[R-P] La tortura cotidiana

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Dom Dic 2 13:11:53 MST 2007


guau.... que bellos recuerdos.... a pesar de tu
desilusión.

gracias pro compartirlos.

Cariños
Pat
--- Julio Fernández Baraibar
<fernandezbaraibar en gmail.com> escribió:

> [Ayúdenos a financiar la lista, escriba a
> recpopmod en gmail.com.]
> 
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE
> LIBRE REPRODUCCIÓN
> 
> 
> "Estamos prisioneros, carcelero, / yo de estos
> pobres barrotes, /
> tú del miedo. / Como el que se prende fuego / andan
> los presos de miedo, /
> de nada vale que corran / si el incendio va con
> ellos".
> 
> Querido Mingo:
> esos versos son de Armando Tejada Gómez, un poeta
> mendocino, del sistema 
> cultural del partido comunista, que llegó a ser
> diputado provincial por la 
> UCRI en las elecciones de 1958, en las listas que la
> UCRI abrió al PC. Se 
> presentaba con Alberto Mathus, el primer marido de
> Mercedes Sosa, un 
> tucumano que según cuentan la cagaba a palos a la
> gorda -no era tan gorda 
> entonces- cuando se machaba.
> 
> Cruza putativa de Neruda y Nicolás Guillén, Tejada
> Gómez impregnó con sus 
> poemas la década del 60.
> 
> En 1964, yo cursaba quinto año del bachiller, en el
> Colegio San José de 
> Tandil e integraba un grupo llamado Pequeño Teatro
> Experimental (PTE) en el 
> que también participaban, entre otros, un gordito
> empleado de Metalúrgica 
> Tandil llamado Osvaldo Soriano y el hijo del
> relojero del pueblo, estudiante 
> de la escuela Industrial y tornero llamado Víctor
> Andrés Laplace. El grupo 
> lo dirigía Juan Carlos Gargiulo, el bohemio
> tandilense más redomado de 
> aquellos tiempos. Se levantaba a las doce del
> mediodía y las malas lenguas 
> decían de él que jamás de los jamases había
> trabajado. Fue quien me hizo 
> conocer obras como Los de la Mesa 10 de Osvaldo
> Dragún o Cuando los Indios 
> estaban Cabreros, de Enrique Wernicke. Por él supe
> de la existencia de Nuevo 
> Teatro y de Pedro Asquini y Alejandra Boero. Con él,
> con el gordo Soriano, 
> con Víctor, con Juan Campagnolle me introduje en un
> mundo formado por una 
> mesa de café, largas charlas sobre los más diversos
> temas, una aburrida 
> tacita llena de puchos de cigarrillo y los ojos
> brillantes por el 
> descubrimiento de un nuevo mundo cuya seducción aún
> no me ha abandonado.
> 
> En esa mesa provinciana de la Confitería Rex
> esperábamos los miércoles a que 
> llegara la revista Primera Plana y la leíamos con
> devoción y  meticulosidad 
> de exégetas y en la espera nos leíamos unos a los
> otros los poemas o los 
> cuentos que habíamos borroneado durante la semana.
> Mi vida se había dividido 
> en dos: por un lado el colegio de curas, la misa del
> domingo, la libreta 
> semanal de calificaciones, los "asaltos" de los
> fines de semana con las 
> chicas del colegio de la Inmaculada Concepción o del
> Normal, los módicos 
> ensueños eróticos "chapando" al compás de Ray
> Conniff con niñas vestidas con 
> conjuntos de Banlon color rosa o amarillo y unos
> zapatitos imperceptibles 
> que se llamaban "chatitas", cuya capellada dejaba
> ver el nacimiento de unos 
> pequeñísimos y suaves dedos, como si fueran pequeños
> y multiplicados escotes 
> (el fetichismo corre por mi cuenta), el pedido de
> algo de plata a mi viejo 
> para tomar algo y comprar cigarrillos Chesterfield
> de contrabando -con 
> respecto a mi padre y al Estado Nacional-. Y por
> otro el de esta bohemia que 
> me integraba a un mundo, como digo, hasta entonces
> desconocido. Ahí 
> hablábamos de Aldous Huxley, cuyo libro Punto y
> Contrapunto, me había 
> fascinado, de El Lobo Estepario y Siddarta de Herman
> Hesse, de Stanislavsky, 
> de Cortázar, de Sábato, de Marcos Ana, de León
> Felipe, comentábamos las 
> pocas películas que llegaban a Tandil de Ingmar
> Bergman, o El General Della 
> Rovere, de y con Vittorio de Sica, repetíamos una y
> otra vez los gags de las 
> películas de Carlos Chaplin, que había dejado de ser
> el Carlitos Chaplin de 
> nuestra niñez para convertirse en un ídolo estético
> al que le descubríamos 
> la genialidad a través de un ejercicio intelectual y
> ya no con la ingenuidad 
> sensorial de la infancia. Y también un día hablamos
> de Armando Tejada Gómez 
> y alguien trajo un disco con poemas suyos.
> 
> A partir de allí todos mis poemas comenzaron a
> parecerse a los de Tejada 
> Gómez y cuando los recitaba lo hacía con la
> entonación y hasta la prosodia 
> mendocina de éste. Y un día, no sé como, lo trajimos
> a Tejada a dar un 
> recital a Tandil. Fue en el Club Ferro Carril Oeste,
> si no me equivoco, 
> sobre la avenida España, camino a la estación. Al
> recital vinieron los 
> comunistas conocidos del pueblo, Juan Antonio
> Salceda, Nigro y un médico que 
> había sido el último candidato a intendente por el
> PC, un tal Weber, que no 
> era oriundo de Tandil. Allí Tejada desgranó todo su
> repertorio, más o menos 
> el mismo de su disco. Nos baño con su torrente de
> adjetivos tipo "raigal", 
> que usaba profusamente, nos llenó de buenas
> intenciones con sus niños en la 
> calle y sus señoras "que cambian de médico esta
> tarde, de amantes esta 
> noche, porque el tedio que tienen no cabe en todo el
> mundo", nos mostró el 
> sudor de sus obreros, nos salpicó con el agua de la
> bomba con que lavan sus 
> fragantes axilas, vimos el vientre "fecundo" de sus
> mujeres y pasamos 
> revista, en suma, a todos los tópicos de la poesía
> social de entonces en la 
> versión un tanto adocenada del mendocino.
> 
> A la noche, Salceda, presidente de la Cooperativa
> Eléctrica -Lenin había 
> dicho que el comunismo en Rusia era "soviets más
> electrificación": los 
> comunistas de Tandil habían logrado ambas cosas en
> una sola institución-, 
> nos invitó a todos en su casa para comer unas
> empanadas, tomar vino y 
> charlar con el poeta. Recuerdo que esa velada me
> permitió sacarme de encima 
> el peso de su influencia deletérea. El tipo me cayó
> francamente mal. Su 
> admiración sin límites a la Unión Soviética, su
> simplona idea del comunismo 
> como solución a los problemas del alma -los
> principales problemas en un 
> adolescente de clase media como yo- me
> desilusionaron. Me pareció vulgar y 
> ramplón. Recuerdo con precisión un diálogo o
> discusión que tuve con él. 
> Presumía ante nosotros, pajueranos de un pueblo del
> centro de la provincia 
> de Buenos Aires, de su estadía en Moscú junto con
> don Osvaldo Pugliese. Y se 
> reía al recordar la admiración que, decía, les
> producía a los rusos la 
> tristeza de la música que interpretaba el maestro.
> Le pregunté entonces por 
> qué les producía esa admiración y la respuesta que
> me espantó fue: "Porque 
> en el socialismo no hay lugar para la tristeza. La
> tristeza es producto de 
> la sociedad de clases y al desaparecer ésta, como en
> la URSS, ya no hay 
> lugar para la tristeza, es una cosa del pasado". El
> adolescente con granitos 
> en la cara, que se deleitaba con la dulce tristeza
> de no tener una novia, o 
> con la angustia de no saber cuál era la vida que su
> propia vida le deparaba, 
> salió rampante en defensa de la tristeza, rechazando
> abierta y frontalmente 
> toda interpretación clasista de tan personal y
> ensimismado sentimiento. La 
> idea misma de que un ordenamiento social fuese capaz
> de erradicarla le 
> parecía sencillamente delirante. No necesito aclarar
> que, ya adulto, le 
> sigue pareciendo.
> 
> Tejada Gómez había terminado para mí. Seguiría
> durante un tiempo recitando 
> algunos de sus poemas que había memorizado,
> acompañado por los pocos acordes 
> que aprendí a sacarle a una guitarra, por razones
> puramente de conquista 
> femenina. Tejada era, en ese sentido, enormemente
> entrador. 
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  "Ella funde lagrimas con cada lluvia y se pregunta si tantas despedidas valieron la pena. El hoy es tan frio y duro aún en verano que el amor suele traer apenas gotitas de alegria. Mejor es no mirar atrás ni mucho para adelante. La calle es para ir, nunca para volver... Cada despedida un final incierto. Los tiempos son inseguros y muertos aunque el sol nos esté calentando."



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