidos a ello; préstamos que con el tiempo
configuraron el gravísimo problema de su deuda externa. La presunta ayuda se
convirtió en un peso insoportable, sobre todo a causa del aumento unilateral de
la tasa de interés, que pasó del 6% a más del 20% en algunos casos. De este
modo, lo que debía ser una ayuda para el desarrollo fue, en realidad una rémora
cuando no un impedimento total, que sumió a los países deudores en crisis
económicas, sociales y políticas y hundió a grandes porciones de su población en
la miseria.
El Pontificio Consejo de Justicia y Paz publicó, en 1986 un importante documento
sobre la deuda internacional. Sus palabras finales eran: ¡Sea nuestro llamado
atendido antes de que sea demasiado tarde!. El Santo Padre Juan Pablo II, antes
del Gran Jubileo del año 2000 y durante su celebración, se refirió en varias
oportunidades a la necesidad de resolver o por lo menos aliviar, el problema de
la deuda que pesaba fatalmente sobre algunas naciones. Los casos de condonación
verificados favorecieron a países que ya carecían por completo de capacidad de
pago: la sustancia de su economía había sido prácticamente vaciada.
Quiero señalar ahora el caso de la República Argentina, que suele ser señalada
como un ejemplo reciente de feliz renegociación de su deuda pública. A pesar de
ciertas apariencias en contrario, la deuda continúa siendo un obstáculo
principal en el camino hacia un desarrollo sostenido que asegure la prosperidad
de la población y la justicia en la distribución de la renta nacional.
En efecto, después de la declaración del default a fines de 2001, el gobierno
que está concluyendo su mandato ha renegociado buena parte de la deuda pública
reiterando procedimientos financieros de los gobiernos anteriores. Más allá de
un alivio transitorio, el problema de la deuda pública subsiste intacto, porque
se ha asumido la política del endeudamiento perpetuo según la lógica de la
usura. A saber: se mantiene un alto stock de deuda que resulta rigurosamente
impagable; el país no puede atender siquiera el pago total de los intereses
devengados, los cuales siguen el mecanismo de tasas crecientes y variables;
estas obligaciones pesan sobre el gasto público e imponen la necesidad de
mayores presiones fiscales; la totalidad de la deuda por capital se renueva
continuamente, y parte de los intereses devengados es capitalizada por
anatocismo. Así crece el monto de la deuda, sin contar la inercia de las
indexaciones y los premios a los tenedores de nuevos bonos del canje realizado
recientemente. Esta situación determina la necesidad de tomar nueva deuda, sea
en el mercado de capitales, sea en los organismos internacionales de crédito.
Se cumple, por lo tanto, un círculo vicioso según el cual la carga permanente
de la deuda pasa a ser un rubro estructural del gasto público del Estado. La
situación configura un caso específico de usura. Esta figura moral negativa se
verifica no sólo por la imposición de intereses exorbitantes, sino también
cuando el deudor se encuentra de tal modo atrapado por el mecanismo del débito
que nunca dejará de ser deudor; vivirá pagando y morirá debiendo. Conviene
recordar que según el Catecismo de la Iglesia Católica la usura es un pecado
contra el quinto mandamiento de la ley de Dios: no matarás.
Sería de máximo interés retomar el estudio de la deuda desde la perspectiva de
la teología de la usura, un tema clásico de la tradición católica. Desde esta
perspectiva podrían ofrecerse sugerencias para una reforma del sistema
financiero internacional, de modo que éste sirva realmente al desarrollo de los
pueblos y al establecimiento entre ellos de relaciones más justas que aseguren
la paz. ""
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