[R-P] La hora de la garrafa
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Dom Dic 2 05:14:07 MST 2007
La hora de la garrafa
por Raúl E. Ortíz*
Resumen: este colaborador del MORENO
expresa con claridad el sentimiento de todos quienes
apreciamos que las consecuencias del abandono
del papel regulador del Estado sobre los servicios públicos,
recaen particularmente en los sectores más desvalidos.
Por ello, la lucha por el acceso a la ´garrafa social´
-con un precio justo para esa población-
está lejos de haber culminado.
Solamente una huelga de los trabajadores del sector, alentados por su fuerte
sindicato, puede poner el tema de cara a la opinión pública y llegar a
desnudar la verdad acerca del precio de la garrafa de gas licuado (GLP) y el
negocio asociado.
Resulta llamativo además escuchar que desde una Asociación de Consumidores
se reclame hoy que la comercialización de este energético sea declarada como
un Servicio Público y decir que en el Congreso hay varios proyectos
destinados a “regular” el negocio de la garrafa.
En 1992, cuando se sancionó con la ayuda del famoso ‘diputrucho’ la ley
24.076 de privatización de Gas del Estado, quedó como asignatura pendiente
del Congreso la regulación del gas licuado (art. 87) en todas sus formas de
empleo, que va desde la garrafita campamentera hasta el equipo para un
automóvil, pasando por las redes de distribución domiciliaria.
Recién en 1998 comenzó a moverse la maquinaria legislativa, entre otras
cosas porque entonces las Cooperativas del sector fraccionador de GLP,
agrupadas en CADEGAS (Cooperativa de cooperativas de gas), elaboraron
unproyecto de Ley de Marco Regulatorio que llegó a manos de algunos
diputados solidarios, y a partir de ahí las grandes empresas se movieron en
el mismo sentido, junto a la Secretaria de Energía y sus asesores. El largo
proceso culminó en marzo de 2005, cuando luego de innumerables peripecias la
Ley fue sancionada con el Nº 26.020.
Aunque se logró el objetivo de garantizar la libertad de comercio y otras
reivindicaciones propuestas por el sector cooperativo, éste perdió la
batalla legal al no lograr que se declarara a esta actividad como un
Servicio Público, frente a la tesis gubernamental (de la Secretaría de
Energía) y los propietarios del oligopolio, de que quedara como una
“actividad de interés público” (s/art. 5).
Es rescatable la actual postura del Poder Ejecutivo, que al amparo de la ley
ha asegurado el abastecimiento interno a expensas de la exportación
indiscriminada de hace unos años, pero esto no alcanza para eliminar el
desarreglo engendrado por los sucesivos gobiernos de corte ´peronista´
(perdón) que pasaron de a) regalar el sector energético al ritmo del
innombrable y su década infame, a b) pesificar en forma asimétrica y
planchar tarifas en forma arbitraria e indefinida, hasta c) desde 2003 hasta
hoy no poder salir de su condición de ´visitante´ permanente a la hora de
discutir con los dueños de la energía hidrocarburífera del país, en
particular la que proviene del gas natural y el licuado. Y esta secuencia de
decisiones políticas no incluye por supuesto el espacio ocupado por Fernando
de la Rúa quien, como se sabe, tiene la culpa de todo.
Al amparo de la Ley muchas resoluciones de la SE han mantenido vigentes las
asimetrías del negocio desde su misma base, entre otras cosas porque
permiten que un gran fraccionador pueda comprar el gas licuado para envasar
a poco más de seiscientos pesos ($ 600) la tonelada, mientras que una PyME o
una cooperativa deben pagarlo más de novecientos pesos ($900), lo que
representa unos $ 3.- por garrafa en beneficio de los grandes. Y esto sin
hablar del precio interno de transferencia en una empresa que produce y
también fracciona...
Tampoco se ha logrado quebrar o atenuar el proceso de concentración iniciado
en los ’90, ya que tres empresas siguen acumulando el 60 % del mercado y
entre las ocho mayores fraccionan el 80 % del gas licuado que se consume en
el país a través de unos 5 millones de familias usuarias. El sindicato y sus
trabajadores conocen el tema, y como en los últimos años han vivido estas
realidades es probable que su reclamo esté orientado a incrementar sus
salarios sobre la base de un mejor reparto del beneficio.
Será difícil, cuando no imposible, que el nuevo gobierno arregle el
descalabro de precios y tarifas de un plumazo o en el corto plazo. Pero por
lo menos podría lograr que el precio del GLP que se envasa sea el mismo para
todos los fraccionadores del país, de manera que aquellas empresas que no
persiguen un lucro indiscriminado, como son las cooperativas y pequeñas
PyMEs, puedan pagar los sueldos que el obrero merece y, a su vez,
convertirse en reguladoras del precio al usuario final, al cabo el más
desprotegido de todo el circuito y en beneficio del cual nunca nadie cortó
una ruta...
* Ingeniero Químico. El Bolsón – Pcia. de Río Negro
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