[R-P] La sumisión a la política imperial - Fidel Castro Ruz

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Ago 28 14:56:29 MDT 2007


La sumisión a la política imperial 

Fidel Castro Ruz 

28/08/07   
 
De los Presidentes de Estados Unidos y los aspirantes
a ese cargo, sólo conocí uno que por motivos
ético-religiosos no fue cómplice del brutal terrorismo
contra Cuba: James Carter. Esto supone, desde luego,
otro Presidente que prohibió el empleo de funcionarios
de Estados Unidos para asesinar a dirigentes cubanos.
Se trata de Gerald Ford, que sustituyó a Nixon después
del escándalo de Watergate. Con su llegada irregular
al cargo pudiera calificarse como un Presidente
simbólico. Al ilustre presidente Eisenhower, nada
opuesto al terrorismo anticubano, sino más bien el
iniciador, debemos agradecerle al menos su definición
del complejo militar-industrial que hoy, con su
insaciable e incurable voracidad, constituye el motor
que conduce a la especie humana a su actual crisis.
Habían transcurrido más de tres mil millones de años
desde que surgieron en el planeta Tierra las primeras
formas de vida.

 Un día el Che y yo nos fuimos a jugar golf. Él había
sido caddie para ganar algo en su tiempo de ocio; por
mi parte, no sabía absolutamente nada de ese costoso
deporte. Ya se había decretado por el Gobierno de
Estados Unidos la suspensión y el reparto de la cuota
azucarera de Cuba, después de aprobada por la
Revolución la Ley de Reforma Agraria. El partido de
golf fue con prensa gráfica. El propósito real,
burlarnos de Eisenhower.

En Estados Unidos se puede tener una minoría de votos
y ganar la Presidencia. Fue lo que le pasó a Bush.
Contar con la mayoría de votos de electores y perder
la Presidencia fue lo que sucedió con Gore. De ahí se
deriva que el Estado de la Florida, por el número de
votos presidenciales que otorga, sea codiciado por
todos. En el caso de Bush, fue necesario además el
fraude electoral, en el que los primeros emigrantes
cubanos de origen batistiano y burgués eran expertos. 

De eso no está excluido Clinton, ni tampoco la
precandidata del Partido Demócrata. Con su apoyo se
aprobó la Ley Helms-Burton, para lo que encontró un
pretexto: el derribo de las avionetas de Hermanos al
Rescate, que más de una vez volaron sobre la ciudad de
La Habana y decenas de veces violaron el territorio de
Cuba. La orden de impedir vuelos sobre la Capital
había sido transmitida a la Fuerza Aérea cubana
semanas antes. 

Debo contarles que, muy próximo al episodio, había
llegado de visita a Cuba el legislador Bill
Richardson, el 19 de enero de 1996. Traía, como era
habitual, solicitudes de que fuesen puestos en
libertad varios presos contrarrevolucionarios. Al
plantearle que estábamos ya cansados de tales
solicitudes, le hablé de lo que sucedía con los vuelos
de Hermanos al Rescate. También le hablé de las
promesas no cumplidas sobre el bloqueo. Richardson
regresó a los pocos días, el 10 de febrero, y con
entonación sincera me expresó, según recuerdo con
mayor o menor precisión, lo siguiente: “Eso no volverá
a repetirse, el Presidente ha dado ya la orden de que
fueran suspendidos”.

 Yo creía entonces que las órdenes de un Presidente de
Estados Unidos se cumplían.  Las avionetas fueron
derribadas el 24 de febrero, unos días después de la
respuesta. La revista The New Yorker habla y ofrece
detalles sobre esa reunión con Richardson.

Parece cierto que Clinton dio la orden de que tales
vuelos fuesen suspendidos, pero nadie le hizo caso.
Era un año electoral, y aprovechó ese pretexto para
invitar a los líderes de la Fundación y suscribir, con
el apoyo de todos, la criminal Ley.

A raíz de la crisis migratoria que se desató en 1994,
supimos que Carter deseaba actuar en busca de una
solución. Clinton no lo aceptó, y llamó a Salinas de
Gortari, Presidente de México. Cuba había sido el
último país en reconocer su triunfo electoral.  Había
hecho contacto con él en su toma de posesión como
nuevo Presidente de México.

Salinas me comunicó por teléfono la decisión del
presidente Clinton de buscar una solución
satisfactoria, quien a su vez le rogó que cooperara en
esa búsqueda. Así fue como se llegó a un acuerdo en
principio. Dicho acuerdo con Clinton incluía la idea
de poner fin al bloqueo económico. El único testigo
con que contábamos era Salinas. Clinton había
“planchado” a Carter en tal proceso. Cuba no podía
decidir quién sería el mediador. Salinas narra este
episodio con fidelidad. Quien lo desee, puede leerlo
en sus textos.

Clinton fue realmente amable cuando  coincidió
casualmente conmigo en una reunión de la ONU colmada
de Jefes de Estado. Fue, además, amistoso, a la vez
que inteligente, al exigir el cumplimiento de la Ley
con relación al niño secuestrado al rescatarlo con
fuerzas especiales enviadas desde Washington.

Los precandidatos están ahora enfrascados en la
aventura de la Florida: Hillary, la heredera de
Clinton; Obama, el popular candidato afroamericano y
varios de los otros 16 que hasta este momento han
propuesto su candidatura en ambos partidos, con
excepción de Ronald Ernest Paul, congresista
republicano, y Maurice Robert Gravel, ex senador
demócrata por Alaska.

Ignoro lo que Carter dijo en sus días de candidato.
Sea cual fuere su posición, lo cierto es que adiviné
que su elección podría evitar al pueblo de Panamá un
holocausto, y así se lo dije a Torrijos. Creó en Cuba
la Oficina de Intereses y promovió un acuerdo sobre
límites jurisdiccionales marítimos. Las circunstancias
de su tiempo le impidieron llegar más lejos y se
embarcó, a mi juicio, en algunas aventuras imperiales.

Hoy se habla de que un ticket al parecer invencible
podría crearse con el binomio Hillary presidente y
Obama vice. Ambos se sienten en el deber sagrado de
exigir “un gobierno democrático en Cuba”. No están
haciendo política; están jugando a las barajas un
domingo por la tarde.

 Se afirma por los grandes medios que esto sería
imprescindible, excepto si Gore se postula. No creo
que lo haga, él conoce mejor que nadie la catástrofe
que espera a la humanidad si continúa por el actual
camino. Cuando fue candidato, por supuesto cometió el
error de suspirar por “una Cuba democrática”.

Basta de cuentos y nostalgias. Esto se escribe
sencillamente para incrementar la conciencia del
pueblo cubano.

Fidel Castro Ruz
Agosto 27 del 2007

 
 


  "Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca  mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa"





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