[R-P] Enrique Lacolla Un alfeñique entre gigantes

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Dom Dic 2 04:14:05 MST 2007


Un alfeñique entre gigantes
Enrique Lacolla
Periodista

En más de una ocasión hemos subrayado el estado de indefensión en que se 
encuentra la Argentina como consecuencia de la suicida política de 
desarticulación, desprestigio y empobrecimiento de sus Fuerzas Armadas. Este 
hecho es la directa consecuencia de la derrota en la guerra de Malvinas, 
complejamente articulada con la desastrosa memoria del cometido cumplido por 
ellas durante el período de la dictadura militar.

Pero ambos factores se potencian: sin la memoria de los crímenes de la 
dictadura no hubiera sido posible que el desarme impuesto por los vencedores 
en el conflicto austral corriese con la facilidad con que lo hizo.

La liviandad de la clase política hizo el resto. El desguace de las Fuerzas 
Armadas se correspondió con la liquidación de la concepción defensista del 
Estado en aras de un liberalismo económico sin frenos, que alcanzó su clímax 
en la década de 1990, propulsado por un oportunismo corrupto.

La peripecia neoliberal naufragó luego en las jornadas de diciembre de 2001, 
y un cierto grado de reorientación económica sacó al país del pozo al que 
había sido arrojado, lo que generó una reactivación sin un programa de 
desarrollo claro, pero dotado de tendencia nacional.

La situación de las Fuerzas Armadas, sin embargo, no experimentó ninguna 
variante durante este período. Su condición actual las pone muy lejos de la 
envergadura y de la capacidad operativa que deberían tener para hacerse 
cargo de la defensa. Y esto en una hora en la cual las tensiones mundiales 
se acrecientan y cuando en América latina se incuban conflictos en cuya base 
se encuentran la carrera hacia el control de los recursos naturales no 
renovables y los peligros que surgen de las tendencias centrífugas, 
alimentadas desde afuera, que están surgiendo en algunos de nuestros países.

Ninguna nación que tenga una noción de destino puede renunciar a la tarea de 
asumir su propia defensa. Sin embargo, el punto de vista superficial del 
pacifismo y el progresismo al uso suele reivindicar el desarme como 
expediente para ahorrar gastos superfluos y para excluir la tentación 
autoritaria.

Hay que formar a las Fuerzas Armadas en el respeto a la integridad 
constitucional, desde luego, pero no abandonarlas a una suerte de vida 
vegetativa, que les arrebate su razón de ser y su orgullo.

Ésta es la actitud, empero, que por desgracia ha prevalecido durante años en 
la Argentina. Y hoy es el día en que nuestro país depende para conservar su 
integridad de la buena voluntad de unos vecinos poderosamente armados, del 
deseo de éstos de no causarnos problemas e incluso de su disposición a 
asumir nuestra defensa ante una eventual reactivación de las tensiones en 
nuestro amenazado espacio austral.

Brasil, un ejemplo. Frente a esto, tenemos el ejemplo brasileño. Mientras la 
Argentina retrocedía y tiraba por la ventana su madurez tecnológica, 
convertía a sus arsenales en repositorios de trastos usados y adelgazaba sus 
efectivos hasta niveles exiguos, Brasil se transformaba en una potencia 
económica mundial y se procuraba unas fuerzas armadas acordes a esa 
condición.

Esta condición, empero, no brota de la nada; es fruto de un proyecto 
geoestratégico de larga data, del cual resulta, incluso, el descubrimiento 
del megayacimiento petrolero Tupí, en la cuenca submarina de Santos. Fue la 
prospección sistemática del lecho marino por la empresa estatal Petrobras, 
en efecto, lo que permitió llegar a este resultado.

Las fuerzas armadas brasileñas están atentas a la defensa de ése y otros 
recursos del inmenso país. Así como en Argentina las pulsiones negativas de 
los malos recuerdos y la renuncia histórica de sus dirigentes se combinan 
para reducir las aspiraciones de la sociedad a un avance tímido y a un 
confort chirle, en Brasil, en medio de todas sus durezas y contradicciones, 
se mantiene una vocación de poder que piensa en grande, hasta el extremo de 
que el titular de la secretaría de Política y Estrategia del Ministerio de 
Defensa reivindica para su país el derecho de desarrollar armas atómicas.

Sin llegar a ese extremo, o sin confesarlo en forma abierta, el gobierno 
brasileño ha lanzado sin embargo un programa de rearme que invertirá 4.600 
millones de dólares sólo en el ejercicio 2008 y que, y esto es lo más 
importante, no se empleará en compras de armas al exterior sino en el 
desarrollo de su propia industria bélica, ya connotada por su nivel de 
excelencia y generadora de tecnología, y por su capacidad exportadora.

Venezuela se está también rearmando con rapidez y Chile ha comprado barcos, 
aviones y sistemas de armas de última generación en todos los servicios.

Argentina, en cambio, dormita a la vera del camino; todavía no cae en la 
cuenta de que figura en el mapa.

_________________________________________________________________
MSN Amor: busca tu ½ naranja http://latam.msn.com/amor/




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular