[R-P] Cambia el paraiso

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Dom Dic 2 17:40:08 MST 2007


Otro punto de vista sobre el mismo tema, también originado en Rusia.

Julio Fernández Baraibar
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El mito macabro del "calentamiento global"
Por Serguei Golubchikov, ecólogo, para RIA Novosti
Rebanadas de Realidad - RIA Novosti, Moscú, 29/11/07.-
Muchos científicos y políticos del mundo vinculan el aumento de las 
catástrofes naturales y mítico "calentamiento global" con la creciente 
actividad industrial.
Incluso por encabezar una campaña en ese sentido, el ex vicepresidente de 
Estados Unidos Albert Gore obtuvo el Premio Nóbel el pasado mes de octubre.
¿Hasta qué punto esos temores ecológicos son reales?
¿Y a quién le conviene promover la lucha contra el "calentamiento global" y 
destinar fondos equivalentes al 1% del Producto Interior Bruto (PIB) de 
todos los países, como pide el Banco Mundial?
La "ecofobia" es una enfermedad de la civilización tecnocrática.
A esa dolencia también hay que incluir la preocupación por el cambio del 
clima que ha conducido a la comunidad internacional a adoptar medidas 
equivocadas.
Un ejemplo es el Protocolo de Tokio sobre el cambio climático, pues a pesar 
de que no se ha demostrado la relación entre el calentamiento global y el 
aumento de la concentración de gas carbónico en la atmósfera, el mencionado 
protocolo ya está en vigencia.
Los países firmantes del Protocolo de Tokio asumieron el compromiso de 
reducir para el año 2012 las emanaciones de dióxido de carbono (CO2) en un 5 
% (además de otros cinco gases) en comparación con las emanaciones que había 
en 1990.
¿Y por qué precisamente el gas carbónico? Entre otras cosas ese gas no es 
perjudicial. Al contrario, es muy necesario como abono para todas las 
plantas del planeta.
En el aire el CO2 es poco, apenas el 0,037% y una concentración más elevada 
de ese gas en el planeta acelerará el crecimiento de todas las plantas, 
entre ellos los bosques que constituyen los absorbentes principales de los 
gases producidos por el llamado efecto invernadero.
Si por alguna razón, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera 
deja de renovarse, las plantas del planeta agotarán las reservas de ese gas 
entre 8 y 11 años, y entonces, todos los seres vivos dejarán de existir.
Además, las emanaciones de dióxido de carbono que ocurren por ejemplo tras 
las erupciones volcánicas estimulan el crecimiento de las plantas y en 
consecuencia, se aumenta la generación de oxígeno. La principal masa 
botánica del planeta se encuentra en los mares por esta razón, es el océano 
mundial (y no los bosques en los continentes) el absorbente más poderoso de 
los gases del efecto invernadero.
En el Océano Mundial se encuentra diluido el 95 % del gas carbónico que 
existe del planeta, y a consecuencia del calentamiento global, precisamente 
el gas carbónico que se encuentra allí diluido, y no el producido por la 
industria y la actividad humana será la principal fuente de uno de los gases 
del efecto invernadero en la atmósfera.
Mi postura es la siguiente: antes que todo, los acuerdos internacionales 
deben estar encaminados a la disminución de las enormes emanaciones de gases 
de azufre, óxido carbónico, metano, óxidos de nitrógeno, hollín, metales 
pesados y otros contaminantes. Precisamente esos gases se distinguen por su 
elevada toxicidad y sus propiedades cancerígenas y mutabilidad. La 
concentración de estos aerosoles nocivos en la atmósfera es fácil de 
establecer, y la limitación de su emisión deberá preocupar prioritariamente 
a los gobiernos y la sociedad.
Además, la industria mundial no puede incluirse entre los principales 
factores que influyen en la circulación de las masas gaseosas de la 
atmósfera y el cambio climático
Los factores determinantes del cambio climático son la contaminación del 
océano mundial, como la contaminación con petróleo (que actualmente cubre el 
13% de la superficie del océano), el derretimiento de la capa de hielo en el 
Ártico y las heladas (no es ocasional que el Ártico se considere la cocina 
donde se cuece el clima del planeta).
A mi juicio, el calentamiento del clima en el norte de Europa los últimos 
veinte años está relacionado con la reducida influencia de los anticiclones 
árticos de invierno, que son los gestores del invierno en el hemisferio 
norte.
Esto también explica el derretimiento de la capa de hielo que cubre el 
océano Glacial Ártico.
Científicos noruegos del Instituto Fridtjof Nansen calcularon que la capa de 
hielo del océano se reduce cada diez años en un 5 %. A esos ritmos, a 
medidos del siglo XXI, en la zona del Polo Norte habrá un océano sin hielo.
La reducción de la capa de hielo se debe no sólo a las fluctuaciones del 
clima, sino también a los cambios en la corriente cálida del Golfo (Gulf 
Stream), considerada "la calefacción" principal que calienta el norte de 
Europa.
Actualmente, la corriente del Golfo cada vez está más contaminada con aguas 
residuales, residuos domésticos e industriales.
Esto lo pude observar personalmente en la costa occidental de Nueva Zemlya 
(isla rusa en el Ártico) bañada por la corriente del Golfo que arrastra la 
basura de todo el Atlántico norte.
Son precisamente el Océano Mundial, el Ártico y Siberia las zonas que deben 
acaparar la atención de científicos y políticos.
Pero desafortunadamente esto no ocurre, los políticos y los científicos que 
están a su servicio reciben los premios Nóbel y nos exhortan a todos a 
combatir el "calentamiento global" y a poner en marcha la transición de las 
economías nacionales a las denominadas "vías de desarrollo estable".
Debo reconocer que para mí son incomprensibles los planteamientos 
relacionados con "el porvenir radiante de la noosfera" (conjunto de los 
seres vivientes inteligentes con el medio en que viven).
Porque esa noosfera no se puede medir, pesar y mucho menos, determinar sus 
límites en el tiempo y el espacio, a pesar del profundo respeto que profeso 
a los autores de la teoría de la noosfera, los científicos rusos V.Vernadski 
y N. Moiséyev.
El ardid principal del Protocolo de Kioto radica en que en el caso de un 
calentamiento del clima, Rusia, aunque no crezca su economía, quedará como 
el mayor proveedor de gas carbónico, más que todo por su ubicación, en el 
centro de dos continentes. Precisamente en esa zona y no en las regiones 
cercanas a los océanos se producirán los aumentos de temperatura más 
intensos del planeta.
Esto conducirá al derretimiento de la masa de hielos eternos más grande del 
mundo, donde yacen enormes reservas de substancias orgánicas putrefactas, en 
su mayor parte en la forma de turba. Con el calentamiento, los yacimientos 
congelados de turba se convertirán en fuentes colosales de gas carbónico.
El derretimiento de la turba ocurrirá no sólo en la superficie sino también 
en el subsuelo donde se encuentran grandes capas de hidratos gaseosos 
carbonados en la forma de cristales congelados. Una vez en la superficie, 
esos hidratos carbonados encerrados en los cristales pasarán de la fase 
sólida a la gaseosa deliberando en la atmósfera volúmenes colosales de 
metano y ácido carbónico.
Además, es muy factible que a consecuencia del calentamiento también 
ocurrirán incendios gigantescos en la taigá siberiana. Estos, también 
producirán cantidades considerables de gas carbónico sin que nadie pueda 
evitarlo, ya que será muy difícil extinguirlos sin carreteras y escasa 
infraestructura.
Ninguna de las fuentes naturales de gas carbónico anteriormente mencionadas 
se encuentra en Europa Occidental.
En cambio, Europa Occidental, de acuerdo al Protocolo de Kioto recibirá 
grandes beneficios incluso en el caso de que la industria rusa se paralice 
totalmente.
Según cálculos del profesor Nikolai Tkachenko, en los últimos 100 años la 
humanidad en su mayor parte debido a la quema de combustible y por la 
corrosión consumió el oxígeno de la atmósfera en una cantidad en toneladas 
equivalente a 10 al exponente 13. La concentración de oxígeno en la 
atmósfera se redujo en, al menos, un uno por ciento y se aproxima al 20%.
Este proceso negativo disminuye la calidad del medio habitable de la 
humanidad y favorece a la propagación de enfermedades. Cabe recordar que de 
acuerdo a las normas sanitarias la concentración mínima de oxígeno en los 
recintos no debe ser inferior al 18 %.
De esta forma, ¿por qué la humanidad no unifica sus esfuerzos para la 
conservación del oxígeno en lugar de luchar contra el mítico calentamiento?
Más exactamente, esos esfuerzos deberán estar encaminados a conservar los 
ecosistemas que generan oxígeno, una de las tantas riquezas que tiene Rusia.
Debido a esos ecosistemas, el aire de Rusia tiene las concentraciones de 
oxígeno más altas del planeta. Precisamente los bosques de Rusia y los 
pantanos congelados en hielos eternos donde todos los procesos de 
putrefacción de materia orgánica se desarrollan con mayor lentitud, 
constituyen los principales productores de ese oxígeno que tanto necesita el 
planeta. 





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