[R-P] La tortura cotidiana

Prensa Schiavoni prensaschiavoni en arnet.com.ar
Dom Dic 2 07:55:49 MST 2007


Después de leer los comentarios de Pat y la nota de la escriba del Boletín 
Verbitsky, me acordé de aquellos versos que cantaba Horacio Guarany allá por 
los '60: "Estamos prisioneros, carcelero, / yo de estos pobres barrotes, / 
tú del miedo. / Como el que se prende fuego / andan los presos de miedo, / 
de nada vale que corran / si el incendio va con ellos".

Después de vivir, analizar, escuchar infinidad de testimonios y denuncias, e 
indagar como periodista en las miasmas del penal de Santiago del Estero 
durante los penosísimos episodios de principios de noviembre, he llegado a 
la triste conclusión de que en las cárceles de nuestro país sólo hay presos. 
No hay guardiacárceles. Los guardiacárceles son en realidad presos con 
uniforme y bastón y están tan condenados como los que están tras las rejas. 
Y son tan delincuentes como ellos.

Es allí donde nace la violencia. Unos tienen abogados y jueces, y si bien 
hay una mora judicial escandalosa, procesados y condenados algún día 
cumplirán la condena y volverán a respirar el aire puro de la calle. Los 
otros no. Sólo saldrán de la mazmorra cuando se jubilen. La única diferencia 
entre unos y otros es que los carceleros tienen tiempo y espacio para 
caminar. Pero viven también encerrados de por vida.

Claro que también pueden hacer negocios, como por ejemplo venderle droga a 
los presos. En Santiago se pudo descubrir que hay cuatro "orgas" de 
traficantes. Dos las integran los guardiacárceles y las otras dos los 
presos. Tienen repartido y compartimentado el "mercado" interno. Y cuando 
hay alguna mejicaneada, todo se resuelve a puntazos o a bastonazos. La 
historia registra ya varias muertes en estos ajustes de cuentas, que nadie 
investiga.

A los presos cuando se amotinan o se ponen violentos y agresivos, no les dan 
de comer, y a los guardiacárceles que protestan por su seguridad en los 
pabellones y se les ocurre hacer un paro de brazos caídos, como pasó después 
de la última tragedia, les cabe el mismo castigo. Sólo que ellos, por 
uniformados, reciben un poco de agua caliente lo menos parecido a un caldo 
con algunos fideos flotando en la superficie. Y tienen otra ventaja: pueden 
llamar por celular a sus familiares para que les traigan algo más sólido.

El guardiacárcel que "vende" a otro su turno nocturno recibe tres días de 
suspensión, sin cobro de haberes.

El preso demasiado protestón la pasa peor. Va tres días a un calabozo sin 
luz ni agua a convivir en la oscuridad con su mierda y sus orines.

La violencia aquí se expresa de muchas maneras. El párroco del penal, el 
padre Carlos Carabajal, que vive denunciando estos abusos, me contó que no 
pocas veces el prefecto le prohibe a los presos -como castigo por su mala 
conducta- asistir a la misa de los domingos y recibir los sacramentos.

Unas semanas después de los penosos disturbios de los que se enteró el país 
y el mundo, con el triste saldo de 37 muertos (el 38º ha de morir en un par 
de días, porque tiene quemados los bronquios y los bronquiolos y ya no puede 
respirar, y no tiene remedio), a un condenado que cumplió hace cuatro meses 
su condena, sin que el juez quiera dignarse a firmarle la orden de libertad, 
se le ocurrió tragarse una gillette (sí, una de las grandes, no el filito de 
una afeitadora moderna). Lo mandaron al Hospital Regional (el centro 
referencial de salud pública más grande de Santiago). ¿Saben qué le dispensó 
el médico de guardia, que ni una RX le hizo? ¡Un laxante! Cosa que la evacúe 
más rápido haciéndose pelota las tripas. A los días lo volvieron a internar 
por una hemorragia digestiva, que hace dos semanas no se le corta.

Mientras, los especialistas del Servicio Penitenciario Federal (médicos, 
abogados, psicólogos y expertos en seguridad penal) mantienen interminables 
reuniones con el gobernador y el ministro de Justicia para "buscarle una 
solución definitiva al problema".

Hace una semana me fui una tardecita a la cárcel, ya cuando la situación 
estaba medianamente en calma, para hablar con algunos familiares y 
preguntarles porque persistían en sus reclamos y qué solución les había dado 
el gobierno. El remisero que me llevaba, hombre mayor y dotado de una 
envidiable sensatez, al enterarse de mi plan, me dijo: "No pierda tiempo, 
Don Mingo, en esta sociedad de mierda, los presos y los locos ya están 
muertos en vida. Nadie hará nada jamás por ellos. Son la escoria de la 
sociedad. Son seres absolutamente desechables".

Sin quererlo, me dí cuenta de que lo sustancial del drama está en el 
imaginario colectivo. La mayoría de la gente piensa así. Menos unos pocos, 
acaso muy pocos, que como cristianos, seguimos pensando que, orates o 
delincuentes, también ellos son nuestros hermanos.

¡Un saludo afectuoso! MINGO




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From: "Patricia" <desdemilibertad01 en yahoo.com.ar>
To: "Domingo Schiavoni" <prensaschiavoni en gmail.com>
Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina" 
<reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Sunday, December 02, 2007 10:47 AM
Subject: [R-P] La tortura cotidiana


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CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN


De la lista Dofon.

Se suceden los gobiernos pero ninguno hizo ni hace
nada para solucionar el tema de las cárceles y de los
presos.

Hay más derechos humanos para los perros que para
ellos.

Una verdadera vergüenza....
Pat
******************************
La tortura cotidiana

Para los presos varones, los golpes son tan comunes
que ya ni los cuestionan. Para las mujeres, la técnica
favorita es la requisa humillante, desnudas y a los
gritos. Un informe de la Procuración Penitenciaria
pinta un terrible panorama de maltratos en el Servicio
Penitenciario Federal, que será denunciado al Congreso
y la Justicia.

Por Irina Hauser

En la cárcel de Ezeiza la pintura de las paredes,
amarilla y gris, está impecable. Todavía se siente
olor a nuevo. En la entrada hay canteros con flores de
todos colores y las huertas se extienden en distintos
puntos del inmenso predio, custodiado por varios
ejemplares de la Virgen de San Nicolás. Si no fuera
por el altísimo enrejado, de afuera no parecería una
prisión. Sin embargo, en cuanto la primera puerta
automática se cierra, se abre un infierno. Según un
estudio de la Procuración Penitenciaria Nacional, en
este penal el castigo corporal es cosa de todos los
días. La situación es tal que el 85 por ciento del
pabellón de jóvenes recibió golpizas de los
guardiacárceles y casi el ciento por ciento de los
detenidos de la unidad fue objeto de requisas y
desnudos vergonzantes. Pero Ezeiza no es un caso
aislado, según el relevamiento, sino el emblema de una
situación alarmante que atraviesa al Servicio
Penitenciario Federal (SPF) -que depende del
Ministerio de Justicia-, donde el criterio imperante
para ejercer el control es la violencia. En las nueve
cárceles estudiadas el 70 por ciento de los varones
sufrió agresiones físicas con palos, puños o patadas.
Para la misma proporción de mujeres el principal
método de sanción y humillación aplicado es el desnudo
total.

"Existe una creencia equivocada según la cual el
sistema federal es moderno y lo mejor que tenemos. Sin
embargo, hay malos tratos y violencia como en los
penales provinciales", advierte Francisco Mugnolo,
titular de la Procuración Penitenciaria, el organismo
encargado de proteger los derechos humanos de los
detenidos en jurisdicción federal. Su afirmación se
basa en las primeras conclusiones de una investigación
que se hizo entre el 29 de junio y el 7 de septiembre
de este año y que alude a hechos recientes. En los
primeros meses de 2008, cuando tenga un
entrecruzamiento de datos completo, el procurador
planea llevar los resultados del trabajo ante la
Justicia, el Congreso y el Poder Ejecutivo a modo de
denuncia. "La situación de violencia institucional en
las cárceles nos compromete a nivel internacional por
incumplimiento de la Convención contra la Tortura",
señala en diálogo con Página/12.

Para el estudio se realizó una encuesta a 939
personas, un número que representa el 10 por ciento
del total de la población de todo el SPF. Las
entrevistas -bajo la guía de sociólogos- se hicieron
en la Unidades 2 de Devoto; 3 y 31 de Ezeiza; 24 de
Marcos Paz; en los Complejos Penitenciarios 1 de
Ezeiza y 2 de Marcos Paz; y en las cárceles de máxima
seguridad del interior del país: las unidades 6 de
Rawson-Chubut, 9 de Neuquén, y 7 de Chaco.

Golpes para todos

Las preguntas apuntaron a las distintas formas de
malos tratos que se utilizan como castigo: requisa
personal, sanción de aislamiento y golpes. La
Procuración entiende que las dos primeras aparecen
legitimadas en los establecimientos como parte del
abanico de acciones del personal penitenciario, pero
encubren prácticas violentas, vejatorias y
degradantes. Las agresiones físicas, que son
sistemáticas, son abiertamente violatorias de los
derechos humanos. Los detenidos más jóvenes son las
víctimas preferidas para las prácticas violentas.

- Requisa personal. Se practica en todas las prisiones
con variantes y los blancos predilectos son las
mujeres y los jóvenes hasta 24 años. El 83 por ciento
de los presos consultados fue obligado a exponer su
cuerpo completamente desnudo; un 24,8 por ciento habló
de una modalidad más humillante todavía: desnudo con
flexiones para revisarles los genitales. Un 46,7 por
ciento enfrentó también desnudos parciales y cacheos,
un 76,6 por ciento. Estos últimos casos se elevan en
las mujeres a 72,2 y 84,1 por ciento, respectivamente.
El mayor despliegue de estos métodos se registra en
los penales de Ezeiza, Neuquén y Rawson.

- Aislamiento. El aislamiento individual es la sanción
penitenciaria permanente por excelencia según los
registros de los últimos diez años de la Procuración.
Los presos son llevados a celdas especiales, sitios o
pabellones diferenciados de los que no pueden salir.
Son lugares sin luz, sin camas ni mantas, donde se les
raciona la comida. Orinan y defecan en recipientes que
se dejan en el interior de las celdas. Un 28 por
ciento de las personas encarceladas ha sido víctima de
este tipo de sanción: la proporción por sexo es tres
de cada 10 varones y uno de cada 10 mujeres. El
estudio detectó también que los condenados reciben
esta sanción en mayor proporción que los procesados.
El Complejo I de Ezeiza bate records en este rubro: el
aislamiento se aplica a tres de cada 10 personas y en
el modulo de jóvenes adultos (de 18 a 21 años) cinco
de cada 10 pasan por este castigo.

Tal vez algo de esto explique a qué se refería el
chico preso que ante la visita del ministro de
Justicia, Alberto Iribarne, el día de las últimas
elecciones, dijo que no le daban de comer. Para
incomodidad del funcionario, la queja -que intentó
relativizar- estaba saliendo por radio. La cárcel de
Ezeiza fue la elegida aquel día por el ministerio para
mostrarles a la prensa y algunas ONG cómo votaban los
presos por primera vez en las historia. El sector de
jóvenes fue uno de los dos visitados.

- Golpes. El 63,4 por ciento de todos los
entrevistados dijo haber sufrido distintos tipos de
agresiones físicas. Un 58,8 por ciento se refirió
directamente a golpes (con palos, puños, patadas,
empujones). Según surge de la investigación, la mayor
violencia física directa se despliega contra los
varones y, otra vez, los jóvenes son los preferidos.
Solo 5,7 por ciento de las mujeres dijo haber recibido
golpes o ataques similares. El módulo de jóvenes del
penal de Ezeiza aparece, nuevamente, como el que hace
el mayor uso de esta practica: ahí el 85 por ciento de
los detenidos (8 de cada 10) reveló maltrato físico.
Los porcentajes también son altos en Neuquén, Rawson y
Chaco.

- Lesiones. El 37,7 por ciento de los varones que
fueron agredidos físicamente sufrió también lesiones
(terminan con marcas y heridas en el cuerpo), lo que
demostraría la utilización de un alto grado de
violencia. La mayoría de las mujeres agredidas quedó
con heridas. El informe concluye que tres de cada 10
personas, cuando fueron golpeadas resultaron
lastimadas.

Los primeros resultados de este estudio fueron
anunciados hace quince días en una jornada sobre la
implementación del llamado Protocolo Facultativo de la
Convención contra la Tortura de Naciones Unidas, que
obliga a los Estados que lo suscriben (como Argentina)
a tomar medidas para evitar las torturas en centros de
detención, como reporta la página web de la
Procuración. Unos días después de la presentación de
este informe, Néstor Kirchner reconoció que la
situación carcelaria es una de las grandes asignaturas
pendientes.

Todavía está en discusión cuál va a ser el mecanismo
para llevar a la práctica el control al que está
obligado Argentina, con garantías para el ingreso
libre de observadores a las cárceles, y quiénes van a
integrar el comité que hará esa tarea. Las ONG
especializadas en el tema se quejan porque no fueron
convocadas a este debate. El estudio de la Procuración
se inscribe en este contexto.

El director general de Protección de Derechos Humanos
del organismo, Ariel Cejas Meliare, destacó durante la
mesa redonda que debe haber una continuidad en la
protección para los presos de prácticas abusivas más
allá de los momentos políticos.

La coordinadora de la investigación sobre malos tratos
y tortura, Mariana Lauro, explicó en su exposición que
las agresiones del personal SPF son raras veces
denunciadas. El miedo a la represalia o la falta de
confianza en la Justicia son factores en juego, pero
Lauro también hizo hincapié en otro escollo: "La
naturalización/naturalidad con la que el preso percibe
los golpes, como parte de su tratamiento en lugar de
percibir con naturalidad la educación, el cuidado o el
trabajo". Los sociólogos Alcira Daroqui y Carlos
Motto, que diseñaron el trabajo, llamaron a poner
atención sobre el uso generalizado de sanciones
encubiertas.

El director del Centro de Estudios Legales y Sociales
(CELS), Gastón Chillier, comentó a Página/12 que los
resultados iniciales del trabajo de la Procuración son
de por sí "inquietantes en materia de condiciones de
detención y malos tratos a nivel federal y queda claro
que la nueva administración tendrá que poner en
práctica una política penitenciaria que destierre
estas prácticas que siguen socavando los derechos de
las personas privadas de su libertad".

Políticas

Desde julio dirige el Servicio Penitenciario un civil,
Alejandro Marambio, algo que no ocurría desde el
gobierno de Raúl Alfonsín. El cambiazo se produjo por
orden del ministro Iribarne en el contexto de
irregularidades detectadas en allanamientos en Marcos
Paz durante la investigación por la desaparición de
Julio López. "Lo tomamos como algo positivo, pero no
fue producto de cambios ni significó un nuevo enfoque
a nivel penitenciario", dice Mugnolo.

Este diario intentó comunicarse con el ministro de
Justicia (que se va del cargo la semana que viene),
que dijo a través de su vocero que prefiere no hablar
"porque no conoce el informe". El portavoz, además,
descalificó al procurador Mugnolo, a quien acusó de
visitar los penales circunstancialmente. Además dijo
que durante la gestión de Iribarne por primera vez el
propio Servicio Penitenciario denunció penalmente a
uno de sus hombres por malos tratos en Marcos Paz, en
alusión a un caso conocido como Trapanessi, un preso
que recibió tantos golpes que le tuvieron que sacar el
bazo. En la Procuración, en cambio, se atribuyen la
denuncia. También recuerdan que si no hubiera sido por
un planteo de ellos, el CELS y otros organismos, desde
mitad de año estaría al frente del penal de Devoto
Hugo Sbardella, conocido como El Carnicero, que había
dejado ciego a un detenido. Y aun así, agregan, hace
poco fue creada, para él, una dirección subregional en
el Noroeste.

Mugnolo, al hablar con este diario, defendió la
seriedad y el rigor de su relevamiento, que muestra
"una vez más", que el control en las cárceles "no sólo
no se hace sino que se legitima el malatrato". "Hay
que pensar otro modelo. La cárcel debería plantearse
desde circunstancias que intenten una verdadera
intervención sobre las personas privadas de su
libertad. Entonces podrán decirme ¿y si estamos frente
a un asesino serial? O cosas por el estilo. Yo
contesto: si la regla es el abuso autoritario, lo que
menos se puede esperar es que la persona salga de la
cárcel más violenta de lo que entró".


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  "Ella funde lagrimas con cada lluvia y se pregunta si tantas despedidas 
valieron la pena. El hoy es tan frio y duro aún en verano que el amor suele 
traer apenas gotitas de alegria. Mejor es no mirar atrás ni mucho para 
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incierto. Los tiempos son inseguros y muertos aunque el sol nos esté 
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