[R-P] [redial_s_bolivar] Raúl Isaías Baduel: El fantasma de Pinochet cabalga
Patricia
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Sab Dic 1 10:59:21 MST 2007
Raúl Isaías Baduel: El fantasma de Pinochet cabalga
Felipe de J. Pérez Cruz
Rebelión
El pasado 5 de noviembre, el general de división
retirado y ex ministro de defensa de la República
Bolivariana de Venezuela Raúl Isaías Baduel, se
pronunció contra la reforma constitucional que impulsa
el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías. Y no solo
manifestó su desacuerdo, sino que lo hizo en forma
beligerante, con fuerte cuestionamiento de fondo y
tono evidentemente sedicioso.
Los venezolanos han podido seguir con más elementos la
carrera de Baduel al mando de unidades militares,
después en la jefatura del Ejército y del Ministerio
del Poder Popular para la Defensa. Quienes no vivimos
dentro de Venezuela, recordamos al general que ocupó
planos estelares en la prensa, en abril del 2002,
cuando dirigió la resistencia antigolpista y la
restitución del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías.
Nuevamente Baduel fue noticia en el pasado julio,
cuando se publicitó bastante su discurso de despedida
como ministro de Defensa. Ya aquel discurso nos alertó
sobre cómo pensaba, y qué podía esperarse de aquel
general que se auto imponía “un tiempo de reflexión”.
Después del 5 de noviembre los sectores
contrarrevolucionarios, gozosos de la deserción del
general retirado, han intentado cualificar sus
esperanzas, con intentos mediáticos tendientes
magnificar su real influencia en los acontecimientos
pasados y futuros. A este realce de la figura de
Baduel no han sido ajenos ciertos analistas que
públicamente situados en la izquierda, piensan y
actúan con un oportunismo que cada vez hace más
evidente su distanciamiento del proyecto
revolucionario.
Sin dudas el ex ministro de defensa es un oficial de
reconocidas cualidades de mando y ascendencia sobre
las tropas leales al Presidente Chávez, que gozaba de
la simpatía de las masas bolivarianas. Pero lo que se
trata de obviar es el hecho de que tal ascendencia, su
actividad político militar y hasta sus ascensos como
general, han estado signados por el vínculo con el
proyecto revolucionario y la personalidad histórica de
Hugo Chávez. En la cercanía de la batalla ideológica y
política del plebiscito del próximo domingo 2 de
diciembre, no resulta un mal ejercicio intentar
explicarnos al general Baduel en la complejidad de la
coyuntura. Junto al hombre, a la personalidad, nos
interesa asomarnos a la naturaleza de su migración
contrarrevolucionaria, a sus falaces propuestas, a su
ausencia de eticidad.
Raúl Isaías Baduel
Egresado como Licenciado en Ciencias y Artes
Militares, Raúl Isaías Baduel (6 -7- 1955), fue uno de
los jóvenes oficiales que Chávez reclutó para las
ideas revolucionarias cuando era capitán de
paracaidistas (1). El entonces teniente Baduel lo
acompañó el 17 de diciembre de 1982 en el Juramento
del Samán de Güere, hecho bajo la invocatoria del
Libertado Simón Bolívar en el Monte Sacro de Roma, 177
años antes. Baduel participó del movimiento
revolucionario con Chávez, asistió a las reuniones
conspirativas, pero se mantuvo al margen de los
movimientos insurreccionales del 4 de febrero y del 27
de noviembre de 1992 por discrepar de la oportunidad
para la acción. Como ha afirmado salió ileso de las
persecuciones que se desataron, la jerarquía militar
desconfiaba de él por sospechar su vínculo con los
revolucionarios, mientras muchos de sus compañeros de
conspiración lo consideraban un desertor. Sin embargo
esta distancia le permitió mantenerse en la
institución armada y ascender los últimos tramos del
coronelato, mientras Chávez y sus otros compañeros
oficiales conocieron cárceles, exilios y
persecuciones.
La desconfianza que existía sobre el oficial Baduel,
le condujo a ser relegado a puestos secundarios y
misiones de estudio, trataron de presionarlo para que
solicitara su retiro, pero el oficial resistió el
embate, y aprovecha la oportunidad para superarse y
concluir estudios de maestría. A pesar de acumular la
preparación y la antigüedad requerida, no se evalúa
por el mando su ascenso a general. En estas
circunstancias se produce en 1998 el triunfo electoral
de Chávez, y al llegar a la presidencia su antiguo
líder lo llama para que trabaje directamente con él.
En el cargo de secretario personal de Chávez, en julio
de 1999, Baduel es promovido a general de Brigada. A
su solicitud personal el presidente lo designa, un mes
después, comandante de la 42 Brigada de Infantería de
Paracaidistas, en Maracay.
Cuando la intentona golpista de abril del 2002, Baduel
desempeñó un papel protagónico en la resistencia
antigolpista en Maracay, las operaciones para
restituir al Presidente y su rescate de la isla
caribeña de La Orchila en la madrugada del 14 de abril
(2). Tras el retorno de Chávez, Baduel se convirtió de
hecho en uno de los jefes más prestigiados de las
Fuerza Armada, y alcanzó un amplio reconocimiento del
movimiento político que sigue a Chávez, de las
organizaciones sociales y de los trabajadores. En
julio del 2002, el Presidente nombra a Baduel
comandante de la Cuarta División Blindada de
Infantería, también con sede en Maracay, de hecho la
segunda plaza en importancia del ejército venezolano.
Luego vendría su traslado a Caracas, y su nombramiento
de Comandante General del Ejército desde enero de 2004
hasta julio de 2006 y el nuevo ascenso a general de
División. El 24 de junio de 2006 es ascendido al rango
de general en jefe y nombrado Ministro del Poder
Popular para la Defensa.
Abril del 2002
Abril 11-14 del 2002 centra la biografía político
militar de Raúl Isaías Baduel. Se dice con frecuencia
que Baduel como comandante de la 42 Brigada de
Infantería de Paracaidistas, en Maracay se puso al
frente de la llamada "Operación rescate de la
Dignidad", que condujo al rescate y restitución del
Chávez como Presidente constitucional del país.
Resulta entonces importante hacer las precisiones que
el caso demanda.
La posición del general Baduel y de las tropas
paracaidistas en Maracay, su negativa a plegarse a los
golpistas, fracturó la cadena de adhesiones
planificada por los generales complotados, y dada la
trascendencia política de la unidad y su real
importancia en el dispositivo militar del país,
constituiría un punto de inflexión en la sedición. No
sería descabellado afirmar que de hecho la acción de
sus camaradas de armas, al rescatar a Chávez de La
Orchila –una isla del Caribe venezolano a unos cien
kilómetros de la costa continental-, le salvó la vida
al líder del proceso bolivariano, recordemos que al
llegar a la isla los militares patriotas, ya estaba
allí, en la pista de la base militar, muy cerca de
dónde tenían prisionero a Chávez, un misterioso avión
con siglas y matrícula estadounidense.
No se puede olvidar que la 42 Brigada de Infantería de
Paracaidistas, en Maracay, es la unidad emblemática de
la cual partió Chávez el 4 de febrero de 1992, para
iniciar la insurrección revolucionaria. Esta fue una
gloria combativa que pasó a ser patrimonio de orgullo
para los oficiales, clases y soldados paracaidistas.
Con la infinita intuición que nace de las masas, ya
desde el día anterior al golpe –el 10 de abril-
comenzaron a presentarse voluntariamente en las
puertas de la brigada de Maracay reservistas de
paracaidistas, para ponerse a la orden de combate.
El pueblo también tenía una memoria clara de donde
estaban los militares leales. Al desencadenarse los
acontecimientos en Caracas, los cuadros de las
organizaciones revolucionarias y la población de
Maracay y sus alrededores, acudió en masa a la
brigada, y sus oficiales y soldados sintieron y
ratificaron el apoyo profundo de los venezolanos
humildes por la Revolución y el Presidente. El propio
Baduel ha testimoniado el clima de combatividad
antigolpista que se vivió en aquellas horas dentro de
la unidad que dirigía. El rechazo de su oficialidad
que vio por la televisión la toma fraudulenta de la
Presidencia por el fascista Pedro Carmona, la decisión
de resistencia que crecía en uniformados, reservistas,
líderes políticos y pobladores presentes, la
ratificación de lucha que se multiplicó al conocer el
mensaje de Chávez sobre su apresamiento y no renuncia.
En total en apoyo al Presidente constitucional se
agruparon en Maracay catorce generales, con el mando
de 20 batallones: A favor de Chávez se alinean unos 20
mil hombres, con artillería, tanques, paracaidistas, y
fuerza aérea; un conjunto de fuerzas y medios
superiores al de los golpistas. Allí se conformó un
Comando y un Estado Mayor. El Comando de la Dirección
de Operaciones lo sumió el general García Montoya.
Baduel fue designado como oficial de operaciones y
vocero ante los medios y la población. La dinámica de
las operaciones y la actividad comunicacional que le
fue ordenada a Baduel, lo convirtieron en la figura
más visible de la resistencia antigolpista. Estos son
hechos históricos inobjetables donde el general Baduel
tuvo un indiscutido protagonismo, pero lo que no
resulta serio es reducir el conjunto de los
acontecimientos que se precipitan, a la actitud y
posición adoptada por uno de los jefes militares que
resisten el golpe.
Antes y durante el rescate del jefe revolucionario, la
decisión de las masas de defender a cualquier precio
la Revolución fue decisiva. El cerco de pueblo al
Fuerte Tiuna y al Palacio de Miraflores en Caracas,
las acciones de masas en otras partes del país, le
hicieron ver claramente, tanto a los golpistas como a
todo el Ejército, cual era realmente la correlación de
fuerzas que se había desencadenado. Baduel y los
oficiales de Maracay, rechazaron a los generales
derechistas complotados, que estaban dispuestos a
desatar un baño de sangre, y se alinean con los que se
opusieron a cargar la responsabilidad histórica de
romper el orden constitucional, disparar contra el
pueblo e iniciar el camino incierto de una guerra
civil. Baduel actuó entonces en cumplimiento de su
deber, reaccionó además en acto de lealtad para con su
jefe histórico.
Un humilde combatiente se arriesgo para hacer llegar a
las unidades militares y al mundo la nota por la que
Chávez ratificaba que no había renunciado. Las
guarniciones desde el interior del país, al comprender
lo que ocurría en la capital, comenzaron a denunciar a
los golpistas y a ratificar su compromiso
constitucional. Los jóvenes de la Guardia Presidencial
retomaron Miraflores, el pueblo hizo huir al falso
presidente fascista y a sus generales traidores, y
respaldó y cuidó la reorganización del gabinete
revolucionario, restaurando la legalidad. Todas estas
acciones no niegan el papel desempeñado por Baduel y
la importancia del rescate de Chávez, pero la historia
no puede ser cambiada a capricho de encumbrar a una
figura, desconociendo a los protagonistas
fundamentales. El pueblo dispuesto a defender hasta
las últimas consecuencias a la Revolución y al
Presidente, los oficiales y soldados patrióticos y el
acontecer que tal voluntad de lucha desató, son los
que otorgan a la resistencia de los catorce generales
de Maracay y al rescate de Chávez, su definitiva
dimensión histórica.
El aguerrido pueblo venezolano y sus más leales
soldados y oficiales, han brindado en estos últimos
años al general Baduel la oportunidad de sentirse en
alta estima. Lo que al parecer el general Baduel no
percibió es que las masas ensalzan y agradecen al
soldado patriótico, al general que les devolvió al
Presidente; al cuadro de mando que está ejecutando la
política revolucionaria, al que desde su alta
investidura –asumió como General en Jefe el tema de la
guerra asimétrica-, les prepara para resistir y vencer
una posible agresión militar del imperio del Norte.
¿Quizás Baduel si entendió el mensaje del pueblo y su
ego no quiere aceptarlo? ¿Quizás Baduel lo entendió
todo muy bien, y comprende el peligro que el
inclaudicable y carismático líder de la Revolución
Bolivariana, representa para los intereses que
definitivamente decidió servir?
La proclama ideológica de Baduel
Marcado por su vida militar y por una personalidad
controvertida, poco se conocía del pensamiento
político ideológico del general de división Raúl
Isaías Baduel. No obstante hay elementos básicos que
se deben precisar en el interés de intentar comprender
la actuación del general.
En los años de conspiración dentro del Ejército, su
cercanía y amistad con Chávez nunca llegó al
compromiso de seguirlo hasta las últimas consecuencias
y riesgos. Las explicaciones que ha dado el general
por la no participación en los movimientos
revolucionarios, ratifican su continuada cautela para
comprometerse, la visión de soluciones militaristas,
centrada en la evaluación de los medios y fuerzas que
se disponían, no en lo que el movimiento patriótico
pudiera desatar, en la definitiva y sustantiva
movilización popular. Mientras Chávez conceptualiza
los acontecimientos del 1992 como un movimiento
patriótico y revolucionario, Baduel siguió apegado a
su atadura conservadora y los catalogaba como golpes
de Estado.
Al calor de su irrupción en la actividad de masas, en
cumplimiento de los cargos a los que Chávez fue
promoviéndole, el oficial monosilábico, de escasos
gestos, se fue desdoblando en discursos y actos
políticos públicos, siempre en línea de
incondicionalidad a su jefe militar y político. No
obstante en las pocas entrevistas o declaraciones de
carácter más personal que concedió –la más amplia a
los periodistas cubanos Rosa Miriam Elizalde y Luis
Báez (3)- se puede apreciar su condición de tecnócrata
militar, y la alineación al espectro de pensamiento de
la intelectualidad orgánicamente burguesa, que
sustentada por los petrodólares, hegemonizó el
espectro cultural y universitario del país en la
segunda mitad del Siglo XX.
El discurso de entrega del Ministerio de Defensa, por
parte del general de división Raúl Isaías Baduel el 18
de julio pasado, fue la primera pieza ideológica
completa a la que tuvimos acceso (4). El general se
propuso “mostrar su pensamiento frente al ejercicio
direccional de los hombres y la estrategia política
del Estado, de cara al futuro” y de hecho lo logró.
Baduel nos presentó una filiación cosmovisiva que hace
énfasis en los textos del Antiguo Testamento, y que
tiene por ética el Código de Bushido, de los antiguos
guerreros samuráis. Lo interesante de esta
articulación de las dos antiquísimas tradiciones, es
como ambas tributan para reforzar una mística
militarista de destino manifiesto y honorabilidad
castrense. Estamos pues ante una manifestación
asombrosamente extemporánea de filosofía escolástica,
de un dogmatismo empobrecedor, ya trascendido por la
inmensa mayoría de las escuelas teológicas
contemporáneas. De la mano de estas declaraciones el
general se nos presenta más cercano a los Caballeros
Templarios y a los ejércitos del Japón feudal, allá
por el siglo XII, que a la más inmediata tradición del
Ejército Libertador, de Simón Bolívar en el XIX
americano. Con tales herramientas Baduel la emprende
contra la “ortodoxia marxista”, y se aventura a
autodefinir que es el Socialismo del Siglo XXI.
El general en su discurso de despedida, se detuvo en
realizar una crítica severa del modelo del socialismo
soviético. No aportó nada nuevo, pero tal énfasis no
podía ser gratuito. Era evidente que se refería a
cuestiones que le preocupaban sobre el futuro
económico y político venezolano, más en momentos en
que se realizaba el lanzamiento del Partido Socialista
Unido de Venezuela (PSUV).
Baduel se adueña de la crítica reduccionista que
pretende enarbolar el concepto de Capitalismo de
Estado para atacar las experiencias de rescate de los
recursos nacionales por la vía de la nacionalización y
la estatización. La precisión del cambio de naturaleza
y función de un Estado revolucionario –más en
transición socialista- queda en silencio. El general
oculta la diferencia sustantiva con el Estado
capitalista. El Estado revolucionario no ejerce su
dominación sobre el pueblo con fines de enriquecer a
una élite de la sociedad, sino que sirve de
instrumento a la sociedad organizada para su
desarrollo (5).
Coincido con Simón Rodríguez Porras cuando afirma que
el ejercicio de dibujar la socialdemocracia de los
países desarrollados, sobre el telón de fondo del
totalitarismo estalinista demuestra la intención
ideológica de los manipuladores, quienes
deliberadamente excluyen de la discusión aquellos
principios económicos que definen al socialismo: la
socialización de la gran propiedad productiva, y una
planificación democrática de la economía al servicio
de la satisfacción de las necesidades de la sociedad
(6).
“No debemos olvidar algo fundamental –nos trata de
definir Baduel-: El socialismo es, en sentido
estricto, un sistema de producción económica, tal como
el capitalismo al que debe sustituir es también un
sistema de producción económica”. Este esfuerzo
“teórico” del general, no puede sobrepasar el
horizonte dogmático –esquemático y estático- en que se
inserta su cosmovisión filosófica.
El socialismo no es propiamente un sistema de
producción económica. Si un proceso de transición
donde hay que desenajenar tanto las relaciones
materiales objetivas como las espirituales, de la
virulenta presencia del capitalismo. El socialismo
como proceso y combate por la desenajenación,
transcurre –y triunfa- en la creación de una nueva
economía con capacidad para resistir los cercos y las
agresiones de los capitalistas e imperialistas, y
sustentar las transformaciones de los hombres –y las
mujeres- y sus circunstancias. Pero lo definitivo en
el socialismo siempre será la creación de una nueva
cultura civilizatoria, el desarrollo de una ética de
justicia social y dignificación humana. El genera
Baduel, como casi siempre les ocurre a los apresurados
manipuladores del marxismo, olvida la certera lección
de Federico Engels en carta a José Bloch sobre la
dialéctica de “la última instancia” (7). Así el
“marxismo” del general ni siquiera califica dentro de
lo que ciertos intelectuales critican por “ortodoxia
marxista”. Baduel no pasa del más vulgar y oportunista
de los economicismos.
El propósito evidente de todo el discurso era atacar a
Chávez e intentar condicionarlo a su posición
conservadora. Pretendía darle lecciones y situarle
condicionamientos ideológicos y políticos. “Las
costumbres que forma una Educación Social –cita Baduel
- producen una autoridad pública, no una autoridad
personal; una autoridad sostenida por la voluntad de
todos, no la voluntad de uno solo, convertida en
Autoridad….”La cita fuera de contexto histórico del
maestro Simón Rodríguez, no podía ser más explícita en
un escenario donde el tema del pretendido
autoritarismo “dictatorial” de Chávez, es una de las
puntas de lanzas de la reacción.
“El llamado del Señor Presidente Hugo Chávez –afirma
Baduel - a construir el Socialismo del Siglo XXI,
implica la necesidad imperiosa y urgente de formalizar
un modelo teórico propio y autóctono… Hay que admitir
que este modelo teórico hasta los momentos, ni existe
ni ha sido formulado y estimo que mientras esto sea
así, persistirá la incertidumbre en algunos de
nuestros grupos sociales...”De hecho para el general
hasta el momento en Venezuela solo se había trabajado
“de manera desordenada y caótica”. Su pretendidamente
científica tesis de modelación, expresaba con
acentuada autosuficiencia el desprecio por la
inteligencia y el protagonismo popular.
Las posiciones cientificistas han constituido en las
Revoluciones, un lastre tan dañino como el de los
prejuicios frente a la labor intelectual, la
improvisación y la aridez teórica. La solución pasa
por comprender que precisamente la sistematización de
las praxis en Revolución, es método y fuente de
enriquecimiento teórico para nuevas praxis
continuamente enriquecidas. Pero el universo
ideológico del general Baduel –como el del asesor que
todo parece indicar que tuvo-, no le permite
trascender a tal dialéctica, desde las posiciones
tecnocráticas y elitistas que manifiesta: Esta
dialéctica solo puede existir como práctica en lucha
de masas contra el enemigo imperialista, contra el
sistema capitalista, como praxis revolucionaria. No
caben dudas de que el esquema al que se aferra Baduel,
de un socialismo pensado por iluminados y transmitido
por estos al pueblo, más que elucubración
academicista, tiene un fuerte sesgo conservador,
contrarrevolucionario.
Finalizó el general Baduel, con su concepto castrense
de la política nacional. La Fuerza Armada es para el
general “instrumento de poder para la democracia
política, la paz y el desarrollo, cuya actuación se
enmarca en el reto que demandan la voluntad nacional y
el liderazgo, con miras a la reivindicación de
instituciones y procedimientos en beneficio del
colectivo nacional”. Ni el pueblo, ni la Asamblea
Nacional, ni el Partido en construcción merecían para
el general ser tenidos en cuenta como sujetos
depositarios de poder. Baduel no puede sacudirse las
concepciones profesionalizantes y elitistas
–cretinismo profesional satirizaba Carlos Marx-,
piedra angular de los ejércitos de la oligarquía.
No puede ser casual que el pensamiento de liberación
nacional y continental de Bolívar, sea el gran ausente
de la pieza ideológica que presentó Baduel. Ello
alerta sobre su falta de perspectiva histórica, sobre
su no consideración de la causa latinoamericanista.
Deja muy claro su no filiación con el bolivarianismo
del socialismo venezolano.
Nada tienen que ver los dislates mítico-doctrinales
del general, con los cristianos del bolivarianismo
revolucionario, inspirados en la lectura de las obras
de Jesús de Nazaret –recogido en el Nuevo Testamento-,
en la Iglesia de los esclavos y pobres que se
enfrentaban al Imperio romano, que tiene entre sus más
legítimos legados latinoamericanos a la Teología de la
Liberación. Baudel nos dibujó además un socialismo que
calla el rechazo al sistema capitalista, a la
explotación del capital, sin antimperialismo. Brinda
argumentos y espacio para que se sume el oportunismo
de derecha, con fachada de izquierda moderada y
“realista”. Fue esta la primera prueba de fuerza de
Baduel frente a Chávez. Su debut como pretendida
contrafigura ideológica y política.
Sin dudas el discurso del general de división Raúl
Isaías Baduel fue una clarificación de su alineación
anticomunista y derechista, contrarrevolucionaria. Y
no pocos sentimos que la Venezuela deseable que
delineó el general y ministro saliente, tenían además
un fuerte mensaje subliminar de crítica al proyecto
cubano. Tan oscuro discurso bien pudiera ser el camino
a una variante de nacionalsocialismo de derecha, a un
neofascismo tropical.
Sin mucho esfuerzo podía apreciarse en el documento
que presentó Baduel, que el “nuevo modelo político,
económico y social de Socialismo del Siglo XXI” que
proponía, tanto en sus fundamentos ideológicos, como
en su propuesta de ingeniería económica y política,
era muy distinto al que impulsaba Chávez. Sin
embargo–salvo excepciones- Baduel no recibió entonces
la crítica política e ideológica que precisaba. Más
bien hubo contemporizaciones e intentos de hallar
coincidencias. Este es un error que siempre tiene un
precio. Lo cometimos y lo pagamos los cubanos al
inicio de la Revolución, y en tal dirección fue muy
certera y educativa la autocrítica que realizara el
Che Guevara.
El pronunciamiento contrarrevolucionario
Todo parece indicar que el “tiempo de reflexión” que
anunció auto imponerse el genera retirado tras
abandonar el Ministerio, era el mínimo necesario para
cambiar de bando, conspirar, medir adeptos y buscar
colocarse en situación. La esperada oportunidad la
sintió –o se la precisaron- madura para principios de
noviembre, cuando decidió hacer pública su postura.
Algunos promotores de Baduel han tratado de
argumentar, que el general había sido excluido del
proyecto bolivariano por responsabilidad principal del
gobierno. Pero los hechos en los cuatro meses
transcurridos desde su salida del Ministerio de
Defensa, hablan por si solos: Mientras el general se
daba su tiempo de meditación y atención personal -¿de
conspiración?-; Chávez y sus compañeros más cercanos,
junto a cientos de cuadros medios y de base, el pueblo
que los secunda, han seguido al pie del cañón.
Creando, peleando contra todas las dificultades
–contra sus propias insuficiencias y limitaciones
también-, equivocándose a veces, creciendo en la
praxis maravillosa de la Revolución, con un balance
que a todas luces es realmente positivo,
inobjetablemente positivo. Y entre varias posible, hay
una pregunta fundamental a hacerse, no solo Baduel,
sino todos y cada uno de los que militamos
conscientemente en la Revolución: ¿Si por algún
criterio humano o divino le excluyen de cargos o
posiciones, si por alguna razón –incluidas las aviesas
que siempre nos persiguen a nosotros imperfectos seres
humanos-, se fractura la relación con unos u otros
compañeros revolucionarios, acaso se justifica ir
contra el proyecto, contra la propia Revolución?
No puede ser casual que el general se halla
pronunciado contra la reforma en momentos en que había
echado a andar el nuevo plan para derrocar por el
terrorismo al presidente Hugo Chávez. El plan sin
dudas facturado por la CIA y los servicios de la
inteligencia militar del Pentágono, prevé nuevas
acciones de desestabilización interna. Que cuenta con
los millones que moviliza la oligarquía para pagar a
los grupos de desclasados y pandilleros profesionales,
siempre prestos al mercenarismo vandálico. En plena
inteligencia con la situación creada, el general
Baduel decide salir de su “reflexión” a menos de un
mes del plebiscito. No fue a Miraflores a conversar
con Chávez. Hasta donde sabemos no solicitó una
reunión con los compañeros que integran los equipos de
trabajo del Gobierno y el Partido en construcción.
Optó por citar una exclusiva conferencia de prensa,
solo para los medios y partidos políticos de la
derecha y la extrema derecha. James Petras ha
denunciado con acierto el carácter
contrarrevolucionario y golpista de la “disidencia”
del general retirado. Ha alertado también sobre los
peligros de la convocatoria sediciosa que se le
realizó a las Fuerzas Armadas en esa rueda de prensa
del día 5 de noviembre (8).
Baduel invitó a los venezolanos “a no dejarse engañar”
por Chávez. Dijo además que "de aprobarse la reforma
constitucional se estaría consumando en la práctica un
golpe de Estado”. Con ello hace buena tarea
integrándose al plan de medidas activas del terror,
propaganda anticomunista y guerra psicológica en
curso, para amedrentar a los sectores medios y
pequeñoburgueses, y desinformar y prejuiciar a grupos
proburgueses.
El general retirado al mismo tiempo que denigra de las
instituciones democráticamente electas, recomienda a
los militares que “reflexionen sobre el contexto de la
reforma constitucional”, que “evalúen cuidadosamente”
los cambios que el gobierno electo propone “de manera
apresurada y mediante procedimientos fraudulentos”.
Baduel incita a la acción golpista con halagos “no se
puede menospreciar la capacidad de análisis y de
razonamiento de la Fuerza Armada”, afirma
demagógicamente.
“Este Proyecto de una nueva Constitución –criticó
Baduel-, promueve la polarizacion y contribuye al
enfrentamiento entre los venezolanos, siendo absurdo
tratar de fabricarla en torno a una ideología,
debiendo ser esta un pacto social de máximo consenso
amplio entre todos los venezolanos, si no es así, una
amplia mayoría no aceptará y tratará siempre de
cambiarla aunque deba acudir a vías violentas para
hacerlo”. Con enfoques como este, Baduel miente a
sabiendas sobre las causas de la polarización, que no
son otras que los intereses antinacionales y
capitalistas de las clases oligárquicas y burguesas
aliadas del imperio; propone un pacto social para un
“todos” que incluye a los enemigos del pueblo
venezolano, que es de hecho una rendición. Baduel
extorsiona con la violencia, la justifica y
definitivamente la sustenta como solución.
Se hace evidente que el general en retiro y quienes lo
incitan a pronunciarse así, actúan con una gran
irresponsabilidad, con un gran desprecio por el
destino del pueblo venezolano, con absoluta falta de
ética. Se alinea y justifica entonces el general,
hechos vandálicos como los acaecidos en la Universidad
Central, y brinda la justificación para la revuelta
contrarrevolucionaria que intentará negar el próximo
triunfo del 2 de diciembre.
Las masas bolivarianas de inmediato comprendieron la
situación y expresaron en firmes y coloridas
demostraciones, su rechazo a la postura de Baduel y el
respaldo incondicional a Chávez. Altos oficiales
venezolanos en retiro, se colocaron rápidamente junto
al Presidente y repudiaron la posición opositora
asumida por el general retirado.
Ante la provocación el presidente venezolano Hugo
Chávez actuó con firmeza y claridad meridiana.
Calificó al general Baduel como "traidor y peón de la
derecha". Para el líder bolivariano el general había
emprendido un acto de traición, que realiza además con
inusitada beligerancia, hasta por "la forma, las
expresiones y el odio en el lenguaje gestual”. "La
extrema derecha consiguió una nueva ficha –afirmó
Chávez-. Se traiciona a él mismo y al prestigio que
había alcanzado en el imaginario popular", sentenció
el líder revolucionario. También puntualizó que confía
en la Fuerzas Armadas, y descartó que la actitud del
general, provoque ecos en la institución, "salvo en
pequeños grupos" de militares.
Las evaluaciones en curso
No se cuestiona el derecho a discrepar, apreciar
problemas en el funcionamiento del Gobierno, en el
liderazgo de Chávez, aún en el propio proyecto
socialista. No todos en Venezuela tienen que estar de
acuerdo en puntos y comas, con lo que dice y hace el
máximo conductor del proceso. Los líderes también
precisan del debate de sus tesis, no están exentos del
error, ni de perfeccionar sus criterios, mejorar sus
métodos y estilos de trabajo. Hay en este sentido
varios debates abiertos dentro del bolivarianismo,
pero una cosa es buscar el perfeccionamiento, incluso
querer avanzar más de lo posible necesario, y otro es
perder la perspectiva histórica de qué es lo que está
en juego.
Se trata en este caso de no ver la trascendencia del
liderazgo de Chávez, en este momento de la Revolución
Bolivariana y continental. O de apreciarlo en su
dimensión exacta y trabajar en su contra, a favor de
los enemigos eternos de nuestros pueblos. Por la
reforma pasa hoy el eje de la lucha política en el
país. De la victoria en el plebiscito del 2 de
diciembre depende que avance o se detenga la
Revolución, y en tales coyunturas detenerse, significa
un retroceso. La problemática central de base, dada en
fijar una constitucionalidad más acorde con las
necesidades del momento, mas propicia al avance de las
medidas socialistas, guarda una estrecha relación con
las dinámicas del más amplio cuadro de las luchas de
clases en el país y en la región. En tal dimensión la
derrota de las fuerzas oligárquicas e imperialistas
tendrá resultados inmediatos y mediatos, sobre el
conjunto de batallas que definen la correlación de
fuerzas en Venezuela y en América Latina.
Hay analistas que afirman que la posición adoptada por
el ex ministro de defensa, ha abierto una fase de
incertidumbre que podría tener graves consecuencias
para el proyecto popular venezolano. Habría que saber
quienes tienen incertidumbre. No apreciamos
incertidumbre en Chávez y su equipo de dirección.
Tampoco en las masas que los siguen. Si en algunos
intelectuales que hasta hace muy poco defendían la
reforma, y que sin dudas comparten las motivaciones
ideológicas y políticas del general, pretenden siempre
jugar a las terceras opciones – eternos defensores de
una pretendida libertad de pensamiento, que no
casualmente los exime de militancias concretas -, o
sencillamente se asustan frente a la agudización
inexorable de la lucha de clases.
La expectativa de que una nueva oposición a la
Revolución Bolivariana de Venezuela, pueda salir de
las propias filas de sus seguidores, ha alentado a los
enemigos del proceso a partir del pronunciamiento del
pasado 5 de noviembre. Hay quienes sueñan con un
pretendido “centro” político, frente o moviendo
sectores del bolivarianismo. Sin embargo, el general
de regreso, aún con toda la ayuda y apoyo que le pueda
brindar los enemigos de la Revolución, aunque logre
nuclear a algunos disidentes ideológicos y políticos
del proyecto revolucionario, carece de posibilidades
para dibujarse una identidad propia. Y cuando
utilizamos la categoría posibilidades nos referimos
tanto a la razón que no le asiste, como a la
oportunidad de la que carece.
Más allá de los posicionamientos ideológicos y
políticos de determinados actores, y de los deseos de
ser una opción centrista de algunos de ellos, en estas
circunstancias, no hay espacio real para una oposición
de centro izquierda en Venezuela. El grado de
agudización del enfrentamiento clasista no lo permite,
la intolerancia de la oligarquía y la reacción
venezolana y su funcionamiento como partido
extranjero, como satélites de los Estados Unidos, en
tanto es el imperio el antagonista principal contra el
bolivarianismo y la nación, hace imposible medias
terceras posiciones.
Señuelo diversionista
Uno de los señuelos más diversionistas colocado por
los articuladores de Baduel, es el de lanzar la
posibilidad de una pretendida negociación y
reconciliación de Chávez con el general Baduel. Y para
ello se ha enarbolado el ejemplo-argumento, de la
vuelta al bolivarianismo de Francisco Arias Cárdenas,
compañero del movimiento de militares revolucionarios
de 1992, quien había abandonado las filas
revolucionarias para ser el candidato de la derecha en
las elecciones del 2000.
Sin dudas en el complejo escenario venezolano y en la
construcción de la política revolucionaria, el
Presidente Chávez ha dado muestras de flexibilidad
dentro de los principios. La vuelta al bolivarianismo
de Arias Cárdenas en marzo del pasado año, su
nombramiento en ONU, y recientemente la designación y
trabajo en la construcción del Partido en Zulia, es
una demostración de la amplitud del proceso y las
cualidades del líder, de cómo no lo mueven
revanchismos ni personalismos, de su capacidad para
tejer la unidad. Si embargo, utilizar esta experiencia
para proponer la idea de una posible reconciliación de
Baduel y Chávez, en aras de la unidad de todas las
figuras y fuerzas que han hecho avanzar hasta aquí la
Revolución, es una hipótesis cuya formulación pasa por
alto, más que a los protagonistas, a las propias
circunstancias que actuaron y actúan sobre ellos. Es
hoy por hoy, una hipócrita trampa mediática contra
Chávez.
La Revolución bolivariana para el momento de la
reincorporación de Cárdenas estaba en un amplio
despliegue de sus programas sociales y económicos, con
una oposición que aún no salía del trauma de la
aplastante victoria del referéndum revocatorio, en
proceso de profundización ideológica y política bajo
la perspectiva de la declaratoria del camino
socialista, hecha por Chávez en el escenario del Foro
Social Mundial de Porto Alegre. Por su parte Arias
Cárdenas, quien como candidato fue derrotado en la
contienda electoral, regresó a las filas chavistas con
una digna humildad: Ante los compañeros del chavismo
que no aceptaban su vuelta –que continuaban
increpándolo como traidor-, incluso cuando fue
interpelado por la prensa, asumió como pasadas sus
conocidas diferencias con Chávez, indicó como se había
ido desmarcado de la oposición desde el 2002, y afirmó
estar “retornando a su casa". Ratificó por demás su
alineación con el proyecto revolucionario, y el
acatamiento a la disciplina de trabajo y a los órganos
político gubernamentales de la Revolución.
El momento político que vive hoy el país no es el
mismo. Cuando la Revolución se apresta a resistir y
vencer una nueva ofensiva contrarrevolucionaria, a
días de una votación histórica; el pronunciamiento de
Baduel suma argumentos a la labor enemiga. Se alinea
inescrupulosamente para la correlación opositora.
Baduel se ha caracterizado por demás, por el irrespeto
a los órganos legalmente constituidos, el desafío
ideológico y político a su compañero de luchas y jefe
político militar, por la crítica lacerante, por la
actitud beligerante y el desembozado llamado a la
sedición. La única puerta que deja abierta el general
en retiro es la de ceder frente a su demanda de
retirar la reforma. Esto no sería nunca una
“negociación” sino una rendición. Es adelantarle el
trabajo al imperialismo.
Considerar el futuro de una reconciliación entre
Baduel y Chávez es un ejercicio especulativo que en
estos momentos carece de la más mínima objetividad. Lo
“objetivo” -y lo “subjetivo”- pasa en Venezuela por el
cuadro de batallas de clase que realmente se ha
configurado. Y hoy por hoy la actuación de Baduel, se
ha sumado definitivamente al sabotaje
contrarrevolucionario, a la guerra sin cuartel del
imperio y la reacción contra la Revolución, al estilo
de los generales traidores que lograron aislar a
Bolívar y desarticular su proyecto emancipador. A esta
altura de los acontecimientos, me parece difícil, pero
estoy convencido de que todos saludaríamos una
rectificación aunque sea a destiempo de Raúl Isaías
Baduel. Su Patria y Nuestra América lo merecen.
La mística de golpista
Los hombres no solo nos movemos por intereses, los
temperamentos, los amores, las pasiones, los
imaginarios, protagonizan también nuestra biografía e
historia. El general de división retirado Raúl Isaías
Baduel, nos ha dejado en este terreno evidencias
preocupantes.
Como nos explicó en su discurso de relevo del
Ministerio de Defensa, el general Baduel se siente un
samurái. Pero no puede haber samurái sin daimio y
shogun: Eso sería un contrasentido para la ética –el
honor- de aquellos soldados mercenarios del Japón
medieval. Sin señor y amo, condenado a la vagancia, el
samurái se vería obligado al suicidio mediante el
harakiri. No vemos a Baduel en actitud de harakiri.
Entonces el código samurái nos permite desde esta otra
perspectiva, ratificar lo que ya conocemos: El 18 de
julio pasado Baduel canceló “su contrato” con su
antiguo jefe, y sobre todo con la Revolución y el
pueblo venezolano. El 5 de noviembre, nos dio a
conocer su subordinación al imperio, se retrotrajo a
los tiempos tristes en que como oficial
contrainsurgente de un ejército oligárquico, cumplía
órdenes directas de la Embajada estadounidense, e
intervenía contra los destinos de un pueblo
Centroamericano.
Alguien que le es muy cercano ha comparado al general
Baduel con el cónsul romano Lucius Quinctius
Cincinnatus: ¿La personalidad mística del general, su
pasión por la historia de los grandes guerreros, lo
colocaran al punto de creer a los interesados
aduladores de su ego? ¿Pensará y actuará el general
como un cónsul o emperador de la Roma de antes de
nuestra era? ¿Sueña con una marcha triunfal para tomar
Caracas, “la Roma” de la Revolución Bolivariana?
De lo que no hay duda es que Baduel se armó para dar
la batalla. Por eso invocó a Yahvé, el nombre de Dios
que llegó a ser considerado por los hebreos antiguos
tan sagrado, que ni siquiera debía pronunciarse. Y
Baduel advoca al Todopoderoso en tanto Elohim de los
Ejércitos, General Supremo…. Esta trascendentalidad
religioso militar nunca estuvo en la mística de
Bolívar, ni de Sucre, Martí, Sandino, Che Guevara. Si
en la de Porfirio Días, Juan Vicente Gómez, Pérez
Jiménez, Leónidas Trujillo, Somoza, Duvalier,
Pinochet… émulos americanos del Duce Mussolini y su
amigo alemán, el tristemente célebre cabo Adolfo.
Es el mismo fundamentalismo religioso del actual
presidente del imperio estadounidense, que dice que
habla con Dios, cuando masacra a familias, niños y
mujeres iraquíes y afganas y está dispuesto hacerlo en
otros muchos “oscuros rincones del mundo”, Venezuela
entre los primeros.
“Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo
–confirma el principio Meyo del Código Baduel- son un
reflejo de quien eres en realidad. No puedes ocultarte
de ti mismo”
Notas
(1) Ver: Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez: Chávez
Nuestro. Testimonios inéditos. Casa Editora Abril, La
Habana, s.a.
(2) Las tropas helitransportadas que efectuaron el
rescate propiamente dicho, fueron comandadas por el
general Alí Uzcátegui Duque, subordinado al mando de
Baduel.
(3) Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez: Ob cit.
(4) Texto completo de las declaraciones del general
Raúl Baduel sobre la reforma constitucional,
5-11-2007, http://www.elNuevo Heral.com
(5) Jesús García Faría: El General Baduel y la
"Ortodoxia Marxista", Aporrea, 23-7-07 ,
http://www.aporrea.org
(6) “Federico Engels a José Bloch” en Carlos Marx y
Federico Engels: Obras Escogidas, Editorial Progreso,
Moscú, 1974, Tomo III, p 514.
(7) Simón Rodríguez Porras: El derechismo de Baduel y
la colaboración de clases, Rebelión, 8-11-2007,
http://www.rebelion.org
(8) James Petras :Venezuela: entre los votos y las
botas, 13-11-2007, http://www.cubadebate.cu,
"Ella funde lagrimas con cada lluvia y se pregunta si tantas despedidas valieron la pena. El hoy es tan frio y duro aún en verano que el amor suele traer apenas gotitas de alegria. Mejor es no mirar atrás ni mucho para adelante. La calle es para ir, nunca para volver... Cada despedida un final incierto. Los tiempos son inseguros y muertos aunque el sol nos esté calentando."
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